El PSOE y el peligro de la "memoria putrefacta de la II República" que advirtió Azaña en el exilio
El 50 aniversario de la muerte de Franco hunde al PSOE en la idea contraria a la de los propios dirigentes del partido exiliados tras la Guerra Civil como muestra el historiador Juan Francisco Fuentes en 'Hambre de patria'
Entre los fastos de los 50 años de la muerte de Franco, la celebración de la democracia, las distintas visiones sobre la Transición o la revisión de la figura del rey ha quedado descolorido en un rincón el aspecto quizás más importante de todos, que no fue sino el del propio PSOE. Un partido que en el año 1975, después del Congreso de Suresnes parecía haber hecho suyas las palabras de Manuel Azaña en el exilio, quien advirtió literalmente del peligro de la "Memoria Putrefacta" de la II República y que en 2025, Pedro Sánchez ha llevado exactamente al extremo contrario.
La idea fija de una II República de izquierdas, absolutamente democrática en términos actuales y sin ninguna responsabilidad en los acontecimientos que llevaron a la Guerra Civil que comenzó a difundir José Luis Rodríguez Zapatero y que ha continuado y ampliado Pedro Sánchez, choca frontalmente con la que tenían los propios protagonistas del PSOE y los partidos republicanos casi incluso al mismo término de la contienda.
Más allá de la evidente simplificación de un periodo que no se corresponde en absoluto con esa idealización que presenta la izquierda actual, por los muchos matices que habría que hacerle, el historiador Juan Francisco Fuentes ha recopilado la verdadera memoria republicana en el exilio con Hambre de patria: La idea de España en el exilio republicano(Arzalia) en la que además se evidencia la voluntad por parte de la mayoría de los políticos socialistas, republicanos y comunistas de reconocer los errores cometidos entonces y de prepararse para un futuro en el que no se contemplaba dividir de nuevo al país y mucho menos en defensa de unos ideales republicanos que dejaron de glorificarse.
'Hambre de patria', de Juan Francisco Fuentes. (Arzalia)
En una de las múltiples cartas que escribió por ejemplo Manuel Azaña desde el exilio francés de Montauban explicaba: "Nadie puede encadenar su destino a una "memoria putrefacta", aunque en España guste mucho rendir culto a una cierta idea del pasado por la apariencia de lealtad que confiere. Debe hacerse lo contrario, porque había cosas que estaban ya desfasadas antes de la proclamación de la República y lo estarán mucho más el día de mañana".
Azaña se refería precisamente al peligro de una memoria falseada que salvando las distancias del momento se asemeja bastante a la machacona idea del PSOE actual con sus leyes de Memoria y su evidente pretensión de volver a dividir el país entre buenos y malos, negando la realidad de lo ocurrido entonces. Es significativo en ese aspecto el hecho de que las declaraciones de Manuel Azaña causarían casi más escándalo ahora que entonces tal y como señala Fuentes:
"Hoy tal vez causen mayor escándalo, en la medida en que sus postulados de entonces chocan frontalmente con una visión idealizada de la Segunda República actual que ni él ni muchos dirigentes de la izquierda en el exilio compartirían ni comprenderían. Baste recordar que el expresidente de la República advirtió de los peligros que entrañaba eso que él llamó una «memoria putrefacta» y que, frente a la tentación de repetir una experiencia histórica fallida, convocó a los españoles del futuro a "fundar algo nuevo, quemando no solamente las bambalinas y los bastidores sino la letra y la solfa de las representaciones caducadas".
Por muy extraño que parezca, la realidad es que efectivamente se ha ido conformando una visión maniquea de la II República y la Guerra Civil que ha impregando la política socialista de memoria desde hace dos décadas y que ha tenido el efecto de que 50 años después de la muerte de Franco uno de los mayores cambios en España haya sido el del propio PSOE, un partido que en 1975 no estaba precisamente por honrar esa "memoria putrefacta" que señalaba Azaña, sino por la de construir un país nuevo.
Fuentes señala, por ejemplo, las palabras de uno de los presidentes del gobierno republicano en el exilio, Fernando Valera, quien en 1955 expresaba que había que "hacer el examen de conciencia y sentir el arrepentimiento del gran pecado que entre todos cometimos contra España, desencadenando una guerra civil ruinosa, feroz e innecesaria", palabras que se correspondían en general con el sentir mayoritario de esos exiliados, según el estudio del historiador, y que podrían resumir perfectamente el espíritu que impregnó a todos los políticos durante la Transición.
Fue sin duda el discurso que vertebró la idea de memoria del país durante casi veinte años hasta precisamente las leyes de Memoria socialistas, que en cambio se podrían resumir más bien con esas otras palabras de José Bergamín, quien en una entrevista con Fernando Savater expresó: "Desengáñate, lo que este país necesita es otra guerra civil, pero que esta vez ganen los buenos".
La famosa foto de abril de 1931 en la Puerta del Sol de Madrid. (Getty Images)
Si algo caracterizó ese exilio republicano pues no fue sólo el dolor por la separación de España, que fue intenso, sino también la idea de una reconciliación que tuviera en cuenta los errores cometidos en los años treinta, "en el convencimiento de que una política como la de entonces tendría las mismas consecuencias catastróficas para el país en general y para la izquierda en particular", según señala Juan Francisco Fuentes, y que se podrían plasmar en el título de las memorias del socialista Juan Simeón Vidarte, Todos fuimos culpables, publicadas en 1973.
Precisamente sobre esa época es cuando se evidencia la ruptura del PSOE del exilio con el del interior que se formalizará en el Congreso de Suresnes en octubre de 1974. Pero si algo deja claro Fuentes a través de los escritos, cartas y memorias de los socialistas es la desmitificación de otra de las cuestiones clave de la Transición, como fue la de achacar la idea del olvido y de la reconciliación a un PSOE renovado en el Congreso de Suresnes sin la presencia de los viejos políticos del exilio y formado por socialistas que habían sido educados en España.
"La idea, difundida por cierta historiografía actual, de que la democracia traicionó la memoria del exilio no puede estar más alejada de la realidad. La Transición supuso, consciente o inconscientemente, la aplicación de aquellas enseñanzas que los principales dirigentes republicanos fueron sacando de su propia actuación en los años treinta y plasmando en sus memorias, artículos, discursos, conversaciones y epistolarios. El conjunto de todo ello se podría definir como un manual de instrucciones sobre la forma de alcanzar la democracia y hacerla duradera".
Si algo caracterizó a ese exilio republicano fue la idea de una reconciliación
En ese aspecto no se habría producido una verdadera ruptura, sino que más bien Suresnes fue la consecuencia lógica de lo que ya pensaban los políticos exiliados. Según Fuentes, Luis Araquistáin, quien fuera embajador en Francia del gobierno de Largo Caballero, y representante del PSOE más radical durante la II República y la Guerra Civil optaba ya en los 60 por un partido renovado y reconstruido "libre de las tutelas del exilio" y coincidía en lo fundamental con el secretario del PSOE en el exilio, Rodolfo Llopis, de formar un partido nuevo despojado de la dialéctica de los años treinta.
Según Fuentes: "Esta cuestión capital le acabaría estallando en las manos a Llopis, pero sería quince años después de la muerte de Araquistáin, cuando el Congreso de Suresnes rompiera el partido en dos y estableciera en el interior la dirección del llamado PSOE renovado. Lo que muestran la correspondencia entre ambos y alguna carta, muy anterior, de Fernando de los Ríos es que la necesidad de su refundación se veía con tal claridad y tanta antelación, que lo raro es que la ruptura, provocada por la resistencia de Llopis a aceptar lo inevitable, no se produjera hasta 1974".
En definitiva, el conjunto de memorias, artículos, discursos, conversaciones y epistolarios que recoge el historiador dibujan una realidad del exilio republicano que "consciente o inconscientemente", sirvió "como un manual de instrucciones sobre la forma de alcanzar la democracia y hacerla duradera", en base al propio examen de conciencia que hicieron los principales dirigentes republicanos de su actuación durante los años treinta.
Entre los fastos de los 50 años de la muerte de Franco, la celebración de la democracia, las distintas visiones sobre la Transición o la revisión de la figura del rey ha quedado descolorido en un rincón el aspecto quizás más importante de todos, que no fue sino el del propio PSOE. Un partido que en el año 1975, después del Congreso de Suresnes parecía haber hecho suyas las palabras de Manuel Azaña en el exilio, quien advirtió literalmente del peligro de la "Memoria Putrefacta" de la II República y que en 2025, Pedro Sánchez ha llevado exactamente al extremo contrario.