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El lugar (real) de cada lengua en el mundo (y el español no está nada mal)
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El lugar (real) de cada lengua en el mundo (y el español no está nada mal)

Nuestra lengua es hoy el gran idioma internacional no hegemónico, con una presencia transversal, estable y en expansión, solo superado en términos globales por el inglés

Foto: Las lenguas del mundo (y sus países) REUTERS Ken Cedeno
Las lenguas del mundo (y sus países) REUTERS Ken Cedeno
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Los estudios sociolingüísticos suelen centrar sus encuestas en el número de hablantes, con frecuencia al margen de otros componentes históricos, culturales y sociales que legitiman a las lenguas, las proyectan como necesarias y las consolidan como instrumentos de comunicación preferente.

El volumen global de hablantes se erige así en criterio elemental de toda clasificación. Desde esta perspectiva, el inglés se sitúa muy por delante, seguido del mandarín y del hindi, mientras que el español ocupa el cuarto lugar. Completan este primer bloque el francés, sostenido en buena medida por comunidades africanas que lo adoptan como lengua de cultura; el árabe, con las conocidas dificultades de cómputo derivadas de la distancia entre lengua estándar y dialectos; el bengalí, el portugués, el ruso, el urdu, el indonesio y, en última posición dentro de este grupo, el alemán. Estas doce lenguas constituyen la base sobre la que se añaden otras valoraciones destinadas a perfilar una tipología operativa de las lenguas del mundo.

Atendiendo exclusivamente al número de hablantes nativos, el español asciende al segundo lugar. Lo precede el chino mandarín

Atendiendo exclusivamente al número de hablantes nativos, el español asciende al segundo lugar. Lo precede el chino mandarín, lengua materna de mayor extensión, aunque siempre con la incertidumbre que plantea la agregación de sus múltiples variedades. El inglés desciende a la tercera posición, seguido del hindi, el bengalí, el portugués, el ruso, el urdu, el árabe y el indonesio, mientras que el francés y el alemán reducen notablemente su peso en este cómputo, en contraste con su condición de lenguas de cultura.

Más compleja resulta la estimación de los hablantes de L2, dadas las enormes variaciones en los niveles de conocimiento y uso efectivo de una lengua no materna. Aun así, y a partir de fuentes diversas, puede proponerse una clasificación en la que el inglés ocupa una posición hegemónica, con más de mil millones de usuarios, sustentada en su dominio en la educación superior, la ciencia, la tecnología, la aviación, la diplomacia y el comercio internacional. A gran distancia aparece el francés, con unos doscientos millones de hablantes, mayoritariamente africanos. Le siguen el hindi, vehicular entre hablantes de lenguas dravídicas, tibetobirmanas y austroasiáticas, y el ruso, que mantiene su función de lengua franca en amplios espacios del ámbito postsoviético. El mandarín y el indonesio preceden al español, que ocupa el séptimo lugar, con unos 117 millones de hablantes de segunda lengua, seguido del urdu, el alemán y el portugués, mientras que el bengalí y el árabe presentan un uso como L2 muy limitado.

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La clasificación según el crecimiento global del número de hablantes remite directamente a la dinámica demográfica y a la capacidad de expansión como segunda lengua. Carecemos aquí de conteos precisos, de modo que solo es posible manejar estimaciones orientativas basadas en tendencias. De nuevo, el inglés encabeza la relación, no por incremento de hablantes nativos, sino por la incorporación anual de millones de usuarios funcionales. Le sigue el hindi, impulsado por un crecimiento demográfico intenso, y, en tercer lugar, el español, cuyo aumento sostenido se explica fundamentalmente por la evolución poblacional del continente americano. El árabe y el bengalí ocupan posiciones intermedias, mientras que el mandarín muestra un crecimiento reducido pese a su amplia base. El francés crece de forma significativa en África, seguido por el urdu, el indonesio y el portugués; cierran la clasificación el alemán y el ruso, afectados por dinámicas demográficas estancadas o negativas.

Por último, el crecimiento de los hablantes nativos responde a lógicas distintas, determinadas casi exclusivamente por la natalidad y la transmisión intergeneracional. En este ámbito destacan el hindi, el urdu y el bengalí, con altas tasas de reproducción y fuerte continuidad familiar. El árabe ocupa la cuarta posición, sustentado en la vitalidad de sus dialectos, aunque con notables desequilibrios regionales. El portugués en quinta y el español en sexta posición, presentan un crecimiento medio, mientras que el indonesio, el inglés y el francés avanzan con mayor moderación. En la parte baja se sitúan el mandarín, el alemán y el ruso, lenguas marcadas por el envejecimiento poblacional y la debilitación de la transmisión generacional.

Autosuficiencia y dependencia

El mosaico lingüístico de la humanidad se percibe con mayor claridad si consideramos que las lenguas autosuficientes bullen en la vida social porque sirven para la comunicación ordinaria, para la educación en todos sus niveles y para el desarrollo técnico, científico y humanístico. Las lenguas dependientes flaquean en alguno de estos ámbitos; por ello, sus hablantes necesitan conocer otro idioma capaz de suplir tales carencias. La lengua más autosuficiente del mundo es el inglés, que cuenta con plenitud cultural, una rica tradición literaria, publicaciones en todas las ramas del conocimiento, autonomía científica y técnica, cientos de miles de traducciones de obras universales y una adecuación plena a cualquier función comunicativa. A partir de este punto, la inevitable subjetividad en la valoración de la autosuficiencia introduce dudas en la propia clasificación, pues no parece existir una jerarquía sustentada en principios indiscutibles. Presentan una autosuficiencia sólida, en segundo lugar, el francés y, en tercera posición, el español, seguidos del ruso, el alemán y el mandarín; el portugués ocupa la séptima posición, el hindi la octava, insuficiente en muchos contextos de la vida cotidiana. Las últimas posiciones corresponden al urdu, el indonesio, el árabe y el bengalí, lenguas que en su estado actual no alcanzan a cubrir de manera autónoma los conocimientos científicos modernos.

Unidad y fragmentación

Entendemos por unidad el grado de inteligibilidad mutua real entre hablantes nativos en la comunicación oral cotidiana, sin recurrir a una lengua estándar aprendida en la escuela. De entre las doce lenguas consideradas, reservamos para el español la primera posición, pues su expansión se produjo cuando ya se hallaba relativamente estabilizado bajo una misma administración imperial, con circulación constante de funcionarios, clérigos y textos, y sin centros normativos rivales. La escritura ha actuado, además, como freno a la divergencia oral.

La norma del español no es monocéntrica, pues no todo depende de Madrid, pero tampoco caóticamente policéntrica. La Real Academia Española y las academias americanas no imponen una variedad. Codifican lo común y toleran lo diferente. La gramática se mantiene altamente estable; las diferencias afectan sobre todo al léxico y a la pronunciación. Las variedades actuales forman un continuo, no bloques aislados, y resultan mutuamente comprensibles sin aprendizaje previo. Refuerzan hoy esa unidad los medios audiovisuales compartidos, la música, el cine, las series panhispánicas y las migraciones internas del mundo hispánico. Presentan también una unidad sólida el ruso, el portugués y el francés. Plantean mayores dificultades de entendimiento el alemán, el inglés, el indonesio y el bengalí. Ocupan las cuatro últimas posiciones, con graves problemas de dialectalización, el hindi, el urdu, el mandarín y el árabe.

Internacionalidad y regionalismo

Son más internacionales las lenguas habladas en un gran número de países con influencia cultural, política y económica sobre otros, así como aquellas usadas como lenguas vehiculares internacionales. Una vez más, el inglés ocupa una posición de liderazgo absoluto, seguido del francés y, en tercer lugar, del español. El árabe es lengua oficial en veintidós países; el ruso mantiene un papel relevante en ciencia, tecnología y cultura; y el portugués es lengua oficial en nueve Estados. El hindi, el urdu, el mandarín, el bengalí y el indonesio permanecen, en cambio, mayoritariamente confinados a sus fronteras naturales. Reservamos el último lugar para el alemán, muy poco utilizado —y cada vez menos— fuera de sus dominios europeos de Alemania, Austria y Suiza, donde además se ha generalizado el inglés como segunda lengua frecuente.

placeholder El inglés es el líder indiscutible por su dominio del cine, la música y los medios, y por su hegemonía en la comunicación académica y tecnológico EFE EPA TOLGA AKMEN EPA-EFE TOLGA AKMEN
El inglés es el líder indiscutible por su dominio del cine, la música y los medios, y por su hegemonía en la comunicación académica y tecnológico EFE EPA TOLGA AKMEN EPA-EFE TOLGA AKMEN

La literatura fija modelos, estabiliza usos y convierte una lengua en referencia cultural. La clasificación de las lenguas vivas según la importancia e influencia internacional de sus literaturas no puede ser plenamente objetiva, aunque sí ofrece escaso margen para la duda. Se consideran aquí, en el plano literario, la fuerza de los clásicos y el reconocimiento internacional de la producción contemporánea; en el cultural, la producción artística, el cine, la música y la capacidad de influencia sobre otras culturas; y, en el científico, la presencia en investigación, publicaciones y desarrollo tecnológico. Según estos criterios, el español ocuparía la cuarta posición, por detrás del inglés —líder indiscutible por su dominio del cine, la música y los medios, y por su hegemonía en la comunicación académica y tecnológica—, del francés, de monumental tradición literaria y filosófica, con peso en el cine, las artes y la moda, relevante en la investigación científica europea y africana y fuerte en diplomacia cultural, y también del alemán, que sigue siendo referencia científica y académica. Por detrás del español, y no sin polémica, se situarían el mandarín, el ruso y el portugués, seguidos del árabe, que conserva un vasto legado cultural y literario histórico, aunque con presencia científica internacional más limitada. Los últimos cuatro puestos corresponden al hindi, el urdu, el bengalí y el indonesio, lenguas de gran riqueza literaria y cultural local, pero con menor influencia científica global.

Presencia en internet

En este ámbito cuentan tanto el número de usuarios activos que escriben en una lengua como la cantidad de contenidos disponibles en la web y las redes sociales, así como su influencia en los medios digitales globales. El primer lugar, indiscutible, corresponde al inglés, con más del 55 % del contenido global. El segundo es para el chino y el tercero para el español, que ocupa además la segunda posición en redes sociales y en la web global. Le siguen el francés, el portugués, el árabe y el ruso. Las posiciones posteriores corresponden al hindi, el urdu, el bengalí y el indonesio, y el último lugar queda para el alemán, cuya presencia en la red resulta reducida en comparación con su número de hablantes, muchos de los cuales utilizan el inglés como lengua principal de comunicación digital.

Para evaluar la influencia global de las lenguas valoramos con números la posición en cada una de las diez características analizadas – doce para la primera posición, uno para la duodécima–, y sumamos los resultados tal y como se indica en la tabla. El estudio, no exento de carga subjetiva pero más ilustrativo que el dato del número total de hablantes, refleja que el español es hoy la gran lengua internacional no hegemónica, con una presencia transversal, estable y en expansión, lo que justifica plenamente su consideración como segunda lengua del mundo en términos globales, con 95 puntos sobre un total de 120, solo superada por el inglés, que obtiene 106 puntos, y seguida del francés (82), hindi (76), chino (73), portugués (63), ruso (62), árabe (52), urdu (41), alemán (40) y indonesio (38). Es evidente que, para no complicar el estudio, hemos prescindido de lenguas tan importantes como el italiano o el japonés porque no entraban en las doce primeras por número global de hablantes.

Esta valoración tipológica constituye una mirada amplia y articulada sobre el lugar que ocupan las grandes lenguas del mundo. Va más allá del simple recuento de hablantes y atiende, como hemos visto, a factores demográficos, funcionales, culturales, históricos y comunicativos. Es cierto que toda clasificación incorpora un componente inevitable de subjetividad, como la ponderación de la autosuficiencia, la unidad interna o el soporte cultural, conceptos que no pueden reducirse a cifras ni, mucho menos, aspirar a una objetividad absoluta. Sin embargo, lejos de restarle valor, esta subjetividad razonada permite iluminar dimensiones de la vida lingüística que suelen quedar ocultas en las clasificaciones cuantitativas.

El estudio, no exento de carga subjetiva, refleja que el español es hoy la gran lengua internacional no hegemónica

El resultado es un instrumento analítico útil para comprender las dinámicas reales de las lenguas en el mundo contemporáneo: su capacidad de expansión, su función como lenguas de cultura y ciencia, su cohesión interna y su proyección internacional. En este marco, el español aparece con nitidez como una lengua excepcionalmente equilibrada, fuerte en casi todos los parámetros, sin ejercer una hegemonía excluyente, pero con una presencia global sólida, estable y creciente.

Concluiré señalando que la clasificación no pretende cerrar el debate, sino ofrecer un modelo interpretativo que ayuda a situar al español y a las demás grandes lenguas en un sistema comparado, dinámico y comprensible. En ese sentido, creo que constituye una herramienta valiosa tanto para la reflexión académica como para la divulgación sociolingüística.

*Rafael del Moral es sociolingüista experto en lenguas del mundo y autor de la 'Enciclopedia de las lenguas', 'Breve historia de las lenguas', 'Historia de las lenguas hispánicas' y 'Las batallas de la eñe', así como de numerosos artículos en revistas especializadas.

Los estudios sociolingüísticos suelen centrar sus encuestas en el número de hablantes, con frecuencia al margen de otros componentes históricos, culturales y sociales que legitiman a las lenguas, las proyectan como necesarias y las consolidan como instrumentos de comunicación preferente.

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