El mito del 'hombre verde', el ser cubierto de maleza que se puede ver en la catedral de León
De raíz pagana, fue una creencia muy extendida en Europa durante la Edad Media. Carlos Taranilla explica su origen en el libro "La Catedral de León", monumento que incluye varios ejemplos de 'green man'
El mito del "hombre verde" (green man) u "hombre de la primavera", de raíz pagana, que aparece inserto ya en las primeras iconografías cristianas, fue una creencia muy extendida en Europa durante la Edad Media. En la arquitectura gótica se plasmó por medio de una cabeza masculina que mira de frente desde un denso follaje o se halla cubierta de hojarasca (una máscara o cabeza foliada), cuyos tallos y ramas surgen de sus cabellos envolviendo la cabeza y brotan, al mismo tiempo o de manera indiferente, de su nariz, boca, ojos y oídos, esparciéndose en ocasiones por el rostro a modo de barba.
Existe una gran variedad de modelos, por lo que se puede decir que no hay dos hombres verdes iguales. Son raras, pero existe alguna de mujer —green woman— y, en este caso, la vegetación está relacionada con el principio de fertilidad. En la catedral de León el hombre verde aparece en el pórtico principal, al menos, en dos de las cuatro enjutas del lado izquierdo, según se mira, de la portada de San Juan. La más próxima a la entrada es una muestra característica de este personaje con la cabeza cubierta de vegetación excepto los ojos, la boca y las fosas nasales, al contrario de otras imágenes en las que es precisamente desde estos orificios donde brotan tallos y ramas. El rostro contiguo, de cierto aspecto simiesco que podría acercarlo a una interpretación de carácter diabólico por la doble simbología del mítico personaje, conserva también libre de vegetación las mismas partes de la cara. Las dos restantes, particularmente la cuarta y última, se trata de una figura abstracta a base de lacerías trenzadas cuyo significado se desconoce.
La denominación green man fue propuesta por la investigadora inglesa Julia Somerset en su artículo The Green Man in Church Architecture (El Hombre Verde en la arquitectura de la Iglesia), publicado en marzo de 1939 en el periódico Folklore Journal, donde se interesó por los tres que existen en la iglesia de San Jerónimo, Llangwm, Gales del Sur. No obstante, los puso en relación con el Jack-in-the-Green, Robin Hood, el Rey de Mayo y el Rey Garland, que es la figura central en las celebraciones del Primero de Mayo en toda Europa del Norte y Central; celebraciones que se llevan a cabo en torno a una especie de cono formado por hojas y flores, o bien a personajes disfrazados de árboles floridos. Sin embargo, la primera vez que esta fiesta tuvo lugar en las islas británicas fue en 1795, o sea, nunca existió en la Edad Media, que es cuando las cabezas foliadas hicieron furor. Aunque el green man se encuentra en buena parte de Europa, predomina en los países ribereños del Atlántico, donde la cultura celta dejó mayor huella.
Según los distintos países, se le conoce como wild man (hombre salvaje) también en Inglaterra; le feuillou, la masque feuillou (máscara frondosa) y tête de feuilles (cabeza de hojas), en Francia; y der grüne mann o blattmasque (máscara de hoja) en Alemania, naciones junto con España donde más abunda.
Sobre el libro y el autor
Como una joya de piedra y vidrio, luminosa y armónica, la Pulchra Leonina se alza desde el siglo XIII como uno de los más bellos ejemplos del gótico radiante europeo. Erigida por maestros de origen francés y próxima ya a su octavo centenario, la catedral de León deslumbra con sus chapiteles y vitrales, con la proporción perfecta de sus torres y arbotantes.
En el libro La Catedral de León (Almuzara) Carlos Taranilla recorre la historia de ese monumento desde su construcción y las reformas medievales hasta la gran restauración del XIX. Taranilla (León, 1956, licenciado en Historia del Arte por la Universidad de Oviedo (1978) y profesor jubilado de Enseñanzas Medias, ha publicado más de treinta libros, En Almuzara es autor, entre otros títulos, de Iconografía del románico, Iconografía del gótico, Iconografía del barroco, Criptografía y El santo grial, así como varios libros sobre mitos y enigmas de la historia.
El hombre verde no debe confundirse con figuras de cuerpo entero capturadas por vegetación frondosa, denominadas "salvajes", visibles en España, por ejemplo, en la portada principal de la catedral de Ávila y en la del convento gótico isabelino de San Gregorio de Valladolid, ya que en estos casos —como aclaraba el catedrático Manuel Azcárate— aluden a las fiestas cortesanas, en las que los pajes que recibían a la entrada vestían de esa manera.
Los constructores medievales incluían de forma habitual el green man como motivo decorativo en sus diseños, tal como consta en el Livre de Portraiture (Manual de Diseño) del magister itinerante Villard de Honnecourt, natural de esta localidad de la Picardía francesa, que vivió hacia 1200-1250. Se trata de un cuaderno de viajes, fechable entre 1220-1230, que se encuentra depositado en la Biblioteca Nacional de Francia en París, publicado por primera vez alrededor de 1858. En él se explican las técnicas constructivas de la época a través de 33 hojas dobles de pergamino —de las cuales han desaparecido, al menos, ocho referentes a la arquitectura—, que contenían 250 dibujos, tanto de planos de edificios, herramientas y artilugios militares como figuraciones animales y humanas, a veces inscritas en triángulos, cuadrados y círculos. Entre estas existe un diseño ornamental que incluye sendas cabezas foliadas que combinan la figura humana con motivos vegetales (tallos y hojas) que brotan de su nariz y orejas, surgen entre sus cabellos y se extienden rodeando la cabeza; hay, además, otra ilustración en la que aparece dibujado un rostro humano con su boca, nariz y ojos abiertos en el haz de una hoja de árbol.
El mito del hombre verde alude a un espíritu pagano de la naturaleza relacionado con la fertilidad de los bosques, y simboliza su regeneración cíclica —el paso del invierno a la primavera— en la confianza en una fuerza subyacente de carácter supra natural que asegura el ciclo muerte-renacimiento a partir del equinoccio de primavera, cuando la madre tierra vuelve a ser generosa con sus hijos.
Desde el punto de vista iconográfico, su presencia en la arquitectura religiosa puede interpretarse como un motivo ornamental de reminiscencia pagana desposeído de su significado mitológico, sin olvidar que la vegetación y, en concreto, las hojas de árboles como el roble (que aluden a la vida eterna) o de plantas como la vid representan el vino de la eucaristía, es decir, la sangre de Jesucristo, la victoria frente a la muerte.
Este motivo ornamental pasó del país vecino —donde existen numerosos ejemplos, particularmente en la catedral de Chartres— a Navarra (el Udaberriko Gizona) a través del Camino de Santiago de la mano de los constructores medievales que se desplazaban de manera itinerante, llegando hasta Galicia, donde se prodigó, sin duda, por influencia celta. En definitiva, un mítico personaje cargado de simbolismo que ha vertido ríos de tinta, particularmente en época medieval, y no podía faltar en la Pulchra Leonina, uno de los templos más significativos del continente.
El mito del "hombre verde" (green man) u "hombre de la primavera", de raíz pagana, que aparece inserto ya en las primeras iconografías cristianas, fue una creencia muy extendida en Europa durante la Edad Media. En la arquitectura gótica se plasmó por medio de una cabeza masculina que mira de frente desde un denso follaje o se halla cubierta de hojarasca (una máscara o cabeza foliada), cuyos tallos y ramas surgen de sus cabellos envolviendo la cabeza y brotan, al mismo tiempo o de manera indiferente, de su nariz, boca, ojos y oídos, esparciéndose en ocasiones por el rostro a modo de barba.