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Héctor Alterio, un actor que amó la vida, el teatro y que criticó con dureza la dictadura argentina
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adiós a un grande de la escena

Héctor Alterio, un actor que amó la vida, el teatro y que criticó con dureza la dictadura argentina

Si te mueres con 96 años feliz, de gira y rodeado de amigos es que has sido una buena persona. Y nos has hecho felices a todos los demás. Nunca se me olvidarán 'Yo, Claudio' ni 'La historia oficial'

Foto: El actor Héctor Alterio, en una imagen de 2024 (EFE Daniel González)
El actor Héctor Alterio, en una imagen de 2024 (EFE Daniel González)

Hace poco más de veinte años vi la obra de teatro Yo, Claudio, en el Teatro de Mérida y no se me olvida. Eso solo pasa con los buenos momentos (y los malísimos: los malos a secas se diluyen). Por supuesto, esto pertenece a los primeros. Ahí estaba en escena Héctor Alterio, la primera y única vez que le vi. Y aquello fue una clase magistral.

Allí escuché que decía (y por suerte quedó grabado para la Historia): “He sido siempre conocido en vida por mis parientes, amigos y colaboradores como Claudio, el idiota. No Claudio, el tullido, tartamudo, por supuesto. El tonto de la familia. Ta-ta-ta, Claudio. O en el mejor de los casos, el pobre tío Claudio, a quien ninguno de mis parientes, ambiciosos y sanguinarios, consideraron digno de tomarse la molestia de ejecutar, envenenar u obligar a suicidarse. ¡Claro, por eso les sobreviví! Porque me tomaron toda la vida por un idiota. En parte porque lo era, pero también porque me hacía el idiota”. Bravo.

Escuché a una amiga manifestar con buen tino hace poco que toda persona que llega a los 90 y pico años feliz, alegre, rodeado de amigos y haciendo lo que le gusta tiene que ser, por narices, buena persona. Si no, te mueres antes en tu pozo de amargura, en tu crítica constante. Nunca conocí a Alterio personalmente, pero siempre me dio esa imagen. Como lo que decía su personaje Claudio: les sobreviví porque me tomaron por un idiota (e igual algo lo era). No como los ambiciosos y sanguinarios, que cayeron todos antes. El mal, la infelicidad, corroe. Alterio ha llegado a los 96 años y, además, como dijo en una de sus últimas entrevistas hace solo unos meses, afirmaba tomarse ya la vida “mansamente, como en un tango”. Y añadía: “Aún me divierte entretener a los demás en un escenario”. Así es que no te mueres nunca.

Pero Alterio también supo poner los puntos sobre las íes. Sufrió la dictadura argentina, vino a España en 1975 porque fue amenazado por la Triple A (organización paramilitar ultraderechista) y se nacionalizó español. Vivió la democracia en nuestro país, pero no olvidó nunca el suyo ni lo que allí estaba pasando.

De hecho, de 1985 es una película que a mí tampoco se me olvida. Se trata de La historia oficial, que incluso empezó a rodarse en 1983 cuando todavía existía el régimen dictatorial argentino. Cuenta la historia de un matrimonio de clase media bien, cultos, ella profesora de Historia (es la gran Norma Aleandro) y él, empresario que se ha enriquecido recientemente (Alterio). Los dos tienen una hija pequeña, Gaby. Y viven como muy al margen de todo. Ni les van ni les vienen las desapariciones de personas, ni que sea una dictadura… Cuando vives sin que te afecte puedes mirar para otro lado. Pasa en muchos sitios. Un sueldo, una casa, amigos, una vida sin muchos problemas.. y ya estaría.

Pero algo empieza a chirriar ahí. La mujer comienza a enterarse de los robos de los bebés gracias a una amiga y también a sospechar de que su hija… (que adoptó) quizá no provenga de un proceso legal. La cinta revela brutalmente el terrible caso de estos bebés y sus padres biológicos y tiene una de las escenas más violentas protagonizadas por Alterio y Norma Aleandro. Ambos están enormes. Y efectivamente, él era uno de los malos. Hoy en día, Una historia oficial está considerada como una de las mejores películas argentinas de toda su historia. Ganó el Oscar a mejor película extranjera en 1986.

Y, por último, en el corazón Alterio también nos dio con su personaje de Nino Belvedere en la hermosa El hijo de la novia. Era el padre de Darín y, otra vez, la pareja de Norma Aleandro. Pero esta historia es muy distinta: aquí no hay gritos, sino palabras de amor… “que ya llevamos 44 años juntos”, le dice a ella proponiéndole matrimonio.

Se ha ido Alterio, mansamente, y me quedo con la alegría de haberlo disfrutado. Y ahí siguen sus películas. Nos quiso entretener a todos hasta el final. Eso solo lo hace un grande.

Hace poco más de veinte años vi la obra de teatro Yo, Claudio, en el Teatro de Mérida y no se me olvida. Eso solo pasa con los buenos momentos (y los malísimos: los malos a secas se diluyen). Por supuesto, esto pertenece a los primeros. Ahí estaba en escena Héctor Alterio, la primera y única vez que le vi. Y aquello fue una clase magistral.

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