'El Cielo': Las sectas polacas no admiten devoluciones
Solvente drama sobre la espiral de delirios en que se ven atrapadas las personas que se unen a una secta
Ahora que creéis en Dios podéis ver series polacas. En general, todo lo polaco va de Dios, películas, series, novelas, participaciones en Eurovisión y viajes en autobús. Cuando se muere un polaco, va directo al cielo, sin pasar por Ursula Von der Leyen. Se pueden hacer muchos chistes sobre polacos porque son gente muy seria. Jesse Esenberg rodó en Polonia A real pain, y nunca pensó que fuera a salirle otra cosa que una comedia. Sobre el Holocausto.
El Cielo: un año en el infierno tiene un 5,6 en Imdb, y sólo sesenta y siete personas se han molestado en puntuarla tan mal. Esto es escandaloso, de odiar mucho a los polacos. La gente está viendo series malísimas en Netflix como En fuga, Él y ella, Innato o La bestia en mí, y todas tienen en torno a un 7 después de que miles de personas decidieran airear su mal gusto en la web de las películas. Quizá no ayuda que el cartel promocional de la serie esté en blanco y negro. Pero, si no estuviera en blanco y negro, no sería una serie polaca.
El Cielo es a color y no te hace creyente, como quizá piensan muchos después de echarle un rápido vistazo. Basada en un caso real, aborda la vida en una secta en los años 90. Una cosa buena de las sectas es que son iguales en todas partes.
Un joven que fue abandonado por su padre a los ocho años sueña con ser cantautor mientras su madre le empuja a continuar sus estudios universitarios. Entre la guitarra inútil y el diploma que no vale para nada, el joven tiene ataques nerviosos inexplicables. Después de acudir a varios médicos, deciden ponerse en manos de un sanador, que muy fácilmente le saca todos los problemas de la cabeza. Es el comienzo de una gran amistad; de una secta. El sanador, llamado Piotr, le lleva a visitar su casa de campo y nuestro joven desesperado encuentra allí el edén del trauma, un paraíso para todos los zumbados de Polonia. Decide quedarse, claro.
La serie sigue la inmersión de una persona normal en un régimen psicopático, con crucifijos al cuello. El proceso es netamente destructivo
La serie sigue paso a paso la inmersión de una persona normal en un régimen psicopático, con crucifijos al cuello. El proceso es netamente destructivo, y el joven, llamado Sebastian, debe despreciar su vida pasada y lanzarse de cabeza a un nuevo árbol familiar, conformado por decenas de personas, entre las que se encuentran ex convictos, ex drogadictos, suicidas fallidos, locas de todo tipo y condición y gente que suspendía en EGB. Lidera la felicidad el tal Piotr, que además tiene visiones de vez en cuando.
La producción no es gran cosa; no hay lujo, grúas, efectos especiales ni subtítulos al catalán. Por no tener no tiene ni cortinilla molona al principio de cada capítulo. Sin embargo, esta austeridad y cutrerío conviene al asunto tratado, y además nos aleja de la pátina visual consabida en todas las series del mundo.
Son tan amables en la casa de campo, tan dulces, tan amorosos y tan prestos a expresar sus sentimientos que la cosa no puede acabar bien
La secta, llamada El Cielo, tiene la virtud de parecer todas las alternativas utópicas al mismo tiempo. Son hippies, son comunales, son como hindúes (recordemos la brillante serie documental Wild Wild Country), son como Wako, son cristianos y son como tu taller de costura de los viernes.
Por supuesto, "abrazan árboles". Nada que valga la pena levantar como alternativa a la vida en sociedad puede tomarse en serio si no se abrazan árboles.
Los enemigos del mundo, según el líder, son "el comunismo, el capitalismo y la Iglesia". Curiosamente, la secta polaca se basa en los cuidados, y todos son tan amables en la casa de campo, tan dulces, tan amorosos y tan prestos a expresar sus sentimientos que la cosa no puede acabar bien. Comprendemos enseguida que el atractivo de las sectas se basa en la falsedad del amor. La gente sólo necesita cariño, aunque sea de fogueo. Después de sentirte querido, ya haces cualquier cosa.
Con sólo tres capítulos por ahora en HBO, El Cielo presenta los conflictos previsibles entre personas atrapadas en una secta y sus familiares legítimos, que quieren rescatarlos. Los secretos de la secta van volviéndose cada vez más oscuros, aunque quizá no lleguen (o sí) al delirio de sangre de Red State (2011, Kevin Smith) ni a la sofisticación sobrenatural de El infinito (2018, Benson y Moorhead) ni a la conclusión lógica de toda secta que vemos en La invitación (2015, Karyn Kusama), por decirles tres películas sobre cultos dañinos que me encantan. Los polacos son gente seria, y sus sectas seguro que acaban todavía peor.
Ahora que creéis en Dios podéis ver series polacas. En general, todo lo polaco va de Dios, películas, series, novelas, participaciones en Eurovisión y viajes en autobús. Cuando se muere un polaco, va directo al cielo, sin pasar por Ursula Von der Leyen. Se pueden hacer muchos chistes sobre polacos porque son gente muy seria. Jesse Esenberg rodó en Polonia A real pain, y nunca pensó que fuera a salirle otra cosa que una comedia. Sobre el Holocausto.