De la observación a la participación: la tecnología conquista la cultura
En un ecosistema donde los límites entre cultura y entretenimiento se desdibujan, los expertos coinciden en que el público ya no solo observa: participa, demanda y transforma.
Entre sus múltiples acepciones, la Real Academia Española define el término cultura como el “conjunto de conocimientos que permite a alguien desarrollar su juicio crítico”. Por contra, la institución define el entretenimiento como aquello “que sirve para entretener o divertir”. Sin embargo, hoy las fronteras entre cultura y entretenimiento son cada vez más difusas y, al albor de las nuevas tecnologías, exploran nuevos espacios y formatos que, sobre el terreno, llevan al público a multiplicar sus opciones.
De cómo el espectador empieza a asumir un rol cada vez más participativo, cuáles serán las grandes innovaciones que marquen el rumbo de las propuestas culturales o los retos de los nuevos modelos de consumo se habló en la mesa redonda Cultura y ocio en la era del entretenimiento, un encuentro organizado por El Confidencial y Acciona. Moderado por el periodista Ramón González Férriz, el debate reunió a Carla Prat, directora de Diseño y Experiencias de Acciona Cultura; Verónica Figueroa, Content Commissioning Editor de Podimo España y Rafael Giménez Amaya, CEO de Sold Out, que, entre certezas, intuiciones y experiencias concretas, pusieron sobre la mesa cómo la cultura contemporánea ha hecho que el espectador deje de ser un mejor observador y se convierta en protagonista. Pero también cómo la tecnología contribuye a llevar el arte a nuevos territorios donde la creatividad se vive de manera más experiencial.
El cambio en la relación con la cultura se evidencia, no solo en las propuestas desde el punto de vista de los actores implicados -empresas, creadores…-, también desde la demanda. En un contexto como el actual, marcado por la incertidumbre económica o las dificultades de acceso a la vivienda, entre otros, las nuevas generaciones han desplazado prioridades y eso, en la práctica, ha beneficiado a la cultura. Hoy los jóvenes “prefieren viajar y gastarse el dinero en experiencias”, apuntaba Giménez desde Sold Out. Un hecho al que, en palabras de Figueroa se añade un matiz importante y es que internet ha fabricado subculturas que encuentran refugio en sus propios algoritmos sin que ello suponga límites para acceder al público.
Frente al miedo a la homogeneización cultural que, a priori, podría parecer que impulsan las nuevas tecnologías, Prat defendió lo contrario: “en realidad, se abre la posibilidad de que temáticas muy de nicho se vuelvan mainstream” y refirió ejemplos a otros fenómenos como la exposición de Taylor Swift en el Victoria & Albert Museum. “Lo que antes requería décadas para entrar en un museo ahora sucede en tiempo real”, reflexionaba.
Entretenimiento, tecnología y nuevos modelos de consumo
Para Giménez esa parte experiencial tiene un peso incontestable. “Hoy en día no te comes un rosco si no tienes un planteamiento como muy de nueva tecnología en cualquier planteamiento cultural que tengas”, comentaba. El experto apuntaba a la importancia de los espacios como parte la experiencia pero también al peso de nuevos recursos como la realización en vivo para potenciar los estímulos o la personalización de las experiencias. “Al final la gente lo que quiere es hacer algo en el tiempo libre y si tú le das materia gris para reflexionar sobre la historia, el arte o sobre lo que sea, pues es fenomenal y si lo haces de una forma interesante mejor”, resumía.
Frente a la aparente paradoja entre el auge del consumo individual y la explosión de la cultura presencial, la pantalla se ha convertido en un tráiler al mundo real que, como apuntaba Prat, debe abrir sus puertas: “podemos inspirarnos en el museo para llegar a públicos que nunca irían”. Y es que incluso cuando el consumo cultural es individual, surge la necesidad de compartir. Verónica Figueroa lo explicó desde la experiencia de PodimoFest: “la gente quiere decir ‘yo estuve ahí’. No solo queremos consumir cultura, queremos ser parte de esa cultura”. Por eso los podcasts en vivo se llenan, los festivales se multiplican, las exposiciones inmersivas triunfan…
Innovación, creatividad y futuro
El cambio en los modelos de consumo que genera nuevas narrativas, difumina las fronteras entre disciplinas artísticas y lleva a una creciente capilaridad del arte en la sociedad del ocio encuentra en la innovación una aliada indispensable que, sin embargo, “si no se consolida rápido, se queda en nada”, advertía Giménez.
Los expertos abordaron retos como los que plantea la inteligencia artificial aunque mientras Prat expresaba su convencimiento de que será una gran fuerza que transformará el sector: desde la creación visual -con herramientas como Sora- hasta los procesos creativos internos, destacando el ejemplo de artistas contemporáneos como Refik Anadol, ya presente en el MoMA gracias a piezas generadas con datos; Figueroa no escondía sus temores ante la posible estandarización que puede generar la IA y despedía su intervención deseando que “ojalá dentro de 15 años el gran debate social sea este: qué cultura consumimos. Que todo lo demás esté resuelto”.
Con la vista puesta en el futuro, Giménez se aventuró a imaginar experiencias colectivas hiperpersonalizadas: desde conciertos donde poder elegir cómo ver o escuchar al artista, hasta exposiciones adaptadas a cada recorrido, experiencias a la carta a las que, desde la accesibilidad, la sostenibilidad y la diversidad, Prat vaticinaba que la tecnología será clave para hacerlas “más inclusivas”.
Entre sus múltiples acepciones, la Real Academia Española define el término cultura como el “conjunto de conocimientos que permite a alguien desarrollar su juicio crítico”. Por contra, la institución define el entretenimiento como aquello “que sirve para entretener o divertir”. Sin embargo, hoy las fronteras entre cultura y entretenimiento son cada vez más difusas y, al albor de las nuevas tecnologías, exploran nuevos espacios y formatos que, sobre el terreno, llevan al público a multiplicar sus opciones.