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Este joven cineasta salido de los suburbios de Chile conquistó Cannes y ahora corre hacia el Goya
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Este joven cineasta salido de los suburbios de Chile conquistó Cannes y ahora corre hacia el Goya

Diego Céspedes presenta 'La misteriosa mirada del flamenco', una película que arranca en el territorio de su infancia y ahora conquista a crítica y público por su alto calado humano

Foto: Diego Céspedes en la alfombra roja del Festival de Cannes. (EFE/Mohammed Badra)
Diego Céspedes en la alfombra roja del Festival de Cannes. (EFE/Mohammed Badra)
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En una peluquería de los suburbios de Peñalolén, al sur de Santiago de Chile, un niño vivía atemorizado por una enfermedad que diezmaba la calidad de vida de los trabajadores hasta llevarles a la muerte. Los adultos de su entorno hablaban de ella como si se tratara de una maldición irrevocable. Poco a poco, todos acababan falleciendo por este mal sin que él pudiera llegarlo a entender. ¿Cuál era la causa? Una mirada, una manera de amar, una pulsión secreta que aparecía cuando dos personas se encontraban en la intimidad.

Años después, este niño de los barrios humildes de Santiago es cineasta. Su nombre es Diego Céspedes, tiene 30 años y acaba de presentar una película que conmocionó a Cannes y ahora corre hacia el Goya como Mejor Película Iberoamericana. La misteriosa mirada del flamenco, que así se titula la cinta, recoge muchos de los temores presentes en ese mundo interior infantil que tiembla y palidece ante la peste del amor y del sida. "Mi madre tenía esa peluquería en la que contrató a varios chicos", cuenta en una entrevista a El Confidencial. "Todos ellos murieron por el virus. Yo no entendía qué era o a qué se debía, y cuando salí del closet me sentía todavía más atemorizado".

Ahora, la historia de aquellas personas anónimas con las que Céspedes coincidió en los años de su infancia han quedado reflejados de manera magistral en su película, escrita y dirigida por él mismo. "Ha sido un proceso de años", admite.

El centro de la acción es una cantina de travestis en un pueblo minero del desierto que ejercen la prostitución. Así dicho, el espectador puede prejuzgar que se avecina un dramón considerable. Sin embargo, la cinta no busca la lágrima fácil ni se queda en la denuncia social de los abusos cometidos contra la comunidad LGTBI en el medio más precario y rural de Chile; al contrario, es un ejercicio bien medido que conjuga lo hermoso del amor y lo terrible que puede llegar a ser el odio.

placeholder Fotograma de 'La misteriosa mirada del flamenco', de Diego Céspedes.
Fotograma de 'La misteriosa mirada del flamenco', de Diego Céspedes.

Ambos sentimientos quedan entrelazados a partir de la mirada, de ahí el título. Una mirada puede enamorar, da igual la persona que haya detrás, su género o condición social. Ahí reside el embrujo, que en caso de no poner barreras puede contagiar la peste, como se refieren los personajes a la enfermedad. Y en ese instante aparece el odio, al considerar que ese amor trae también muerte y enfermedad, con todos los prejuicios y leyendas infundadas que asolan a la orientación sexual no normativa o a la disforia de género.

"La mirada es algo muy místico", señala Céspedes. "A veces se nos olvida, debido a la cantidad de pantallas que ponemos entre nosotros. Detrás de toda mirada hay un ser humano detrás. Los personajes en la película se transforman a partir de la mirada".

"El cine independiente es muy elitista. Aquí en Chile es impensable que alguien de clase baja vea ese tipo de películas"

Para transformación, la que ha sufrido la vida de Céspedes en los últimos meses. No todos los días un joven recibe tantos elogios por parte de los críticos del séptimo arte ni interés por parte de la prensa especializada. Aunque no consiguió entrar en los shortlist de los Óscar 2026 como Mejor Película Internacional, en los Goya representa a su país, Chile, a la espera de conocer las nominaciones. El director reconoce el gran impacto que ha tenido la fama en su vida y en la de su equipo, sobre todo después de su éxito en Cannes, aunque habla de ello desde la distancia que le confiere su origen humilde. "Nunca he hecho tantos viajes en mi vida", señala. "Estoy en modo automático. Al final, intento tomármelo con calma, y el equipo también".

Un viaje largo

Todo comenzó con su amor por la fotografía. Tras recibir una beca para estudiar en la Universidad de Chile, en clase un día pusieron La ciénaga (2001), de la directora argentina Lucrecia Martel, y desde entonces supo que el cine era mucho más que "películas de disparos y acción". Al recordar aquellos tiempos, reconoce que pensaba que se iba a dedicar a la imagen desde un punto de vista más técnico, y no a la escritura de guion o a la dirección. Sin embargo, esa película le cambió la vida. "Había una forma de narrar que me dejó bloqueado, que no podía entender". Entonces, empezó a ver películas de autor de manera compulsiva. Una puerta se había abierto, y tan solo debía dejarse llevar.

"Me interesan más las personas que tienen un discurso social muy fuerte que las estrellas del cine"

"El cine independiente es muy elitista", opina Céspedes. "Aquí en Chile es impensable que alguien de clase baja vea ese tipo de películas. No hay acceso, todo es cine comercial". En 2018, completó su primer cortometraje, El verano del León Eléctrico, el cual fue seleccionado por la Escuela de Cine y Televisión de la Universidad de Chile para ir a Cannes. Tras ganar el premio Cinéfondation, se embarcó en la producción de Las criaturas que se derriten bajo el sol (2022), otro corto con el que ya trabajó con Paula Dinamarca, una de las actrices protagonistas de La misteriosa mirada del flamenco. Y, ahora, tras pasar por varias residencias artísticas, esta nueva película se erige como su ópera prima.

A pesar del éxito, Céspedes desea seguir pegado a su familia y amigos más cercanos. "Hay muchas cosas que no me gustan de la industria", confiesa. "Y no siento ganas de conocer a la mayoría de famosos que pululan por esos ambientes. Hay muchos a los que admiro, pero solo por su trabajo, y prefiero quedarme así. Cuantas más personas conozco, más ganas tengo de seguir cerca de mi círculo íntimo".

Lo que sí anhela es remover conciencias contra la ola reaccionaria que sacude el mundo occidental hoy en día. "Me interesan más las personas que tienen un discurso social muy fuerte que las estrellas del cine", recalca. "La gente que quiere cambiar el mundo y usan el arte como guía, a ese tipo de gente es a la que admiro de verdad". Hay que tener en cuenta que Chile viró hacia la ultraderecha por primera vez desde la dictadura de Pinochet tras el triunfo electoral de José Antonio Kast el pasado año. "Estamos todos más o menos igual", concluye, refiriéndose también al auge de Vox en España. "Cada uno tiene su propia ultraderecha que cuestiona los derechos de las minorías y desvía la atención hacia las cosas realmente importantes".

Habrá que esperar para ver si La misteriosa mirada del flamenco se hace con un Goya en la categoría de Mejor Película Internacional. Lo que está claro es que Céspedes ha conseguido aquello que más soñaba: hacer que miles de personas se emocionen con su historia, que arrancó siendo niño en la peluquería de su madre y que, por ahora, sigue su curso.

En una peluquería de los suburbios de Peñalolén, al sur de Santiago de Chile, un niño vivía atemorizado por una enfermedad que diezmaba la calidad de vida de los trabajadores hasta llevarles a la muerte. Los adultos de su entorno hablaban de ella como si se tratara de una maldición irrevocable. Poco a poco, todos acababan falleciendo por este mal sin que él pudiera llegarlo a entender. ¿Cuál era la causa? Una mirada, una manera de amar, una pulsión secreta que aparecía cuando dos personas se encontraban en la intimidad.

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