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Guadianescos del móvil: esa gente que tarda días en contestar un mensaje
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Guadianescos del móvil: esa gente que tarda días en contestar un mensaje

La conversación parece fluir y, de repente, silencio. Mientras te quedas mirando el móvil esperando como un bobo una respuesta que no llegará, el otro lo ha dejado o se ha puesto a ver vídeos

Foto: Ha recibido el mensaje, lo ha leído, no piensa responder. (iStock)
Ha recibido el mensaje, lo ha leído, no piensa responder. (iStock)
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Los pequeños detalles difieren, pero la estructura es siempre la misma. Alguien te manda un mensaje de WhatsApp. Tú, claro, respondes. Esta persona vuelve a contestar. De repente, estáis hablando. La charla se desarrolla con normalidad durante varios minutos. Cinco, diez. A un ritmo propio de una conversación cara a cara. Siempre alguien está "escribiendo un mensaje", siempre hay alguien esperando a que conteste el otro.

De repente, silencio absoluto. El “escribiendo” desaparece. La conversación se interrumpe. El último mensaje, que exigía respuesta, no la recibe. Te quedas mirando el móvil como un bobo. Puede ser que a la otra persona le haya surgido algo. Puede ser que tenga otro mensaje urgente que responder. Puede ser que le haya caído un piano en la cabeza. Lo siento, lo más probable es que se haya aburrido. Has dejado de ser su prioridad, y has sido sustituido por otro estímulo más sexy.

El caso es que no contesta, así que te pones a mirar otras cosas en el móvil que te van pudriendo el cerebro lo suficiente como para olvidar que estabas esperando un mensaje. Solo lo recordarás cuando finalmente recibas respuesta, un día, dos días, una semana, un mes o un año después, como si no hubiese pasado nada. Acabas de ser víctima de un guadianesco del móvil.

Estos meses circulaba un vídeo con un chaval bailando y el mensaje “cuando se terminan sus 10 minutos diarios de responder rápido y ahora tengo que esperar entre ocho horas y cuatro días a otro mensaje”. Parece ser que esto de dejar conversaciones colgadas es bastante normal entre la generación Z. A mí me ha pasado con conversaciones personales y profesionales, con amigos y simples conocidos. Y me ha pasado, sobre todo, con personas que han iniciado ellas mismas las conversaciones. Te hablan, contestas, no vuelven a responder jamás. Hasta que reaparecen y vuelven a hacer lo mismo.

La periodista de La Nación Irina Sternik lamentaba hace poco que pasa algo con las nuevas generaciones y la comunicación. "Ya van muchos casos que me escriben para pedirme una nota, un favor, una entrevista para una tesis, trabajo, facultad", contaba. “La conversación se hace imposible porque demoran en responder horas o días”. O, cuando lo hacen, contaba, le dan las gracias tres meses después, un 31 de diciembre a las diez de la noche.

Siempre me pregunto qué ha pasado entre un momento u otro, cuál ha sido el mecanismo mental preciso que ha provocado el abandono repentino de la conversación. Sospecho que en muchos casos, la otra persona lee el mensaje, siente o aburrimiento o pereza o fatiga, y cambia de aplicación a otra que le resulte menos exigente, que le permita seguir ejerciendo un rol pasivo. He llegado a esperar un mensaje con el móvil en la mano mientras el guadianesco de turno me daba likes en otra red social, que es la forma más sutil de decir "no te voy a responder".

Utilizamos el móvil más como una herramienta de entretenimiento que de comunicación

Los guadianescos del móvil sufren una incapacidad patológica para cerrar conversaciones. O, mejor dicho, para dar respuesta a ciertos mensajes. Mi experiencia me dice que el silencio aparece cuando se le pide al interlocutor una concreción. Una fecha, un lugar, una propuesta. Una respuesta cerrada y definitiva. Es decir, un compromiso concreto. Pero también un desarrollo un poco más largo, o sacar a colación un tema tal vez espinoso. Qué tal tu vida. Cómo te va en el trabajo. Entonces, las personas desaparecen.

Como me decía el otro día un amigo: tengo tantas cosas que hacer que no voy a hacer nada. Conozco a gente que cuando empieza a recibir varios mensajes a la vez se siente sobrepasada y reacciona soltando el móvil o dejando de responder. He notado, además, entre parte de la generación Z, cierta tendencia a no responder preguntas directas. Simplemente, hacen como si no las hubiesen leído. Todo va bien cuando la conversación fluye de forma banal, pero no cuando implica un compromiso en el mundo exterior a la pantalla.

Utilizamos el móvil, sobre todo los jóvenes, más como una forma de entretenimiento que de comunicación. Así que cuando deja de resultarnos fácil, ameno o nos exige atención, lo dejamos. Al hablar con alguien estamos compitiendo por su atención, como si fuésemos una red social o una plataforma de streaming. Así que cuando alguien nos deja de responder me temo que, simplemente, se han cansado de nosotros. No es que estén haciendo en otra cosa. El móvil sigue en su mano, han recibido el mensaje, lo han visto, pero han cambiado de pantalla. Has perdido la guerra de la atención.

placeholder Foto: Reuters.
Foto: Reuters.

A simple vista, dejar una conversación a la mitad es una forma de recuperar tu propio tiempo. Los milagros de la tecnología permiten que el chat no desaparezca cuando apagas el móvil. Pero creo que hay algo más profundo. No se trata de retrasarse porque ha surgido algo, sino cortar la interacción de golpe sin avisar, por pura pereza. Tiene más que ver con la incapacidad para decir que no o para decidir, con la inseguridad centennial y la saturación mental de quien vive su día a día delante de una pantalla donde cada segundo está obligado a elegir entre un millón de estímulos.

En esto los jóvenes son el opuesto perfecto a la ansiedad boomer, que no se han criado con un teléfono en la mano. Mis padres siguen levantándose como un resorte cada vez que suena el teléfono –porque a ellos, a diferencia de los jóvenes, aún les suena el móvil cada vez que reciben un mensaje–, dejan lo que estén haciendo y no se quedan tranquilos hasta que contestan. Para ellos, no responder de manera casi inmediata es como dejar a alguien con la palabra en la boca durante una conversación.

No me estoy refiriendo aquí a las conversaciones eternas que uno mantiene con sus mejores amigos y donde uno puede permitirse desaparecer. Mi criterio para saber que alguien se ha convertido en un amigo cercano es que ya no nos digamos “hola” y “adiós” por WhatsApp, sino que el diálogo sea un flujo constante sin principio ni final. El canal está siempre abierto porque no hay hielo que romper ni es necesario atender a la cortesía que tendrías con un desconocido. Las rupturas amorosas son tan raras porque de repente vuelves a decir “hola” y “adiós” a una persona con la que antes no era necesario ese trato.

Me hice adulto cuando aprendí a cerrar cosas y decir "sí" o "no"

Mi superpoder de adulto es saber cerrar conversaciones cuando es necesario. También abrirlas. Es mi forma de respetar mi tiempo y el de los demás. Gran parte de las conversaciones de mi vida personal y laboral está compuesta por la estructura de las tres interacciones. “Hola, qué tal, pregunta”, una respuesta, y un “gracias”. Recurro con frecuencia al sticker como forma de poner punto final a una conversación. ¿Qué puedes decir después de un sticker? Si te clavan el sticker, la conversación se terminó.

Me hice mayor cuando empecé a tener capacidad para cerrar cosas, para decir “sí” o “no”, para dar la cara cuando me lo piden, para no dejar nadar a los demás en la incertidumbre. Hoy cada vez más gente tiene miedo y ansiedad a responder, a posicionarse, a tomar decisiones, y terminan arrastrando la fatiga mental de cargar en el desván de su mente con un montón de conversaciones por responder. Y si estás pensando que este artículo va por ti, efectivamente, es así. Respóndeme, anda.

Los pequeños detalles difieren, pero la estructura es siempre la misma. Alguien te manda un mensaje de WhatsApp. Tú, claro, respondes. Esta persona vuelve a contestar. De repente, estáis hablando. La charla se desarrolla con normalidad durante varios minutos. Cinco, diez. A un ritmo propio de una conversación cara a cara. Siempre alguien está "escribiendo un mensaje", siempre hay alguien esperando a que conteste el otro.

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