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'Constelaciones': el colapso de Sergio Peris-Mencheta con el multiverso
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hasta el 29 de marzo en el Valle-Inclán

'Constelaciones': el colapso de Sergio Peris-Mencheta con el multiverso

El director versiona y monta este texto de Nick Payne en el que una pareja vive su historia como si fuera una especie de 'Elige tu propia aventura'. Es original, pero en ocasiones demasiado repetitiva y sin alma

Foto: Daniel Monzón y María Pascual, una de las parejas que se puede formar en 'Constelaciones'. (Bárbara Sánchez Palomero)
Daniel Monzón y María Pascual, una de las parejas que se puede formar en 'Constelaciones'. (Bárbara Sánchez Palomero)

A Sergio Peris-Mencheta siempre hay que aplaudirle su búsqueda de la originalidad y su necesidad de impactar al espectador. También su olfato para captar aquellos temas que se están moviendo a ras de tierra. Lo ha hecho con asuntos como la crisis del capitalismo (Lehman Brothers), el empoderamiento femenino (Ladies Football Club), el terrorismo (Cielos), el Holocausto (Blaubeeren), la llegada del fascismo y la guerra civil (Una noche sin luna) o el retrato de nuestra vida frenética, estresante y sin tiempo para nosotros mismos (La cocina). Montajes espectaculares, una buena escenografía… aunque con resultados desiguales.

Su última propuesta, Constelaciones, a partir del exitoso texto de Nick Payne en el West End londinense -también suele pescar en dramaturgia internacional- vuelve a moverse en ese territorio que todo espectador de este creador conoce bien. En esta ocasión, además, Peris-Mencheta ofrece una buena puesta en escena y la idea durante los primeros minutos es muy llamativa. Sin embargo, el artefacto tiene la falla de que se acaba volviendo repetitivo y, por ahí, tristemente, se diluye su carga emocional. No entras.

placeholder Clara Serrano (izquierda) y María Pascual, otra de las parejas que puede ser protagonista. (Bárbara Sánchez Palomero)
Clara Serrano (izquierda) y María Pascual, otra de las parejas que puede ser protagonista. (Bárbara Sánchez Palomero)

Payne pergeñó Constellations en 2012 y fue un rotundo éxito. Se trataba de contar una historia de amor (y quizá desamor) en la que también se cruza una grave enfermedad a partir de una idea originalísima extraída de la física cuántica (y que ahora podemos entender más claramente con todo esto de los multiversos y esto de que ocurra todo a la vez en todas partes). Es decir, vemos cómo él y ella se conocen -en un cumpleaños, boda, fin de año o baby shower- y cómo en ese momento se abren unas cuantas posibilidades. A) ella le tira la caña, pero él tiene novia, que está a punto de traerle la bebida: la conversación no dura ni tres minutos; B), ella le tira la caña, pero él acaba de dejarlo y no está para nada: la conversación vuelve a terminar rápidamente; C) ella le tira la caña… y él pilla el anzuelo: la historia de amor comienza. Y todos esos universos podrían darse a la vez. Y quién no ha estado en alguno de ellos… o en los tres.

A partir de ahí se suceden distintas escenas de una relación de pareja en las que vuelven a darse todo tipo de posibilidades. Una pelea por una infidelidad puede acabar en abrupta ruptura o en reconciliación; un reencuentro puede servir para que dos personas vuelvan a reiniciar algo… o pueden darse cuenta de que uno de ellos ya ha reiniciado con otra persona. La vida y la bolita del azar. Elegir un camino u otro. Lo interesante aquí es verlos todos.

Peris-Mencheta ha vuelto a acertar con la idea, ya que el amor es todo un temazo en esta sociedad tan tecnologizada. Pero no cuaja, no hay química

En estos tiempos de búsqueda del amor en apps, en cursos de cocina o en salidas al monte, tiempos líquidos en los que se hacen y deshacen parejas con una (cierta facilidad) y en los que, en realidad, no dejamos de hablar de amor (y sus posibilidades), Peris-Mencheta acierta con la propuesta, ya que es todo un temazo en esta sociedad tan tecnologizada para bien y para mal. De ahí que (lo siento), ya no queden entradas (pero si acuden al teatro siempre se pueden encontrar con alguna a la venta). Y, sin embargo, no cuaja.

Porque el juego que propone el director es tal (y a veces tan retorcido) que por ahí se le escapa el alma. Para empezar, la propuesta que hace Peris-Mencheta va algo más allá del texto original de Payne. De hecho, en España ya se estrenó Constelaciones en 2014 dirigida por Fernando Soto en el Teatro Lara siguiendo la estela primigenia simplemente con una pareja de actores. Ahora, sin embargo, son seis actores -tres hombres y tres mujeres- y es el público el que decide al comienzo de la función -otra vez la bolita del azar en una bolsa- quiénes se convertirán en la pareja protagonista -y pueden ser hombre y mujer, dos hombres o dos mujeres-. También el público decide en qué evento se conocerán. A esta periodista le tocó pareja chica (María Pascual) y chico (Jordi Coll) en un cumpleaños. Pero como afirmó Peris-Mencheta puede haber más de quince combinaciones distintas de pareja en cuatro escenarios diferentes. Es decir, cada función puede ser completamente nueva.

placeholder La banda de actores con Litus Ruíz al frente para tocar música en directo. (Bárbara Sánchez Palomero)
La banda de actores con Litus Ruíz al frente para tocar música en directo. (Bárbara Sánchez Palomero)

En cualquier caso, si eso es el multiverso, hay un núcleo central que se mantiene fijo y es la enfermedad que sufre alguien de la pareja. Una dolencia que, además, es mortal y que teñirá todo de tristeza. La cuestión es que cuando eso pasa hemos visto tantas veces ya a esa pareja hacer tantas cosas distintas -conocerse, no llegar a conocerse, gritarse, separarse, no gritarse, no separarse- que no sabemos muy bien quiénes son (¿los que están juntos? ¿los que se separaron?). La obra en su intento de representar los diferentes universos de esta vida hecha a base de fragmentos se pierde en medio de la galaxia. En el caso de la pareja que actuó en esta función además había cero química.

Me temo que tampoco ayuda mucho ese escenario circular - rodeado por los espectadores- en el que vemos los fotogramas de la vida de la pareja. Los músicos en directo que no son otros que los actores descartados por el público, no son ningún hilo conductor. Unos acordes al principio, otros al final. Poco más.

La obra en su intento de representar los diferentes universos de esta vida hecha a base de fragmentos se pierde en medio de la galaxia

El amor, el desamor, la vida y la muerte. Y de eso va un poco todo esto. En este universo o en el de más allá. Al menos (y esto suele ser también marca de la casa), Peris-Mencheta te ofrece la posibilidad de que si en este todo salió mal, quizá en otro esas dos personas puedan volver a abrazarse.

A Sergio Peris-Mencheta siempre hay que aplaudirle su búsqueda de la originalidad y su necesidad de impactar al espectador. También su olfato para captar aquellos temas que se están moviendo a ras de tierra. Lo ha hecho con asuntos como la crisis del capitalismo (Lehman Brothers), el empoderamiento femenino (Ladies Football Club), el terrorismo (Cielos), el Holocausto (Blaubeeren), la llegada del fascismo y la guerra civil (Una noche sin luna) o el retrato de nuestra vida frenética, estresante y sin tiempo para nosotros mismos (La cocina). Montajes espectaculares, una buena escenografía… aunque con resultados desiguales.

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