Es noticia
Ya no hacen falta 500 páginas para decir algo importante: los 'minilibros' que arrasan
  1. Cultura
LAS PÁGINAS SE REDUCEN

Ya no hacen falta 500 páginas para decir algo importante: los 'minilibros' que arrasan

¿Cuántos meses voy a tardar en terminar una novela de 400 páginas? Los mini libros están arrasando porque gustan a todos: a los lectores, a los escritores y a las propias editoriales

Foto: Reapertura de la librería Sant Jordi en Barcelona el pasado diciembre. (Europa Press/David Zorrakino)
Reapertura de la librería Sant Jordi en Barcelona el pasado diciembre. (Europa Press/David Zorrakino)

Están por todas partes, idealmente cerca del mostrador. Cada vez que vas a pagar no puedes evitar fijarte en esos colores chillones. Pareciera que estuvieran gritando: ¡Vamos, llévame contigo! Y claro, de vez en cuando, se acaba cayendo en la tentación. Nunca viene mal un caprichito para matar el gusanillo... Pero no hablamos de chuches, hablamos de libros.

La tiny literature se ha convertido en la corriente que arrasa en el mercado editorial, y los ‘minilibros’ ya colonizan mostradores en todas las librerías. “Yo los tengo delante del ordenador donde atiendo, y es verdad que, mientras te preguntan, la gente suele fijarse en esos libros chiquititos. Me recuerda a cuando vas a una gran superficie, que justo en la caja tienen un montón de cositas pequeñitas que te puedes comprar: unos pendientes, un pañuelito, unas gomas del pelo…”, cuenta Celia González, librera en FUTURO Imperfecto, en Lorca (Murcia).

“Cada vez estamos viendo más estos libros, los libros mini y de menor extensión, y parece que funcionan muy bien”, confirma Flor Amarilla, agente en la Agencia literaria Dos Passos.

Las editoriales producen obras cada vez más cortas. Basta con echarle un vistazo a los datos: Desde 2012, los libros de más de 500 páginas han caído un 44,6%, mientras que los de menos de 100 páginas aumentan un 14,5% y ya suponen el grueso del total (el 40% de los publicados en 2024), según datos del Ministerio de Cultura. “Los bestsellers nunca han sido tan cortos”, rezaba otro estudio elaborado por The New York Times, que analizaba 3.444 títulos en el top 3 semanal del diario de 2011 a 2021.

El retorno de una vieja fórmula

Y, ¿qué pasa cuando los libros son más cortos? Pues que con las medidas estándar podrían parecer panfletos. Sin embargo, si reducimos el formato… aumentamos páginas.

La característica principal de los ‘minilibros’ no es solo que sean cortos. Es, más bien, que se trata de obras casi en miniatura. El formato de una publicación estándar ronda los 15 x 21 cm, mientras que, en estos casos, estamos hablando de 11 x 17 cm. Entre cuatro y cinco centímetros menos de ancho y largo. Un tamaño que recuerda más bien a la estampita de una virgen, a una postal, o un folletín.

Prácticamente todas las grandes editoriales tienen su propia línea de minilibros

Libros de bolsillo siempre ha habido, así que nuevo, lo que se dice nuevo… no es. “Las nouvelles, o novelas cortas, llevan en la literatura desde siempre, pero es verdad que no tenían tanta presencia en el mercado como ahora”, recuerda Amarilla.

El lanzamiento en 2017 de la colección Nuevos Cuadernos de Anagrama, que recuperaba un formato que la editorial ya tenía en los años 90, fue el pistoletazo de salida para esta tendencia. A día de hoy, ocho años después, prácticamente todas las casas tienen su propia línea de minilibros.

Las editoriales han dado con una fórmula aparentemente infalible: un formato cómodo, que hable de un tema de actualidad, que sea rápido de producir, y que además sea atractivo a nivel de precio para el público.

placeholder Los Nuevos Cuadernos Anagrama. (Anagrama)
Los Nuevos Cuadernos Anagrama. (Anagrama)

“Es verdad que cada vez son más las editoriales que deciden embarcarse en algún tipo de sello o de colección que implique libritos pequeños, tanto en formato como en volumen”, coincide Pablo Cerezo, codirector de Pérgamo, la librería más antigua de Madrid.

En 2024 se publicaron 18,5 millones de ejemplares de bolsillo, facturando 120,3 millones de euros, un 6,2% más que en 2023, según el último informe del Comercio interior del libro, elaborado por el Gremio de editores.

“No tengo duda de que son colecciones que están funcionando muy bien porque cada vez se están haciendo más grandes”, confirma Amarilla, que cita como ejemplo El accidente, de Blanca Lacasa, que se ha mantenido durante varias semanas entre los libros más vendidos en España.

"La saga 'Blackwater' ha vendido más de un millón de ejemplares"

“Yo le envié una serie de textos a Asteroide, entre ellos El accidente. Entonces, Luis Solano (editor), me dijo: estamos a punto de comenzar esta colección, y El accidente cuadraría muy bien por tamaño. No fue un encargo. Se editó suelto porque encajaba bien en esa idea que estaban empezando a formar”, cuenta Blanca Lacasa, autora también de Las hijas horribles.

Fue precisamente a raíz de la nouvelle de Lacasa que Libros del Asteroide inauguró su nueva colección. Celia González, por su parte, también recuerda que Altamarea tiene una línea de ‘mini libros’ de mujeres y pensamiento político; La uña rota lo hace en teatro; Libros del KO tienen Hooligans ilustrados, con referencias a vínculos que pueden tener autores/as con algún club de fútbol; Periférica sacó una línea de grandes longsellers (libros que se venden siempre), también Taurus; en poesía está la colección Poesía Portátil; Acantilado tiene mucha tradición de pequeño ensayo; Niños gratis con su colección Asterisco, de 9,5 x 15 cm…

“Y luego está Blackie Books, que yo creo que se dieron cuenta de que lo habían petado con Blackwater, una saga a 9,90 euros publicada cada 15 días, seis tomos en formato de bolsillo, que ha vendido muchísimo”, añade González. Más de un millón de ejemplares, concretamente. También han editado Amiga mía, Cosita o Todo lo que hice por dinero, una trilogía de títulos en formato mini.

placeholder Blackwater, de Michael McDowell. (Blackie Books)
Blackwater, de Michael McDowell. (Blackie Books)

Lacasa recuerda que hace tiempo ya existían este tipo de colecciones chiquititas: “Eran libros de poesía o relatos, que se vendían en los kioskos a precio muy barato”. Para la escritora, el hecho de que todas las editoriales se hayan subido a la ola del formato mini “denota claramente que hay un hueco para ese tipo de libros. No es un interés solamente editorial, está respaldado por los lectores”.

El concepto kiosko es crucial, porque recoge dos elementos clave y una derivada para esta historia. En primer lugar, son más baratos. En 2024, el ticket medio para este tipo de obras se situaba en 8,34 euros por ejemplar, según el Gremio de editores. El segundo elemento es el propio tamaño mini, por definición, más manejable.

“Tú un librito pequeño lo puedes guardar en el bolso y lo llevas a cualquier parte. Si vives en una gran ciudad y usas el transporte público, pues te viene al pelo no tener que llevar Crimen y castigo, que pesa dos kilos”, resume González.

Las editoriales aprovechan la compra impulso

La combinación de ambos, precio y tamaño, hace de los ‘minilibros’ un artículo en el que es fácil caer. “Yo creo que son un poco como las chuches en la cola del súper. O sea, que ya que pasas por caja, te compras una chocolatina”, ilustra Cerezo, también autor de El cuerpo enunciado.

De acuerdo, al público puede salirle a cuenta un libro más barato. Pero, ¿y a la industria? Si son más baratos, también hay menos dinero para repartir entre autor/a, editorial, distribuidoras y librerías: ¿son rentables los ‘mini libros’?

Normalmente, los porcentajes se dividen entre un 30% para la editorial, 30% distribuidora, 30% librería y 10% autor/a. Con la crisis del covid-19, la industria editorial tuvo que apretarse el cinturón ante la subida de costes del papel y otros suministros. Las obras más cortas o en formato reducido tienen un precio más bajo, pero también son más baratas de producir, lo que ayudaría a equilibrar esa balanza.

"A alguien que va a llevarse dos libros de 20 euros no le importa pagar 10 más"

“Los costes de producción son más bajos, y el sentido común me lleva a pensar que los adelantos probablemente también lo sean, así que al final el precio baja con todo. Hay menos que repartir, pero también ha costado menos. Sí que habría que vender más, pero probablemente se venden más que los que son muy largos”, explica Amarilla.

Para González da un poco igual que sean libros pequeños o grandes, “pero a lo mejor alguien está echando un vistazo en tu librería y decide que se va a comprar dos libros con un precio medio de 20 euros y, de repente, va a pagar y ve estas ediciones, y dice: no me importa gastarme 49 euros en lugar de 40”. Es la compra impulso.

Ojo, que sean pequeños y baratos no significa que sean peores, ni muchísimo menos. “A mí me encanta el formato corto y estoy bastante de acuerdo con esto que decía Cortázar de que, mientras que la novela gana por puntos, el relato lo hace por KO: el cuento ha de ser muy preciso, y eso lo disfruto mucho”, matiza Lacasa, que reivindica un lugar para este género, histórica (e injustamente) relegado a un segundo plano, que ahora podría recobrar protagonismo gracias a esta nueva tendencia.

El auge del 'miniensayo': "A nadie le pesa un librito"

Pero llama la atención que, más que cuentos, las editoriales apuntan sobre todo a los ‘mini ensayos’. Es el caso de Endebate, la colección de pensamiento que la editorial Debate sacó hace poco más de un año: “En 2024 nos animamos a probar este formato porque precisamente vimos que gustaba a autores, libreros y a los propios lectores, tanto en España como fuera”, cuenta Sandra Beltrán, editora en dicho sello.

En este caso, explica Beltrán, se trata de ensayos que “abren la puerta a una nueva conversación. La idea es que las lectoras y los lectores se queden pensando al acabar de leer, que se hagan nuevas preguntas, que mantengan la curiosidad para seguir informándose. Pueden ser de gran ayuda para iniciar a un lector en un tema en el que luego quiera profundizar más leyendo otros libros más extensos”.

“Cada vez hay menos personas que tengan un gran interés específico y que estén dispuestas a dedicarle muchas horas, y sí creo que a muchos perfiles les interesa picotear un poco, tener una visión general y no meterse en un ensayo de 500 páginas”, coincide Amarilla: “Estas colecciones, aunque no llegues a profundizar, funcionan muy bien como aperitivo”.

placeholder Clara Serra, autora de 'El sentido de consentir'. (EFE/Alejandro García)
Clara Serra, autora de 'El sentido de consentir'. (EFE/Alejandro García)

Y funcionan todavía mejor porque no hablan de temas desfasados. Más bien, todo lo contrario. “Este formato permite que un autor o una editorial responda de forma más inmediata a un tema de relevancia actual, porque los tiempos de producción son más cortos”, aclara Beltrán. Son libros que entran en la conversación y alimentan el debate de temas candentes.

“Buscan tener un impacto, una incidencia política o social muy en el momento, y lo consiguen por su formato”, apunta Cerezo, que piensa por ejemplo en El sentido de consentir, de Clara Serra sobre violencia sexual y consentimiento, o en Estuve aquí y me acordé de nosotros, de Anna Pacheco, que reflexiona sobre el modelo turístico actual.

Pero hay algo perverso en todo esto, matiza González. En esa necesidad de estar continuamente hiperinformadas, en no llegar a profundizar nunca del todo: “Creo que es algo muy característico de la posmodernidad, esa fragmentación de la atención, de estar siempre orientadas a objetivos y necesitar tener pequeñas pinceladas para poder manejar una conversación sobre cualquier tema actual”.

"Cualquier industria cultural pelea por la atención de sus consumidores"

Tenemos poco tiempo y demasiadas opciones. “Vivimos en una era en la que cualquier industria cultural ‘pelea’ por la atención de sus ‘consumidores’ junto a las redes sociales y, en general, cualquier dispositivo”, señala Beltrán.

Hoy, la gente tiene más opciones que nunca sobre cómo invertir su tiempo. En el siglo XXI hay una auténtica batalla por llamar y retener la atención, que se traduce en una fragmentación de la misma y de las condiciones en las que consumimos cultura, hasta el punto de que esta arriesga a convertirse en un challenge que cumplir, al estilo de los retos de TikTok.

“Tengo amigos obsesionados con GoodReads que me han llegado a pedir que les recomiende libros específicamente cortos porque se han propuesto leer 30 libros en 2025, y faltan dos meses para que termine el año. Es triste, pero creo que hay una competición con una misma y con la gente que te sigue para demostrar que eres un gran lector”, ilustra Amarilla.

placeholder Juan Tallón, autor de 'Mil cosas'. (EFE/Xoán Rey)
Juan Tallón, autor de 'Mil cosas'. (EFE/Xoán Rey)

Cerezo reconoce que él también ha formado parte de esta corriente: “Para mí antes era: tengo que leer mucho. Lo importante no es tanto la calidad o el tipo de lectura, sino leer libros y, si son finitos, puede parecer que lees más”.

A veces basta con vivir en una gran ciudad, donde prácticamente solo existe el trayecto del metro para poder leer: “Cuando un lector va a una librería buscando una historia que le conmueva y se encuentra con un libro de 400 páginas, dice: dios mío, si solo tengo 20 minutos en el metro para leer, ¿cuánto tiempo voy a dedicar a esto? ¿Meses?”, señala Amarilla, que explica que “cada vez estamos más estresados por la sensación de tener menos tiempo disponible para nosotros. Precisamente el libro Mil cosas, de Juan Tallón, trata ese tema. Y creo que es un pensamiento que no teníamos antes”.

Es la sociedad del cansancio de la que habla el filósofo Byung-Chul Han. No tenemos tiempo, llegamos a casa con cansancio y por las noches no te puedes enfrentar a un texto demasiado elevado porque llevas mucho en la cabeza. Un libro pequeño, dice González, “te da la satisfacción de haberlo acabado. Y las editoriales se han dado cuenta: a nadie le pesa un librito”.

"Los escritores se han quitado la presión de tener que llegar a las 300 páginas"

Los ‘mini ensayos’ ayudan a llenar un hueco dejado por el propio ensayo tradicional, caracterizado por la densidad y la extensión, hasta el punto de que muchos pueden pecar de reiterativos. “Yo creo que a veces se alargan contenidos innecesariamente. Pero igual que hay ficciones que requieren un formato más breve, también hay ensayos que aceptan un formato más concentrado”, señala Lacasa.

Ahora, en cambio, parece que hay más flexibilidad, coincide Amarilla: “Tanto los editores como los autores parece que están más dispuestos a entregarse a formatos más asequibles y se han quitado un poco la presión de tener que llegar a las 300 o 400 páginas para justificar una publicación. A veces parece que es una cuestión más de justificar que de que la propia novela lo necesite”.

Los ‘minilibros’ también pueden ser una buena forma de introducir a un autor/a. González, cita el caso de El ruletista, del rumano Mircea Cartarescu: “Este libro forma parte de un compendio de 15 o 20 relatos breves que se llama Nostalgia. Cartarescu es un escritor rumano vivo, muy exigente, que da un poco de miedo enfrentarse a su obra, porque sus libros son larguísimos y muy densos. En la editorial Impedimenta decidieron extraer El ruletista del compendio, porque de por sí funciona muy bien, y creo que es un acierto”. Al fin y al cabo, una menor extensión puede ser el síntoma de una sociedad cansada, pero nunca de una autora con pocas ganas de escribir.

Están por todas partes, idealmente cerca del mostrador. Cada vez que vas a pagar no puedes evitar fijarte en esos colores chillones. Pareciera que estuvieran gritando: ¡Vamos, llévame contigo! Y claro, de vez en cuando, se acaba cayendo en la tentación. Nunca viene mal un caprichito para matar el gusanillo... Pero no hablamos de chuches, hablamos de libros.

Libros Novela Literatura
El redactor recomienda