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Cuando los nazis bebían champán en París (y Coco Chanel era amante de un oficial alemán)
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Cuando los nazis bebían champán en París (y Coco Chanel era amante de un oficial alemán)

Philippe Collin reconstruye en 'El barman del Ritz' la vida de Frank Meier, quien desde la barra del bar de ese hotel sirvió sus cócteles durante la ocupación francesa tanto a jerarcas de la Gestapo y las SS como a la diseñadora

Foto: Frank Meier, barman del Ritz durante 20 años, preparando un cóctel.
Frank Meier, barman del Ritz durante 20 años, preparando un cóctel.
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El 14 de junio de 1940 los nazis entraron en París. A partir de ese momento se impuso un estricto toque de queda (de las 21.00 a las 5.00 horas estaba prohibido salir a la calle, excepto para los soldados alemanes) y se decretó un severo racionamiento de alimentos.

Empezaron a escasear los artículos de primera necesidad, mientras se multiplicaban los controles a la población y las redadas. Los parisinos pasaban hambre, frío, miedo… Por no hablar de los miles y miles de judíos -más de 77.000 en toda Francia- que fueron deportados a campos de concentración y asesinados en ellos. Los miembros de la resistencia eran perseguidos y a los que se les apresaba se les sometía a terribles torturas.

Pero en pleno corazón de París, en el número 15 de la Plaza Vendôme, la vida discurría de manera muy distinta, entre champán, risas, cenas y fiesta. Allí se encontraba el hotel Ritz, el más lujoso de París, donde se hospedaban numerosos jerarcas nazis y donde se alojaban Göring y Goebbels cuando visitaban la capital francesa. En el bar del Ritz no faltaban nunca la diversión ni los cócteles, de los que daban buena cuenta los mandos de la Gestapo, las SS y la Wehrmacht, los colaboracionistas franceses que por allí pululaban, los hombres de negocios sin escrúpulos que se dejaban caer por esa especie de club social de los nazis, los aduladores, los artistas, los espías, los partisanos a la caza de información….

Frank Meier, el mejor barman del mundo, era el hombre al frente del bar del Ritz. Llevaba años sirviendo copas a intelectuales, diseñadores, pintores y miembros de la burguesía francesa, sus célebres combinados serían degustados por personajes como Ernest Hemingway, Scott Fitzgerald, Coco Chanel, Mistinguett, Sacha Guitry, Jean Cocteau o Arletty. Y cuando los nazis tomaron París, Meier se adaptó a la nueva situación.

placeholder Cubierta de 'El barman del Ritz', de Philippe Collin.
Cubierta de 'El barman del Ritz', de Philippe Collin.

De eso va El barman del Ritz (Galaxia Gutenberg), de Philippe Collin, una novela que en Francia ha sido un absoluto bestseller con cerca de un millón de ejemplares vendidos. Fruto de cuatro años de investigación, el libro recrea con virtuosismo y precisión histórica una época y la enigmática figura de Meier, un austríaco que hizo enormes sacrificios para crear el bar de sus sueños y que en 1940, cuando a los 56 años se encontraba en la cúspide de su éxito, vio cómo los nazis ocupaban París y se instalaban en el Ritz.

“Meier había trabajado muy duro toda su vida para crear ese bar, un lugar que era mucho más que un bar: era una visión del mundo, un espacio cosmopolita en el que se daban cita intelectuales y dandis. Durante 20 años Meier dedicó todos sus esfuerzos a crear ese bar. Y, de repente, llegaron los nazis. Decidió quedarse y ser, por tanto, transigente. Al principio no le fue mal: los alemanes eran más o menos corteses, la clientela francesa volvió, los artistas regresaron. Meier se movía en un terreno ambiguo: era en cierta manera colaboracionista, se aprovechó de la guerra. Pero a medida que la situación se vuelve cada vez más insoportable, Meier lleva a cabo actos de resistencia”, nos cuenta Philippe Collin, quien acaba de pasar por Madrid para presentar su libro. “Cuando empecé este proyecto, me pregunté a mí mismo qué habría yo hecho en su lugar. Frank era un tipo normal, un barman que tuvo un éxito increíble, y que no fue ni un pronazi, un colaborador puro, ni un opositor puro. Pero todos somos un poco ambiguos en realidad. Y es eso lo que me interesa, la zona gris”.

La diseñadora denunció como judíos a los hermanos Wertheimerm, los propietarios de perfumes Chanel, para recuperar esa empresa

No es esa la única dualidad que refleja el libro. Meier se mueve entre dos mundos: el del lujo y la fiesta del bar del Ritz y el de realidad, donde la gente pasa penurias, miedo y donde los sospechosos de pertenecer a la resistencia son torturados en sótanos situados a escasos 400 metros de la Place Vendôme.

“El libro se basa en hechos reales, todos los personajes de la novela existieron, salvo dos que menciono en el prólogo. Pero aunque se basa en hechos reales, tuve que inventar muchas cosas sobre las que no hay documentación. Además, también quería que los lectores viviesen a través de los ojos del barman lo que fue la ocupación de París en ese mundo tan privilegiado y de lujo”, destaca el autor de El barman del Ritz.

En la novela, por ejemplo, Frank Meier es judío, sin que por supuesto lo sepan los nazis a los que sirve cócteles. “Hay indicios que hacen pensar que efectivamente podría haber sido judío, pero no tengo pruebas. Uno de sus empleados le contó a un autor que en los años 90 escribió un libro sobre la historia del Ritz que en 1945, al terminar la guerra, Frank le dijo: ‘Me he salvado de milagro, porque tengo orígenes judíos'. Pero no hay documentos que lo demuestren. Como escritor decidí asumir que era judío y que, rodeado de nazis y de colaboracionistas, se lo ocultaba a todo el mundo.”

placeholder Coco Chanel en un hotel en Londres en 1932. (Getty Images)
Coco Chanel en un hotel en Londres en 1932. (Getty Images)

Quien también desfila por las páginas de El barman del Ritz es Coco Chanel, quien vivía en el Ritz con Hans Günther von Dincklage, su amante nazi. “No era un oficial nazi, era un oficial de la Wehrmacht, el ejército alemán”, puntualiza Collin. “Pero no trato de redimirla, ni mucho menos, porque Chanel fue una mala persona. Durante la ocupación escribió una carta a la Comisaría General de Asuntos Judíos denunciando como judíos a los hermanos Wertheimerm, los propietarios de perfumes Chanel, para recuperar esa empresa”, añade.

Coco Chanel tenía un sobrino, André Palasse, hijo de su hermana Gabrielle, que entonces tenía 25 años y no sólo se encontraba como prisionero de guerra en Alemania sino que estaba enfermo, con neumonía. “Yo creo que ella comienza esa relación con el oficial de la Wehrmacht porque aspira a recuperar a su sobrino, cosa que logra en 1942”, subraya el escritor. Pero la cosa no es tan sencilla…

Philippe Collin no tiene dudas de que Coco Chanel era antisemita y que además compartía la visión del mundo de la ideología nazi. Sin embargo, tras la liberación de París y por sorprendente que resulte, nada de eso le pasó factura a la diseñadora. “No tuvo demasiados problemas tras la liberación porque tenía varias cartas en la manga: la más importante es que era bastante cercana a Winston Churchill. Coco Chanel fue detenida después de la liberación de París, pero fue puesta en libertad unas pocas horas después tras ser interrogada. No hay pruebas, pero se dice que Churchill intercedió para que la soltaran”, subraya Collin. Tras ser liberada, Chanel puso rápidamente rumbo a Suiza junto a von Dincklage, donde ambos vivieron durante 10 años. Regresó a París sólo en 1955.

placeholder La actriz francesa Arletty. (Wikipedia)
La actriz francesa Arletty. (Wikipedia)

También Arletty, una actriz francesa muy famosa en la época, pulula por El barman de París. También ella tuvo un amante alemán, un joven oficial apellidado Soehring con el que paseó por París su amor. Pero su final fue bastante distinto del de Chanel. “Tras la liberación de París fue detenida por miembros de la resistencia. No fue condenada pero, aunque no está probado, es muy probable que fuera maltratada y violada varias veces por ellos”, señala Collin respecto a Arletty, quien dejó para la posteridad aquella famosa frase: “Mi corazón es francés, pero mi culo es internacional”.

El 14 de junio de 1940 los nazis entraron en París. A partir de ese momento se impuso un estricto toque de queda (de las 21.00 a las 5.00 horas estaba prohibido salir a la calle, excepto para los soldados alemanes) y se decretó un severo racionamiento de alimentos.

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