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Prepárate para recibir un 'no': esta es la era del rechazo y los millenials lo sufren más que nunca
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ENTREVISTA

Prepárate para recibir un 'no': esta es la era del rechazo y los millenials lo sufren más que nunca

Tony Tulathimutte consiguió un éxito descomunal con 'El feminista', un relato sobre un aliado feminista que, tras numerosos rechazos, acaba generando un resentimiento feroz contra las mujeres. Lo ha incluido en su libro 'Rechazo'

Foto: El escritor Tony Tulathimutte, autor de 'Rechazo' (Clayton Cubitt)
El escritor Tony Tulathimutte, autor de 'Rechazo' (Clayton Cubitt)
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Cuando en 2019 la revista literaria estadounidense n+1 publicó el relato de Tony Tulathimutte titulado El feminista, no sólo se convirtió en el más leído en los 20 años de historia de esa publicación, sino que se organizó un considerable revuelo. El texto cuenta la historia de un joven que se autodefine como feminista y que está constantemente haciendo gala en redes sociales de su conciencia política, al tiempo que denuncia los comportamientos machistas de otros. El tipo tiene varias amigas, pero no consigue intimar sexualmente con ninguna chica, y se desespera al ver que ellas prefieren a tipos mucho menos feministas que él. Acaba convirtiéndose en incel y desarrollando un resentimiento feroz contra las mujeres y los hombres que sí que ligan.

Esa historia, una sátira incisiva sobre la obsesión por mantener una buena imagen en redes sociales y sobre la fragilidad masculina disfrazada de conciencia progresista, se hizo viral en Twitter, recibió encendidas críticas por parte de publicaciones como el New York Times o el New Yorker y es el primero de los siete relatos que componen Rechazo, el segundo libro de Tulathimutte, un escritor estadounidense de 42 años, hijo de inmigrantes tailandeses y enormemente elogiado por autores como Jonathan Franzen o Zadie Smith.

Rechazo llega ahora a las librerías españolas de la mano de la editorial AdN, y es un libro demoledor. Son historias de rechazo protagonizadas por millennials, la generación siempre conectada, siempre en redes sociales; historias sobre el anhelo frustrado de ser amado, sobre situaciones tóxicas de la web, sobre la necesidad de conseguir la aprobación de los demás, sobre la dificultad de distinguir la realidad de lo virtual y sobre todo lo que eso provoca: fracaso, culpa, obsesiones…

PREGUNTA. El rechazo siempre ha existido, pero probablemente los millennials se llevan la palma. Hoy en día, con las redes sociales o con aplicaciones como Tinder, es posible rechazar a 20 personas en media hora. Y a eso se añade que muchas personas se vean rechazadas en su búsqueda de empleo a causa de la mala situación económica. ¿Vivimos en la era del rechazo?

RESPUESTA. Sí y no. Creo que el volumen de rechazos y posibles rechazos ahora es mayor que nunca. Vivimos en una época muy estresante en la que en todo momento eres vagamente consciente de que si haces o dices algo vergonzoso, alguien podría sacar su teléfono móvil y grabarlo, por lo que quedarás humillado para siempre. Es un ambiente psicológico muy tenso en el que hay que estar constantemente alerta. Pero, al mismo tiempo, la tecnología nos protege del rechazo. Ser consciente de que cuando hablas con alguien en una app de citas y dices algo inadecuado esa persona puede publicarlo nos hace ser más cautelosos, más susceptibles a la hora de exponernos a un posible rechazo.

Pero también es verdad que cuando experimentamos el rechazo hoy nos sentimos peor, en gran medida porque no hemos desarrollado ‘callos mentales’ ante este tipo de situaciones. Tinder y las apps de citas están diseñadas para que no sepas cuándo te rechazan; si alguien desliza el dedo hacia la izquierda porque no le gustas, la app no te lo dice. Así que, en cierto modo, muchos de los rechazos que recibimos son extrañamente impersonales o invisibles para nosotros. Creo que el rechazo es algo en lo que la gente piensa más que nunca y a lo que es más sensible que nunca.

placeholder Cubierta de 'Rechazo', de Tony Tulathimutte.
Cubierta de 'Rechazo', de Tony Tulathimutte.

P. Ser rechazado puede provocar un enorme sufrimiento. ¿El dolor del rechazo puede transformar a una persona en otra completamente diferente? La primera de las siete historias de su libro ‘Rechazo’ va de un tipo feminista que no consigue ligar y acaba desarrollando un odio visceral hacia todas las mujeres y haciéndose incel…

R. Sí, el rechazo puede transformarnos en otra persona distinta. Pero lo curioso es que en realidad se considera algo muy irrelevante. Cuando te rechazan, es difícil quejarse porque tu vida en realidad cambia muy poco. Si tienes muchas ganas de salir con alguien, le propones una cita y te dice que no, tú le contarás a tus amigos que te sientes fatal. Pero tus amigos te dirán que en realidad tu vida no ha cambiado nada, que en tu vida antes no estaba esa persona y ahora tampoco, así que es un poco difícil quejarse, comunicar todas las cosas que te pasan por la cabeza tras haber sido rechazado. Parte de lo que intentaba con este libro era comunicar ese proceso, contar cómo esas cosas que desde fuera parecen insignificantes tienen la capacidad de cambiar por completo quién eres como persona, cómo te ves a ti mismo o cómo ves el mundo. El rechazo te hace comprender lo que el mundo ve de ti, y tu ego se apresura a protegerte, indignándote o haciéndote sentir que fue injusto que te rechazaran. Eso puede llevarte a desarrollar rencor hacia la persona que te rechazó o a pensar que se equivocó al hacerlo. Pero muchas veces eso es sólo para preservar tu dignidad o tu orgullo.

P. ¿Cómo podemos prepararnos para el rechazo? Dado que ahora sufrimos muchos rechazos, ¿no deberíamos estar más capacitados para lidiar con él?

P. Bueno, ahora mismo en Estados Unidos hay todo un movimiento en el que coaches y autores de autoayuda hablan de que hay que buscar el rechazo. El New York Times ha publicado recientemente un artículo titulado El rechazo es la nueva perfección. La tesis es que, si quieres tener éxito, no puedes tenerle miedo al rechazo, así que tienes que exponerte a él tanto como sea posible. El problema es que hay algo muy falso en eso: si sales de casa con la intención de ser rechazado, entonces no duele porque buscabas precisamente eso, así que dudo que sea realmente efectivo.

"Ahora mismo en Estados Unidos hay todo un movimiento en el que coaches y autores de autoayuda hablan de que hay que buscar el rechazo"

P. ¿Cuánto hay en este libro de sus propios rechazos, de su experiencia personal? Leí en algún sitio que su primer libro, ' Ciudadanos Particulares' (publicado en España por Alba Editorial), fue rechazado 19 veces.

P. En realidad fueron 22 veces, lo rechazaron 22 veces. Pero le voy a contar algo que creo que no he dicho nunca antes en una entrevista: al principio, cuando tenía escritos varios de los relatos del Rechazo, una revista de Estados Unidos llamada Tin House hizo una edición especial dedicada al tema del rechazo. En aquel momento la primera historia del libro, la que ahora se llama El feminista, se titulaba Rechazo. Así que envié ese relato con el título Rechazo a la edición especial sobre el Rechazo de la revista Tin House... y la rechazaron. (risas)

Volviendo a su pregunta: sí, todo el libro, en diferentes aspectos, se basa en mi propia experiencia. Pero, como comprenderá, no le voy a especificar qué partes en concreto se basan en mí. Lo que le puedo decir es que para mí es fácil hablar del rechazo en el terreno profesional, forma parte de lo que significa ser escritor. No hay escritor que no acumule rechazos. Tengo por ahí una hoja de cálculo que refleja que, en mis primeros 10 años como escritor, acumulé más de 500 rechazos. Envías constantemente historias, solicitudes para becas, residencias y programas de máster, y te rechazan una y otra vez. A partir de ahí entiendes que esto no es una meritocracia. Y con las relaciones amorosas ocurre en gran medida lo mismo.

placeholder Tulathimutte (Clayton Cubitt)
Tulathimutte (Clayton Cubitt)

P. ¿A qué se refiere?

R. Hay cosas que no puedes cambiar. Por ejemplo, si a mí me atrae una mujer lesbiana, no tengo nada que hacer con ella, ¿verdad? Pues aun así, en situaciones como esa la gente sigue tomándose el rechazo como algo personal. Y es algo casi instintivo, porque, especialmente en occidente, existe la idea de que si te esfuerzas lo suficiente, si trabajas lo suficiente o si deseas algo con la suficiente intensidad, nada resulta imposible. En occidente no se entiende mucho el concepto de digna resignación que sí que existe en oriente. Yo, como sabes, crecí en Estados Unidos, así que comparto bastante esa sensibilidad occidental.

"Tengo por ahí una hoja de cálculo que refleja que, en mis primeros 10 años como escritor, acumulé más de 500 rechazos"

P. Lo que deja claro su libro es que el rechazo con frecuencia desemboca en una introspección neurótica y obsesiva en la que la persona rechazada se siente responsable de ese rechazo, ¿verdad?

P. Sí. Es extraño porque, bueno, por un lado creo que es lo más natural del mundo culpar a alguien de un rechazo, lo cual ya es curioso porque normalmente el rechazo se debe a una especie de incompatibilidad básica, no es culpa de nadie. Antes le ponía como ejemplo el sentirme atraído por una mujer lesbiana, me daría seguro calabazas y no sería culpa de nadie, porque la orientación sexual no es algo que se elige. Pero cuando te rechazan, normalmente haces dos cosas: o te culpas a ti mismo o culpas a la otra persona. Eso puede llevarte por un camino muy oscuro en el que, como resultado de este rechazo, o bien te rechaces completamente a ti mismo o rechaces a la otra persona y también a todos aquellos con los que se lleva bien.

P. Eso es justo lo que pasa en su relato ‘El feminista’....

R. Sí. De hecho, cuando investigaba para el libro, leí sobre un fenómeno conocido como ‘entitatividad’, un fenómeno psicológico por el cual si alguien te es hostil o te hace algo que no te gusta, no sólo culparás a esa persona, sino también a todos los grupos a los que pertenezca. Es algo que queda muy claro en el caso del protagonista del relato El feminista, quien al final no sólo culpa a las mujeres que lo rechazaron, sino a todas las mujeres y también a todos los que suscriben su ideología, que él considera una forma imperfecta de feminismo, porque él sigue creyendo ser feminista, cree ser el único feminista verdadero. Eso es la entitatividad.

"Si me gusta una mujer lesbiana, no tengo nada que hacer con ella. Pues en esas situaciones la gente sigue tomándose el rechazo como algo personal"

P. El relato de 'El feminista' ha sido calificado por muchos como la primera gran historia incel. ¿Se siente cómodo con que le pongan esa etiqueta a ese relato?

R. Pues no. Me parece que la etiqueta ‘incel’ responde a una forma de terapia social que se ideó para poder encerrar en ese término a un grupo de personas y sentirnos bien los demás. Creo que existe una fuerte tendencia a crear una clase social de chivos expiatorios, y el de los incels es uno de ellos. No quiero decir que no existan, no quiero decir que no sean algo socialmente problemático. Pero deberíamos reflexionar sobre por qué son objeto de tanta fascinación por parte de los medios de comunicación, los expertos y los círculos sociales. Siendo sinceros, creo que todos podemos identificarnos con esos lugares oscuros a los que viaja la mente cuando uno se siente rechazado, especialmente cuando es rechazado muchas veces durante un largo periodo de tiempo. Crear categorías como la de los incel, narrativas en las que el resentimiento por el rechazo sólo lo tienen ellos, nos ayuda al resto a sentirnos mejor con nosotros mismos. Porque otra cosa que aprendí mientras investigaba sobre el rechazo es que ser un perdedor se considera contagioso.

P. ¿Cómo? ¿Ser perdedor se considera contagioso?

R. Lo que oye. Hay por ejemplo un estudio con niños y videojuegos: los investigadores estudiaron cómo interactuaban los niños al terminar de jugar, y descubrieron que los niños que perdían eran menos populares, incluso cuando perdían en juegos de puro azar cuyo resultado no dependía de ellos sino que era fruto completamente de la casualidad. Pero incluso en esos casos de puro azar, si los niños veían a alguien como un perdedor, no querían relacionarse con él, porque sentían que perder podía ser contagioso. Es gracioso, porque incluso en muchas de las reseñas positivas de mi libro hay una especie de distanciamiento, personas que dicen cosas como que el libro está bien pero que no es para todo el mundo, que no están seguras de que deban recomendarlo… Es como si quisieran dejar claro que no se identifican con ninguna de las personas rechazadas que desfilan por el libro. Pero es precisamente de eso de lo que va el libro: de la soledad que engendra el rechazo.

"Crear categorías como la de los incel en las que el resentimiento sólo lo tienen ellos, nos ayuda al resto a sentirnos mejor con nosotros mismos"

P. Algunas de las historias de su libro muestran también la deshumanización de muchas relaciones sexuales actuales a causa del porno. En la que se titula ‘Ahegao o Balada de la represión sexual’, hay varias páginas con las instrucciones precisas que un gay al que le gusta dominar y humillar le da a un actor porno para que le ruede un vídeo con sus fantasías…


P. Esa historia la terminé de escribir en 2021. Y casi que me genera nostalgia, porque hoy el protagonista de ese relato no contactaría con un actor porno, le pediría a la Inteligencia Artificial que creara un vídeo de su fantasía. Yo la verdad es que no veo nada malo en que encargue a un actor porno que ruede un vídeo siguiendo sus detalladas indicaciones; si eliminamos el estigma del sexo lo que hace es encargar una pequeña obra de arte, una obra que requiere esfuerzo e imaginación. No veo nada malo en ello. Pero creo que el hecho de que ese personaje sienta tanta vergüenza al respecto refleja la extraña situación que vivimos con la pornografía, que satura internet por completo, yo creo de hecho que hay mucha más gente adicta al porno de aquella que lo admite. Pero, curiosamente, eso parece haber intensificado el estigma en lugar de disminuirlo; hay una mayor vergüenza y neurosis en torno al consumo de porno debido a su mayor disponibilidad. Y eso me parece extrañamente contradictorio. Uno pensaría que, dado que todos vemos porno, eso reduciría el estigma. Pero no es así.

P. En su libro las redes sociales son omnipresentes. No sé si sabe que el Gobierno español ha anunciado que prohibirá el uso de las redes sociales a los menores de 16 años. ¿Le parece una buena iniciativa?

R. No, me parece una solemne tontería. Creo que hay problemas reales, como el ciberacoso o que los menores vean contenido inapropiado, que deben considerarse. Pero una prohibición general es una medida muy contundente y una solución que hace más daño que bien.

P. La de los millennials no sólo es la generación del rechazo: en Estados Unidos y en muchos países europeos también es la primera generación con peores condiciones económicas que sus padres, incapaz en muchos casos de comprarse una casa y obligada a compartir piso. ¿Eso, sumado al rechazo, es lo que hace que el resentimiento sea el sentimiento que mejor define a los millennials?

R. Los millennials son la primera generación a la que le va peor que a sus padres… por culpa precisamente de sus padres, a causa de lo que le hicieron a la economía con todas las desregulaciones desde los años 80 en adelante. Hay una razón por la que tantas novelas millennials tratan sobre el resentimiento: porque se nos niega, como nunca antes, la posibilidad de ascender socialmente y de progresar, sin poder cumplir con los ritos convencionales de la vida adulta. Con ese panorama es fácil acumular resentimiento. Además, los millennials somos gente que creció sin internet hasta la adolescencia, al menos los millennials mayores como yo. Y eso nos genera una profunda ansiedad, porque no estamos tan bien entrenados en las redes sociales como los de la generación Z. No nos criamos usando iPads ni grabando vídeos con la cámara frontal ni cosas así, pero éramos lo bastante jóvenes como para no resultar moldeados por ese bombardeo de imágenes. Cuando los de la generación Z dicen que los millennials somos "vergonzosos", es a eso a lo que se refieren. Y creo que tienen bastante razón. Los millennials no tenemos perspectivas de desarrollo financiero ni perspectivas de futuro, y como no podemos alcanzar el éxito real, lo que hacemos es crear una imagen de éxito virtual, aunque en verdad estemos increíblemente aislados, solos y sin blanca. Pero no podemos mostrar públicamente la realidad sin avergonzarnos, sin arriesgarnos a ver dañada nuestra imagen social. Incluso cuando la gente publica cosas como "Hago esta publicación sin maquillaje", lo hace en realidad para recibir aplausos. Ni siquiera puedes ser vulnerable u honesto sin intentar reforzar tu marca.

"Los millennials son la primera generación a la que le va peor que a sus padres… por culpa precisamente de sus padres"

P. ¿Por qué cree que su libro está teniendo tanto éxito?

R. Creo que se debe a la suerte que tuve al principio de recibir buenas críticas en los pocos periódicos y revistas de gran circulación que aún existen, y también el que hayan hablado famosos sobre él. También creo que es posible que parte de su éxito se deba a que hacía tiempo que no se publicaba un libro tan pesimista como lo es Rechazo. Gran parte de la ficción literaria de los últimos 25 años se ha construido sobre la base de la empatía, la esperanza y la redención. El mío es un libro francamente pesimista, y creo que eso le ha hecho destacar.

Cuando en 2019 la revista literaria estadounidense n+1 publicó el relato de Tony Tulathimutte titulado El feminista, no sólo se convirtió en el más leído en los 20 años de historia de esa publicación, sino que se organizó un considerable revuelo. El texto cuenta la historia de un joven que se autodefine como feminista y que está constantemente haciendo gala en redes sociales de su conciencia política, al tiempo que denuncia los comportamientos machistas de otros. El tipo tiene varias amigas, pero no consigue intimar sexualmente con ninguna chica, y se desespera al ver que ellas prefieren a tipos mucho menos feministas que él. Acaba convirtiéndose en incel y desarrollando un resentimiento feroz contra las mujeres y los hombres que sí que ligan.

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