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Diez consejos para que tu vida en pareja sea un éxito y tarde en romperse cinco años más que el matrimonio promedio
  1. Cultura
Hernán Migoya

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Diez consejos para que tu vida en pareja sea un éxito y tarde en romperse cinco años más que el matrimonio promedio

Si tienes miedo de que tu convivencia doméstica caiga en la rutina o sea directamente un infierno, sigue estas fáciles recomendaciones antes de que acabes odiando tu vida o, peor aún, termines opinando de política en redes

Foto: Fotograma de la película 'Los Roses'
Fotograma de la película 'Los Roses'
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1. Haz el amor como mínimo una vez a la semana

Y si puedes, que una vez al año de esas veces sea con tu pareja. Este sencillo método mantendrá la chispa de una relación dinámica entre ambos, de manera que siempre resulte interesante y hasta un desafío el descubrirse mutuamente en el terreno carnal. No dejéis que la rutina mate el sexo y, sobre todo, venced esa desagradable sensación de que ya no hay química al reanudar un contacto íntimo entre los dos. Y si os resulta imposible volver a hacer el amor (dentro de la pareja, se entiende) o, simplemente, echar un casquete desenfadado sin demasiada involucración emocional, no os lo toméis a la tremenda: pensad que así sobreviven un montón de matrimonios y los hay que hasta llegan al medio siglo, pobres.

2. Si eres varón, ten muchos, muchísimos hijos

De esta manera podrás pronunciar ante tus amigotes la frase cliché prototípica de los maduros casados que ninguno se atreve a airear en presencia de su “amada”. A mí ya me la han soltado varias veces mis amigos cuarentones, siempre con un pretendido aire de trascendencia y responsabilidad emocional: “No le soy infiel a mi mujer por respeto a mis hijos”. Esa frase siempre me hace pensar: “Ah, ¿y por respeto a tu mujer no?”. Pues parece que no, que el respeto a su mujer se lo pasan por los cataplines y les importa un pepino, el que les gustaría poner en remojo. Así que nada, a tener muchos hijos para construirte tu propio chantaje emocional, la razón al parecer más sólida para no romper el vínculo con la madre de tus retoños, so gilipollas.

3. Si eres mujer, no tengas muchos, muchísimos hijos

No, porque a fin de cuentas, el gran sacrificio en los matrimonios heterosexuales y la vida en pareja siempre acaba recayendo sobre todo en ti, la mujer del binomio. Es posible que tengas que renunciar a tus sueños profesionales, a tus proyectos vocacionales, porque hay que ocuparse de los bebés y a lo mejor no contamos con unos abuelos a los que explotar emocional y laboralmente. Así que piénsate muy bien si tu prioridad es parir churumbeles o ser feliz haciendo lo que te venga en gana. Si lo que te viene en gana es alumbrar bebés, adelante: supone una forma como otra cualquiera de no tener que aguantar al marido todo el día con sus chorradas.

4. Imitad a los matrimonios burgueses (o a los Reyes de España)

Todavía no se ha inventado una fórmula mejor para la vida en pareja que la de la burguesía de toda la vida: cada cónyuge con su amante en paralelo y felices los cuatro. Incluso se puede compartir al amante, lo cual aporta picante a la relación y evita que esta se fosilice. Contemplar a otra persona en la intimidad con tu pareja pondrá a prueba tu amor y, si ese amor es real, comprenderás que está muy por encima de algo tan prosaico como el sexo.

Foto: escritor-ganare-proximo-premio-planeta-juan-del-val

Eso sí, a este arreglo no lo llaméis poliamor: el poliamor es un eufemismo inventado por la nueva progresía que, en un arranque de pudor sorprendentemente reaccionario y que traiciona sus orígenes libertarios, adopta la culpa católica al considerar que el sexo per se no es motivo recreativo lo bastante legítimo como para disfrutarlo sin mayor complicación y, por tanto, hay que adornarlo con mentiras sentimentales hacia esas terceras personas. Llamadlo lo que es: sexo. De lo contrario, ese “poliamor” puede llevar a falsas nociones de “triángulos amorosos” e infidelidades del corazón. Y no: la infidelidad debe ser siempre acotada a lo puramente genital mediante acuerdo previo con tu media naranja —y aplicada por ambas partes para que suponga un trato ecuánime— con el propósito de que no interfiera en el buen curso de la convivencia doméstica.

5. Consagrad vuestras soporíferas noches al cine español

Dado que cada velada en casa es el mismo aburrimiento (que si la serie de Netflix, que si la nueva peli del paisanín Tom Cruise, que si la última mierda de Marvel o DC…), invirtamos al menos en cultura propia. Hostia, ya que vais a languidecer horas diarias en el sofá imaginando lo que podríais estar haciendo si no cargarais con la rémora de la persona sentada a vuestro lado, al menos languideced viendo cine español. Apoyadlo con vuestro sopor y vuestro hastío: aunque no lo creáis, eso también ayuda —¡y cómo!— a nuestra “industria”. ¡Aúpa el cine patrio! Miles de matrimonios escogen macerarse y descomponerse en vida con películas de nuestra tierra. (Y, si podéis, uníos a Flixolé, que ha hecho más por el cine español que cualquier otro fenómeno proteccionista o divulgativo).

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6. Apuntaos al grupo de WhatsApp de vuestro edificio

Si llega ese estado de crisis en el que creéis que vuestra relación ha quedado estancada u os percibís percebes muy raros en vuestro convivir cotidiano, solicitad que os incluyan en el grupo de WhatsApp de la comunidad de vecinos: no solamente os vais a partir la caja con las estupideces y fricadas que escriben muchos de ellos (siempre abundan los cretinos que desean ser la voz cantante o el abusón de la clase hasta en un triste foro de la junta vecinal), sino que os daréis cuenta de que, en el fondo, sois casi casi los más normales de la escalera. Y eso ayuda, y mucho, a ser más permisivo con las rarezas del otro, en este caso, de vuestra pareja. Y de paso ya tenéis diversión alternativa a la miniserie de turno. Eso sí… ¡ni se os ocurra escribir nunca en ese chat, no os vaya a caer alguna responsabilidad indeseable! Resulta mucho más sano y divertido mirar sin que lo sepan: de este modo fortaleceréis vuestra propia sensación de complicidad como dúo autosuficiente y bien complementado.

7. Visitad cementerios

Es mano de santo para ser consciente de algo fundamental: que la vida son dos telediarios y que ya estamos a punto de enfrentarnos al segundo… y ni siquiera como protagonistas. Habrá un tercero, pero ya no lo veremos. Los cementerios ofrecen mausoleos de sabiduría y te susurran que, si en efecto hay un Más Allá, probablemente no quieras pasarte el tiempo desperdiciándolo como el Más Acá. Y, si no lo hay, mejor cambia lo que no te gusta de —hasta que se pruebe lo contrario— esta tu única vida.

8. Adoptad gatos, perros y, si es posible, ratas

Los perros y gatos siempre aportan alegría al hogar y a la convivencia en común. No solo eso: te enseñan a respetar el comportamiento instintivo en los animales, cosa que no sabemos hacer con los seres humanos. Mientras al ser humano se le priva de toda posibilidad de regodearse en el instinto, hiperracionalizándole y condenándole a una existencia cerebral, marcada por el deber, que lo hará desgraciado por el resto de sus días, en las mascotas celebramos sus ganas de mear, cagar y entregarse a la condición más improductiva y ociosa con cero remordimiento. Recomiendo también que adopten una rata, porque es el animal que más fielmente refleja lo que, a poco que uno rasque, somos las personas. Y ello generaría, por tanto, mayor comprensión y tolerancia hacia el prójimo. En este caso, tu cónyuge.

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9. Llévate bien con tus ex

Diría que este es el único consejo serio de la lista si no fuera porque, en el fondo, todos lo son: en este caso, cuando llegue la hora inevitable de separarte, hazlo respetando el cariño que sientes o has sentido por tu expareja. Porque él o ella no es solo la persona con la que has compartido parte de tu camino; es también un reflejo de ti, puesto que alguna vez decidiste que se fundieran su esencia y la tuya en un proyecto en común. (Aquí sí: violines, por favor).

10. Celebra tu divorcio como si fuera una boda

Lo único cierto en este valle de lágrimas es que hay que reírse siempre, hasta la carcajada final, hasta lograr que nuestro estertor sea un ja ja ja me maten. Y no hay nada más bonito en el mundo que celebrar un divorcio (y la recuperación de tu libertad) junto a la persona que has querido y que probablemente seguirás queriendo, si bien en otra modalidad de vida.

¡Que vivan los novios, aunque sea cada uno por su cuenta!

1. Haz el amor como mínimo una vez a la semana

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