No tienes 5 años, deja de caminar por la calle viendo vídeos en el móvil
Me molesta y me parece una falta de respeto ir por la calle mirando TikTok. No te das cuenta de lo que ocurre a tu alrededor, entorpeces el paso, tienes el cerebro frito
De pequeño era muy mal comedor, como solía decir mi madre, lo que causaba la desesperación diaria de mis progenitores. Para su suerte, descubrieron un truco que nunca falla. Me ponían alguna grabación en VHS de los dibujos animados que más me gustaban, me quedaba embobado con ellos, abría la boca, y para dentro el tenedor. A finales de los ochenta, mis padres ya descubrieron lo que las big tech han adivinado en los últimos diez años: si le pones un vídeo, la gente va a tragarse lo que sea.
Hoy, cada vez más adultos son como yo a los cinco años. Lo pienso todos los días en la calle, en el metro, en el autobús, comprando en el supermercado, incluso en el cine o en los conciertos, cuando me choco sin parar con gente incapaz de apartar la vista del móvil. Hace no tanto, quizá se trataba de alguien que no podía esperar para responder un mensaje. Pero ahora no, son personas que desde que se levantan inician un ciclo infinito de consumo de reels, esos vídeos de 30 segundos que nos están volviendo tontos, y que no se detiene hasta que llegan a su destino. O, tal vez, ni siquiera entonces.
No me gusta publicar columnas quejándome cual anciano gritándole a una nube, pero hoy lo voy a hacer. Me molesta y me parece una falta de respeto ir por la calle viendo vídeos en el móvil, sea con cascos o, peor aún, sin ellos. Esto lo hacen los jóvenes, pero también los viejos; las mujeres y los hombres; los de izquierdas y los de derechas; los inmigrantes y los patriotas; esto lo hace todo el mundo y, lo siento, es el síntoma más claro de que tienes el cerebro frito. No te das cuenta de lo que ocurre a tu alrededor, entorpeces el paso, no te importan los demás. Te estás haciendo flaco favor. No tienes ni idea de lo que ocurre a tu alrededor, no sabes cómo es la gente que te rodea, no conoces el mundo en el que vives. Eres un ignorante de tu realidad inmediata y solo conoces la que te presenta el móvil, debidamente filtrada en función de intereses que no son los tuyos.
En mi infancia, cuando apareció el walkman, era común escuchar en boca de los mayores que ir caminando por la calle con los cascos puestos era una falta de respeto. Es que llevan la música a tope y no se enteran de nada, es que un día los van a atropellar y encima se quejarán, es que los llamas y no te hacen caso. Hoy en día nadie se queja de que alguien mire el móvil por la calle. La diferencia es que aquel era aún un mundo analógico en el que no habían aparecido barreras en forma de dispositivos tecnológicos que nos aislaban de la realidad. El walkman, esa barrera auditiva, fue la primera de tantas.
Hoy ser capaz de levantar la mirada del móvil es un síntoma de buena salud mental
No sé si puede considerarse un símbolo de estatus (aunque tal vez pronto lo sea), pero cada vez estoy más convencido de que uno de los síntomas más claros de tener una salud mental decente es ser capaz de levantar la mirada del móvil. También, evitar ese gesto instintivo en el que todos caemos cuando no sabemos qué hacer, cuando hay un silencio en una conversación o cuando nos ponemos nerviosos, que es sacar el teléfono y mirar algo. Hoy pocos son capaces de no caer en la tentación.
Mi gesto instintivo es mirar el feed de X y las stories de Instagram. El de otros, por lo que he visto de reojo en el metro, es mirar fotos antiguas, poner en marcha conversaciones de WhatsApp o tragarse lo primero que Discover les vomita. Cuando me encuentro haciendo eso, y sé exactamente cuándo ocurre —cuando estoy cansado y no estoy para pensar demasiado, cuando estoy nervioso o cuando estoy aburrido; en definitiva, cuando no estoy en mi momento más lúcido—, intento apagar la pantalla. Pero como bien saben los adictos, no es tan fácil.
Haciendo 'rawdogging'... ¿o mirando la tele? (Foro: iStock)
Porque, antes de la aparición de los smartphones, ¿cuál era ese gesto instintivo, ese tic de autómata? De vez en cuando aún me encuentro a gente mayor (bastante mayor, de hecho, por lo general de más de ochenta años) mirando al vacío, quizá porque son los únicos que se acostumbraron durante gran parte de su vida a soportar no hacer nada y que no han llegado a familiarizarse con los móviles. “¿Por qué no miras el paisaje?”, me decía mi abuelo cuando viajábamos en coche y bajaba la vista para concentrarme en un tebeo, y ahora sé a lo que se refería.
Gran parte de mi trabajo se basa en mirar a esos lugares donde la gente no mira porque no son dignos de su atención. Porque aunque nunca lo vayan a verbalizar en esos términos, la percepción que tiene hoy la mayoría es que la realidad inmediata es un lugar vacío de significado; la verdadera realidad se encuentra en su móvil. Por eso consumen contenido sin parar, porque es su principal (e incluso única) forma de entender el mundo, porque han olvidado que solo con un gesto tan sencillo como levantar la vista se pueden percibir una miríada de detalles en cada grano de arena que contiene nuestra realidad social, económica o emocional.
No mires qué hay en tu tenedor
Para los trascendentalistas estadounidenses, el alma de cada individuo era idéntica al alma del mundo y contiene lo que el mundo contiene. Pero cada vez más necesitamos filtros para percibir una realidad imposible de aprehender en estado puro, y por eso recurrimos a las reels de Instagram o TikTok, donde todo es más falso que un duro sevillano, pero son pura narrativa. Puro orden, puro sentido, medias verdades. Pero aún hay misterio y enseñanzas en los lugares donde parece no haber ningún contenido.
Mi objetivo también es reducir todos los estímulos innecesarios para apagar el ruido
A veces me sorprendo en el metro al darme cuenta de que soy la única persona que tiene la cabeza levantada, que no mira el móvil. En otras ocasiones, mi mirada se cruza con la de otros de esos contados viajeros que también han levantado la mirada. El año pasado se puso de moda el término rawdogging para referirse a esa moda (masculina) de pasar largos períodos de tiempo –generalmente, viajes de avión– sin hacer nada. Ni leer, ni escuchar música, ni ver películas. Simplemente mantener la vista perdida.
Aunque tenía bastante de tontería pseudoestoica, lo del rawdogging tenía su punto. Yo también hago un poco rawdogging, cuando viajo en transporte público y el único estímulo que recibo es el de la música que escucho (que ya es bastante). Es la única forma posible de desintoxicarse de la avalancha continua de estímulos que recibimos y de volver a establecer una relación sana con el mundo. David Lynch contaba que se inspiraba sentándose en una silla y dejando su mente vagar. Es decir, no sobreestimulado, sino reduciendo al mínimo la cantidad de inputs, dejando a la mente trabajar.
Mi objetivo también es reducir todos los estímulos innecesarios para apagar el ruido. Porque si no terminaré siendo como era a los cinco años, un niño absorto en las imágenes que no se da cuenta de que alguien (que ya no son mis padres, sino alguien que me quiere bastante menos) me está metiendo algo en la boca sin darme cuenta. Solo parándonos podemos darnos cuenta de qué hay en la punta de nuestros tenedores, como escribía William Burroughs en El almuerzo desnudo, y quizá no nos guste. Así que levante la vista del móvil ahora mismo y mire a su alrededor.
De pequeño era muy mal comedor, como solía decir mi madre, lo que causaba la desesperación diaria de mis progenitores. Para su suerte, descubrieron un truco que nunca falla. Me ponían alguna grabación en VHS de los dibujos animados que más me gustaban, me quedaba embobado con ellos, abría la boca, y para dentro el tenedor. A finales de los ochenta, mis padres ya descubrieron lo que las big tech han adivinado en los últimos diez años: si le pones un vídeo, la gente va a tragarse lo que sea.
Se busca pueblo que quiera cine para salvar el desierto de pantallas Lola García-Ajofrín. BucarestDatos: Ana Somavilla Lena Kyriakidi (EFSYN. Grecia)Federico Caruso (OBCT. Italia)Marta Abbà (Italia)Ștefania Gheorghe (Hotnews. Rumanía)Petr Jedlička (Denik Referendum. República Checa)Maria Delaney (The Journal Investigates. Irlanda)Francesca Barca (Voxeurope. París)