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Los hombres están publicando libros muy importantes
Ellos, ensayo político, "realpolitik" y apocalipsis geopolítico o "thriller" histórico; ellas, novela íntima y personal, en primera persona, que hace política del día a día
Estos últimos días he llevado a cabo un experimento de nula validez científica y metodología chabacana, pero cuyos resultados me resultan elocuentes. Me pareció identificar un patrón entre la avalancha de anuncios editoriales para los primeros meses del año, así que me dije: voy a revisar las últimas notas de prensa y dividir las próximas novedades entre hombres y mujeres, a ver qué cuenta cada cual.
Los hombres, según mi muestra, escriben sobre: cómo la guerra ha conformado el mundo en que vivimos; cuál es el secreto para llegar a las masas; los poderosos imperios y pueblos diversos de Europa, Asia y África, más allá del alcance de Grecia y Roma; qué podemos aprender de las grandes civilizaciones de la historia.
Las mujeres escriben: un relato emocional que ilumina la fragilidad y la fuerza humanas; un vívido retrato de las mujeres que se unieron para formar una orquesta única y sobrevivir a los horrores de Auschwitz; una historia que reivindica el amor propio como opción necesaria; un homenaje a la inteligencia, al estilo y a la libertad femenina en la literatura.
Prometo que no he hecho trampa. Quizá me esté apresurando, pero también es posible que, como dice la canción de Aiko el Grupo, niños futbito y niñas lo que sea. Ellos publican ensayo global, analítico, realista (es decir, pesimista), del “ellos”, con el tono del predicador que anuncia fuego y azufre; ellas, narrativa íntima, ambigua, cercana y empática, del “yo” y el “nosotras”, con la constante duda sobre sí misma. Ellos, más de derechas; ellas, menos. Siempre ha sido así, supongo, pero nunca tan así. Es sintomático de la toma de posiciones que se está produciendo en el entorno público. Del repliegue conservador, del momento económico, de qué buscamos en la cultura.
Se están configurando dos polos, ideológicos, emocionales y de género
Encuentro los ecos de esta brecha literaria en las newsletters de páginas como Substack. Entre ellas abundan los textos en primera persona, breves y autobiográficos, compuestos por retazos de memoria, vivencias cotidianas y cultura pop, con intención confesional y tono poético. A ellos les gustan los largos desarrollos ensayísticos sobre el tema del momento, sobriedad periodística y estilo tajante. La IA, la guerra que toque cada semana, alguna cuestión muy importante. Porque últimamente los hombres están escribiendo libros muy importantes.
La prueba de fuego se encuentra en las presentaciones de libros, donde por lo general resulta más interesante mirar al público que lo que ocurre en el escenario. Una foto tomada en la presentación sevillana de Esto no existe de Juan Soto Ivars reflejaba una proporción de alrededor de una mujer por cada cinco hombres. He estado en presentaciones de autoras femeninas donde el único hombre era yo. Además, claro, del elefante en la habitación.
Bueno. Como dijo no sé quién, "yo estoy bien". No llegó la sangre al río. Una poca muy desagradable y sin lecturas trató de impedir el acceso a un montón de gente extraordinaria con ganas de ir a la presentación de un libro. Los que no entraron, fue por falta de aforo. Poco más.… pic.twitter.com/qP7tmbGzJw
— Juan Soto Ivars (@juansotoivars) December 5, 2025
Me anticipo: claro que esto tiene sus matices. Entre los libros más leídos en 2025 hay ejemplos de lo contrario. Los hombres también escriben narrativa, mucho thriller, true crime y policíaco, como Juan Gómez Jurado, o novela histórica como Ildefonso Falcones. También las mujeres superventas escriben no ficción, como la autoayuda de Marian Rojas Estapé (aunque aún no hay nada que me haya convencido de que sus libros no puedan clasificarse como ficción). Tampoco creo que haya que considerar los best sellers representativos de nada. A esos niveles, la obra son sus autores mismos.
De lo que hablo es la configuración de dos grandes polos, casi opuestos emocional, filosófica e ideológicamente, alrededor de los cuales orbitan dos tipos de lectores. Que no son solo dos clases de lectores, sino también la sociedad por completo. Dos polos que, cuando se ponen a escuchar al otro, le parece que está hablando en chino.
Repliegue para refugiarse del ruido
Uno de mis propósitos para 2026 es leer más narrativa. Me he aburrido del ensayo. Dejo muchos a medias porque alrededor de la página 40 me doy cuenta de que ya me los he leído antes. Aunque se vendan como algo nuevo, una teoría que lo cambiará todo, un nuevo término rimbombante que nos servirá para descifrar el mundo, termino encontrándome con las mismas tres ideas trilladas de siempre, sin un gramo de investigación propia, reempaquetadas en función de la imagen que el autor nos quiera ofrecer de sí mismo, e hinchadas hasta alcanzar las 300 páginas de rigor.
Ante el ruido que hace imposible el debate se refugian en la política de lo cotidiano
Lo que más me ha interesado en lo poco que llevamos de año, como
Sospecho que esta tendencia responde al retroceso cultural de la izquierda, que durante la última década había copado el centro del debate en el ensayo político y sociológico, y el avance de la derecha cultural. Así que ahora ha tomado el capitolio de los Grandes Temas el hombre ceñudo, hobbesiano y enamorado de la realpolitik. Ni siquiera es necesario que sea de derechas, de hecho: muchos hombres de la izquierda también se han remangado y apretado la mandíbula. Mientras tanto, las escritoras con sensibilidad social se han refugiado en lo cercano y personal como su forma de hacer política.
Una polarización que reproduce lo que nos dicen las encuestas. Las chicas están más dispuestas a apoyar la lucha contra el cambio climático, los derechos LGTBIQ+, la memoria histórica y otras cuestiones que terminan colándose en esos libros –o películas– que versan sobre rupturas personales, recuerdos infantiles, vaciado del campo o dinámicas familiares. Como la política institucional y el ruido mediático han hecho imposible cualquier debate razonable, la única salida posible parece contarlo a través de lo que ocurre en nuestro entorno. Cuanto más opresiva es una sociedad, más tendemos a retratar lo íntimo.
Hay excepciones que parecen conformar la tesis principal. David Uclés y Analía Plaza han sido los protagonistas de las grandes polémicas culturales del último mes. Novela (La península de las casas vacías) y ensayo (La vida cañón) respectivamente, lo que parecería desmentir la mayor. En realidad, gran parte de los insultos que han recibido parecen sugerir que su gran problema es no encajar con ninguno de los dos polos. Un sensiblero chaval barbitas y menudito hablando de la guerra civil desde la perspectiva de los perdedores. Una pija con el pelo de colores metiéndose en economía y poniendo en cuestión el sistema actual de pensiones sobre el que descansa la estabilidad bipartidista.
Sé que esta reflexión peca de esencialismo de género. También sé que molestará a los autores, que correrán a enumerar las muchas excepciones que por supuesto, existen. A nadie le gusta pensar que no ha sido libre para escribir lo que ha querido, sino que ha pagado las deudas de su género, origen social o ideología. No se preocupen: yo también publiqué un ensayo que muchos habrán abandonado en la página 40. Pero cuando los patrones se repiten, es necesario empezar a preguntarse por qué y qué significa, y a buscar explicaciones. En eso los hombres somos muy buenos.
Estos últimos días he llevado a cabo un experimento de nula validez científica y metodología chabacana, pero cuyos resultados me resultan elocuentes. Me pareció identificar un patrón entre la avalancha de anuncios editoriales para los primeros meses del año, así que me dije: voy a revisar las últimas notas de prensa y dividir las próximas novedades entre hombres y mujeres, a ver qué cuenta cada cual.