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La Antártida, el gran polo deseado de la Tierra que no tiene soberanía
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La Antártida, el gran polo deseado de la Tierra que no tiene soberanía

El escritor y periodista argentino Federico Bianchini pasó 25 días en el continente antártico, experiencia que cuenta, con detalles sobre su historia y administración, en 'Antártida' (Libros del KO). Este es un extracto

Foto: Un velero entre icebergs en la Antártida (Anna)
Un velero entre icebergs en la Antártida (Anna)

A fines del siglo XIX, marineros y científicos de distintos países siguieron avanzando hacia el sur, corriendo el límite de lo conocido, aunque sin alcanzar el mítico polo sur.

En 1897, una expedición multinacional quedó atrapada en el hielo cerca de la costa: los tripulantes fueron los primeros en pasar el invierno en la Antártida. Varios miembros de la tripulación enloquecieron y dos murieron: un geofísico, por anemia, y un marinero, que cayó por la borda. Entre los sobrevivientes estaba el explorador noruego Roald Amundsen, que años más tarde lograría lo que nadie antes.

En 1900, el capitán Robert Falcon Scott comandó el Discovery hacia el continente blanco. El objetivo: exploración y estudio científico. Los expedicionarios llegaron hasta el punto más austral que nadie había alcanzado hasta ese momento: 82° 17ʼ, a unos 857 kilómetros del polo. Como tercer oficial viajaba el explorador angloirlandés Ernest Shackleton.

Más allá de la marca, Shackleton se quedó con las ganas. Quería ser el primer hombre en pisar el polo sur y, para ello, en 1907 lideró la Expedición Imperial Antártica Británica, a bordo del Nimrod, un enorme barco que se usaba para cazar focas y ballenas. Aunque estableció un nuevo récord de proximidad, tuvo que detenerse y volver cuando le faltaban apenas 180 kilómetros.

placeholder 'Antártida', de Federico Bianchini (Libros del KO)
'Antártida', de Federico Bianchini (Libros del KO)

En 1910, dos expediciones se pusieron en marcha con el mismo objetivo: ser la primera en alcanzar el confín austral del planeta. Una de ellas estaba bajo el mando del inglés Robert Falcon Scott. La otra la comandaba Amundsen: su idea inicial era conquistar el polo norte, pero al enterarse del destino de Scott decidió cambiar el rumbo en secreto.

Sus estrategias fueron diferentes.

Amundsen prefirió un equipo pequeño: diez tripulantes para el barco y nueve exploradores para el equipo. Llevó 97 perros y solo hizo escala en el archipiélago portugués de Madeira.

Scott armó una expedición en etapas (atracó previamente en los puertos de Sudáfrica, Australia y Nueva Zelanda). Llevó tres trineos de motor, diecinueve caballos, treinta y tres perros y una dotación de sesenta y cinco personas: un equipo de marineros se quedaría arriba del barco. Otro, de veintisiete hombres, gestionaría una base en tierra. Luego, habría subgrupos de exploración y trabajos científicos. Y, finalmente, escogió a un grupo reducido de hombres para que lo acompañara al polo.

placeholder El escritor y periodista Federico Bianchini en la Antártida
El escritor y periodista Federico Bianchini en la Antártida

Scott se enteró por telegrama de que tenía competencia: decidió seguir adelante como si nada ocurriese. Pero durante el trayecto, los fuertes vientos, las temperaturas de hasta cuarenta y cinco grados bajo cero y el mar helado los detuvieron más de lo previsto. Ya en la Antártida, la situación no mejoró. El hundimiento de un trineo y la lentitud de los caballos minaron la confianza de una expedición que terminaría en tragedia: así quedó asentado en el testimonio de su diario.

La desilusión llegó a su punto máximo el martes 16 de enero de 1912, cuando a una latitud de 89º 42’, muy cerca del polo, Scott escribió: "¡Se ha producido la catástrofe! A las 14.00, los ojos penetrantes de Bowers descubren un montículo en la lejanía; al verlo se angustia, pero duda. Después de todo puede tratarse de una montaña de nieve. Media hora después, distingue delante una mancha negra. Al adelantar en la ruta observamos que está formada por un lienzo negro atado a una barra de trineo. Alrededor, vestigios de campamento, señales de idas y venidas de esquíes, y huellas nítidas de patas de perros. Un simple golpe de vista nos revela todo. ¡Amundsen y sus noruegos nos han precedido! ¡Han sido los primeros en alcanzar el polo! La decepción es profunda".

Scott: "¡Amundsen y sus noruegos nos han precedido! ¡Han sido los primeros en alcanzar el polo! La decepción es profunda"

Un día después, siguiendo las huellas de los trineos noruegos, llegaron a los 90º latitud sur: el punto tan anhelado. En el diario, Scott escribió: "Estamos en el polo. (…) ¡Dios mío, qué horrible lugar! ¡Es demasiado desalentador haber padecido tanto para llegar y no ser recompensado por la gloria que da la prioridad! Aunque, después de todo, es ya algo haber alcanzado la meta".

La frustración es despiadada: luego de setenta y nueve días de caminata, intenta, como puede, convencerse de que algo bueno llegará: "Quizás, mañana el viento nos sea favorable"

Un lugar sin soberanía

En la Antártida no hay soberanía. En junio de 1961 entró en vigor el Tratado Antártico, que se firmó en inglés, francés, ruso y español y puso en suspenso los reclamos de siete países (Argentina, Australia, Chile, Francia, Noruega, Nueva Zelanda y el Reino Unido) que, con distintos argumentos, justificaban determinadas partes del continente como propias.

Fue suscrito por representantes de trece países (luego se sumaron otros treinta y nueve) y se acordó que, si alguna de las partes firmantes lo solicitaba, se podría revisar en junio de 1991.

Nadie lo pidió y unos meses más tarde se extendió con el Protocolo al Tratado Antártico sobre Protección del Medio Ambiente ("Protocolo de Madrid"), que entró en vigor en 1998 y que estableció pautas relacionadas con la protección ambiental, entre ellas la prohibición de extraer recursos mineros durante cincuenta años.

El Protocolo de Madrid estableció pautas como la prohibición de extraer recursos mineros durante cincuenta años

Pensar qué sucederá en 2048, cuando se acabe el tratado de paz sobre la reserva de agua potable más grande de la Tierra es algo tan impreciso como inquietante.

Entre muchas otras medidas, el tratado original establecía la prohibición de actividades de carácter militar excepto para colaborar con las investigaciones científicas. Por eso, en la Antártida no hay armas. Es un continente de paz, supuestamente reservado a la investigación.

'Antártida' (Libros del KO): El mal clima obligó a que, en vez de los diez días previstos, Federico Bianchini pasara allí veinticinco. Atrapado en un entorno tan grandioso como intimidante, aprovechó para aprender sobre las grandes exploraciones que forjaron la épica antártica y sobre cómo es la vida cotidiana cuando estás apartado del mundo. Antártida es un clásico del periodismo científico que se lee como un libro de aventuras.

Federico Bianchini:  Ha trabajado en medios argentinos e internacionales. Ha publicado los libros 'Desafiar al cuerpo', 'Cuerpos al límite', 'Tu nombre no es tu nombre' (Libros del K.O.) y Antártida: 25 días encerrado en el hielo (este último gracias a la beca Michael Jacobs de la Fundación Gabriel García Márquez).

Sin embargo, algunos países acumulan pequeños hechos estratégicos que permitirían en un futuro distante pedir soberanía: Argentina cuenta con siete bases permanentes y seis temporales.

El 7 de enero de 1978, nació Emilio Marcos Palma, el primer antártico de la historia

En diciembre de 1977, la dictadura militar argentina decidió implementar un plan para reforzar su reclamo y envió a la base Esperanza a María Silvia Morello, una mujer embarazada, junto a su esposo, el capitán Jorge Emilio Palma. Dos meses después, el 7 de enero de 1978, nació Emilio Marcos Palma, el primer antártico de la historia. En los años que siguieron, en el sexto continente hubo otros ocho nacimientos argentinos y otros dos chilenos.

Hoy Palma tiene cuarenta y siete años y, al parecer, se cansó de decir cosas sobre un asunto en el que no tuvo mérito ni decisión. Desde hace varios años no da más entrevistas

A fines del siglo XIX, marineros y científicos de distintos países siguieron avanzando hacia el sur, corriendo el límite de lo conocido, aunque sin alcanzar el mítico polo sur.

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