Cuando tu casa casi te mata: "Tenía 30 años y todo a favor, menos una cosa: la caldera"
En "Oxígeno", la autora revelación del último lustro narra su experiencia cercana a la muerte tras una intoxicación de monóxido de carbono y los cinco años que ha tardado en superar el trauma
La escritora Marta Jiménez Serrano. (Foto: Jairo Vargas)
La probabilidad de morir en España a los 30 años es muy baja. No solo por cuestión de estadística, con su tímida tasa de 0,33 por cada 1.000 habitantes, sino que tampoco parece ni biográfica ni socialmente congruente. No toca morirse a los treinta. Aún menos si es un sábado por la mañana cualquiera y estás en una casa a la que acabas de mudarte con tu pareja. Es, sin embargo, lo que le ocurrió a la escritora –y antigua colaboradora de El Confidencial– Marta Jiménez Serrano (Madrid, 1990) en el noviembre del covid.
Una caldera en mal funcionamiento en un piso de alquiler y una cadena de negligencias casi la convierte en una de las 125 personas que cada año pierden la vida en España por intoxicación de monóxido de carbono. Ninguna de ellas tiene la oportunidad de contarlo, pero tampoco ningún superviviente ha tenido la capacidad de Jiménez de convertir su experiencia en un relato sobre la fragilidad de la vida, la obsesión con la muerte y sobre todas esas cosas que le pasan a ti y a las personas que te rodean cuando estás a punto de morir, pero no.
Como ella misma explica en entrevista con El Confidencial, “tenía 30 años, estaba en mi casa un sábado: tenía todo a favor, entre comillas, menos la caldera”. Oxígeno (Alfaguara) es el ensayo autobiográfico en el que Jiménez parte de un acontecimiento puntual para examinar cada una de las ramificaciones vitales, psicológicas e incluso narrativas y políticas del acontecimiento, con su conocida capacidad para resultar cercana sin sonar populista y poner palabras a eso que nos pasa y no sabemos definir.
Morir en casa, un sábado cualquiera
El sábado 9 de noviembre de 2020, en un piso en La Latina, el SUMMA atendió a dos personas con síntomas de haber sufrido una severa intoxicación de monóxido de carbono. Tan severa que solo una serie de casualidades –no tener Coca-Cola en la nevera, por ejemplo– fueron su barrera entre un desenlace trágico y un trauma que ha tardado cinco años en aprender a sobrellevar. El adormecimiento que produce el monóxido provoca que seas consciente de que estás muriendo pero no tengas fuerzas para hacer nada.
"Estamos ignorando la muerte por encima de nuestras posibilidades"
“Estoy muy bien, viva y con muchos de los miedos que cuento en el libro colocados”, responde ante la pregunta de qué tal está. ¿Gracias al libro? “Y a la terapia. La escritura del libro ha sido terapéutica, pero lo que de verdad me ha ayudado a colocar los miedos y superar el trauma es el trabajo en terapia”. En Oxígeno, su psicólogo José aparece tanto como personaje como entre los agradecimientos.
P. Solemos pensar de que de una situación así se extraen muchos aprendizajes, pero ¿de verdad se aprende algo de estar a punto de morir?
R. De cualquier cosa se aprende, pero no creo que mágicamente. He aprendido sobre mi relación con la vejez, con la muerte y el paso del tiempo. Estoy más tranquila con todo. Incluso con mi relación con el cuerpo. Tengo una conciencia más plena de que esto se acaba, algo que todos sabemos racionalmente, pero que no es lo mismo que tenerlo integrado en el cuerpo.
Jiménez Serrano acababa de mudarse a La Latina cuando ocurrió el accidente. (Jairo Vargas)
P. Se ha hablado mucho del retorno de la religión a propósito del disco de Rosalía, pero no tanto de lo mucho que habla de la muerte. Ocurre lo mismo enOxígeno. Sois personas jóvenes, de la misma generación, escribiendola muerte. A lo mejor no es que vuelva la religión, sino que volvemos a pensar en la muerte.
R. Hay un gran vacío de sentido porque ya no tenemos la religión. El ser humano tiene una dimensión espiritual y cultural por la que intenta dar sentido a las cosas. El libro también habla de cómo el mismo proceso de narrar intenta darle una estructura a la vida cuando en sí no la tiene. Estamos en un momento de la posmodernidad en el que hay un vacío muy grande de sentido, no hay una religión a que aferrarse, no hay líderes políticos muy claros y firmes.
Además, vivimos en una sociedad muy obsesionada con la felicidad y la juventud. Vivimos de espaldas a la muerte. Mi abuela se relacionaba con la muerte rezando el rosario, pero ¿y nosotros? Hay algo generacional en que no es un tema del que se pueda hablar, pero no podemos estar todo el rato con el brillo, la felicidad y la juventud. La muerte es parte de las reglas del juego y la estamos ignorando por encima de nuestras posibilidades.
"El 'carpe diem' me parece cada vez más horrible"
P. Uno de sus relatos más populares, Filmín, es una tierna historia de amor entre dos personas mayores. Un tema casi tabú que sin embargo ha conectado con el lector porque todos conocemos alguna historia así pero no suele explorarse.
R. Se supone que la vida debe tener un orden pero luego no lo tiene. Parece que nos tenemos que enamorar a los 30, pero mucha gente se enamora a los 70. Parece que la enfermedad es una cosa de la vejez, pero hay muchísima gente joven enferma. Puedes estar a punto de morir en cualquier edad o enfermo en cualquier edad o divorciarte a cualquier edad. Como digo en el libro, toda ilusión de sentido es una fantasía.
P. La vida ya no es lineal, es circular. Pero a veces esa sensación de estar volviendo una y otra vez a distintos inicios puede resultar frustrante.
R. Si se hace bien no es el mismo inicio. Hay menos cosas que nos marquen la vida de manera tan clara. Hace nada un divorcio era el final de tu vida, y si eras mujer, más. Un fracaso laboral o no poder tener un hijo marcaban mucho más que hoy. Si vamos evolucionando, esos múltiples inicios o fracasos no son el mismo. Nos pueden pasar cosas recurrentes en la vida, pero la clave es cómo las procesamos.
La piedra filosofal está en los mantelitos de colores
En Oxígeno, Jiménez Serrano utiliza un símbolo muy cotidiano, muy de casa de abuela pero también de piso amueblado por Ikea, para resumir el sentido de la vida: los mantelitos de colores. “La única lógica posible es la de vivir como si no nos fuéramos a morir nunca, o por lo menos, como si no nos fuéramos a morir un día muy, muy lejano”, escribe. “La lógica de entender todas las cosas que pueden pasar para que Dios no quiera y aun así, comprar unos mantelitos individuales de colores y colocarlos con mimo en la mesa del desayuno cada mañana. Ahí es donde hay que poner la fe, en esos mantelitos de colores”.
Jiménez Serrano saltó a la fama en 2023 con 'No todo el mundo'. (Jairo Vargas)
P. Al mismo tiempo, no vivimos pensando que podemos perder el trabajo, o que nuestra pareja nos va a dejar, o que vamos a romper con nuestra familia. Que todo lo que nos rodea es muy frágil.
R. Hay modos de olvidarnos de eso que están bien y otros que no. En el libro digo que lo del carpe diem siempre me ha parecido horrible y ahora, aún más. Hay una determinada manera de tener presente la fragilidad de la vida que consiste en montarse de manera angustiosa en el hedonismo y que me parece horrible. Es la fantasía de la última cena, la de vivir cada momento como si fuera el último. Creo que he conseguido bajarme de esa ansiedad que convierte los placeres en obligaciones. Si pensamos que cada momento tiene que ser épico porque igual es el último, estamos obligados a disfrutar todo el rato y eso aniquila cualquier posibilidad de disfrute verdadero. La conciencia de la muerte nos debería hacer parar y decir ¿qué quiero hacer?
P. Explíqueme lo de los mantelitos de colores.
R. Lo que tenemos es el día a día. Hay muchísimas cosas que no controlamos pero muchas otras que sí. Cuando nos enfocamos en lo que no controlamos estamos perdiendo energía y foco para controlar lo que sí controlamos. Hay un momento en el que tienes que responsabilizarte de tu bienestar, hacerte la vida más grata a ti mismo. Creo que el bienestar y estar a gusto contigo mismo es una responsabilidad nuestra, y que a veces tiramos balones fuera y decimos “bueno, es que hay gente muriendo en Ucrania”. Pero eso no tiene nada que ver.
P. Todos conocemos a gente infeliz que no es capaz de responsabilizarse de su propio bienestar.
R. Estoy absolutamente de acuerdo. Relacionamos la palabra “responsabilidad” con algo negativo. Pero creo que nos tenemos que encargar de nuestra propia felicidad. Creo que para satisfacer nuestros propios deseos, tenemos que ser responsables de los mismos. En muchos casos está mucho más a nuestro alcance de lo que queremos ver.
"Queremos que todo el mundo esté bien y cuanto antes, mejor"
No has muerto, pero aún no has revivido
Oxígeno también expone la dificultad que tenemos para reaccionar ante un acontecimiento de esas circunstancias, que no deja una marca visible pero sí mental. Algunos de los conocidos de Jiménez Serrano le restaron importancia al asunto. Otros no sabían qué decir, como ese amigo que responde “pues tienes que dormir” cuando la autora le confiesa que no puede hacerlo. Todos imponían su relato, el de su propia vida, y la escritora no sabía cómo expresar que “no había sido una cosa cualquiera”.
P. Parece que la vida es una cuestión de sí o no. No has muerto, no te han quedado secuelas, ya está. Pero no es tan sencillo.
R. Toleramos muy mal la tristeza ajena y queremos que todo el mundo esté ya bien muy rápido. A veces no se puede, a veces hay que pasar un duelo. También nos cuesta muchísimo más asimilar los malestares psicológicos que los físicos. Hay un momento del libro en que digo “ojalá haber tenido un brazo en cabestrillo para que la gente me hubiera preguntado qué te pasa”. Si hubiera tenido algo físico muchísimo más leve, si me hubiera torcido un tobillo y hubiera ido con muletas, todo el mundo me habría preguntado qué tal, cuánto me faltaba, etc.
P. ¿Ha sido difícil la incomprensión de su círculo más inmediato?
R. Hubo gente que estuvo ahí y escuchó, pero también noté mucho eso de “ya está, ¿no?” Que estuviéramos en pandemia quizá hacía que la gente no quisiera un drama más. También hay quien cuando se rompe una pareja o terminas en un trabajo donde has estado muchos años dice “se ha enrollado con otro, ya está bien” o “no pasa nada, ya tiene otro trabajo”, pasando por alto que quizá aún lo está asimilando. Tenemos mucha mucha ansiedad por que todo esté bien todo el rato y mucha ansiedad por arreglar. Cuando hay cosas que no se arreglan, hay cosas que se procesan, que se transitan, pero que no se arreglan.
Jiménez Serrano publicó su primera novela en 2021, justo después del accidente. (Jairo Vargas)
P. Imaginemos que salgo de la entrevista y una amiga me escribe contándome que le ha ocurrido parecido a lo que le ocurrió a usted. ¿Qué me recomendaría que hiciese?
R. Cosas que que sí hicieron muchos amigos. Sentarte con tiempo a preguntar qué tal estás. Y supongo que lo que pasa con todos los duelos. Se muere alguien y todos damos el pésame ese mismo día, pero al mes ya nadie te pregunta “oye, ¿qué tal sigues, que se murió tu padre?” Comprender que un mes o dos después se puede seguir preguntando.
P. No sabemos reaccionar.
R. Creo que eso está muy vinculado a esa necesidad de arreglar. Hay veces que solo hay que escuchar, pero no es tan sencillo como parece. Cuando alguien te da un un problema que no puedes arreglar, es como si tampoco pudieras escucharle, porque no sabes qué hacer con lo que te cuenta. Lo que tenemos que aprender es a no hacer nada. O a hacer mucho en realidad, que es estar ahí y decir “hostia, tiene que haber sido muy duro”.
Cuando tu casa no es tuya, tu vida no está en tus manos
El libro aborda el problema de la vivienda desde una perspectiva íntima y personal: el envenenamiento se produce por una concatenación de malas praxis que incluye la despreocupación de una casera que repite una y otra vez que lo que quiere es no preocuparse por nada y una administración que se desentiende de realizar determinadas diligencias. En cierta forma, Jiménez Serrano estuvo a punto de morir por la crisis de la vivienda.
"Hemos empezado a vender y comprar casas como si fuesen camisetas"
P. Hablamos de un accidente, pero no lo es. Si en lugar de negligencia por no revisar la caldera hablásemos de un conductor que supera el límite de alcoholemia, nadie habría dicho que es accidental.
R. Había un factor de dejadez o de mala praxis. Me costó una barbaridad abordar el personaje de la casera. El libro estuvo parado mucho tiempo porque pensaba “es que es demasiado mala”. El problema es que hemos empezado a alquilar y a vender casas como si fueran camisetas. Que la vivienda sea una propiedad privada no quita que sea también un derecho fundamental y que lo que estás alquilando o vendiendo a alguien es su hogar.
A mí me espeluzna bastante, con respecto al tema de las calderas, AirBnb. ¿Quién se está encargando? ¿Quién revisa ahí la caldera anualmente? La vivienda es un lugar que tiene que ser seguro, que tiene que ser cálido, habitable. Tiene que ver mucho con la despersonalización generalizada en la que vivimos. Ya no existe ese señor simpático del banco simpático que te conoce desde toda la vida. Algo parecido ocurre con los caseros.
P. En el libro recurre a la metáfora del azucarero. Escribe que nuestras abuelas veían el mismo azucarero toda su vida, y nosotros cambiamos de azucarero continuamente.
R. O directamente sacamos el azúcar de la bolsa. Mis abuelas nacieron y murieron en la misma casa. En eso la vida ha cambiado mucho. No soy fan de hablar en términos positivos o negativos. Supongo que mis abuelas también veían con sana envidia lo mucho que yo podía viajar, que pudiera aprender idiomas, que pudiera conocer a varios chicos y no me tuviera que casar a los 20. Por un lado es estimulante y por otro lado hay esa necesidad de ¿cuál es mi hogar? ¿Dónde tengo un trozo de tierra al que volver?
También colaboró en el programa de TVE 'Ovejas eléctricas'. (Jairo Vargas)
P. ¿Cuándo se da el paso de no querer azucarero a anhelar un azucarero?
R. Es la tensión entre la libertad y el compromiso. Pasa con todo, con el azucarero, con las casas, con las parejas, con los trabajos. Quiero probar muchas cosas, no quiero atarme a nada, quiero ver qué es lo que me gusta, pero llega un momento en la vida en el que quieres profundizar. Para eso es necesario el compromiso. Está bien probar, pero en el momento en que queremos profundizar en algo necesitamos decir “vamos a hacer esto durante un rato y a ver qué pasa”.
P. ¿Cómo cambia una persona en cinco años? ¿De golpe o poco a poco?
R. Poco a poco. Yo he cambiado una barbaridad. Hay tres saltos en el libro, porque está el de la escritura, y desde ahí hago a una retrospectiva a cómo empecé con Juan, que era mi pareja por aquel entonces, cuando aún no había publicado. Sentía una gran extrañeza escribiendo el libro, pensando en quién era la Marta de entonces. Cuando reconstruyo la relación de pareja, hay un momento en que digo “tú ya no bebes Sprite y yo ya no bebo cerveza. ¿Quiénes éramos?”
P. Pero ese cambio no sería posible si no hubiese acontecimientos que lo aceleran todo, como lo del monóxido. Quizá no en ese momento, pero te cambia.
R. Estoy de acuerdo, pero tiene que ver con que le demos a todo una narrativa. Hay ratos largos en los que no escribo y luego de repente escribo un montón. Cuando me pasa esto me doy cuenta de que el tiempo que había estado sin escribir fue necesario. También pasan cosas en los barbechos de la vida. Lo que pasa es que igual nosotros no éramos tan conscientes.
"Se puede morir tu padre y estar muy triste y aliviado al mismo tiempo"
P. Cuando nos vimos hace casi un par de años me dijo que estaba intentando tomarse todo con más calma. Entiendo que también tiene que ver con convertirte en una autora de éxito.
R. Tuve que aprender a colocar mi nueva vida. Vuelvo a lo de la responsabilidad y la felicidad: me encontré con que tenía la vida profesional que siempre había soñado… y con un montón de ansiedad. Entonces me dije que era mal negocio, no puede ser que tenga aquello que había deseado y que no lo esté disfrutando. Ahora estoy muy bien, muy contenta. Tampoco es buen negocio tener éxito y tirarlo por tierra.
P. Hay un cambio de paradigma respecto a nuestra concepción del éxito. Antes iba de la mano con la ambición. Llegar más lejos, ganar más. En definitiva, crecer. Tengo la sensación de que todos estamos ahora negociando hasta dónde podemos llegar para ser felices, para estar bien y ser coherentes con nosotros mismos. Podría haber escrito otro No todo el mundo pero no ha sido así.
R. Soy la primera que se aburre si escribe lo mismo. Aunque he tenido la tremendísima suerte de que mis libros han conectado con el público, yo tampoco lo he hecho de manera muy premeditada, no sé si podría repetir la fórmula.
P. ¿Sufrió una disonancia cognitiva entre convertirse enMarta Jiménez Serrano, la autora de éxito, y el trauma que estaba viviendo?
R. Es algo que también he aprendido a colocar. Entiendo que la gente solo conoce de mí la dimensión pública, y tiene sentido. Es más raro cuando me ha pasado con amigos, familiares o gente que me conoce y de repente empiezan a valorar mi vida solo en función de lo que pongo en Instagram. Me estaban pasando dos cosas a la vez, estaba procesando el trauma y estaba publicando mi primera novela y estaba muy feliz.
Quizá en ese intento de narrativa creamos un sistema binario entre las cosas buenas y las cosas malas, pero un mismo evento te puede generar emociones negativas y positivas. Se puede morir tu padre y estar muy triste y paradójicamente muy aliviado. Puedes tener una ruptura o perder a un amigo y estar terriblemente triste y en realidad saber que es lo correcto. Todo ha ocurrido a la vez: han sido unos años increíbles, pero también me estaban pasando otras cosas.
La probabilidad de morir en España a los 30 años es muy baja. No solo por cuestión de estadística, con su tímida tasa de 0,33 por cada 1.000 habitantes, sino que tampoco parece ni biográfica ni socialmente congruente. No toca morirse a los treinta. Aún menos si es un sábado por la mañana cualquiera y estás en una casa a la que acabas de mudarte con tu pareja. Es, sin embargo, lo que le ocurrió a la escritora –y antigua colaboradora de El Confidencial– Marta Jiménez Serrano (Madrid, 1990) en el noviembre del covid.