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Miquel Barceló: 'El arte es una necesidad humana, como defecar o amar'

Por Irene Hdez. Velasco. Almería
 Héctor Serrano

Una exposición en el Museo de Almería reúne un centenar de obras en cerámica del artista mallorquín y de Picasso, junto a piezas arqueológicas en barro. El resultado es fascinante

Picasso tenía 60 años cuando empezó a trabajar con cerámica, Miquel Barceló comenzó a hacerlo a los 30. De lo que no hay duda es de la importancia que en la trayectoria de ambos artistas juega el barro cocido, un material universal que cuenta con 29.000 años de historia.

Picasso y Barceló se enfrascan ahora en una conversación íntima a propósito de la arcilla en Reflejos, una exposición que hasta el 15 de marzo reúne en el Museo de Almería más de un centenar de obras en cerámica de ambos artistas, muchas de ellas raras veces expuestas, así como piezas arqueológicas procedentes de la colección de esa institución. Así, junto a una cabeza en cerámica de Picasso o un pulpo en arcilla de Barceló se puede contemplar una vasija de hace 7.600 años hallada en El Ejido. El resultado es absolutamente fascinante.

“Es sorprendente hasta qué punto hablan entre sí estas piezas. Ves una obra hecha hace 3.000 años junto a otra de Picasso y parece que hubieran salido las dos de la misma mano”, destacaba Barceló durante la presentación ayer de la exposición, organizada por el Museo Picasso de Málaga tras el éxito cosechado por la muestra que el año pasado puso frente a frente en Granada obras de Picasso y de Jeff Koons. “Si hubiera aquí un Vesubio y, como en Pompeya, esta exposición quedara enterrada bajo las cenizas y no fuera descubierta hasta pasados 5.000 años, quienes la encontrasen pensarían que todas las piezas son obra del mismo artista. Las personas que hace 6.000 años crearon estas piezas las hicieron por las mismas razones por las que las hago yo: el arte es una necesidad humana, como defecar o amar”.

Reflejos. Picasso x Barceló se trasladará a partir del 25 de marzo al Museo de Cádiz, donde las obras en cerámica de ambos artistas estarán acompañadas también allí por piezas arqueológicas de los fondos de ese museo. Pero tanto en Almería ahora como en Cádiz después, lo que resulta increíble es poder comprobar el lenguaje común que la práctica prehistórica de modelar el barro comparte con la cerámica actual, así como vislumbrar las numerosas conexiones entre existentes entre la obra de Barceló y la de Pablo Picasso. Pasen y vean.

Pablo Picasso, pintando una cerámica
Foto: Roberto Otero
Miquel Barceló en el taller de Vilafranca de Bonany, Mallorca, 2023
Foto: JM del Moral

¿Cuándo empezó usted a trabajar con cerámica?

Empecé en el año 93 en África, en Mali. Llevaba yendo a Mali desde el 87, iba cada año al país Dogón. Y cuando iba, en febrero hacía mucho viento, un viento muy fuerte, como una tramontana de ahí, y no podía pintar porque me arrancaba los papeles. Así que pregunté qué hacía la gente allí cuando había viento. Y me contestaron que vasijas de cerámica, que secaba deprisa y después se cocía. Un día me fui con las mujeres, porque la cerámica en Mali es trabajo de mujeres; los hombres se dedican, por ejemplo, a la sastrería o la herrería, pero la arcilla es trabajo de mujeres. De hecho, mis amigos se reían al verme ir con las mujeres a hacer arcilla. Ellas fueron mis maestras. Primero me enseñaron a escoger la arcilla, a saber cuál es la buena tierra para amasar, porque la arcilla es como la harina: se amasa, se deja fermentar, se vuelve a amasar. Lleva más tiempo prepararla que modelar, modelar es casi lo de menos. Lo importante es saber escoger la tierra y prepararla.

¿Cómo eran sus primeras piezas en cerámica?

Empecé haciendo retratos de mis amigos dogón. Cocimos las piezas en el horno, las mujeres me enseñaron a hacerlo. Me acuerdo, de hecho, de cómo se dice horno en dogón, de los nombres en dogón de todos los colores. Estuve tres meses haciendo una veintena de cerámicas, y a partir de ahí me aficioné mucho. Después fabricamos las cajas para transportar a Europa las cerámicas, pensé que llegarían hechas trozos. Pero no, llegaron todas enteras. De hecho, muchas están expuestas por museos de todo el mundo. Ya en Mallorca, decidí que quería seguir haciendo cerámica, y fui a ver a un alfarero de mi pueblo. Fue como entrar en otro mundo: el alfarero tenía electricidad, un torno que giraba, arcilla sin cascotes dentro, arcilla más blanda… Empecé a hacer piezas más ambiciosas, un poquito más grandes. Y empecé a pensar en una cerámica en la que yo pudiera trabajar desde dentro, dando forma desde dentro a lo que luego se veía fuera, porque la arcilla es blanda, es como carne.

Y terminó haciendo un gigantesco mural de cerámica para la Capilla del Santísimo en la catedral de Palma de Mallorca…

Sí. Hasta ese momento mi cerámica más grande medía 50 centímetros, y me apunté a hacer una cosa de 300 metros cuadrados. Yo tenía claro que quería que fuera un solo pedazo que se cuarteara naturalmente. Me puse a buscar dónde podía hacer una cerámica de esas dimensiones y todo el mundo me decía que no, que era imposible, hasta que di con un italiano que urdió un sistema, y lo conseguimos. Era muy complejo técnica y sobre todo políticamente, tuvo su miga en una isla tan conservadora como Mallorca hacer una obra como esa.

Y ahora usted, junto con la escultora española Cristina Iglesias y el artista mexicano Javier Marín, es uno de los tres artistas seleccionados para presentar el proyecto de la Fachada de la Gloria, el acceso principal y más monumental de la Sagrada Familia…

Sí, se trata de un concurso y estos días he presentado mi maqueta, a ver qué dicen. Es una especie de gran rectángulo de cerámica multicolor, es una obra con muchas figuras y con muchos colores. Si consigo hacer esa obra, me llevará entre 10 y 15 años terminarla, frente a los dos años que me llevó la de la catedral de Palma.

¿Le gusta a usted la Sagrada Familia? No son pocos los que consideran que, a causa de sucesivas adiciones que poco tienen que ver con el proyecto original de Gaudí, la obra se ha convertido en un pastiche kitsch...

A mí me gusta el espacio, la luz, la ambición. Hay muchos detalles que me gustan poco, pero me gusta la fachada de Gaudí y me gusta lo que yo podría hacer. Me gusta la idea de trabajar 15 años en una sola cosa, es algo muy loco en estos tiempos, es ir a contracorriente, es dejarme de marchantes y mandar todo a la mierda, parar de todo lo demás para dedicarme solo a esto. Me gustan las cosas muy absolutas y esto sería muy absoluto. Aunque, si sale, espero poder pintar un poco a escondidas.

Miquel Barceló junto a una obra suya incluida en la exposición Reflejos. Picasso x Barceló
Foto: Chema Artero © Museo Picasso Málaga, Museo Almería
Miquel Barceló junto a una obra suya incluida en la exposición Reflejos. Picasso x Barceló Foto: Chema Artero © Museo Picasso Málaga, Museo Almería

Si sale adelante su proyecto para la Sagrada Familia será el tercero que haga para una iglesia, después del de la catedral de Mallorca y el de Notre Dame…

Yo creo que si sale me podrán canonizar, porque habré trabajado en tres catedrales. ¿Qué artista ha hecho tres catedrales, tres? Tengo que mirarlo, pero es posible que no haya ninguno.

¿Cómo afronta un agnóstico como usted un proyecto artístico para un templo religioso?

Cada uno es diferente. El de Palma dudé, el de Notre Dame lo hice porque tenía ganas, y me acabé haciendo muy amigo del arzobispo. Era un hombre muy bueno, muy sabio. Fue mi gran apoyo y mi aliado desde el principio hasta el final. Hasta muriéndose me apoyó, en sus últimas voluntades dejó escrito que quería ser enterrado en la capilla con mi nombre. Fue un muy buen arzobispo y yo tuve la suerte de que me apoyara. Gaudí tuvo también esa suerte en Palma con el obispo Campins, un hombre muy culto, pero después vino un obispo contrario y se tuvo que ir. Yo había visto cómo se quemaba Notre Dame, vivo al lado y mi hijo me avisó de que estaba ardiendo y fuimos los dos a verlo, fue desolador, lo más triste del mundo. Poder colaborar en su reconstrucción ha sido un milagro.

Deduzco de lo que me dice que no cree que sea necesario ser creyente para trabajar como artista en un templo religioso, ¿no?

No lo sé. Pero he pensado en las grandes obras de arte religioso que admiro, y he revisado las que eran obras de artistas creyentes y las que no, y no he encontrado diferencias. El arzobispo de Notre Dame me decía que alguien ahí arriba guiaba mi mano, y puede ser. Los artistas somos conductores de fuerzas que ignoramos, yo creo profundamente en eso. Hacemos las cosas porque tienen que ser hechas, somos mecanismos conductores.

¿Qué tal van los tapices para Notre Dame?

Ahora están haciendo tres tapices, y hay un cuarto que acabaré, supongo, a principios de año. Lleva tiempo hacer tapices, entre uno y dos años. Vamos muy deprisa, pero aun así es lento, se hace como un palmo al día. Es un mundo increíble el de los tapices gobelinos de París. Todas las que tejen son mujeres. Algún hombre habrá, pero siempre que yo voy encuentro mujeres. Tienen un conocimiento de los colores y de los materiales increíble.

¿Cómo se siente frente a Picasso, cómo está ahora en esta exposición en el Museo de Almería?

Siempre me he sentido muy bien con Picasso. Desde que era muy joven, Picasso era el artista que más admiraba, el que más estudié. Cuando murió Picasso, sentí frustración por no haberlo podido conocer. Siempre pensaba un día iría a París y visitaría a Picasso. En casa de Dalí estuve cuando tenía unos 17 años, pero nunca visité a Dalí porque no sentía con él esa afinidad. Dalí me gustaba mucho cuando tenía 13 años, pero ya con 17 o 18 me era más igual. Pero Picasso nunca me ha dejado de interesar. Es casi una broma: los dos somos mediterráneos, bajitos, los dos vivimos en París, los dos pintamos toros…

Detalle de algunas de las obras de la exposición
Museo de Almería © Europa Press / Marian León
Piezas de Miquel Barceló durante la inauguración de la muestra Reflejos. Picasso x Barceló
Museo Arqueológico de Almería © EFE / Carlos Barba

Y también les une la cerámica, aunque Picasso empezó a trabajar con ella mucho más tarde que usted…

Sí, como a los 60 años. Creo que la cerámica es la prueba de que pintura y escultura son lo mismo y de que la cerámica lo funde todo. La cerámica es pintura, es escultura y también es Dios fabricando un hombre de arcilla. Creo que eso es seguramente lo que a mí me enganchó de la cerámica, y nunca ha dejado de interesarme y he ido progresando. Compré una antigua alfarería en Mallorca que se convirtió en ladrillería cuando el boom del turismo. Y cuando acabó el boom de la construcción, se quedó vacía y la convertí de nuevo en alfarería, porque tenía hornos y un saber hacer con la arcilla. Es bonito cambiar de hacer ladrillos a hacer cerámica.. Me parece que tiene cierta belleza. A mí siempre me ha gustado, como hacían los situacionistas en Francia en los años 50, usar una cosa para otra cosa de la que está pensada, usar por ejemplo una cuchara no para comer sopa sino para hacer los ojos de un caballo. Me gusta que una ladrillera sirva ahora para hacer cabezas de cerámica.

La cerámica suele considerarse un arte menor. No es una de las llamadas Bellas Artes, sino un arte decorativa…

Sí. En el mercado del arte las cerámicas se venden por diez veces menos que la pintura, y es absurdo. La cerámica ha sobrevivido más que la pintura griega, de la que prácticamente no se conserva nada; la cerámica ha sobrevivido a muchísimas esculturas de bronce, que se fundieron para hacer cañones. En esta exposición en el Museo de Almería hay piezas que tienen 6.000, 5.000, 3.000 años y ahí siguen, hay silbatos de la época romana que todavía silban. Y en algunas cerámicas de la exposición se ven los dedos de Picasso con sus huellas digitales, y al lado un torito fenicio con los dedos del alfarero que lo hizo. Y al lado, hay una pieza mía del mismo animal hecha con la misma arcilla, con los mismos gestos y con la misma pulsión.

De todos los medios artísticos, ¿con cuál se queda?

Yo soy pintor, un pintor que se expresa de varios modos. Pero para mí todo es pintura, hasta la escritura es pintura. Para mí la cerámica siempre ha sido una forma de pintura. Además, esa separación entre escultura y pintura, entre abstracción y figuración, me parece que responde a metafísicas muy del siglo XX. Cuando miras una obra de 5.000 años, te das cuenta de que el arte era forma, color y materia, todo a la vez. El ir separando todo, diferenciándolo, me parece una forma de decadencia. Uno de mis museos preferidos en España es el Museo de Escultura de Valladolid, el de los imagineros. Es increíble. Figuras, color y forma, joder, eso es a lo que yo siempre aspiro, a hacer algo así con esa intensidad.

¿Qué tal ve el estado del arte contemporáneo en España?

España es un país que da muy buenos artistas pero en el que el estado del arte contemporáneo siempre es agónico. Es algo muy contradictorio y no sé a qué se debe. Mira ya la de tiempo que llevamos hablando de la maldita la ley de patrimonio, y aún no la tenemos. Yo hace 30 años participé con Leopoldo Rodés y no sé cuánta gente más en un borrador de la ley, y parecía que ya era definitiva su aprobación. Pero han pasado 30 años y no hay nada. Es un país extraño España, un país que maltrata a sus artistas. Pero no entiendo por qué, eso no beneficia a nadie.

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