Oliver Laxe: "A mucha gente, 'Sirât' le ha parecido una obra maestra; a otros, una chorrada"
El director que está en todas partes presenta una exposición en el Reina Sofía inspirada en su película, mientras aguarda la resolución de todos los premios a los que ha sido nominado
El director de Sirāt, Oliver Laxe, posa para El Confidencial en el Museo Reina Sofía, en Madrid. (D. G.)
Se divisan dos aviones en el cielo, yOliver Laxe va en los dos. Este es un chiste, y aunque no lo parezca, al director de cine no le hace ni gracia. Nos lo cuenta nada más sentarse para ofrecer una entrevista a El Confidencial con motivo de la exposición que presenta en el Museo Reina Sofía de Madrid, titulada Bailad como si nadie os viera y que precisamente bebe mucho del espectral desierto que habita en Sirât. La película, estrenada en España en junio de este año, está causando un enorme revuelo en los cines de todo el mundo, habiendo sido nominada por partida doble a los Globos de Oro y también como Mejor Película Internacional en los Oscars. Meses atrás triunfó en Cannes. Y ahora aguarda a que su película triunfe en Hollywood.
Laxe se muestra taciturno, pero seguro de sí mismo. En ningún momento se abstrae de la conversación, más bien al contrario. Orgulloso de su trabajo y de su equipo, no duda en afirmar que para la próxima va a redoblar el riesgo y la apuesta por la búsqueda de esa trascendencia a través del cine. Aunque tiene dudas; es consciente de que tanta alfombra roja le está alejando de la Galicia profunda en la que reside. "Hacer una película me hace morir", afirma sin tapujos. "Tengo necesidad y ganas de intimidad, de construir algo, de estar en familia". No por ello va a dejar de lado todos sus compromisos con la industria del cine: está viviendo su gran momento, y posiblemente esté cogiendo otro avión ahora mismo, mientras usted lee este artículo.
PREGUNTA. ¿Cómo te sientes sabiendo que eres el cineasta del que todo el mundo habla, no solo en España, sino en el extranjero?
RESPUESTA. Me siento muy feliz, sí. Creo que todos los cineastas buscamos compartir nuestra obra y dialogar con la gente, y la película está consiguiendo eso. Está conectando y removiendo el interior de la gente, incluso a quienes no les haya gustado y hayan sentido rechazo. Creo que es síntoma de que hemos hecho bien nuestro trabajo.
P. ¿Ha cambiado algo tu percepción de la película desde que Sirât se estrenó?
R. La reacción es distinta en cada país. En países donde hay una mayor consciencia de la muerte, como por ejemplo México, no es algo tan nuevo para ellos. Es una 'comida' que no han olvidado o filtrado como aquí, en Europa. Ahora se ha estrenado en Marruecos e igual.
P. ¿Eso quiere decir que aquí en España hemos perdido ese contacto con la muerte?
R. Qué va. Aquí también tenemos cultura y ceremoniales, lo único que está más olvidada, pero la sensibilidad y el recuerdo están ahí. Estamos muy contentos, hemos hecho medio millón de espectadores en España. Creo que no es una cifra normal ni que tomar a la ligera.
P. ¿Qué le dirías a todas esas personas que sintieron rechazo al verla? Incluso, existe el rumor de que había gente que no se quedaba hasta el final.
R. De ese rumor no quiero hablar, porque no es cierto. La gente no se va del cine. El rumor nació de un periodista acomplejado que necesitaba generar una realidad con la que tranquilizara su manera de ser. Me pareció bastante irresponsable por su parte. Yo hablo con todos los exhibidores y me han desmentido ese rumor. La gente no se fue de la sala al ver Sirât, al contrario. Se quedó y les impactó, o no les gustó, sin más. Lo que sí que me encanta es ver que hay cierta parte del público que la ha considerado una obra maestra, un clásico, que se va a recordar y vivirá durante décadas. Y también hay gente a la que le parece una soberana chorrada o un exceso absurdo. Me parecen muy ricas ambas opiniones, de eso va el arte.
Oliver Laxe: "no creo que Sirât sea una tesis sobre las raves". (D. G.)
P. La película va de raveros, y aquí en España se les tiene cierto complejo porque se les asocia con la juerga y el desenfreno. Pero en tu película adquieren una dimensión más humana y espiritual.
R. Bueno, para empezar, no creo que Sirât sea una tesis sobre las raves. He intentado mirar el fenómeno con distancia, sin romantizarlo pero tampoco demonizarlo. Estoy cansado de los juicios. Y creo que España no es un país que juzgue en ese sentido. Cuando hay noticias de raves, ves que los vecinos de las poblaciones aledañas se acercan y están encantados con ellos, mientras lo dejen todo limpio. Es muy bonito ver eso, y emocionante. No hay una dimensión de nuestra sociedad en la que no exista la toxicidad. En tu periódico la hay. En el cine también. Incluso en este mismo museo.
"Parte del misterio de la vida reside en que tenemos capacidades angélicas, pero en el día a día somos meras polillas"
Creo que debemos mirar con amor a los demás y sobre todo darnos cuenta de que no tenemos el equilibrio que queremos. Cuando hago mis películas, intento mostrar aquello que parece que está muy alejado de uno y ver que al final nos parecemos más de lo que creemos. Eso está encarnado en la figura de un padre que se encuentra buscando a su hija en un sitio que no es el suyo. Al final, el camino le hace ver que en los cuidados, en el compromiso con los otros y en los valores, nos parecemos mucho.
Bruno Núñez y Sergi López en una escena de Sirāt.
P. Parece que una de las moralejas de la película es que, por mucho que intentes escapar del sistema, al final no puedes salir de él. ¿No hay afuera al capitalismo?
R. Bueno, es más una reflexión sobre la noción de libertad. ¿Qué es la libertad? Yo considero que no somos libres. Es precisamente cuando somos conscientes de que estamos a merced de algo que te trasciende y está por encima de ti, cuando tomamos consciencia de nuestra insignificancia. Y ahí es cuando empieza la libertad. Ahí comienzas a surfear la ola y no a remar a contracorriente. Eso es lo que está en nuestra mano. ¿Queremos morir en primera o en tercera clase? Morir no es una putada, porque todos vamos a morir. Y es una pregunta que todos nos tenemos que hacer, aunque no queramos: ¿Cómo vamos a morir? Hay gente que muere en la película, efectivamente... pero ¿cómo muere? A mí me encantaría morir bailando, en medio de una celebración es cuando el alma trasciende. Si tuviera que morir, me encantaría hacerlo así.
P. Pero también hay un componente de azar, ¿no?
R. Yo no creo en el azar.
P. Pisar una mina o no, en la película, parece una cuestión de suerte.
R. Insisto: yo no creo en el azar. Creo que todo está bien escrito en la película. Nuestro margen de libertad es tan grande como el espacio que hay entre el violín y su estuche. Pero oye, no está mal; no pasa nada, esa es la libertad, darte cuenta de que no eres libre. Vivimos apegados a nuestros deseos, sueños y anhelos, y al final lo que la vida quiere de nosotros es otra cosa. Es duro, a veces nos rasca o nos agita, pero yo no tengo ninguna duda de que todo lo que pasa, aunque sea malo, es para bien. Aunque te sucedan desgracias o accidentes, como pasa en Sirât. Son una oportunidad para crecer, para mirar hacia dentro, para curar las heridas de tu pasado, de tu sociedad o del mundo.
P. ¿Crees que esa trascendencia se encuentra solo en los espacios liminales como un bosque gallego o el desierto del Sáhara?
R. Estoy empezando a entender que la trascendencia llega cuando el ser humano acepta su imperfección y, precisamente, su incapacidad para trascender. Cuando se le humilla: ahí puede trascender. Parte del misterio de la vida reside en que tenemos capacidades angélicas, pero en el día a día somos meras polillas chocando contra la bombilla todo el rato. Y es bonito, ¿no?
Madrid, Comunidad de Madrid, 12/12/2025: El director de cine y autor de Sirât, Óliver Laxe, posa para una entrevista con EC en el Museo Reina Sofía. (Daniel González)
P. La música es parte integral de la película. ¿Es también una vía de trascendencia?
R. Efectivamente, la música es un medio. Penetra en tu cuerpo. Mi manera de sentir la música es muy visceral, muy física y sinestésica. Mi manera de hacer cine se acerca mucho a la música. He logrado que en la sala del cine el espectador sienta cosas muy complejas a través de su piel gracias a la música. Lograr eso hoy en día, tal y como está montada la industria cinematográfica en torno al algoritmo, creo que tiene mucho mérito. Sobre todo confiar en el cine y en el espectador. Tenemos una gran confianza en el espectador y en su sensibilidad. Los cineastas somos como médicos, sabemos cuál es nuestro trabajo, y pasa por hacer imágenes y conseguir que estas penetren en el cuerpo del espectador. Luego, que el paciente diga lo que quiera: si le hemos dado una dosis excesiva o menor. Pero conocemos la dosis, y sabemos que es benéfica y está probado, testado y certificado en base a lo que me estoy encontrando por el mundo. Si no, la película no habría tenido tanto éxito.
"La sonidista, Laia Casanovas, es una mujer que pesa 45 kilos y está compitiendo contra Frankensteins, Fórmulas 1 y Avatares"
Todo el mundo habla de Sirât. Habrá muchas opiniones, positivas y negativas, pero me he dado cuenta de que la gente necesita integrar lo que a veces ha sido un proceso terapéutico, que es experimentar su propia muerte. Que la gente vea eso como positivo y algo que deberíamos hacer en nuestra sociedad. La muerte es una medicina, una puerta, una enseñanza. Es algo que nos ayuda a vivir con más libertad.
P. ¿Cómo ha vivido el éxito el resto del equipo?
R. Imagínate. Ahora Kangding Ray está en Los Ángeles, el compositor de la música. Es uno de los candidatos para ganar el premio a la Mejor Música, al lado de películas de ciento y pico millones de dólares. La sonidista, Laia Casanovas, es una mujer que pesa 45 kilos y está compitiendo contra Frankensteins, Fórmulas 1 y Avatares. La tía me ha sabido llevar donde ha querido. Yo me rodeo muy bien. En eso sí que tengo suerte. Ya no solo estar rodeado de gente con talento, sino con una ética de trabajo muy fuerte. Eso no es fácil de encontrar.
P. ¿Tienes miedo de que el éxito os cambie o cambie vuestra forma de hacer cine?
R. No tengo ningún miedo. Al contrario. Considero que he sido una persona que ha tenido éxito desde los 25 años, con películas que han triunfado en Cannes. Y obviamente he tenido mis derrapes, el ego me ha jugado malas pasadas, pero yo ahora mismo me estoy frotando las manos de cara a la próxima película. Vamos a doblar la apuesta de Sírât. Y vamos a ser más radicales. Estamos teniendo mucha información sobre cómo procesa el espectador nuestras películas, de la relación entre el arte y la terapia, y vamos a ir mucho más profundo.
"La sala de cine es un sitio para la transformación y la catarsis. No es lo mismo que ver una peli en tu casa"
El único miedo que tengo es que la vida tiene más dimensiones que el trabajo. Y cuando riegas mucho esa esfera, dejas de regar la otra. Al final, soy una persona que disfruta mucho de la intimidad, necesito calor humano y cuidados. Pero claro, la vida me está abriendo puertas de poder hacer películas con quien quiera, tengo una varita mágica ahora mismo para hacer lo que quiera. Me escriben productores hegemónicos y me preguntan: '¿De dónde sales? No hemos visto una película así en nuestra vida'. Hacer una película como Sirât en 2025 demuestra que vamos en serio.
P. ¿Cómo abordaste la exposición que presentas y que está tan basada en Sirât?
R. Sí, fue antes de presentarla. Yo ya había hablado con el museo. Hay imágenes del rodaje de Sirât y también de Irak, de cuando estuve hace diez años. Menudo país, eh. Irán. Estuve fotografiando templos y paisajes. El museo me permitió trabajar sin necesidades narrativas o de relato. Entonces, me permitió trabajar con las imágenes de una manera más libre, más plástica. Yo al final soy un escultor. Hago cine, pero las imágenes siempre están unidas a un espacio, son el cuerpo de un escultor. Trabajo con la capa más fina, más textural de las imágenes y de los sonidos.
"Ha tenido éxito desde los 25 años, con películas que han triunfado en Cannes. Y, obviamente, he tenido mis derrapes"
Con Kangding Ray hablo precisamente de eso: del grano, del color, del brillo, del ritmo, del tiempo... El museo es mi espacio natural. Y a mí me gusta el cine que te permite ensimismarte. Cuando hago una película, estoy sirviendo al espectador de forma radical, sin engaños. Estoy para darle buen pan. ¿Cómo hacemos para que coma pan de centeno si está acostumbrado al Bimbo o al azucarado? Ese es nuestro cometido, entrenar el paladar de la gente, ya que este puede haber perdido sensibilidad. Sí, claro que la tiene, aunque esté un poco dormida o la haya acostumbrado a las gominolas.
Madrid, Comunidad de Madrid, 12/12/2025: El director de cine y autor de Sirât, Óliver Laxe, posa para una entrevista con EC en el Museo Reina Sofía. (Daniel González)
P. También Sirât es una película para ver en el cine. De lo contrario, pierde.
R. Sí, es que la sala de cine es un sitio para la transformación y la catarsis. No es lo mismo que ver una peli en tu casa. La ceremonia de verla con la gente de manera colectiva es muy importante. Estamos contentos porque hemos vuelto a llevar público joven al cine, y eso para mí era un compromiso que yo tenía: dar de comer a generaciones que no tienen referentes, que están un poco perdidos, como yo lo estuve a su edad.
P. ¿Cuál fue la experiencia más catártica de tu vida?
R. Bueno, he tenido varias (ríe). Yo las asociaría a momentos de crisis: divorcios, momentos en los que quieres crecer pero no puedes... Y agradezco esos momentos. Los duros. Son como pequeñas muertes. La manera en la que la vida nos hace crecer.
P. También se consumen drogas en Sirât. ¿Son las drogas lisérgicas una pequeña muerte?
R. En todas las prácticas espirituales se habla de la muerte antes de la muerte. No se puede matar al ego, pero sí conocerlo, tener sus instrucciones de uso y control. Es muy difícil controlarlo en 2025 sin maestros, sin tradiciones... Por eso tenemos que tener piedad de nosotros mismos y cuidarnos entre nosotros. La trascendencia está en intentarlo. De la misma manera en la que el ser humano necesita comer, necesita una conexión espiritual. Y cuando tú no le das de comer a alguien o le dejas sin afecto, la necesidad acaba surgiendo. Estamos en un mundo tan desacralizado que al final la sensibilidad humana para la espiritualidad acaba surgiendo.
P. ¿Crees que el ser humano en este año ha entendido más que nunca que hace falta más espiritualidad?
R. Sí, efectivamente. Hay un reflejo de eso, ¿no? La gente quiere conectar y mirar hacia dentro. Es nuestra esperanza. Yo creo que vivimos en un proceso de deshumanización total que nos va a empujar a una especie de abismo en el que la única respuesta pasa por ser más humanos. Y creo que Sirât trata de eso, de cómo estamos siendo empujados hasta el límite de nosotros mismos. No nos va a quedar más remedio, vamos a estar obligados a hacerlo. Y la fe que tengo es que eso nos cambie para bien, aunque al principio sea difícil o haya sufrimiento. Parir la vida conlleva sufrimiento.
P. ¿Y la gente a la que no le interesa la espiritualidad?
R. Yo no me veo tan emancipado, me veo dormido también. A mí el ego me domina mucho. No tengo ningún consejo para ellos. Es tal el dolor que hay en el mundo y tenemos tan pocas herramientas para gestionarlo... que es normal que haya gente que necesite distraerse y mirar hacia fuera. El único consejo que puedo darles es que busquen un maestro, ya que si no lo tienen, el ego toma las riendas.
P. ¿Cuáles son entonces tus maestros?
R. Sí, he tenido varios. Pero prefiero dejarlos en la sombra, que es donde los maestros viven.
Se divisan dos aviones en el cielo, yOliver Laxe va en los dos. Este es un chiste, y aunque no lo parezca, al director de cine no le hace ni gracia. Nos lo cuenta nada más sentarse para ofrecer una entrevista a El Confidencial con motivo de la exposición que presenta en el Museo Reina Sofía de Madrid, titulada Bailad como si nadie os viera y que precisamente bebe mucho del espectral desierto que habita en Sirât. La película, estrenada en España en junio de este año, está causando un enorme revuelo en los cines de todo el mundo, habiendo sido nominada por partida doble a los Globos de Oro y también como Mejor Película Internacional en los Oscars. Meses atrás triunfó en Cannes. Y ahora aguarda a que su película triunfe en Hollywood.