MäBU (hija de Sergio y Estíbaliz): "De tanto escuchar 'Eres tú' ya no me dice nada"
María Blanco Uranga y Txarlie Solano conforman MäBU, banda con la que llevan ya 17 años en los escenarios. Vuelven con nuevo disco (precioso y mágico), nueva gira, heridas curadas y sin renegar de su familia de artistas (al contrario)
María Blanco Uranga y Txarlie Solano conforman (junto a Susana Gamboa en la percusión) la banda MäBU. Llevan 17 años en la escena musical, han dado cientos de conciertos y acaban de lanzar su sexto álbum de estudio, ä – El sonido de una tierra escondida (Altafonte, Sony), una preciosidad de diez canciones de pop y folk que suponen, una vez más, un remanso de paz. Canciones bonitas para un mundo (de mierda) que tienen ya un público fiel y asentado (este 28 lo tienen todo vendido en la Sala Villanos de Madrid y después gira por toda España).
Sin embargo, saben que en la industria periodística muchas veces con todo esto no basta. María es hija de Sergio y Estíbaliz y sobrina de buena parte de los miembros históricos de Mocedades y sabe que le vamos a disparar sobre ellos. “Ahora ya lo tengo asumido, pero antes me hubiera levantado y me hubiera ido”, responde sonriendo, “me enorgullece venir de la familia de la que vengo, me hace muy feliz que la gente cuando nos hace entrevistas haga una referencia, y es una referencia de respeto y de cariño. Y, además, yo creo que no ha sido un lastre. Nos ha favorecido seguramente a la hora de hacer medios más generalistas”.
Nos los cuenta junto a Txarlie en una cafetería madrileña en la que hemos quedado para hablar distendidamente de su nuevo disco, de la industria musical y la pelea por hacerse un hueco y, (es inevitable), de la influencia de la música de sus padres y sus tías. Porque, además, si se mira a María se ve, como una gota de agua, a su madre y a sus tías. También por la voz, dulce, cristalina, amable, de esas en las que dan ganas de quedarse a vivir. E incluso en las letras, que beben de ese folk que tanto éxito dio a su familia (en gran parte gracias a la magia de Juan Carlos Calderón, que hizo himnos intergeneracionales como la ubicua Eres tú), aunque pasado por la batidora del indie pop.
"Lo tengo asumido, pero antes si me hubieras preguntado por mis padres o Mocedades me hubiera levantado y me hubiera ido"
Ambos confirman, no obstante, que a la hora lanzarse a la música nunca les pesó el legado familiar. Ni siquiera esas canciones que conoce prácticamente cualquier español. “Eres tú es que de tanto escucharla, se me ha acostumbrado tanto que no me dice nada, no me entretiene. No es la canción que más me gusta de Mocedades ni de lejos. Es maravillosa, pero sin más. Tienen otras canciones super chulas”, asegura María. El listón estaba alto pero en su casa, dice, todo se vivió siempre con muchísima normalidad. Nadie iba de estrella ni de nada.
“Yo siempre he sentido que mis padres no tenían ni idea de cómo habían llegado ahí, que era una simple casualidad. Cuando hablas con mi madre no la sientes como la artífice de una generación”, y dirigiéndose a Txarlie, que también es su pareja, añade, “¿tú sientes que mi madre se siente importante?”. “No, y tampoco han pretendido que María fuese nadie importante. Ellos han sido siempre muy respetuosos. Nunca han sido padres de artista para nada”. “Mi padre era el que más se metía y venía a vernos a ensayar en el local todo el rato. Venía, se sentaba y no decía nada. Pero porque le gustaba y disfrutaba de eso. Igual que a los primeros conciertos que hicimos, que no faltaban. Eran los primeros que pagaban los 10 u 8 euros de entrada”, apostilla María
Primer disco, éxito y luego qué
Precisamente, fue a su padre, Sergio Blanco -de quien María lamenta no haber podido cantar junto a él en un concierto (falleció en 2015), mientras que con su madre sí lo ha hecho- a quien primero le contó que quería dedicarse a componer canciones. La contestación de su padre fue: “Me parece muy bien. Adelante”. “Ellos siempre apostaron por que mi hermana y yo estudiáramos, y lo hicimos, pero nunca nos han cortado las alas. Mi madre empezó a cantar con 17 años. Mi padre sí estudió carrera, era aparejador, pero mi madre y mis tías… es que eran todas unas pipiolas cuando empezaron”, comenta María. Así que cuaderno y bolígrafo y manos a la obra. Quería evitar también cantar las canciones que componía Calderón. Quería las suyas. Y fue así junto a Solano como surgió MäBU, un nombre que procede de sus iniciales, el primer EP Hallo y finalmente el primer disco Buenos días (2010), lleno de melodías pop y folk grabadas en el garaje de los padres de María, que tuvo una buena repercusión y que les llevó al circuito de las salas pequeñas y medianas.
Quien haya seguido la trayectoria del grupo comprobará que el álbum que ahora acaban de lanzar tiene muchos ecos de este primero. Es como si, de alguna manera, hubieran vuelto a la casilla de salida, pero con todo el poso de madurez que dan estos 16 años. “Es cierto, sí, tiene esa energía. Y hemos recuperado también un poco las maneras, la forma en la que trabajábamos el primer disco, con amigos y juntándonos en el local a ver qué sale”, sostiene Txarlie.
Pero sí se nota una diferencia: en todo este tiempo han ocurrido cosas. Hay terapia de por medio (de verdad, no es frase hecha). Sobre todo porque saben lo que es pasar por la travesía del desierto. Tener un disco primero que funciona y luego que la cosa no fluya tanto. Encontrar su lugar no es fácil. MäBU es un proyecto que suena muy bien en salas como la Villanos, esta próxima semana en Madrid. No hay que mirar tanto a los estadios. Sobre todo en esta época de ansiedades por aquello de cuanto más grande mejor y venga Wizinks (o Movistar Arena).
“Es un disco que habla de heridas curadas. Es como que te asumes y no te queda más que reconocer y admirar hasta dónde has llegado. Y para mí ese es el ejercicio, sobre todo a la hora de componer y de dar un mensaje. Nadie va a apostar tanto por ti como tú mismo. Y esta manera de asumir las heridas y su sanación tiene que ver no solo con la parte emocional de cada uno, sino también con la parte profesional, porque de alguna manera también sufres mucho cuando tienes un proyecto y ves que no consigues la atención suficiente”, confiesa María sin pudor. “Se trata de amor no correspondido y, bueno, al amor no correspondido no hay que tenerle rencor de nada. El momento que te toca vivir es el momento que te toca vivir”, añade.
Pasar por ahí, sin embargo, lo toman como positivo. Les ha dado tablas para gestionar cómo puede ir este disco, los conciertos, la repercusión… “Muchas veces hay proyectos que suben muy rápido y la gestión de esa subida es difícil. Nosotros ya nos conocemos mucho, sabemos bien lo que significa la industria, sabemos bien lo que significamos nosotros dentro de ella y que si sube y vuelve a bajar es lo que tiene que ser”, asegura María. La terapia ha funcionado.
Canciones bonitas para un mundo de mierda
Esta mirada a la vida, al mundo, tiene también mucho que ver con las canciones que hacen: bonitas, calmadas… Ahí están Cabeza de ratón, que tiene que ver con no obsesionarse con competir, con dejar hueco para todos y mejor ser eso, cabeza de ratón), o Guerra y paz, donde se ven con claridad esas heridas curadas, eso de que lo peor ya ha pasado y hay que asumirse...
No hay aquí provocaciones políticas, además. Recuerdan en gran parte a la trayectoria de sus padres y Mocedades, que siempre huyeron de la trifulca ideológica. Pero María lo deja claro: “Mira, cuando hablas limpio y claro y sin daño es porque ha habido un gran aprendizaje jodido detrás. Ese es mi caso. Y me da igual que alguien me diga que he hecho una canción que se llama Cumpleaños Feliz y que es demasiado positivo o es súper simplista. No me importa porque vengo de otro sitio, vengo de otro lado que ojalá no estés tú nunca. Pero claro, todo esto te lo da la madurez, ser observadora y desprenderte de una serie de cosas”. No obstante, Txarlie apunta que no es que estén fuera del mundo ni viviendo en una burbuja multicolor: “A nosotros hay muchas cosas que nos preocupan del día a día y de la dirección que está tomando el mundo en muchas cosas. Pero sí que es cierto que hemos música siempre pensando en crear como un remanso de paz. Y claro, luego sales del concierto y hay cosas que te indignan, hay cosas que te encabronan y hay cosas que te matan porque cada día pasan cosas a las que no puedes dar crédito. Pero nosotros por lo menos utilizamos la música para otra cosa”.
"Me da igual que alguien me diga que he hecho una canción que se llama Cumpleaños Feliz y que es demasiado positivo o es súper simplista"
Entre estas otras cosas está hacer versiones de canciones muy conocidas, pero desde un punto de vista muy distinto. Las convierten en otra cosa. Es lo que pasa en este disco con Groenlandia, de Los Zombis, compuesta por Bernardo Bonezzi -y vaya timing- y que les ha quedado acústica, preciosa y mágica. “Es que según nos dijo Julio Ruíz en realidad no es de amor sino introspectiva, de buscarse a uno mismo”, apunta María. También incluyen Quiero tener tu presencia, de Seguridad Social, a la que también han rebajado unos tonos, perdiendo su toque más verbenero, pero ganando en intimismo. Les quedan muy bien las versiones. No han hecho muchas de sus padres ni sus tías, solo La piel, que cantaron Sergio y Estíbaliz. “Es que hay tantos artistas y tantos grupos de los que hacer versiones... ¿Sabes qué pasa? Que es que yo me pongo a cantar por mi madre y soy igual que mi madre”, zanja María. Y, para bien, es verdad.
María Blanco Uranga y Txarlie Solano conforman (junto a Susana Gamboa en la percusión) la banda MäBU. Llevan 17 años en la escena musical, han dado cientos de conciertos y acaban de lanzar su sexto álbum de estudio, ä – El sonido de una tierra escondida (Altafonte, Sony), una preciosidad de diez canciones de pop y folk que suponen, una vez más, un remanso de paz. Canciones bonitas para un mundo (de mierda) que tienen ya un público fiel y asentado (este 28 lo tienen todo vendido en la Sala Villanos de Madrid y después gira por toda España).