El libro que Isabel Díaz Ayuso recomienda leer sí o sí este año: "Va también sobre la hipocresía, sobre lo bueno y lo malo"
La presidenta de la Comunidad de Madrid recomendó en los Premios Zenda una novela clásica que utiliza el humor y la sátira para retratar las contradicciones morales de la sociedad
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La gala de los Premios Zenda 2026 dejó algo más que discursos solemnes. Durante el acto, también se colaron recomendaciones literarias con aroma a clásico imprescindible. Una de las más comentadas fue la de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, que no dudó en señalar una novela concreta para este año. Una elección que, más allá de lo anecdótico, devuelve al primer plano una de las obras más irónicas y afiladas del Nobel peruano.
Se trata nada más y nada menos que de Pantaleón y las visitadoras, de Mario Vargas Llosa. Ayuso definió la novela como “una sátira maravillosa” y destacó su capacidad para retratar la condición humana sin concesiones. En sus palabras, es un libro que habla “de la hipocresía, de lo bueno y lo malo”, pero también de algo más reconocible: de cómo se parecen las sociedades a ambos lados del Atlántico. Una lectura breve, ágil y con un humor que sigue funcionando medio siglo después de su publicación.
Publicada en 1973, Pantaleón y las visitadoras supuso un giro llamativo en la trayectoria de Vargas Llosa. Tras novelas de tono más experimental, el autor apostó aquí por la comedia como arma crítica. El resultado fue una historia tan divertida como incómoda, capaz de hacer reír al lector mientras le coloca frente al espejo de las contradicciones morales y sociales.
La novela tiene como protagonista al capitán Pantaleón Pantoja, un militar ejemplar, obsesionado con la eficacia y el cumplimiento del deber. Su vida da un vuelco cuando el Alto Mando del Ejército del Perú le asigna una misión secreta: organizar un servicio de prostitutas para los soldados destinados en la Amazonía. El objetivo oficial es evitar abusos y conflictos con la población local, aunque la operación deba mantenerse en la más estricta discreción.
Fiel a su carácter meticuloso, el protagonista convierte ese encargo turbio en una maquinaria administrativa perfecta. Todo queda registrado, ordenado y optimizado con una lógica casi absurda. Lo que debería ser una solución provisional termina creciendo hasta desbordar cualquier control, arrastrando al propio protagonista a un conflicto personal y moral del que ya no sabrá salir indemne.
Alrededor de él gravitan personajes que refuerzan la sátira. Está Pochita, su esposa, ajena a la verdadera naturaleza del trabajo de su marido; Olga Arellano, conocida como “la Brasileña”, una de las visitadoras más carismáticas que rompe la férrea disciplina de Pantaleón; y el Hermano Francisco, líder de una secta fanática en la selva, cuya violencia religiosa sirve de contrapunto grotesco a la fría racionalidad militar.
Uno de los grandes aciertos de la novela es su crítica a la hipocresía institucional. Vargas Llosa expone cómo organismos que se presentan como guardianes de la moral son capaces de gestionar en la sombra aquello que condenan en público. El Ejército, la Iglesia y la burocracia aparecen retratados como estructuras que priorizan la apariencia sobre la ética real.
La recomendación de Isabel Díaz Ayuso no solo rescata una obra clave de Vargas Llosa, sino que invita a redescubrir una novela que sigue incomodando, divirtiendo y planteando preguntas incómodas sobre la obediencia, el poder y la doble moral.
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