'La guerra que todos pedimos': se organiza un nuevo congreso de escritores sobre la Guerra Civil española para que por fin se maten entre sí
El error de los congresos sobre nuestra contienda de hace 90 años es que pretenden articularse sobre el debate. Para que funcionen como es debido, hay que repartir armas a sus participantes y que resuelvan sus diferencias a tiro limpio
El escritor David Uclés presenta su nueva novela. (EFE/María Pérez)
Es un placer invitarles a la par, junto a decenas de otros autores compatriotas, a un inminente Congreso de Escritores en torno a la Guerra Civil española que hemos titulado para la ocasión ‘La guerra que todos pedimos’. Sabedores de lo sensible y delicado que es este tema de la contienda nacional y de lo inútil que supondría plantear una batería de debates para llegar civilizadamente a algún consenso respecto de las crueldades y culpas compartidas, solo hasta cierto punto, por el bando fascista y el republicano, hemos resuelto que cada escritor presente en nuestro congreso reciba un arma y defienda su posición a disparos contra sus "contertulios", hasta morir o acabar con toda disensión.
Porque, a fin de cuentas, el talante demócrata se basa en el respeto y la convivencia. Sin embargo, a casi noventa años de nuestra guerra, las redes dejan claro que los españoles de uno y otro(s) signo(s) siguen queriendo deshacerse de, como mínimo, la mitad de la población del país. Nunca son conscientes de que si desde todos los posicionamientos reaccionan con el mismo odio, deshumanización, intolerancia y sed de sangre, tal coincidencia podría deberse, a fin de cuentas, a que unos y otros no son tan distintos entre sí como creen: es más, probablemente se trate de los rasgos que nos hermanan como nación.
Ese odio, deshumanización, intolerancia y sed de sangre son lo que tenemos en común los españoles.
Y por eso planteamos este congreso como una franca (je je) guerra abierta, que así atraerá además a mucho más público que si lo convocamos a unas simples charlas.
Y para que no digan que no somos objetivos, organizaremos el evento en la bella ciudad porteña de Ferrol.
Del mouse al máuser
A tal fin, hemos elaborado una lista de escritores invitados de ideologías dispares. Lo único que tienen en común es que venden más de trescientos ejemplares, ese baremo que los escritores sin mundo establecen como requisito para no sentirse fracasados. Además, la mayoría de los seleccionados son más feos que pegarle a un padre, pero en eso no ha influido nuestra voluntad: resulta algo inevitable en el gremio.
Gracias a esa fealdad, será fácil insuflarles un deseo de revancha por lo descarnado de sus propias vidas: metidos en la harina del resentimiento, saldrán a la arena de los gladiadores. Durante el acto de inauguración, congregados todos en la tarima de nuestro auditorio y frente a la regocijada audiencia, repartiremos un fusil a cada uno. De esta manera tendrán que defender sus ideales como lo hicieron nuestros abuelos, ya no con un mouse en la mano, que así es muy fácil, sino con un máuser.
A continuación, los dividiremos en dos bandos: los nacionales y los rojos. Los nacionales tendrán permiso para mentar "la raza" en sus soflamas mientras se organizan, así el público podrá escarallarse de risa primero y luego de miedo al recordar que eran aliados de los nazis. A los rojos los dividiremos a su vez en tres grupos, a la misma altura del escenario, para que se vigilen unos a otros y así, cuando empiecen a dispararse entre ellos, no puedan decir que no lo vieron venir.
Los que sobrevivan a esa primera refriega pasarán a la fase de duelos a muerte que compondrán el grueso de actos del programa. Con ello queremos decir que, en lugar de presentar a dos autores sentados en sillones y discutiendo sus ideas como personas sensatas, los apostaremos detrás de sus asientos y que gane el que tenga mejor puntería.
Pero además de eso, hemos preparado también varias sorpresas para amenizar su estadía con nosotros.
Paseos tipo Lorca y ejecuciones a lo Muñoz Seca
Una de las atracciones adicionales que cosechará más éxito será sin duda la de Los Paseos. Se trata de un recorrido turístico por Ferrol que acaba con la ejecución del autor al que se le hace el tour. Ustedes podrán "pasear" una vez al colega al que más ojeriza tengan —al que haya ganado el último Planeta, por ejemplo— y ser "paseados", obviamente, también una sola vez: entendemos que el último día del congreso será el que goce de una mayor demanda para esta segunda opción, pues a buen seguro nadie querrá abandonarlo antes de tiempo.
Dentro de dichos Paseos podrán ustedes elegir diversas modalidades, aquellas con las que más se identifiquen, ya sea del lado de los indeseables matarifes o de la desdichada víctima: nos es grato ofrecerles de momento la Opción Lorca, durante la que sus despreciables verdugos franquistas irán mofándose de ustedes por el camino, llamándoles "maricón" y pitorreándose con frases como "imítame a la Piquer" antes del tiro en la nuca; y también disponen de la Opción Muñoz Seca, en la que podrán declamar con brío aquello de "podréis quitarme todo menos el miedo que tengo" y lamentarse de haber hecho héroe de su divertida obra "¡Pégame, Luciano!" a un joven comunista, justo antes de que les fusilen los dialogantes milicianos.
Unidad de Violadores de Escritores 'Almudena Grandes'
Todos recordamos esas sabias, oportunas y graciosísimas palabras de la escritora Almudena Grandes cuando imaginó que una monja estaría feliz de ser violada por el asalto de un bravo grupo de guerrilleros: "¿Imaginan el goce que sentiría al caer en manos de una pandilla de milicianos jóvenes, armados y —¡mmm!— sudorosos?", aventuraba con un sorprendente sentido de la empatía hacia su propio sexo. En la dirección de este congreso, siempre abiertos a la modernidad, hemos recogido su fantástica idea y la hemos aplicado como otro complemento lúdico para nuestros invitados varones (nuestra pequeña Guerra Civil de Literatos provocará muchas muertes, pero está en contra del machismo).
Porque, según la convicción de Almudena, si una monja siente tanta necesidad carnal como para abrazar con entusiasmo que una manada de combatientes la fuerce, ¡qué podemos decir del gremio literario! Ustedes saben que la mayoría de escritores, con esas caras de lenguado muerto que Dios les ha dado, tienen una vida sexual mucho más pobre que la de las monjas. Pobre, por no decir inexistente. Por ello pondremos a su disposición la Unidad ‘Almudena Grandes’ (siguiendo la tradición de los reconocimientos públicos a la autora), un cuerpo de hombres y mujeres especializados que, durante la celebración del congreso, asaltarán por sorpresa a los autores cuando menos se lo esperen, en sus horas de asueto en el hotel, mientras comen solos en un restaurante su pulpo a la gallega ¡o sobre el mismo escenario! Así al menos, antes de que se vayan al otro mundo, habrán experimentado un poco de ese "goce" que refiere la gran Grandes, tan propio de las tropelías más feroces en tiempos de guerra.
Limpieza de sangre
Con el congreso ‘La guerra que todos pedimos’ no solamente pretendemos comprender las claves que provocaron la Guerra Civil Española, sino también dirimir el todavía presente conflicto, de una vez por todas, eliminando las fuentes constantes de confrontación desde cualquier ángulo. Empezaremos por los escritores, que como saben son el sector profesional más prescindible de España y con cuyo exterminio no se perderá además casi nada en términos culturales. Encima, al resto de españoles les dará un poco igual. Otra cosa sería si habláramos de futbolistas.
Les pido, por tanto, a ambos que acepten esta humilde invitación y contribuyan, con su inmolación pública, a la pacificación definitiva del país.
Con este congreso, España será por fin un país sin discrepancias ni odios, sin rencores ni deudas por saldar. Un país repleto de cariño al prójimo. Uno de esos países (casi cualquiera, menos el nuestro) donde sus integrantes se sienten todos de ese país. Un país formado por una sociedad rebosante de armonía y amor.