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Najat El Hachmi: "El consentimiento no es un avance sino un retroceso para las mujeres"
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Najat El Hachmi: "El consentimiento no es un avance sino un retroceso para las mujeres"

Ha reescrito 'La cazadora de cuerpos', una historia sobre el deseo femenino que critica la vieja idea de la liberación de las mujeres con el sexo. También en esta charla ataca la obsesión de cierto feminismo con la violencia en las relaciones

Foto: La escritora Najat El Hachmi ha reescrito 'La cazadora de cuerpos'. (EFE/Nacho Gallego)
La escritora Najat El Hachmi ha reescrito 'La cazadora de cuerpos'. (EFE/Nacho Gallego)

Najat El Hachmi (Marruecos, 1979) es una de las escritoras más interesantes que existen en la actualidad porque te plantea asuntos que se salen de la corriente manida. Lo hace con sus columnas y novelas como La cazadora de cuerpos (o la ansiedad del deseo) (Destino) que publicó originalmente en 2011 y que ahora ha reescrito “porque ha cambiado mi visión del tema de la sexualidad” y tiene mucho más claro lo que pretendía decir entonces. Y sí, es una novela sobre deseo femenino, pero que se sale del cauce actual de los términos hiperacadémicos sobre el sexo, de la crítica al binarismo e incluso, como ella afirma, del lesbianismo político. El Hachmi -que lleva en España desde que tenía ocho años de edad- nos dice aquí algo -parece que, según los tiempos que corren, tan revolucionario- como que el sexo nunca es solo sexo.

Lo cuenta a través de una limpiadora que tiene numerosos encuentros sexuales con desconocidos de todo tipo (nunca les da el nombre) y que va siendo consciente de que eso no es liberación femenina, ya que, según la escritora, muchas veces detrás de este tipo de encuentros “no se cuenta lo que vive la protagonista de esta novela: una represión radical de las emociones y los afectos, del establecimiento de vínculos profundos, que implica un conocimiento y un descubrimiento del otro en tanto que persona, con toda su complejidad, y no solamente de su cuerpo”. El Hachmi rompe con la dualidad cartesiana: no, alma y cuerpo no están separados.

Tildar de moralista la novela, dice, sería, por otra parte, una nefasta interpretación. “No es ni ha sido nunca mi intención, pero si hemos pasado de la represión del sexo a la represión de los sentimientos, tendremos que hablar de ello, ¿no?”. Pues hablemos.

PREGUNTA. Esta es una novela de 2011, ¿por qué reescribirla?

RESPUESTA. Ha cambiado mi visión del tema de la sexualidad y de lo que intentaba decir con esa novela. O sea, hay novelas a las que vas como sabiendo, teniendo muy claro qué es lo que quieres contar, ¿no? Mientras que en otras hay un proceso como de indagación, de búsqueda y como que vas a tientas. Y ahora, no sé si es la edad, pero la veo mucho más clara de lo que la veía entonces.

placeholder La cazadora de cuerpos, de Najat El Hachmi. (Destino)
La cazadora de cuerpos, de Najat El Hachmi. (Destino)

P. ¿Y qué es lo que ha cambiado?

R. Estoy más convencida de las conclusiones que he sacado de este proceso. Entonces estábamos todavía con miedo a contar nuestra propia visión erótica o propia verdad erótica. Yo no era consciente entonces de hasta qué punto la cultura dominante estaba tan centrada en el deseo masculino y en no solo el deseo, sino en cómo se vinculan los afectos y otras facetas de la persona. O sea, la complejidad que nosotras sentíamos en nuestro deseo y que de algún modo nos obligaban a simplificar para poder encajar en el modelo masculino. Y con todo el movimiento feminista que ha habido en los últimos tiempos y con toda la colisión de voces de muchas mujeres contando sus propias experiencias y visiones del tema, pues ahora soy mucho más consciente. Son procesos que haces a nivel individual, pero luego te encuentras con otras personas que también los están haciendo.

P. ¿Qué crees en este sentido que puso sobre la mesa el movimiento feminista y todo lo que se ha hablado en los últimos diez años?

R. En los últimos diez años nos hemos centrado mucho en el tema de la violencia, y ese es un aspecto, pero la novela no trata de eso. De hecho, anula completamente el asunto de la violencia para poder centrarse en el deseo, porque mientras estemos hablando de la violencia resulta imposible hablar del deseo como vivencia, como experiencia, porque siempre lo otro irrumpe y lo distorsiona todo. En ese sentido yo echo en falta todavía un poco más de representación del deseo en clave femenina. Parece que el gran avance ha sido el asunto del consentimiento, pero para mí el consentimiento no es un avance, es un retroceso. Yo como mujer no quiero consentir, quiero disfrutar, quiero gozar y pasármelo bien y entender cómo follamos y por qué nos gustan unas cosas y no otras. Por eso, lo del consentimiento para mí es un retroceso absoluto.

"Como mujer no quiero consentir, quiero gozar y pasármelo bien y entender cómo follamos y por qué nos gustan unas cosas y no otras"

P. Esto es muy interesante. ¿En qué sentido es un retroceso?

R. Nos sitúa como objetos, como a disposición del hombre y que él haga con nosotras lo que nosotras le dejemos hacernos como si nosotras no tuviéramos deseos, impulsos, madurez, complejidad y contradicciones. En ese sentido más bien hemos salido perdiendo. Porque al final si lo centramos todo en la violencia… Es que incluso se está proponiendo que ni siquiera tengamos que aspirar al sexo heterosexual. De repente estamos volviendo a la propuesta del lesbianismo político de los setenta. Que a mí me parece bien la que opte por ahí, pero es que a muchas mujeres nos gustan los hombres, a pesar de todo. Y, bueno, es una discusión distinta, pero creo que tampoco puedes escoger.

P. Lo curioso de todo esto también es que es una discusión que procede de un espectro progresista de la sociedad.

R. Sí, viene de ese progresismo que intelectualiza mucho la experiencia sexual. La reduce a términos. De repente todo es sexualidades disidentes, normativas transgresoras, no sé qué, y es una forma también de no estar hablando de nada. En ese terreno no nos ha aportado nada. Queda muy bien usar todos esos términos superacadémicos, pero al final no hablamos de nada. Si es que además se folla menos que nunca.

P. La protagonista de la novela folla bastante, la verdad, pero una de las cosas más interesante que tiene la historia es que ella va sintiendo que no está cómoda, que no le satisface coleccionar amantes porque sí sin ninguna implicación emocional. De hecho, se acaba interesando por un hombre que le pregunta cómo está. Leyéndote, yo me preguntaba, ¿hemos sido engañadas las mujeres con respecto a la forma en la que expresamos (y usamos) nuestro deseo en favor del deseo masculino?

R. Yo creo que sí, porque es una cuestión cultural. En el sexo también se da la representación que se hace del sexo y el deseo. Entonces, si te fijas, lo que hemos recibido culturalmente es una representación de una sexualidad en la que nosotras solamente podemos ser objeto de deseo. Y eso lo condiciona todo, porque tu propio deseo como mujer se ve afectado por ese marco y realmente hay que hacer un trabajo de fondo muy importante por una misma para rescatar el propio deseo y quitarte toda esa cultura. Y en este sentido la libertad sexual a mí como me vino dada no es ni libertad ni es nada, es simplemente estar a disposición de los hombres porque a la mínima que algo no te gustaba o no querías practicarlo, te llamaban estrecha. Esa es la gran estafa de la liberación sexual en Occidente, que consistió en convertirnos a nosotras en objetos.

placeholder La escritora Najat El Hachmi. (EFE/Nacho Gallego)
La escritora Najat El Hachmi. (EFE/Nacho Gallego)

P. Ahí están esas películas de mujeres supuestamente libres, pero que no eran más que fantasías masculinas.

R. Casi siempre se trataba de encajar en esas fantasías. Y luego nos mentíamos mucho también las unas a las otras. Nos decíamos que qué guay y que estábamos disfrutándolo mucho, cuando la mayoría de nosotras luego en conversaciones que teníamos de verdad, nos confesábamos todas las decepciones. Porque ya si follar bien cuesta, imagínate con un desconocido… Es que es que te toque la lotería. ¿Cómo vas a encajar de madrugada estando todos borrachos perdidos?

P. Tú lo has dicho: el juicio también era entre las propias mujeres.

R. Yo creo que estábamos condicionadas por cómo nos clasificaban los hombres y en vez de decirnos la verdad y decir, mira, es que esto a mí no me satisface... pues actuábamos y hacíamos el papel un poco de ser amantes perfectas y dispuestas a todo. A mí me llamó siempre mucho la atención que ese chantaje, el de llamarte estrecha, fuera tan efectivo. Porque realmente muchas mujeres acababan convencidas de que tenían que hacer cosas que no... Y hoy en día ni te cuento con toda la industria de la pornografía, que es brutal el alcance que tiene. Lo de convertirnos en objetos y consumirnos ya ha alcanzado unos niveles que para mí eran impensables cuando escribía La cazadora de cuerpos. Es muy bestia y es una deshumanización. No es libertad ni nada.

"A mí me llamó siempre la atención que ese chantaje, llamarte estrecha, fuera tan efectivo"

P. Ahora no hay libros que hablen mucho del deseo femenino (y heterosexual). Lo que hay es contra el binarismo…

R. Porque estamos centradas en la violencia y con eso nos han expropiado hasta eso, el deseo. Y yo no sé si es tan bueno que los relatos que estamos difundiendo sobre la sexualidad sean en relación a la violencia porque al final también se fomenta el miedo. Siempre ha existido esa violencia, pero es que ahora no hablamos de nada más.

P. Por otro lado, los hombres también están recibiendo muchos mensajes acerca de su testosterona, su virilidad… Tienen que ser hipermasculinos, fuertes, “cumplir” siempre… ¿No les está limitando a ellos ahora lo que tanto nos ha limitado a nosotras?

R. Los modelos que tienen son los de la pornografía y eso es fantasía pura y dura. Es un nivel de ejecución que además se come todas las elipsis. Yo no sé cómo los hombres no se dan cuenta de que les están colonizando algo tan importante como es el propio sexo. Y yo creo que les está pasando una factura… Tienen más miedo a las relaciones, a no llegar, no cumplir.

P. Además de escritora eres columnista… ¿cómo decides los temas de los que escribes?

R. Normalmente lo que me interpela, me llama la atención, me preocupa, me obsesiona. Parto un poquito de lo que yo necesito escribir. Y eso es bueno y es malo a la vez, porque no puedes evitar escribir sobre determinados temas con los que a lo mejor te ahorrarías muchas cosas. Mira, yo no estaría ya viva si no hubiera escrito. Es exagerado decirlo, pero es que es lo que soy y es lo que me ha permitido pensarme y hacerme a mí misma. Yo necesito escribir en cada momento. Me mueve mucho la sensibilidad, las injusticias… Yo sigo siendo esa niña que mira a su alrededor y dice, ¿pero esto qué es? Lo que me duele normalmente es lo que me lleva a la escritura.

placeholder Najat El Hachmi. (EFE/Alejandro García)
Najat El Hachmi. (EFE/Alejandro García)

P. Te lo decía porque a mí me parece que tienes un pensamiento muy libre y, por ejemplo, puedes ser muy crítica con la flotilla que fue a Gaza, pero también eres muy crítica con la derecha, la extrema derecha. O sea, no eres fácil de encajar en unos tiempos en los que solemos colocar a los columnistas en sus respectivas parcelitas.

R. Yo es que creo que el lugar del periodista de opinión está fuera de adscripciones. Si tú no puedes mantener esa libertad cuando escribes, entonces ya has perdido lo mejor que te da el poder escribir. Yo me siento muy identificada con el libre pensamiento y esa libertad es la que me ha dado la vida. Creo que vivimos unos tiempos en los que se usa la palabra polarizados, pero no es polarizado. Es que parece que todo el mundo tiene la necesidad de situarte con unos o con otros, contigo o contra ti. Yo viví eso de pequeña. O moro o cristiano. Y creo que es importantísimo que mantengamos esa libertad de pensamiento en lo que escribimos porque sin esa libertad no existirá ninguna otra libertad. La libertad tiene que estar por encima de cualquier otra cosa.

P. Con esto de las jornadas de la Guerra Civil de Pérez-Reverte ya hemos colocado a unos y a otros en distintos sitios.

R. Sí, sí, lo he leído, pero no estaba invitada [risas]. No hubiera estado mal.

P. ¿Vas a escribir ahora sobre la regularización de inmigrantes que tiene prevista el Gobierno?

R. Sí, a ver, a mí me parece que hay que reconocer a las personas que existen. Es que lo otro es simplemente fomentar que esas personas sean víctimas de todo tipo de estafas y que se vulneren sus derechos. No reconocerlas es seguirlas dejando en los márgenes y en tierra de nadie.

"Yo veo un ambiente mucho más enrarecido y con menos espontaneidad, más crispado y con más desconfianza en general que en 2011"

P. Pero en este país hay muchos discursos sobre la inmigración: desde el rechazo a la hipocresía.

R. Es que los mismos que te dicen que te integres son los que en realidad hacen todo lo posible para que no te integres, porque no te quieren ni en sus barrios, ni en sus colegios, ni compartiendo ningún tipo de espacio con ellos. Y también está el otro discurso, que es el de la instrumentalización, eso de que necesitamos inmigrantes para que vengan a limpiar y a hacer cosas que nosotros no queremos hacer. Y eso te lo dice desde la izquierda a la derecha. No sé, somos personas. No venimos solamente a ser fuerza de trabajo, sino que venimos como seres humanos

P. Para terminar y hacer una especie de corolario. Publicaste La cazadora de cuerpos originalmente en 2011. Ahora que has tenido que releerla y colocarte en otro lugar, es decir, el de 2026… ¿Qué sociedad somos en 2026 comparada con la que éramos en 2011?

R. Yo veo un ambiente mucho más enrarecido y con menos espontaneidad, más crispado y con más desconfianza en general. Y así es muy difícil poder hablar de ciertos temas. Y luego está la intelectualización del discurso de la sexualidad con lo que hay menos honestidad a la hora de hablar y eso yo creo que al final es menos libertad. Pero a mí lo que más me molesta es atribuir a alguien mala fe directamente. En 2011 esa cosa de estar analizando al detalle cada palabra que escribes, cada palabra que dices y de repente interpretarla así... En 2011 no teníamos ese peso, ese control social. Al final es como una especie de inquisición. A ver qué dices y qué dejas de decir y si dices esto es que estás con estas y si dices lo otro es que estás con aquellas y si no es que eres de las mías. Yo creo que esto es muy malo para los escritores. Esta cosa de diseccionar es muy inquisitorial. A mí me preocupa muchísimo el tema de la libertad de expresión porque me parece que vamos a acabar perdiendo todos. Aunque a veces no te parezca que a ti te pueda perjudicar algo vamos a estar perdiendo todos porque esta es la madre de todas las libertades. La crítica hay que aceptarla pero la inquisición nos va a matar. Nos va a dejar sin poder decir nada.

"En 2011 eso de estar analizando cada palabra que escribes, cada palabra que dices e interpretarla así... no existía, no había ese control social"

P. ¿Y qué podemos hacer? ¿Cuál es tu receta como escritora?

R. En mi caso lo que he decidido es seguir escribiendo e intentar conservar esa libertad, pasar completamente... Yo no tengo redes sociales. Y es una pena porque cuando tenía Instagram había cosas buenas, pero no es un espacio real de debate, entonces me salí. No sé, nos encontraremos en los libros, nos encontraremos en los espacios donde haya lectores y ahí podremos hablar y recuperar un poquito el contacto real.

P. Lo cierto es que luego las personas con un café o con una caña somos más normales.

R. Es verdad. Es que yo creo que la virtualidad nos hace más violentos porque no está el cuerpo. Tú cuando estás hablando con una persona real, de carne y hueso, que la tienes delante, tienes muchísima información de esa persona a través del movimiento, el olfato, el tono… Todo eso es muy importante.

P. Incluso la voz por teléfono te acerca muchísimo más.

R. Fíjate que no te estás viendo, pero ya hay otra cosa. Hay muchos elementos que no son las palabras propiamente que estás diciendo. Yo creo que hay que volver un poco a la realidad. Y para mí la escritura tiene que seguir siendo un espacio de libertad. Es un espacio que no voy a vender por nada.

Najat El Hachmi (Marruecos, 1979) es una de las escritoras más interesantes que existen en la actualidad porque te plantea asuntos que se salen de la corriente manida. Lo hace con sus columnas y novelas como La cazadora de cuerpos (o la ansiedad del deseo) (Destino) que publicó originalmente en 2011 y que ahora ha reescrito “porque ha cambiado mi visión del tema de la sexualidad” y tiene mucho más claro lo que pretendía decir entonces. Y sí, es una novela sobre deseo femenino, pero que se sale del cauce actual de los términos hiperacadémicos sobre el sexo, de la crítica al binarismo e incluso, como ella afirma, del lesbianismo político. El Hachmi -que lleva en España desde que tenía ocho años de edad- nos dice aquí algo -parece que, según los tiempos que corren, tan revolucionario- como que el sexo nunca es solo sexo.

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