Loquillo: "Cuando llegas a esta edad tienes que quitarte de en medio a todas las ladillas posibles"
El músico se ha rodeado de los mejores, no solo en su carrera, sino en la vida. Muestra de ello es el disco 'Corazones legendarios', con Andrés Calamaro, Leiva y Rubén Pozo, Coque Malla, Enrique Bunbury o hasta Raphael
La presencia de Loquillo (Barcelona, 1960) cuando entra en una sala es tan innegable como impecable. De hecho, está sin estar, cuando a lo lejos se oyen sus pasos. En el umbral de los 65, el Loco habla desde un lugar distinto: el del artista que ha sobrevivido a su época, a la industria y a sí mismo. Se sabe importante, porque lo es, y bajo su americana de color negro late un corazón legendario al que los años han puesto en hora. Como el poema de Luis Alberto de Cuenca, piensa en los viejos amigos que, “en el fondo del mar de la memoria, me ofrecieron un día la extraña sensación de no sentirme solo y la complicidad de una franca sonrisa”. Feo, fuerte y formal, como John Wayne, Loquillo se ha rodeado de los mejores, no solo en su carrera, sino en la vida. Buena muestra de ello es el disco Corazones legendarios, con Andrés Calamaro, Leiva y Rubén Pozo, Coque Malla, Enrique Bunbury o hasta el mismísimo Raphael, a quien un día dijo que había inventado el old school. Cuatro generaciones le contemplan, al Loco, a Raphael y a Johnny Hallyday, y en primera fila los nietos de los abuelos de Godzilla. “Me alegra que me hagas esa pregunta”, reiterará el protagonista en la siguiente entrevista.
PREGUNTA. Cuando el corazón deja de tener miedo, como dice Walt Kowalski (Clint Eastwood) en 'Gran Torino', ¿es cuando empieza a latir de verdad?
RESPUESTA. Este es un negocio de piel. Creo que los tiempos que estamos viviendo son así, todo se tambalea. Vivimos un momento en el que no se ve la salida y en el que el rock tiene que hacerse muchas preguntas. Entonces, no sé hacia dónde va a ir todo. No me había encontrado en un momento así nunca desde que empecé en esto. Por un lado, el rock como estética está más presente que nunca: desde el mundo de los cantautores que pretenden ser rock, hasta los cantantes melódicos que pretenden ser rock, y muchos grupos de pop que se visten de rock. Hay incluso verdaderos campeonatos de ver quién se tatúa más rápido en menos tiempo. Y después hay algo que me hace mucha gracia, que es el copyright que debería tener Leiva por todos los que han salido imitando absolutamente su estética y su voz. Por otro lado, hemos recibido dos golpes muy duros, que han sido las muertes de Jorge Ilegales y Robe. En el caso de Jorge, era amigo y protector, y eso nos lleva a un callejón extraño, porque así como la estética rock está presente, la actitud es otra cosa. Creo que hay unas edades en las que uno tiene que destrozar hoteles, ponerse hasta arriba, crear conflictos, liarla muy gorda.
P. Y esto no está ocurriendo...
R. No digo que tenga que hacerse, pero es una fase. Quizás eso ya no pasa como antes. Quizás la verdadera actitud rock está aquí, y eso no nos va a faltar. También pienso en todos los medios de comunicación que se han hecho eco de la muerte de Jorge y de Robe y que jamás en la puta vida los habían sacado. No nos olvidemos que estamos hablando de artistas que no suenan en las emisoras de radio. Y luego están los artistas políticamente incorrectos y los artistas individuales, que es lo que debe ser un artista de rock: individual, mantener su actitud, su forma y su manera hasta el final. Los dos, Jorge y Robe, han sido un ejemplo de todo eso. Pero te encuentras con que hay una onda de rock fake que nos pretenden colocar. Se pasan el día diciendo que el rock ha muerto, pero estéticamente no. Quizás la actitud rock está más cerca de los raperos que no de los grupos de rock, cuidado.
"Pienso en los medios de comunicación que se han hecho eco de la muerte de Jorge y de Robe y que jamás en la puta vida los habían sacado"
P. ¿Estamos ante un momento que nos va a llevar a alguna parte? ¿Un momento distinto?
R. A lo mejor sí. Por eso digo que no había visto yo un momento tan potente como el que se está viviendo ahora. Estoy hablando de lo que está pasando en nuestro país, no fuera. Y la verdad, estoy sorprendido. No me parece que sea malo lo que está ocurriendo.
P. El otro día, con la muerte de Robe, las izquierdas decían que la derecha se estaba apropiando de él...
R. ¿Sabes la frase que yo dije hace años? Que la mayor aspiración de un político es convertirse en estrella de rock. La apropiación del estrellato de rock, de creerte una estrella de rock, no solamente les ha pasado a los cantautores, a los cantantes melódicos, le ha pasado a la clase política. No nos miréis a nosotros como estrellas de rock, miradlos a ellos, porque es lo que quieren. Entonces, ¿estoy de acuerdo con la apropiación que ha habido de creerse que uno forma parte de una ideología política o de un partido determinado? O sea, ¿perdón? De la misma manera que las drogas o esos excesos son sarampiones que hay que pasar, los artistas de rock, en un momento determinado, pasan el sarampión político o de causas, hasta que se dan cuenta que les están tomando el pelo o les están utilizando. A todos nos ha pasado en algún momento, o lo hemos sufrido o nos han metido en medio. En el caso de Jorge, es maravilloso porque desde el minuto uno planteó su forma de actuar y de ser, y es muy difícil que alguien se apropie de Jorge, ¿no? Pero en el caso de Robe lo he leído como tú y me ha indignado como a ti.
P. Esta mañana he leído unas declaraciones de Víctor Manuel: “El arte no es neutral, destila ideología. Jorge Ilegal decía que si eres honesto tienes que estar peleado con alguien”.
R. Un artista y un creador tiene que ser fiel y leal a sí mismo. Es una actitud individual, no colectiva. No nos olvidemos. Un artista crea solo. Es como en el baloncesto, que es un deporte individual que se juega en equipo. Y una banda de rock es un grupo de personas individuales que conjuntamente crean. Pero decir que hay que ponerse de un lado... ¿Qué tengo, cara de gilipollas? Sé lo que ocurre y sé la manipulación que hay. Ya tuve bastante con Los Verdes de José María Mendiluce y de Daniel Cohn-Bendit. Para mí fue una decepción absoluta. Se acabó, nunca más. Creo en la postura de Jorge Ilegal, por supuesto.
P. Loco, de haber muerto, ¿los medios hubieran hablado más y mejor de ti?
R. Tengo las cosas muy atadas, con perdón de la expresión, en el sentido de que tengo quiénes le darían la vuelta a todo eso, porque uno tiene que prepararse; la muerte forma parte de la vida, y en el rock hay mucha gente que todavía no se ha dado cuenta que hay una cosa que pasa, que es que te mueres. Mueren nuestros padres, mueren nuestros amigos... Yo estoy en una edad en que puedo morir en cualquier momento. Uno tiene que tenerlo muy claro, pero también tiene que tener muy claro cuál es el legado. De hecho, Corazones legendarios es un legado. Lo que estoy haciendo es expandir todo mi repertorio a todo el mundo y que forme parte del imaginario –que ya lo es– de artistas diferentes que dan su propia versión. El final del disco, que es el tema de J (Los Planetas), surge porque Jaime Stinus estaba trabajando con él en el tema de Iván Zulueta, y le dije: “¿Estás con J? Dile si quiere hacer una versión de alguno de los temas”. J ya me había dicho que de crío escuchaba El ritmo de garaje, pero le dije que podía coger la canción que quisiera. Entonces se pusieron e hicieron el tema, que es el único que no toca la banda, La 101. Va a haber un segundo disco donde las bandas van a hacer versiones mías y yo voy a cantar con ellos. O sea, él me dio el pie para la continuidad.
P. ¿Por qué no está Jaime Urrutia?
R. Se le buscó, se le llamó y no dio señales. Es algo que nos hubiera encantado a mí, a Andrés [Calamaro] y a Enrique [Bunbury]. Creo que ellos dos también estuvieron buscándolo. Supongo que por su situación personal o... no lo sé. Pero se le llamó. Nuestra intención era cantar juntos.
"[A Jaime Urrutia] se le buscó, se le llamó y no dio señales. Es algo que nos hubiera encantado a mí, a Andrés [Calamaro] y a Enrique [Bunbury]"
P. Sin embargo, al acabar los conciertos de la gira suena El calor del amor en un bar, de Gabinete Caligari.
R. Sí. Es un homenaje a Gabinete Caligari, que para mí es la mejor banda española que ha habido. Quizás no musicalmente, en el sentido de grandes shows, pero tienen letras definitivas y Jaime Urrutia es el mejor compositor de largo. Es el que más me emociona. Cuando llego a Madrid, la ciudad me suena a Gabinete Caligari. Ellos tuvieron un problema, que es el mismo problema que tengo yo: son altivos, son arrogantes... No son chupaculos, no son los que quieren quedar bien con la prensa, no quieren quedar bien con la política. Jaime Urrutia vive de letras que son de la calle, no de la Sorbona de París. A los críticos musicales les encanta que los artistas tengan un halo intelectual, porque ellos, como se creen muy listos, pues así se acercan. Estoy hablando de lo que ocurría en los 80, que quede claro. Y Gabinete tuvo esa mala fama por ese motivo, pero a mí es lo que más me gustaba de ellos. Yo estaba en el concierto de Rock Ola en que salieron provocando, diciendo: “Somos Gabinete Caligari y somos fascistas”. No los conocía, pero a partir de ese momento pensé: “Quiero ser amigo de este tío”. Fue una provocación salvaje propia de una banda de punk. La transgresión y la provocación forman parte de la identidad de cualquiera que esté en el rock.
P. En el disco 'Compañeros de viaje' estaban Jaime Urrutia, Ramoncín o Carlos Segarra, entre otros. Estos dos últimos aparecen en 'Corazones legendarios'. Cuentas que para ese concierto la prensa musical barcelonesa se os echó encima. Además, no sonabais en la radio.
R. Sí, porque ponían a parir a todos esos artistas. Era una época en que se despreciaba a los artistas que habían abierto y habían tirado las murallas. O sea, sin Burning, sin Ramoncín, ¿dónde estaríamos? ¿A nadie le cambió la vida cuando vio por primera vez a Ramoncín con el rombo pintado en la cara en el programa de Isabel Tenaille y Mercedes Milá (Dos por dos)? Eso abrió las puertas. No se había oído una letra así, como la de Marica de terciopelo, en la televisión. Nunca. En aquella época no se respetaba una mierda. Pero te diré más: la forma de trabajar que yo utilicé en Compañeros de viaje es la misma que utilicé en El ritmo del garaje y la que he utilizado en Corazones legendarios, siempre alrededor a los mejores. Lo hice en la etapa más alta de lo que se llamó después La movida, con Alaska, con Santiago Ulises Montero, con toda una formación de artistas que en aquel momento me ayudaron a entrar en aquel vértigo que fue Madrid. Entonces, yo en Compañeros de viaje lo que hice fue agradecer a unos artistas que me ayudaron a meterme en este lío. Y en Corazones legendarios lo que hago es darle ese repertorio a todos. No ha variado mi forma de hacer las cosas. ¿Cómo te lo diría sin tirarme del rollo? Todos sabemos que Clint Eastwood ha hecho siempre la misma peli hasta que le ha salido. Bueno, pues esto es un poco coger el método Clint Eastwood e ir haciéndolo hasta que te sale.
P. También está Raphael...
R. Es el único con el que yo, habiendo compartido compañía, no había tenido dos palabras, porque cada vez que me lo cruzaba me daba mucho respeto. Había coincidido con él en sus momentos más bajos. Recuerdo haberlo visto en un programa de televisión, creo que fue en Galicia, solo en un camerino, pasar yo y decirle: “¿Necesita usted algo?”. Me respondió que no, que estaba bien. Y esa imagen... No olvidemos que Raphael ha tenido travesías por el desierto muy heavys. Todo gran artista debe tenerlas, y todo el mundo que se mete en esto debe saberlo; si no tienes una travesía por el desierto y no te levantas de ahí, es que no sirves. Son necesarias para crecer. En Diario de una tregua, le dije a Sabino Méndez: “Oye, voy a hacer una gira de teatros. ¿Por qué no aportas algo? ¿Me haces un tema tipo Gilbert Becaud en tu rollo, como tú eres?”. E hizo Voluntad de bien. Y cuando la escuché en mi voz, pensé que era para Raphael. Era una canción con tradición francesa y Raphael acababa de lanzar el disco homenaje a la música francesa (Ayer... Aún). Ahí es donde conectamos los dos. Cuando recibí el “sí”, para mí fue tan importante como cuando Johnny Hallyday quiso cantar conmigo. Son los grandes monstruos de la canción europea, incluso podríamos añadir a Adriano Celentano. Después, cuando él tuvo sus problemas de salud, alguien pensó que tenía que cerrar el disco sin su colaboración y yo me negué; sabía que se iba a recuperar y que iba a volver. ¿Y por qué? Porque conozco a los grandes.
"Cuando recibí el 'sí' de Raphael para mí fue tan importante como cuando Johnny Hallyday quiso cantar conmigo"
P. ¿Por qué 'Corazones legendarios' y no 'Corazones solitarios'?
R. Porque 'Corazones legendarios' era un título que me rondaba en la cabeza desde hacía tiempo. Cuando llegamos Sabino y yo a Madrid para grabar El ritmo del garaje sobrevolaba en el ambiente. Había sacado Lou Reed Legendary Hearts, y fue como una especie de subidón. Se me había quedado en la cabeza. También estaba la señal, mi problema del corazón, y debía tener una salida digna. Corazones legendarios me parecía un título que también tenía que ver con lo que me había ocurrido. Necesitaba quitarme un poco la presión de lo que fue la gira de Transgresiones, emocionalmente hablando. Es un desahogo. Ahora el escenario para mí es un ejercicio de vitalidad. Loquillo es el que baja del escenario, y el que está arriba es José María Sanz. En un escenario me siento libre. Es el único sitio del mundo donde se me permite ser yo. Y a la que bajo entra el personaje, porque es mi coraza para defenderme.
P. ¿Por eso necesitabas volver al rock?
R. Sí, porque me permite esa manera de mostrarme como soy con mis colegas y con la gente a la que quiero, que es algo que cuando llegas a una edad tienes que valorar. Cuando llegas a esta edad, incluso un poco antes, tienes que quitarte de en medio a todas las ladillas posibles. Toda la gente que te dé mal rollo, mala onda, que te traiga problemas, a la puta calle, y centrarte en las personas que te quieren y quieren lo mejor para ti, las que te recogen cuando estás mal. En ese sentido, yo tengo muchos ángeles de la guarda que me han sacado de situaciones muy difíciles. Yo intento devolver todo eso. Me pude despedir de Jorge de Ilegales, y al día siguiente, a las cuatro de la mañana, me llamó el manager de Robe para decirme que se nos había ido. ¡Hostia puta, a las cuatro de la mañana, tío! Están silbando las balas por encima de mi cabeza y yo me tiro al suelo. No es que acojone, es que es la vida. Quiero dar a entender que uno tiene que pensar en irse de la mejor manera posible y dejando las cosas lo mejor posible. Nadie va a superar a David Bowie, pero podemos redefinir algunas cosas.
P. Antes eras “feo, fuerte y formal”. ¿Ahora eres “el bueno, el feo y el malo”?
R. Yo creo que el bueno, sí. El feo, también. El malo... no me hace falta. Ya saben cómo soy, si no te gusta, adiós. ¿Sabes lo que quiero decir? Esto que está tan de moda últimamente, que todo el mundo es víctima de algo... En el mundo del rock, tú eres víctima de no sé qué. ¡Hostia, tío! ¡Anda y vete por ahí! Nosotros nos subíamos a un escenario de cajas de Coca-Cola. Ahora a todo el mundo le pasa algo. Yo en los últimos cinco años he tenido un problema en la garganta. Me dijeron que no iba a volver a cantar, y dije: “Pues me jodo y hasta que dure”. Punto. Después me rompí el peroné y tuvieron que operarme. Me pusieron ocho tornillos. Me recuperé con los médicos del Fútbol Club Barcelona y a hacer puñetas.
P. Y después, ¿qué te ocurre?
R. Un trastorno en el corazón, una arritmia severa. Otra vez a la lona. Pero a los cuatro días ya estaba en el escenario. ¡Y no he hecho un drama! La vida es eso y le pasa a todo el mundo. Hay mucha gente que cada día tiene una arritmia severa o le encuentran un problema en las cuerdas vocales o le dicen que tiene un tumor en el cuello. No somos mejores que los demás, somos iguales, y nos pasan cosas. Para mí han sido cinco años en los que he tenido que forjarme en medio de las enfermedades, pero no de la mía sola, sino de gente a mi alrededor que ha tenido tumores, que le han quitado medio pulmón, etcétera. Pero es que eso es la vida. Por eso digo que “malo” no me hace falta. Insisto: cuidan muy bien de mí. Y por otro lado, si no quiero ir a un sitio, no voy. Y si no quiero tratar con una persona, no la trato. No pierdo el tiempo en esas cosas. Lo que me ha sorprendido muchísimo es que toda esta gente o me respeta, o me quiere, o me tiene un aprecio que te cagas. Y yo pensaba que me odiaba todo el mundo. Me he quedado asombrado con las muestras de cariño espectaculares. Igual soy un tío cojonudo y no me he enterado. Es probable que se me haya machacado muchísimo, que se hayan dicho barbaridades sobre mí, que se hayan contado mentiras muy bestias, que se hayan hecho campañas contra mí de una manera salvaje, de la misma manera que las han sufrido Enrique Bunbury o Andrés Calamaro, campañas con mucha mala fe y mala onda. Eso hace que te creas una muralla.
P. ¿Quién defiende al Loco?
R. A mí no me defiende nadie, solo tengo a mis colegas. Cuando dices lo que piensas, cuando dices lo que crees, cuando te mantienes firme en posturas determinadas, te caen las hostias, y tienes que tener claro que te van a caer. Pero eso también te hace crear esa muralla que para los demás pareces una especie de monstruo de las galletas o de Shrek. Yo me identifico más con Godzilla, me parece un personaje muy tierno. Una vez me preguntaron: “¿A quién te gustaría ver en primera fila?”. Hombre, a uno le gustaría ver a sus padres o a los amigos que ha perdido, pero –de buen rollo– me gustaría ver a Godzilla. Espero que algún día alguien se disfrace de Godzilla y se meta en primera fila. Bueno y feo, como feo, fuerte y formal también, pero malo, nunca he sido una mala persona en absoluto. Las malas personas hay que sacarlas de tu vida. Y yo estoy en la vida de muchísima gente. Mis canciones han conseguido hacer feliz a mucha gente, en muchas generaciones. Hay una serie de artistas que empezamos a tener a cuatro generaciones delante nuestro. Eso es acojonante. Es el poder de las canciones. Y ese es el legado. Los políticos pasan, las situaciones pasan, pero las canciones perduran. ¿Quieren ustedes dedicarse al rock and roll? Háganlo. Háganse un favor a ustedes mismos y hagan un favor al resto de la humanidad. Eso sí, hagan ustedes buenas canciones o tengan grandes compositores a su lado, como he tenido yo.
P. Una de las últimas veces que Jorge y yo hablamos, le pregunté cuál sería tu epitafio. “Volveré”, me respondió. ¿Cuál sería el tuyo?
R. (Risas) ¡Qué hijo de puta que es! Yo creo que mi epitafio sería “Feo, fuerte y formal”. Es perfecto para mí. Fue el primer epitafio que tenía la tumba de John Wayne. Después lo cambiaron. Es una frase que me define perfectamente, porque en el fondo soy así. Los que me conocen lo saben. Hay valores que entran en tu vida y salen, y en un momento determinado de mi madurez ha vuelto el baloncesto con gente que en situaciones de salud terroríficas me han motivado, han estado conmigo y me han ayudado a levantarme y a creer en mí otra vez. El baloncesto ha vuelto a entrar en mi vida de una manera muy contundente y me alegro, porque los círculos se cierran. Uno en la vida tiene que cerrar los círculos, tiene que cerrar las amistades, tiene que cerrar incluso los malos rollos con las personas. Si se puede, porque a veces lo intentas y a lo mejor te das cuenta de que esa persona realmente nunca te quiso. Pero hay que procurar hacerlo. Y sobre todo hay que envejecer con actitud y madurar. Como te he dicho al principio, yo siempre me he peleado con esa actitud de ser un eterno adolescente en el mundo del rock. “Chaval, madura ya, hombre”. El artista lo que tiene que hacer es vampirizar, robar, absorber influencias y cuando ha terminado ahí, ir a otra cosa. Ese es el camino. Diviértete y, como me dijo Johnny Hallyday, “no dejes nunca de sorprenderte”. Punto.
La presencia de Loquillo (Barcelona, 1960) cuando entra en una sala es tan innegable como impecable. De hecho, está sin estar, cuando a lo lejos se oyen sus pasos. En el umbral de los 65, el Loco habla desde un lugar distinto: el del artista que ha sobrevivido a su época, a la industria y a sí mismo. Se sabe importante, porque lo es, y bajo su americana de color negro late un corazón legendario al que los años han puesto en hora. Como el poema de Luis Alberto de Cuenca, piensa en los viejos amigos que, “en el fondo del mar de la memoria, me ofrecieron un día la extraña sensación de no sentirme solo y la complicidad de una franca sonrisa”. Feo, fuerte y formal, como John Wayne, Loquillo se ha rodeado de los mejores, no solo en su carrera, sino en la vida. Buena muestra de ello es el disco Corazones legendarios, con Andrés Calamaro, Leiva y Rubén Pozo, Coque Malla, Enrique Bunbury o hasta el mismísimo Raphael, a quien un día dijo que había inventado el old school. Cuatro generaciones le contemplan, al Loco, a Raphael y a Johnny Hallyday, y en primera fila los nietos de los abuelos de Godzilla. “Me alegra que me hagas esa pregunta”, reiterará el protagonista en la siguiente entrevista.