El caso de siete obras de arte, entre ellas, un Picasso, robadas de un museo de Róterdam en 2012, llega al cine. Así se sigue la huella de expolios, reventas y peritaje
Rotterdam (Holanda) durante el robo. (EFE/Policía Holandesa)
Dos minutos. Lo que se tarda en atar unos zapatos. Ese fue el tiempo que necesitaron tres ladrones para llevarse, en bolsas de plástico, siete conocidas pinturas, valoradas en 18 millones de euros, del Museo de Arte Kunsthal en Rotterdam, en los Países Bajos. En el suculento botín se encontraban Cabeza de Arlequín de Picasso y obras de Claude Monet, Henri Matisse y Paul Gauguin. Trece años después, los cuadros no han aparecido.
El llamado robo del siglo –al menos hasta el del Louvre, y queda mucho siglo— se produjo pasadas las tres de la madrugada del 15 de octubre de 2012, como registraron las imágenes de las cámaras de seguridad del Kunsthal, en las que aparecían dos hombres con capucha sacando de manera torpe unas voluminosas bolsas por la puerta trasera del museo. Fuera esperaba un compinche en un coche. El caso ha inspirado la película Traffic (Jafull Secolului, en rumano), una coproducción entre Rumanía, Bélgica y Países Bajos, dirigida por la directora belga-rumana Teodora Ana Mihai con guion del cineasta rumano Cristian Mungiu –director de la aclamada 4 meses, 3 semanas, 2 días— y que fue la seleccionada por Rumanía para los Óscar, aunque se ha quedado en el camino.
La película del ‘Robo del siglo’ se estrenó en septiembre de 2025, en un año en el que ha habido varios robos de obras de arte espectaculares. Además del caso del Louvre, en noviembre, en enero, varias piezas arqueológicas de la exposición Dacia fueron robadas del Museo Drents, en Assen, Países Bajos. Entre ellas, el casco Coşofeneşti (c. 450 a. C.) que pertenecía al Museo Nacional de Historia de Rumanía. Los ladrones entraron al museo forzando la puerta con explosivos. ¿Cómo se sigue la pista de una obra robada? ¿Cómo se comprueba su veracidad? Y ¿Qué mercados tiene?
La huella de expolios, reventas y peritaje
“Cuando se roban pinturas de una colección o de un museo, que están en un catálogo publicado, son obras casi imposibles de vender”, afirma tajante la historiadora del arte Malina Contu, especialista en arte europeo del Museo Nacional de Arte de Rumania. “Esos ladrones realmente no sabían lo que hacían”, continúa Contu, en referencia a los ladrones de Kunsthal, que han inspirado la película. “Lo único que podían hacer con ellas era guardarlas en un lugar fuera de la vista del público, porque si alguien las ve, puede reconocerlas”, apunta.
Un visitante observa varias obras expuestas en el museo Kunsthal de Rotterdam, el miércoles 17 de octubre de 2012. (EFE/Robin Utrecht)
Las imágenes de las cámaras de seguridad fueron clave para identificar a los sospechosos. En enero de 2013, fueron detenidos como sospechosos tres ciudadanos rumanosque vivían en los Países Bajos: Radu Dogaru, considerado el cabecilla del golpe, y dos compinches, Eugen Darie y Alexandru Bitu. La madre del líder, Olga Dogaru, también fue procesada, después de que dijera a los investigadores que había quemado las pinturas en la estufa para proteger a su hijo, unas palabras de las que después se retractó. Los peritos del Museo Nacional rumano determinaron que no había pruebas de que el cuadro hubiera sido destruido; su confesión fue considerada dudosa. Hasta hoy no se ha confirmado su paradero (atención, spoiler).
El paradero de los cuadros robado
Si la versión de la madre de uno de los sospechosos en el caso del Kunsthal es cierta –como sugiere la película—, la conocida cabeza del arlequín de Picasso y las otras seis obras de Monet, Matisse y Gauguin, habrían sido destruidas. En concreto, se habrían consumido entre la leña y ceniza de una estufa, en una gélida habitación de un pueblo rumano de unos 2.000 habitantes, llamado Carcaliu, en el distrito de Tulcea, después de que Radu, uno de los supuestos ladrones, la trajera a la casa. Aunque también podría ser una artimaña de la progenitora para proteger a su hijo. Trece años después continúa el enigma.
Alexandru Bitu y Mihai Darie, dos de los acusados por el robo de las siete pinturas en 2013. (Reuters/Bogdan Cristel)
Los ladrones habrían intentado vender los cuadros en Rumanía antes de ser descubiertos. ¿Cómo se determina si un cuadro es real? Desde una sala del Museo Nacional de Rumanía, en Bucarest, Contu explica que, hasta este museo, “la Policía trae, cada cierto tiempo, pinturas encontradas en diferentes lugares, para que las examinemos”. Dice que fue el caso de un Salvator Rosa del siglo XVII, robado del Museo de la Iglesia de Oxford, cerca de Londres, que apareció el año pasado, tras cuatro años desaparecido.
En primer lugar, es un restaurador quien ve las pinturas, porque conocen no solo la imagen “sino de la materialidad de la pintura”, lo que es clave para averiguar si es una falsificación. “Pedimos a un restaurador que examine el lienzo y los pigmentos, porque cuando un restaurador trabaja restaurando una pintura, conoce a la perfección todas las capas y cómo trabaja un pintor”, puntualiza.
“Hay partes repintadas, partes repintadas de forma diferente, y con solo algunos puntos del color original, pueden reconocer qué fue repintado, qué es original, los restauradores tienen muy buena vista en este caso”. Y, entonces, buscan en un catálogo razonado del artista. Dice que puede que sea posible reproducir la firma de una obra de arte, pero no es posible reproducirlo todo con exactitud: “El lienzo, las dimensiones, los colores, hay muchísimos elementos, y quienes se especializan en las obras de un pintor pueden reconocerlo”.
“Hay partes repintadas de forma diferente, y con solo algunos puntos del color original, pueden reconocer qué fue repintado, qué es original"
Contu pone el ejemplo de un Picasso, del que los estudios del artista conocen cada aspecto de su obra; si existe una serie de pinturas de la misma; si existen bocetos o retomó el tema después de un tiempo y lo pintó de forma diferente. “Y todos esos detalles, si eres un especialista, los conoces”.
La App de Interpol para rastrear obras
Además, actualmente, la Organización Internacional de Policía Criminal (INTERPOL) cuenta con un registro de los casos en una base de datos, que cuenta con una aplicación pública para móviles que permite identificar las pinturas y obras de arte robadas de yacimientos arqueológicos o museos.
Interpol tiene una aplicación para móviles que permite identificar las pinturas y obras de arte robadas de yacimientos arqueológicos o museos
Las obras, que se exponían por primera vez al público con motivo del 20 aniversario del Kunsthal, pertenecían a una colección particular de la Fundación Triton, propiedad del matrimonio holandés Willem y Marijke Cordia, coleccionistas de arte. El director del museo Kunsthal, Wim van Krimpen, dijo entonces a la prensa que eran obras tan conocidas que sería muy poco probable revenderlas.
Los lienzos sustraídos en el Museo Kunsthal y que nunca aparecieron son: Cabeza de Arlequín (1971) de Pablo Picasso; La lectora en blanco y amarillo (1919) de Henri Matisse, El puente Waterloo, Londres (1901) y El puente de Charing Cross, Londres (1901) de Claude Monet; Mujer frente a una ventana abierta, conocida como La Novia (1888) de Paul Gauguin; Autorretrato (1889-1891) de Meyer de Haan; y Mujer con los ojos cerrados (2002) de Lucian Freud.
“Robar o destruir arte es muy injusto”, continúa Contu, que lamenta que “deberían ser una herencia de todos y no para disfrute individual”. Dice que es un patrimonio cultural que puede llevar mucho tiempo recuperar, “si se recupera”.
Una experta forense analiza las muestras de ceniza de las obras de arte robadas en octubre de 2012. (EFE/Robert Ghement)
La historiadora de Arte rumana pone el ejemplo del largo camino para seguir la pista e intentar recuperar los cuadros del Greco que en su día hubo en Rumanía. Se refiere a un caso que ha generado un gran revuelo en el país balcánico este año y ha sido la disputa legal sobre la propiedad de la pintura de “San Sebastián” del Greco (1610-1614) que perteneció a la antigua colección de la Corona Real de Rumanía y que fue sacada del país junto a otras valiosas pinturas cuando cayó la monarquía.
En febrero, la casa de subastas Christie’s de Nueva York tuvo que retirar de la venta un Greco a petición del gobierno rumano que lo reclama como parte de su colección nacional. Contu explica que la obra llegó a Rumanía, a manos del rey Carol I, a finales del siglo XIX, que adquirió las pinturas, entre ellas, nueve cuadros de El Greco, en tres lotes en 1879, 1886 y 1889. Más tarde, Carlo I encargó a su bibliotecario, Leo Bachelin, que elaborara un catálogo y, “cuando el Rey falleció, en 1914, legó esta colección, según el catálogo correspondiente, al Estado rumano, representado en aquel momento por la institución de la Corona de Rumanía”, puntualiza la historiadora.
Durante la Segunda Guerra Mundial, Rumanía, inicialmente bajo una dictadura fascista, se alió con la Alemania nazi y después, depuso al rey y pasó a formar parte del bloque comunista. El rey Mikael I, sobrino nieto de Carol I, tuvo que abdicar, y huyó del país con varias obras de arte en 1947. "Los cuadros pertenecían al Estado rumano desde 1914, a voluntad de Carol I, pero estaban en el Castillo de Peles", puntualiza la historiadora. El gobierno rumano sostiene que el Rey Mikael I lo sacó del país de manera ilegal, puesto que pertenecía a la colección nacional.
En junio, el ministro de Finanzas rumano, Tanczos Barna, anunció que habían conseguido suspender la licitación prevista en Christie's y el país estaba haciendo esfuerzos para recuperar la obra. Pero eso da para otra película.
Dos minutos. Lo que se tarda en atar unos zapatos. Ese fue el tiempo que necesitaron tres ladrones para llevarse, en bolsas de plástico, siete conocidas pinturas, valoradas en 18 millones de euros, del Museo de Arte Kunsthal en Rotterdam, en los Países Bajos. En el suculento botín se encontraban Cabeza de Arlequín de Picasso y obras de Claude Monet, Henri Matisse y Paul Gauguin. Trece años después, los cuadros no han aparecido.