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Isabel Coixet: "He visto a muchas mujeres quitar el rebozado a una croqueta"
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Isabel Coixet: "He visto a muchas mujeres quitar el rebozado a una croqueta"

La cineasta regresa con 'Tres adioses', una película rodada en Italia en la que la vida y el amor quedan entrelazados a través de la relación de sus personajes con la comida

Foto: Isabel Coixet durante el Festival Internacional de Cine de Toronto. (Getty/Gareth Cattermole)
Isabel Coixet durante el Festival Internacional de Cine de Toronto. (Getty/Gareth Cattermole)

Tan solo necesitas tres cuencos para superar esa ruptura amorosa. Tres cuencos para recuperar el control de tu vida y dejar atrás los fantasmas de aquella persona a la que amaste. Este es uno de los muchos mensajes que dejó para la posteridad Michela Murgia, escritora italiana de alto prestigio, antes de fallecer a los 51 años de edad por un cáncer. Ella sabía mejor que nadie que el placer y las ganas de vivir están en lo que comemos, cómo comemos y con quién nos sentamos en la mesa.

Así lo cree también Isabel Coixet. A lo largo de su ya extensa cinematografía podemos asistir a dramas humanos y amorosos cuyos traumas, silencios y despedidas son alegorizados a través de la comida, como en La vida secreta de las palabras (2005) en la que Hanah, la protagonista interpretada por Sarah Polley, solo come arroz con pollo. Fue en sus años de estudiante cuando la directora leyó Enseñanza de la alimentación (1850), del filósofo alemán Ludwig Feuerbach, de donde procede aquel cliché (tan repetido como cierto) de que "somos lo que comemos". Un día reparó en él y descubrió que muchas ideas las había trasladado a sus películas, sobre todo en sus personajes femeninos.

Ella todavía no lo sabía, pero este era el nexo que le uniría a Murgia. Ahora, queda sellado para siempre con Tres adioses, la adaptación de Tres cuencos, el libro de relatos interconectados que la italiana escribió al final de su vida. "Me fijé en dos relatos y decidí cruzarlos para hacer una película, ya que el resto hablaban más de cómo impactó el covid en Italia", explica Coixet, en conversación con este periódico.

Tres adioses trata de un drama de alto calado humano que relata la historia de Marta, una mujer que ha perdido el apetito tras romper con su pareja, Antonio. Lo que a priori parece psicológico, acaba derivando en un tumor maligno que la expone a una muerte inevitable. A partir de ese momento, empieza a comer solo lo que cabe en esos tres cuencos pequeños, desarrollando una conducta de control sobre su cuerpo, su estado de ánimo y su vida, justo en el momento en el que todo se desmorona.

"No sé si soy buena directora de actores, lo que sí que tengo claro es que los elijo muy bien"

"Existe mucha ansiedad de control por la comida en todos mis personajes, sobre todo en los femeninos", admite Coixet. "Me parece que la relación que tenemos con los alimentos dice mucho de las personas, en general. He visto a muchas mujeres hacer como Marta, quitar el rebozado a una croqueta, o quedarse sin postre, cuando es lo mejor del menú". La directora, de esta forma, consigue trazar una alegoría a partir de la ruptura de Marta y Antonio entre la vitalidad y el amor, en contraposición a la enfermedad y la soledad.

El mayor mérito, sin duda, es para Alba Rohrwacher, quien interpreta el complejo personaje de Marta, para quien la trágica noticia de su enfermedad terminal justo en el momento de la ruptura no significa pena ni dolor, sino más bien al contrario: se apunta a coreano, decide declararse a Agostino, su compañero de trabajo (un espectacular Francesco Carril) y recupera el humor y las ganas de vivir que tenía al lado de Antonio. "No sé si soy buena directora de actores, lo que sí que tengo claro es que los elijo muy bien", confiesa Coixet, quien presume de haber escogido a Alba para tan difícil papel.

"Fue un trabajo muy cansado y exigente", reconoce por su parte Rohrwacher. "Intenté que se me pegara el pensamiento de Marta, el anuncio de su enfermedad terminal, de ver el final a la vida, y a la par encontrar luz en la más profunda oscuridad. Ha sido muy arriesgado trabajar con esos sentimientos contrapuestos". La actriz reconoce su gran admiración hacia la cineasta y la autora. "Al principio sentí miedo", sopesa. "Tenía sobre mis hombros el legado de Murgia, que es una persona muy famosa y querida por Italia". A Isabel la conocía ya por su filmografía. "Me encantan sus películas, cuando me lo propuso dije inmediatamente que sí".

La vulnerabilidad de Carril

Una de las grandes sorpresas de Tres adioses es la aparición de Francesco Carril como Agostino, el compañero de instituto de Marta, quien parece un ciudadano romano de pleno derecho por su perfecto italiano. Aunque nació y se crio en Madrid, su madre es de Pisa, por lo que en casa y desde muy pequeño se familiarizó con los dos idiomas. "Nunca había pensado que rodaría en Italia, hasta que presentamos Los años nuevos allí y coincidió. Me quedé justo después del estreno de la serie para el rodaje de Tres adioses", explica.

placeholder Coixet y Carril posando en la pasada edición de la Seminci de Valladolid. (EFE)
Coixet y Carril posando en la pasada edición de la Seminci de Valladolid. (EFE)

Su relación con Coixet se remonta atrás en el tiempo. Ella le descubrió por el teatro, y pronto vio en él algo único, llamándole para Un amor (2023), la adaptación que hizo la catalana de la novela de Sara Mesa. "En la prueba, en vez de pedirme que actuara me dijo que simplemente hablara de mi vida", rememora. "Nos caímos muy bien inmediatamente". Por su parte, la cineasta reconoce que se tomó la licencia de cambiar el personaje de la novela de Murgia para que encajara mejor en la manera de actuar de Carril y, con ello, en el devenir de la historia.

"Todos mis personajes y películas hablan de nuestra relación con la comida"

"Me apetecía crear un personaje como él, con esa pinta de tímido, frágil y vulnerable... una masculinidad diferente, aunque luego también este tipo de hombres sean unos cabrones", remarca Coixet, sin poder ocultar la risa. "Supe que lo podía encarnar a la perfección". Cierto es que a Carril siempre le llueven papeles muy similares, algo con lo que no puede sentirse más reflejado. "Yo soy así también, me encanta que me llamen para este tipo de personajes, creo que se necesita cierta valentía para mostrar esa vulnerabilidad, y que necesitamos personas así, tiernas, en nuestra vida", asevera, a la par que confiesa que le encantaría cambiar y meterse en la piel de un asesino en una película de terror para "sacar esa parte oscura que no se ve de mí".

Por su parte, Rohrwacher reconoce que Carril ha sido un descubrimiento "muy hermoso", al cual tenía la sensación de conocer hace "cien años". Destaca de él su "gran humanidad" y "la verdad de su mirada" sobre su personaje. "Hemos conseguido contar una historia de amor muy grande entre dos personas cuya relación está desfasada en el tiempo", recalca. Carril también valora mucho haber trabajado con ella, ya que la admiraba como actriz desde mucho antes. "Me parecía algo inalcanzable poder estar con ella en una película, cuando lo supe no me lo creía", señala.

Coixet suma con Tres adioses, otra producción internacional, en este caso en Italia, un país que como España otorga mucha importancia al acto de reunirse para comer juntos, algo que atraviesa toda la película de principio a fin como sinónimo de salud y felicidad. Cuando le preguntamos por estas conexiones culturales, ella admite que no ha valorado tanto que haya sido Italia el país escogido. "Me doy cuenta de que el lenguaje que hablan los personajes en mi película nunca ha sido un problema", concluye, airada. "Yo he hecho una carrera siendo nómada. Me encanta ser extranjera, es mi hábitat natural", concluye.

Tan solo necesitas tres cuencos para superar esa ruptura amorosa. Tres cuencos para recuperar el control de tu vida y dejar atrás los fantasmas de aquella persona a la que amaste. Este es uno de los muchos mensajes que dejó para la posteridad Michela Murgia, escritora italiana de alto prestigio, antes de fallecer a los 51 años de edad por un cáncer. Ella sabía mejor que nadie que el placer y las ganas de vivir están en lo que comemos, cómo comemos y con quién nos sentamos en la mesa.

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