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Dos millones de personas seguimos las campanadas con unos frikis que se pegaron en directo
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Israel Merino

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Dos millones de personas seguimos las campanadas con unos frikis que se pegaron en directo

Las campanadas de ZonaGemelos demuestran que las televisiones han perdido la batalla frente a lo joven, lo arriesgado, lo disruptivo; o que igual han tirado voluntariamente la toalla

Foto: La Falete, concursante de 'La casa de los gemelos'. (X/@ZonaGemelos)
La Falete, concursante de 'La casa de los gemelos'. (X/@ZonaGemelos)
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Como todo lo bueno en esta vida, comenzó siendo broma. Julia y yo cenábamos solos, en su casa, y nada más acabar el especial de José Mota de La 1 empezamos a vacilar con dejar la radiotelevisión institucional fuera de la ecuación de Nochevieja y ver las campanadas por Internet, en el directo de ZonaGemelos. Al principio, lo planteamos como una burla a los tontos de la charca, que es como llamamos los acomplejados a los que no son ni modernitos ni alternativos, sin embargo, la broma fue creciendo cuál pedo de ballena hasta que a las once y media, cuando España ya cargaba sus cohetes y mecheros, la coñita se convirtió en zapping y acabó con nosotros, bien vestidos con corbatita y transparencias negras, conectando el portátil a la tele vía HDMI para ver cómo los gemelos Daniel y Carlos Ramos, los conductores del reality más extraño y exitoso de Internet, cortaban la conexión por unos segundos porque algunas de sus estrellas de lo raro se estaban zurrando en el balcón de la Puerta del Sol: durante un instante que se me hizo eterno, pensé en mi abuela. Seguro que deducís por qué.

Si has vivido en una burbuja de desconexión digital los últimos meses – no sabes lo que te envidio – o tienes más de treinta y cinco años – igual ya no tanto –, es probable que no sepas quiénes son los de ZonaGemelos ni qué pepinos es eso de la casa que se han montado, pero tranquilo que te lo explico rápido: es la mayor bizarrada, en el sentido francés de la palabra, que podrías imaginarte en un colocón de LSD; es como si pincharan valvulina en el culo de los concursantes de Gran Hermano y los pusieran a pelear en una plaza de toros de pueblo por medio gramo de cocaína.

Por resumir mucho, La Casa de los Gemelos es un programa que imita los viejos formatos de la telerrealidad que se inventó Berlusconi, como La Casa Fuerte o el citado Gran Hermano, al encerrar a un grupo de chavales en un chaletazo de Madrid Sur para que hagan sus cositas ante la atenta mirada de un circuito cerrado de cámaras.

Lo que diferencia a los gemelos de la tradicional televisión lineal es que son como la tradicional televisión lineal si no tuviera la más mínima moral, sentido del ridículo o necesidad de guardar una reputación; es decir, son como la tradicional televisión lineal de los años noventa.

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En la casa, juntan a personas con evidentísima neurodiversidad o problemas cognitivos, violentos personajes de TikTok que rezuman odio y sujetos raros, en el más amplio sentido de la palabra, para que interactúen entre ellos y generen todo tipo de circos y escenas dantescas para gusto de los espectadores; es, volviendo a las analogías noventosas, como si hubieran pillado a los frikis de Crónicas Marcianas y hubiesen hecho un Gran Hermano con ellos – por ejemplo, hace un par de días, una de las estrellas del formato, la Falete, incendió un colchón argumentando que tenía frío y se puso a bailar una danza india alrededor; después, cuando entraron los de seguridad para apagar el fuego, les quitó los extintores y los vació por la casa, provocando una divertidísima intoxicación general –.

El exitazo del programa es indiscutible, pero ha levantado críticas asustadizas entre los viejos directivos de televisión, que alertan a los millones de chavales que se encuentran entre su público, de que lo que están consumiendo es inmoral e irresponsable; yo mismo, que no lo veo activamente, aunque sí me eche unas risas con las recopilaciones y vídeos que me cruzo en Instagram, tengo mis dudas éticas sobre el programita – ya sé que son personas con evidentes carencias cognitivas haciendo el ridículo para gusto de la masa chabacana, ¿pero no sería capacitista pensar que no tienen el mismo derecho que yo a ganarse la vida como les venga la real gana, también forzando o actuando un personaje, mientras no dañen a los demás? –. Sin embargo, lo que no tolero es que las televisiones que emitieron Esta noche cruzamos el Mississippi y Crónicas Marcianas, o enterraron en frames el abuso sexual a Carlota Prado, vengan ahora a repartir carnets del Ilustre Colegio de la Ética Mediática. No cuela.

Las cadenas que juegan a la telerrealidad han visto su tostada comida por dos influencers de Getafe con aún menos escrúpulos que sus ejecutivos, y ya es decir, que, a diferencia de la televisión tradicional, sí se han atrevido a arriesgar – son ellos los que creen en la libre competencia, a mí no me miréis – y han llevado hasta sus máximas consecuencias un formato que permite emitir barbaridades mientras la dirección se lava las manos.

El exitazo del programa es indiscutible, pero ha levantado críticas asustadizas entre los viejos directivos de televisión

De hecho, creo que la respuesta de algunos medios tradicionales a este programa de Internet ha sido pasivo agresiva y mentirosa, porque lo que no cuentan es que ellos ya no quieren competir para atraer al público objetivo de ZonaGemelos, que son las nuevas generaciones, y lo que buscan es que este programa no exista, quizá porque despierta viejos fantasmas del pasado. Cualquiera que haga zapping por la tele lineal verá que casi todas las cadenas han tirado la toalla con el público joven y se niegan a competir contra Youtube, TikTok o las plataformas, emitiendo en bucle formatos que solo apelan al público más adulto y consagrado: creo que parte de la culpa de la existencia de ZonaGemelos la tienen las grandes cadenas que han dejado huérfanas televisivamente a dos generaciones de jóvenes, quienes van a buscar contenido para ellos en otras latitudes y aceptan cualquier bazofia.

Ahora, con los datos de audiencia sobre la mesa, sabemos que las campanadas de los gemelos han barrido a algunos medios tradicionales con sus más de dos millones de conexiones simultáneas. No sé qué significará, pero alguna lectura tendremos que hacerle a que varios millones de jóvenes prefieren – prefiramos – ver a unos frikis zurrándose en Nochevieja antes que a Estopa y Chenoa en la televisión que nosotros mismos financiamos.

Como todo lo bueno en esta vida, comenzó siendo broma. Julia y yo cenábamos solos, en su casa, y nada más acabar el especial de José Mota de La 1 empezamos a vacilar con dejar la radiotelevisión institucional fuera de la ecuación de Nochevieja y ver las campanadas por Internet, en el directo de ZonaGemelos. Al principio, lo planteamos como una burla a los tontos de la charca, que es como llamamos los acomplejados a los que no son ni modernitos ni alternativos, sin embargo, la broma fue creciendo cuál pedo de ballena hasta que a las once y media, cuando España ya cargaba sus cohetes y mecheros, la coñita se convirtió en zapping y acabó con nosotros, bien vestidos con corbatita y transparencias negras, conectando el portátil a la tele vía HDMI para ver cómo los gemelos Daniel y Carlos Ramos, los conductores del reality más extraño y exitoso de Internet, cortaban la conexión por unos segundos porque algunas de sus estrellas de lo raro se estaban zurrando en el balcón de la Puerta del Sol: durante un instante que se me hizo eterno, pensé en mi abuela. Seguro que deducís por qué.

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