Asesinar a Jamenei y derrocar a los ayatolás: la campaña de 1981 que pudo acabar todo
Un atentado con explosivos durante un sermón en Teherán estuvo a punto de cambiar el rumbo del poder en Irán y destapó la fragilidad interna del régimen en sus primeros años
Un participante en una manifestación en Londres en apoyo a las protestas en Irán quema un retratao del líder supremo iraní, Ali Jamenei. (EFE/Neil Hall)
La mañana del 27 de junio de 1981, Alí Jamenei compareció ante Ruhollah Jomeini, en la misma casa del líder supremo en el barrio Jamarán de Teherán y desde allí se dirigió a la mezquita de Abuzar en el sur de la ciudad. Como representante del líder en el Consejo Supremo de Defensa, Jamenei acababa de regresar del frente donde se combatía contra Irak. Justo después de escuchar la oración de mediodía junto al piloto Abbás Babbei, que le había acompañado para compartir impresiones sobre la guerra, Jamenei subió al estrado para dar su discurso ante los fieles congregados.
Apenas había empezado su sermón (en la misma mezquita a la que justo esta semana los manifestantes prendieron fuego después de vandalizarla con rabia, según las escasas imágenes que llegan con cuenta gotas de Irán), cuando entre los asistentes comenzó a pasar una grabadora de mano en mano hasta llegar al atril del estrado, donde un hombre la dejó justo en frente del orador al tiempo que accionaba el botón de play.
Como imán de los viernes, Jamenei desbrozaba en ese momento su discurso antes del turno de preguntas habitual. Mientras, la cinta de la grabadora llegó al final con un clic y comenzó a emitir un pitido, según el relato de Mostafá Ghaffari, Informe sobre el atentado del 6 de Tir de 1360. Jamenei pidió que ajustaran el altavoz, se echó para atrás y a la izquierda, molesto por el ruido, antes de proseguir: "En la época del Príncipe de los Creyentes, la mujer, en todas las sociedades humanas —no solo entre los árabes—, era oprimida. No le permitían estudiar, no le permitían entrar en la sociedad ni adquirir experiencia en asuntos políticos, ni era posible que estuviera en los campos de…". En ese preciso momento, la grabadora explotó.
Después de las protestas multitudinarias de las mujeres iraníes en 2022 provocadas por la muerte de la joven Masha Amini a manos de la Polícia de la Moral por no cumplir la obligación de llevar el hiyab en público, la República Islámica reaccionó reafirmando la autoridad teocrática del estado. Jamenei desató una fuerte represión considerándolas una amenaza a su seguridad nacional y atribuyéndolas a una conspiración extranjera liderada por Estados Unidos para desestabilizar el país y provocar un cambio de régimen.
El rostro de la joven Masha Amini en una pancarta durante una manifestación contra el régimen de los Ayatolás en Turquía. (EFE)
La amenaza exterior ha sido, de hecho, el motor que ha servido durante décadas a los ayatolás para mantener el control férreo de la sociedad y del estado. Por ello... ¿la única forma de derrocar el régimen ha sido siempre desde dentro? Lo cierto es que, aunque no se tenga tan en cuenta, la joven República Islámica instaurada en 1979 sufrió en sus comienzos la verdadera amenaza para su existencia. Durante toda la década de los 80 se vio confrontada a su propia esencia religiosa cuando a los oponentes internos (como los Mojahedin delMEK principalmente –Mujahedin-e Khalq o Muyaidínes del pueblo– y la secta Forqan, además de los partidos de izquierda como el comunista Tudeh) se les sumó la agresión de los sunníes del vecino Irak.
Entonces, la Revolución Islámica preconizada por el ayatolá Jomeini contra la monarquía pro occidental de los Pahlavi se tornó de repente, en sus mismos comienzos, en una misión de salvación nacional que consistía en defender a la patria. La guerra coincidió con la mayor operación de la disidencia interna en 1981 para intentar derrocar a los ayatolás, que terminaría con la postrera y fallida Operación Mersad del MEK en 1988 y la brutal matanza que siguió en las prisiones iraníes de todos los opositores.¿
¿Quiénes eran los terroristas de Forqan?
Tras la explosión en Abuzar, Jamenei y los cinco escoltas que le llevaban en volandas estaban bañados en sangre cuando llegaron a una pequeña clínica en la calle Qazvin. Habían volado hasta allí en un Blazer blanco por las calles de Teherán, pero el médico, que no reconoció al imán de los viernes, tras un breve reconocimiento se negó a atenderles: "Ya es demasiado tarde", tal y como explicó el periodista Hamid Alavi en la BBC. Aún así una enfermera indicó que lo llevaran al hospital Baharlu, cerca del puente de Yavadiyeh. El traslado se hizo esta vez en helicóptero.
Mientras, en la mezquita de Abuzar justo con los restos de sangre en la alfombra había quedado la grabadora abierta por la mitad "como un cuaderno" según lo describirían los escoltas y con un mensaje dentro: "¡El primer regalo de Forqan a la República Islámica!". Pero, ¿quiénes eran los terroristas de Forqan y qué alcance tenía la campaña de atentados contra los ayatolás?
En realidad el grupo terrorista Forqan había sido desmantelado por la Guardia Revolucionaria un año antes, en 1980, después de que hubiera conseguido asesinar en mayo de 1979 al ideólogo de Jomeini, Morteza Mottahari, lo que supuso un duro golpe al ser el principal arquitecto del nuevo régimen. Los perpetradores del antetado en Abuzar eran pues el ‘Rahrevān-e Forqan’, que se traduce como los seguidores de Forqan, lo que evidenciaba la todavía numerosa oposición que había contra el régimen de los ayatolás.
No era simplemente parte de la izquierda secular hostil al islamismo, "sino una organización híbrida islamo-marxista, armada y violenta"
Forqan era una secta armada y anticlerical que consideraba que los ayatolás habían desviado el verdadero sentido del Islam y que se había establecido como activo grupo terrorista. Aun así, el principal grupo disidente lo representaba el MEK, además de algunos grupos izquierdistas como el partido pro soviético Tudeh. El MEK había sido una fuerza desde los 60 en contra de la monarquía de los Pahlavi y había apoyado firmemente la revolución de los ayatolás. No era simplemente parte de la izquierda secular hostil al islamismo, según explica el profesor Vali Nasr en Iran’s Grand Strategy, "sino una organización híbrida islamo-marxista, armada y violenta, con ambiciones propias de poder". Al principio cooperó con los revolucionarios religiosos y tenía vínculos con clérigos influyentes como Taleqani, pero luego pasó a intentar derrocar a Jomeini y al liderazgo clerical.
Dos bombas
Así, a partir de 1980 se habían distanciado del régimen hasta su ruptura total con la caída en desgracia precisamente, en junio de 1981, del presidente Bani Sadr, religioso marxista aliado del MEK que había sido destituido unos días antes del atentado contra Jamenei y que acabaría huyendo a Francia. De hecho, al día siguiente de la explosión de la grabadora en la mezquita, dos bombas accionadas por miembros del MEK en la sede del Partido Republicano Islámicomataron a 74 dirigentes del régimen, "entre ellos el ayatolá Beheshti (jefe del Poder Judicial) y Mohammad Montazeri, hijo del ayatolá Hosein-Ali Montazeri. A lo largo del verano y el otoño, más de 1.000 funcionarios del gobierno fueron asesinados", según se establece en Deadly Fatwa: Iran’s 1988 Prison Massacre. Fue el momento en que Jomeini, que no había roto definitivamente con el MEK por diferencias ideológicas, lo percibió como una amenaza directa a la seguridad del Estado y ordenó su destrucción.
Entre junio y noviembre de 1981, el régimen ejecutó entre 1.800 y 2.665 opositores políticos
A la llegada al hospital de Jamenei, el médico que lo atendió lo describió así: "su brazo derecho y el sistema nervioso estaban completamente destrozados. Apenas pudimos detener la hemorragia. Decidimos trasladarlo a un hospital especializado en corazón". Estuvo al borde de la muerte varias veces. Según Mostafá Ghaffari, "el lado derecho de su cuerpo estaba lleno de metralla y fragmentos de la grabadora. Parte del pecho estaba completamente quemada. El brazo derecho estaba hinchado e inmóvil". Al final, sobreviviría después de la amputación de ese brazo.
En menos de 48 horas, el presidente Bani Sadr había huido; el jefe del Poder Judicial, el ayatolá Mohammed Behetsi, estaba muerto; el futuro Líder Supremo, Alí Jamenei, estaba mutilado; y, por último, la cúpula del partido gobernantehabía sido prácticamente decapitada. Era sin duda el intento de derrocar el régimen desde dentro lo que había puesto en peligro a la joven república de Irán, y no tanto las amenazas exteriores como había sido la invasión de Irak o las injerencias de EEUU.
La persecución de los disidentes internos fue brutal a partir de ese momento: entre junio y noviembre de 1981, el régimen ejecutó entre 1.800 y 2.665 opositores políticos. Entre las víctimas había dirigentes y simpatizantes de los Muyahidines, pero también unas 400 personas de izquierda, en su mayoría pertenecientes a grupos que se oponían al intento de golpe. Jomeini había comprendido la gravedad de la amenaza que representaba el MEK, según explica Vali Nasr. Y, con la orden de su aniquilación, eliminaba quizá la última base de poder alternativa que podía desafiar de manera efectiva la autoridad clerical.
Operación Mersad
Al mismo tiempo, la brutal guerra contra el invasor sunní afianzaba paradójicamente un régimen que se definiría a partir de entonces como defensor del pueblo iraní frente a las distintas percepciones de amenazas externas, como la hostilidad de Estados Unidos, Israel, las monarquías del Golfo, las sanciones económicas, el aislamiento internacional y los conflictos regionales, todo ello utilizado por los líderes iraníes para justificar su estrategia de resistencia y consolidar su poder.
Los iraníes infligieron varios miles de bajas a los combatientes del MEK, y los supervivientes se retiraron a Irak
El MEK, de hecho, fue borrado de Irán poco después de la campaña de atentados de 1981-1982, lo que le obligó a operar fuera del país resultando aún más conveniente para el relato del régimen de los ayatolás. Cuando se unieron a partir de 1986 a los iraquíes para amenazar de nuevo al poder siguiendo la máxima "el enemigo de mi amigo es mi amigo" perdieron credibilidad dentro del país donde se les consideró unos traidores. Armados y apoyados por la dictadura iraquí de Sadam Hussein aprovecharon el alto el fuego de 1988 entre Irán e Irak para lanzar la denominada Operación Mersad de invasión terrestre con el Ejécito Nacional de Liberación que habían formado en territorio iraquí. Fue el fin.
Según explica Steven R. Ward, enImmortal: A Military History of Iran and Its Armed Forces pasaron unas semanas de negociaciones conflictivas entre iraníes e iraquíes antes de que comenzara el alto el fuego el 20 de agosto de 1988: "Durante ese tiempo, Irak permitió que el Ejército Nacional de Liberación penetrara unas sesenta millas en Irán hacia Kermanshah. Es posible que los iraquíes intentaran usar al ENL para provocar un levantamiento popular en Irán y proporcionaron apoyo de tanques y artillería a los disidentes".
Sin embargo, en las montañas entre Kerend y Eslamabad, la fuerza del ENL quedó atrapada y fue derrotada de manera decisiva en la Operación Mersad por los Guardianes de la Revolución y las fuerzas del ejército. Los iraníes infligieron varios miles de bajas a los combatientes del MEK, y los supervivientes se retiraron a Irak. El grupo no contaba con apoyo popular en Irán debido a su colaboración con Saddam, lo que no impidió que los Guardianes, después de ejecutar a sus prisioneros del ENL, continuaran la batalla lanzando una campaña de arrestos y ejecuciones en todo el país para eliminar a los remanentes del MEK y sus simpatizantes.
Fue el momento de la gran matanza en las prisiones iraníes. A finales de julio comenzaron a interrogar, torturar y ejecutar sumariamente a miles de presos políticos en todo el país. La masacre continuó hasta el otoño. Bien planificada y ejecutada deliberadamente en secreto, la masacre eliminó de manera efectiva cualquier oposición política que quedara al régimen del entonces Líder Supremo, el ayatolá Jomeini.
La mañana del 27 de junio de 1981, Alí Jamenei compareció ante Ruhollah Jomeini, en la misma casa del líder supremo en el barrio Jamarán de Teherán y desde allí se dirigió a la mezquita de Abuzar en el sur de la ciudad. Como representante del líder en el Consejo Supremo de Defensa, Jamenei acababa de regresar del frente donde se combatía contra Irak. Justo después de escuchar la oración de mediodía junto al piloto Abbás Babbei, que le había acompañado para compartir impresiones sobre la guerra, Jamenei subió al estrado para dar su discurso ante los fieles congregados.