"En una historia de amor a lo bestia también hay crueldades y faltas de respeto"
Cristina Araújo cuenta en 'Distancia de fuga' lo que nos pasa (para bien y para mal) cuando nos enamoramos como si, literalmente, nos fuera la vida en ello
Cristina Araújo presenta su segunda novela 'Distancia de fuga' (EFE/Marta Pérez)
A veces hay historias que se quedan encalladas en uno mismo y no se van por mucho que pasen los años. Es lo que le ocurrió a Cristina Araújo (Madrid, 1980) con la que ya es su segunda novela, Distancia de fuga (Tusquets), después de irrumpir en 2022 con Mira a esa chica, en la que se adentraba (de alguna manera) en la historia de La Manada de los Sanfermines y con la que ganó el premio Tusquets. Y como ocurría con esta trama en la que la protagonista abusada ni caía bien ni proyectaba (de primeras) compasión, aquí vuelve a alejarse del prejuicio. Nos cuenta una historia de amor, muy apasionada, con muchos subes y baja a lo largo del tiempo, pero en la que no hay ese idealismo de las historias más cursis. Al contrario: “Es que el amor es algo muy bestia, probablemente lo más bestia que te va a pasar en la vida, y cuando ocurre también hay crueldades y faltas de respeto. Se te va la olla”, señala en una conversación en Madrid. No todo es tóxico: simplemente (aunque nos duela) es así.
A Araújo esta historia de amor (y de muchas más cosas) entre Frances y Theo le toca bastante más que Mira a esa chica porque los personajes han estado conviviendo con ella casi dos décadas. Como hija única confiesa que siempre tuvo cierta obsesión con las relaciones entre hermanos por lo que se imaginó a Frances y su hermano Robin y con 18 años desarrolló una historia que después se quedó en nada. Como pasa tantísimas veces. Araújo siguió con su vida, aprobó Filología Inglesa, en 2011 se fue a vivir a Frankfurt y allí se quedó dedicándose a la traducción. Hasta que decidió que quería tomarse en serio como escritora. Mira a esa chica fue escrita dejándolo todo y echando muchas horas en bibliotecas. Luego llegó el Tusquets. Y después la idea de escribir sobre el amor a raudales. Y ahí estaban otra vez esos personajes: Frances, Theo y Robin. Y el mundo universitario. Y la fama que puede provocar hoy en día de la noche a la mañana una serie que tenga un éxito planetario. Es la magia de las redes sociales. Y cómo también lo pueden destrozar todo (por supuesto, las relaciones personales).
La novela va saltando entre diferentes etapas temporales. Así, vemos cómo al principio Frances es solo una adolescente muy guapa y un tanto mimada en una familia acomodada (aunque con alguna tragedia a sus espaldas). Pero también una don nadie que, simplemente, está a punto de participar en una serie de televisión. Es en ese momento cuando Theo, amigo de su hermano Robin, se enamora completamente de ella. Después vemos cómo algunos años después esa historia se ha roto (¿abruptamente?) y ella es inmensamente famosa… e inmensamente infeliz. Un asunto que le servía a la escritora para reflexionar sobre esta fama muchas veces brutal (pero efímera) de hoy en día.
'Distancia de fuga', de Cristina Araújo Gámir (Tusquets)
“Es que muchas veces tampoco es que esté realmente merecida porque dé que esfuerzo viene, de qué talento, qué sacrificios has hecho. Porque muchas veces es que has puesto unas fotillos en las redes y ya. Vale, tienes cierta idea estética y sabes meterle filtros, ponerle una música chula… Pero es que son herramientas que tiene todo el mundo a mano porque es tener un móvil y hacer una foto”, señala con cierta malicia. Sin embargo, no era tanto esto lo que le atraía de desarrollar un personaje famoso sino que “muchas veces no da libertad, al contrario, y siempre tienen a un representante que les está diciendo que tienen que hacer esto o lo otro. Al final, la fama no mola tanto”. Ahora es un asunto hiper aspiracional para millones de adolescentes y no tan adolescentes, pero si nos paramos a pensar no sabemos, por ejemplo, cómo de felices son Rosalía o Bad Bunny. En la novela, Frances no lo es.
Araújo nos humaniza a este personaje. Es como si entrarámos en la cocina emocional de una Taylor Swift, una Karol G, (o por insistir), una Rosalía. Y como con estas artistas reales, con Frances pensamos muchas veces que no nos cae bien. Porque de puertas para afuera vemos que le caen premios, así que se supone que es buena actriz. Y es muy guapa. Y tiene a novios muy guapos. Y, además, es maja. “Yo siempre me he preguntado cómo sería tener 20 años y tenerlo todo. Éxito, belleza, que todo el mundo te diga que lo haces muy bien, que caigas simpática, que tengas tu ironía, por lo que tampoco pareces tonta. Todo eso tiene que marcar el carácter y dar lugar a un comportamiento en el que sabes que aunque metas la gamba alguien te va a resolver la papeleta siempre. Eso es lo que es fácil de juzgar siempre, pero nunca pensamos en el machaque que pueda tener esa persona consigo misma precisamente por estar más expuesta. Las inseguridades están ahí siempre”, señala la escritora.
El amor ¿tóxico?
No obstante, el gran personaje de esta novela es el amor. El desbordante, el que arrasa, el que hace que no te olvides nunca de una persona aunque tu historia con ella se haya acabado (o, precisamente por eso, no se acabe nunca). “Es algo que me parece alucinante. Cuando te enamoras de verdad es… yo es que no puedo ni escribir. Y es curioso porque ahora parece que el amor está mal visto y hay muchas historias de rupturas y tal, pero, en realidad, no se ha ido nunca y no puede irse. Las canciones hablan de amor, la poesía habla de amor, hasta los grupos de música malotes han hablado de amor. Y yo ahora quería contar una historia de amor a lo bestia”, resume.
Cristina Araujo explora los efectos del éxito en 'Distancia de fuga'. (EFE/Javier Belver)
A Araújo se la ha comparado con la británica Sally Rooney por cómo aborda las relaciones entre los jóvenes, aunque ella rechaza toda comparativa y está más cómoda con las lecturas de Maggie O’Farrell, Julian Barnes o Amor Towles. Sí quería acercarse a las novelas del XIX en la que todo es ventisca y desbordamiento. Mucho Jane Austen; mucha Emily Brönte y su Cumbres borrascosas, otra novela que se ha vuelto a poner de moda (y más aún con la reciente película). “Si, es que me acordaba mucho de Sentido y Sensibilidad y todo este rollo de gente que se pone enferma por amor o desamor, gente que se tiene que ir a Italia a superarlo, a los balnearios. Cuando estaba en la facultad, Cumbres borrascosas era una de nuestras novelas de referencia”, manifiesta.
Ahora también se hace una lectura de este tipo de novelas como un amor tóxico, dañino, no deseable; pero para Araújo esto no tiene mucho sentido, ya que ese amor tan arrasador “muchas veces es que es así de tóxico, pero no porque haya alguien que sea tóxico sino porque todos nos montamos unas pelis… Es que es algo muy desatado. El amor no es educado, te hace no ver más allá, te vuelve egoísta. Y como no ves más allá pues montas unos cirios con todo lo demás que destruyen muchas cosas”, reconoce.
Ironía
Al igual que tiene esta visión poco moralizante del amor fou, Araújo destila un estilo distanciado en su escritura. Como si las cosas no hubiera que tomárselas tan a pecho. Es uno de sus aciertos. Puede estar hablándonos de un amor intenso, pero hay una cierta ligereza en la forma. Y mucha ironía. Es una novela que estilísticamente recuerda a aquellas americanas de principios del siglo XXI. De Lillo, Palahniuk (pero sin el cinismo). O al grunge.
"Siempre hay alguien que obtiene beneficios de que ahora se tenga que decir tal o cual cosa para quedar bien"
“Es que estoy un poco harta de ciertas movidas. Llega una época en la que está bien decir no sé qué y si no dices esa cosa no está bien. Son modas que muestran muchas injusticias y muchas contradicciones en la moral ahora mismo. Porque además siempre hay alguien que obtiene beneficios de que ahora se tenga que decir tal o cual cosa para quedar bien. O eso de que ahora todo el mundo tenga que opinar de todo. Así que sí, ahí sí tiro esas pequeñas pullas con toda la intención”, zanja.
A veces hay historias que se quedan encalladas en uno mismo y no se van por mucho que pasen los años. Es lo que le ocurrió a Cristina Araújo (Madrid, 1980) con la que ya es su segunda novela, Distancia de fuga (Tusquets), después de irrumpir en 2022 con Mira a esa chica, en la que se adentraba (de alguna manera) en la historia de La Manada de los Sanfermines y con la que ganó el premio Tusquets. Y como ocurría con esta trama en la que la protagonista abusada ni caía bien ni proyectaba (de primeras) compasión, aquí vuelve a alejarse del prejuicio. Nos cuenta una historia de amor, muy apasionada, con muchos subes y baja a lo largo del tiempo, pero en la que no hay ese idealismo de las historias más cursis. Al contrario: “Es que el amor es algo muy bestia, probablemente lo más bestia que te va a pasar en la vida, y cuando ocurre también hay crueldades y faltas de respeto. Se te va la olla”, señala en una conversación en Madrid. No todo es tóxico: simplemente (aunque nos duela) es así.