El corto español de terror sobre las pinturas negras de Goya que pelea por un Oscar
El dibujante madrileño James A. Castillo entró en las 'shortlist' de los Oscar en la categoría de Mejor Corto Animado. La película, 'El fantasma de la Quinta', ilustra la etapa más oscura del genio
En el año 1997, había un niño que no podía dormir. El motivo no era una de esas películas para mayores repletas de sustos y fenómenos paranormales. Tan solo un cuadro: Saturno devorando a su hijo. Esa misma mañana había acudido por primera vez al Museo del Prado acompañado de su abuelo, y nada más llegar a la sala de las pinturas negras de Goya, corrió al regazo del familiar, asustado. Jamás había sentido algo así por una pintura.
Son muchos los artistas pictóricos y de cualquier disciplina que han sentido un temor visceral al divisar esta sala del Museo del Prado. El caso de James A. Castillo es más excepcional si cabe, pues hace poco emprendió la difícil tarea de poner voz y trazo al contexto vital que inspiró al artista. Ahora, a sus 36 años, es un profesional del cine de animación, una categoría que todavía se resiste a ser tildada de cine para adultos. El fantasma de la Quinta, el corto de 17 minutos que narrra los horrores personales del genio tras adquirir la Quinta del Sordo, podría producir las mismas pesadillas que tuvo aquel niño de finales de los 90 tras ver emerger al dios Saturno de una pared oscura.
"Son cuadros que perduran y se mantienen a fuego en la retina de España", asegura Castillo, en conversación con este periódico, pocos días después de conocer su precandidatura a las nominaciones de los Oscar en la categoría de Mejor Corto Animado. Este jueves se conocerá finalmente si su película entra en la terna final de los premios. "Los cuadros nos pertenecen a todos, y creo que toda generación tiene derecho, incluso el deber, de revisitar esos iconos culturales desde perspectivas distintas cada cierto tiempo. La nuestra surge desde la empatía con el pintor, ya que se ensalza siempre la parte recia y masculina de Goya, pero nosotros queríamos ahondar más en su lado vulnerable".
A pesar de hallar a Francisco de Goya en sus horas más bajas, no es pena lo que produce la visión del filme, sino más bien miedo, desconcierto, turbación mental. Dibujado con cuidado y esmero, con un alto contraste de sombras para infundir esa sensación pesadillesca, Castillo hace hablar a la propia casa del artista, que es quien cuenta la historia con la voz de Maribel Verdú.
"Nos permitió separarnos un poco del personaje", admite el dibujante y director, quien reconoce el apuro de encontrar las palabras de la propia boca del pintor en un período vital del que se conoce tan poco. "Al usar el punto de vista de la casa, como testigo inmutable de lo que estaba pasando ahí, podíamos dejar de ver a Goya como el gran pintor que era y que la casa le describiera como un señor de 74 años que se está volviendo loco".
Castillo afirma que al ir a Estados Unidos a presentar y promocionar el corto, muchos no conocían tan bien la vida y obra del pintor. Para ellos, "es muy fácil empatizar con un señor mayor con una vida particularmente traumática y que la única forma que tiene de lidiar con ella es pintar".
El papel de Maribel Verdú
¿Cómo fue trabajar con la actriz? Según Castillo, fue muy generosa. "Ninguno del equipo creíamos que iba a estar tan involucrada en el proyecto", señala. "En un principio, buscábamos una voz con un registro emocional muy amplio, pues al final tenía que transmitir varios sentimientos en poco tiempo, y pasar de la ternura al romance o al despecho. En definitiva, una voz de alguien que se notara que había tenido una gran trayectoria vital. Hicimos experimentos con distintos monólogos de diferentes películas y actrices, y en todos ganaba Maribel".
"Es muy fácil empatizar con un señor mayor con una vida particularmente traumática y que la única forma que tiene de lidiar con ella es pintar"
El resultado fue todo un éxito. "Nos dejó a todos un poco abrumados, porque le dedicó mucho tiempo al proyecto y vino a grabar voces varias veces", relata Castillo. "Estuvo muy involucrada y la verdad es que al final todo el trabajo de animación que habíamos hecho se habría quedado en nada si no hubiera una voz como la suya narrando por encima".
Animación española a tope
El fantasma de la Quinta es otra prueba más del buen estado de forma de la animación española. Castillo se define a sí mismo como un "mal estudiante al que le gustaba dibujar". Y, a la hora de escoger carrera, supo que debía emplear todos sus esfuerzos en conseguir vivir de ello. "Pensé que me iba a dedicar a dibujar cómics, que es lo que estudié, pero luego un tío mío me enseñó a editar vídeo, así que uní las dos cosas, el dibujo y el editing, y descubrí lo mágico que resulta encadenar varias imágenes y editarlas a tu antojo".
En 2010, en plena crisis económica, se marchó como tantos otros jóvenes a buscar una oportunidad en el extranjero, en este caso al lejano Singapur, donde residía su tía. "Fue más fruto del azar", relata. Al cabo de casi dos años y después de estudiar, se marchó a Londres y comenzó a trabajar en publicidad. "Pero el dibujo era mi primer amor", admite, "seguido de contar historias". Uno de los aspectos más emocionantes, según él, es que te permite contar historias en poco tiempo, con imágenes. "El dibujo es una tarea muy eficiente", sopesa. "Tienes que contar muchas cosas en el menor tiempo posible".
Los Oscar
Ahora, el corto está en la preselección de los Oscar, a la espera de una nominación. "Es increíble, cuando me lo dijeron, nadie del equipo se lo creía", asevera Castillo. Al estar acostumbrado a los circuitos de cine pequeños, la posibilidad de verse en la Meca del cine de Hollywood se le antoja un sueño. "Tú nunca haces una película pensando que vas a ir a los Oscar, entonces vas a los festivales más humildes". Tras presentarlo en Tribecca, ganaron un "méliès" (galardones europeos del género de terror o ciencia ficción) en Sitges y otro en un festival de Noruega.
Así, poco a poco, fueron haciéndose un hueco entre público y crítica del género fantástico y de terror. En noviembre, mandaron el corto para su calificación por la Academia de los Oscar, y en cuestión de días salió en las shortlists junto a Óliver Laxe y su película Sirât. "Una vez te califican ya te cambia el chip", reconoce Castillo. "Es como una ventana que se abre solo una vez en la vida".
Desde comienzos de diciembre del año pasado hasta hace unos días, la vida de este dibujante ha estado repleta de tareas de logística en caso de ser seleccionados para que El fantasma de la Quinta luche por el premio al Mejor Cortometraje Animado. ¿Quién sabe? La vida es caprichosa. Lo que sí que es cierto es que nadie le diría a aquel niño que se escondía en el regazo de su abuelo que ese cuadro que le atemorizó en su infancia, iba a ser, tantos años después, el pasaporte a la fama internacional.
En el año 1997, había un niño que no podía dormir. El motivo no era una de esas películas para mayores repletas de sustos y fenómenos paranormales. Tan solo un cuadro: Saturno devorando a su hijo. Esa misma mañana había acudido por primera vez al Museo del Prado acompañado de su abuelo, y nada más llegar a la sala de las pinturas negras de Goya, corrió al regazo del familiar, asustado. Jamás había sentido algo así por una pintura.