Rusowsky se corona como el rey del pop de vanguardia y hace enloquecer a Barcelona
Tras colgar en septiembre el cartel de todo vendido en el Movistar Arena de Madrid y firmar la canción del verano entre los nativos digitales, el músico hace enloquecer a sus seguidores en la primera de sus dos noches en el Sant Jordi
Pocos artistas emergentes han calado de una manera tan transversal entre los jóvenes de nuestro país como lo ha hecho Rusowsky. Este verano daba igual si tu destino eran las costas del Cantábrico y tus noches una playlist que podrían haber creado las hermanas Pombo; o si, por lo contrario, te quedabas en tu ciudad entre tardes de piscina municipal y bar; incluso si tu verano transcurría de verbenas de pueblo, ayudando en las barras, o trabajando perchando pantalones más amplios que tu sueldo en alguna tienda de fast fashion, donde el aire, y la música, están tan fuertes que podría confundirse con el interior de una discoteca; o si, en definitiva, tu verano transcurrió a oscuras haciendo scroll en la ya-no-tan-pequeña pantalla de tu móvil. El dónde, el cuándo y el qué, este verano se difuminaron. Entre los nativos digitales había una verdad en la que todos coincidían, y esa era que ella es mi Tatiana, ella es mi Daisy, ella es mi mundo, ella es mi baby.
Rusowsky firmó la que, para muchos, fue la canción del verano: malibU. Allí donde sonaba, conseguía ganar nuevos adeptos. Y como una cosa, siempre lleva a la otra, el líder de Rusia idk, inició la gira de su primer disco homónimo (Daisy, 2025), con el cartel de todo vendido en el Movistar Arena, el pasado 25 de septiembre. Y con la llegada del nuevo año, aterriza en Barcelona, inaugurando el ciclo BSERIES del FESTIVALB, con una doble fecha en el Sant Jordi Club, con entradas agotadas, para dar inicio a su gira mundial que le llevará por toda España, Europa, Estados Unidos y Latinoamérica.
Pero ni Roma se construyó en un día, ni Rusowsky ha logrado esto en un solo click. Nacido en Valladolid, y criado en Fuenlabrada, Ruslán Mediavilla Doval creció rodeado de música. Su madre, de origen bielorruso, dirigía una escuela musical y lo introdujo desde niño en el solfeo, el piano y el coro, mientras que su padre, profesor de inglés, alimentó su oído con canciones anglosajonas. La pasión y el capital cultural transmitido por sus padres, y su gran inquietud por expandir su mundo sonoro, y artístico, le llevaron a seguir estos estudios como carrera. Pero lejos de aferrarse al camino dictado por el conservatorio, Rusowsky optó por imaginar otros futuros posibles, y en 2018 empezó a colgar sus primeros temas en internet.
Con grandes influencias anglosajonas, pero también de un profundo estudio del flamenco y de la música clásica, se acercó al bedroom pop. Luego cogió algo de electrónica, instrumentación orgánica, y producción prácticamente artesanal, y lo sacudió todo. Tal era el nivel de innovación para la música de nuestro país, que llamó la atención de grandes nombres como C. Tangana, con quien colaboró en 2020, o Delafuente. Además, no tardó en fundar el colectivo rusia idk, con otras de las grandes mentes creativas de nuestro país como Ralphie Choo, el productor DRUMMIE, Mori, o TRISTAN!, con los que se ha dedicado a dibujar el futuro de la música nacional desde un vibrante presente, firmando temas como So, So, Dolores o GATA.
Su trabajo y dedicación lo convirtieron en uno de los primeros españoles en realizar un Tiny Desk Concert, superando los 2,8 millones de visitas en YouTube, y su disco debut, DAISY (2025), ha sido nominado este año a los Latin Grammy en la categoría de Mejor Álbum de Música Alternativa, consolidando su lugar como una de las voces más innovadoras y singulares de la música española contemporánea.
Por todas estas razones, y otras que se demostrarían en directo, nadie ha querido perderse su doble fecha en Barcelona. La tarde del jueves 15 de enero, la cola para acceder al Sant Jordi Club daba la vuelta a todo el recinto. Muchos de sus fans llevaban horas esperando desde las nueve de la mañana. Pantalones baggies y looks swag, nadie podía suponer como Rusowsky iba a tomar el escenario. En el interior de la sala las más de 4.600 almas se amontonaban buscando la deseada primera fila para ver a la estrella del pop infinito scroll más significativa de nuestro país.
Humo de vape, luces cegadoras, cortinas que daban un toque celestial a un stage por alturas y encima de este una banda de diez personas. Coristas, guitarras, sintes, percusiones y su fiel escudero, DRUMMIE, a las controladoras y la flauta travesera. Todos en chándal blanco y pelucas negras. Los primeros acordes de Johnny Glamour y el público hizo retumbar la sala. Rusowsky en un chándal brillante estilo Las Vegas, peluca rubia y unas gafas que ocupaban medio rostro. Nuevas masculinidades y ALTAGAMA.
Los primeros veinte minutos del concierto fueron dedicados a transformar su faceta más digital en pro de una figura de cantautor con guitarra. Un crooner que mezclaba balada, bachatas y reinterpretaciones de sus propios temas como 4 Daisy o SOPHIA. Y cuando parecía que poco más cabía en el escenario, la primera colaboración de la noche. TRISTAN! salió para interpretar su neonana CELL vestido de con su reconocible antifaz. El juego de luces mezclado con los bajos retumbantes de PIKITO transformaron la ensoñación inicial en una fiesta que progresivamente se acelera hasta el mundo que solo existe cuando Rusowsky lo entona.
Rusowsky ha sido uno de los primeros españoles en realizar un Tiny Desk Concert, superando los 2,8 millones de visitas en YouTube
Cuesta decidir bajo qué estilo troncal se articulan las canciones de Rusowsky. Su música es pura fusión, reinvención, se trata de fragmentarlo todo y volverlo a construir de una manera única. Por eso resulta tan sorprendente escuchar el piano desnudo del inicio de ECCO, como la elevación prácticamente apoyada en autotune del final. El público cantaba y bailaba en total entrega, al son del maestro Rus. Y si faltaba alguno de sus colaboradores, como fue el caso de pink+pink, el público aún gritaba más fuerte I just wanna dance all night, have a little fun, I think I migh. La única pregunta que cabía hacerse era quién lo pasaba mejor: sus fans o sus coristas bailando, y sus músicos en su pulida técnica en directo, que tanto podía ser jazz, r&b, arrebatadoramente pop o de bpms desenfrenados.
La música alternativa de este país ha llegado a la clase media. La imaginación, innovación y compromiso de quien debe labrarse el camino por sí mismo se fusionan con los trucos de aquel que ha tenido la suerte de poder acceder a las herramientas y estudios del campo en el que quiere triunfar. Ponlo todo en una coctelera, agita y viértelo con cuidado. Lo que pasa en un concierto de Rusowsky, al igual que en su música, no te los puedes ni imaginar hasta que no sucede. En una pantalla gigante tanto aparecían imágenes distorsionadas del directo, las letras de las canciones o un seguido de fotos de orangutanes, en honor a la portada de su debut. "¡VENGA, A MOVER EL CULO!", gritó el líder de rusia idk al llegar al ecuador del concierto. El setlist, mantenido en secreto y único para la fecha, hizo que el público recuperara el poder de sorprenderse. Ya fuera Liit o su ensordecedora colaboración con La Zowi. Reinventando el urbano desde el absurdo desexualizado.
Su música es pura fusión, reinvención, se trata de fragmentarlo todo y volverlo a construir de una manera única
Y como quien gira una ruleta, las subidas y bajadas emocionales colocaron al público en el punto exacto para disfrutar de EL MOMENTO. El combo BBY ROMEO y GATA, junto a la aparición de Ralphie Choo, demostró que los componentes del colectivo rusia idk por separado son caóticamente impecables, pero juntos son imparables. Si el concierto hubiera acabado ahí, el público se hubiera ido más que satisfecho, pero aún quedaba mucha noche por delante.
Un piano negro de cola sobre el escenario, posiblemente el último elemento que se espera de la gente que decide utilizar la vaga etiqueta género urbano. Rusowsky empezó a sollozar de la emoción, abrazado por los gritos al unísono de su público de "RUSOWSKY, RUSOWSKY", justo antes de entonar su versión acústica de MWAH. La solemnidad del piano se mezclaba a la perfección con una voz que escalaba en distorsión digital. En una coreografía milimetradísima, el escenario se volvió a llenar para darle una segunda vuelta a la canción. Un ruidito de toda mi gente!! *bocinas de feria*
Y llegó el hit del verano, malibU, ahora en su versión acentuadamente salsa. Ella es mi Tatiana, ella es mi Daisy cantó toda la sala como si fuera el auténtico himno de este país. Y llegaron también Las Ketchup en el escenario y ya estamos todos. Escuchar en 2026 el que fue el hit del verano en 2002, no era algo necesariamente predecible, pero sí algo que sus fans podían esperar. Y aunque sus micros no parecían llegar a llenar el sonido de la sala, escucha las payas. Aserejé, deja, deje. ¿Y por qué no? Otra vez Ralphie Choo sobre el escenario para cantar el hit con el que empezó todo, DOLORES.
La fiesta del pop de vanguardia culminó abriendo las puertas del infierno en un pogo infinito que ocupó toda la sala al son de Valentino. Si alguien hubiera podido imaginar cómo sería el futuro del pop seguramente ni se hubiera acercado al concierto de Rusowsky. Pero por suerte él lo hizo y demostró que otro pop, sin atajos pero lleno de trucos, tiene cabida en nuestro país.
Pocos artistas emergentes han calado de una manera tan transversal entre los jóvenes de nuestro país como lo ha hecho Rusowsky. Este verano daba igual si tu destino eran las costas del Cantábrico y tus noches una playlist que podrían haber creado las hermanas Pombo; o si, por lo contrario, te quedabas en tu ciudad entre tardes de piscina municipal y bar; incluso si tu verano transcurría de verbenas de pueblo, ayudando en las barras, o trabajando perchando pantalones más amplios que tu sueldo en alguna tienda de fast fashion, donde el aire, y la música, están tan fuertes que podría confundirse con el interior de una discoteca; o si, en definitiva, tu verano transcurrió a oscuras haciendo scroll en la ya-no-tan-pequeña pantalla de tu móvil. El dónde, el cuándo y el qué, este verano se difuminaron. Entre los nativos digitales había una verdad en la que todos coincidían, y esa era que ella es mi Tatiana, ella es mi Daisy, ella es mi mundo, ella es mi baby.