El legendario Dick Van Dyke cumple 100 años: dio vida al deshollinador de 'Mary Poppins'
El actor llega a centenario convertido en una leyenda de Hollywood y lo hace conservando su humor, una gran vitalidad y el cariño intacto de varias generaciones que le recuerdan como el sempiterno Bert de 'Mary Poppins'
El actor Dick Van Dyke cumple 100 años. (Web Dick Van Dyke)
Este sábado, 13 de diciembre, no es un día más en la vida de Dick Van Dyke. El popular actor, al que todos recordamos por su célebre papel de deshollinador en la película Mary Poppins, en la que trabajó con la inigualable Julie Andrews, cumple cien años y lo hace con su inagotable optimismo y en excelente forma física. Aunque cada vez es más habitual llegar a centenario, lo cierto es que dentro del mundo cinematográfico sigue siendo una rareza, aunque no la única.
Hollywood, territorio exigente y a menudo implacable con el paso del tiempo y las adicciones, ha visto a muy pocos artistas cruzar el umbral del siglo de vida y, mucho menos, manteniendo intacta su relevancia cultural. Entre quienes aún pueden presumir de semejante hazaña destacan Eva Marie Saint, que cuenta con 101 años, y Lee Grant, que llegó a los 100 el pasado mes de octubre. Aunque el récord de longevidad lo ostentan Olivia de Havilland y Kirk Douglas, que fallecieron con 104 y 103 años, respectivamente. Figuras como Bob Hope, Gloria Stuart,George Burns o Glynis Johns (la madre sufragista de Mary Poppins), fallecieron apenas dos meses después de soplar las cien velas. Y la adorable Betty White (Rose en Las chicas de oro), se quedó a solo 17 días de lograrlo.
Van Dyke, una de las sonrisas más reconocibles del cine y la televisión estadounidense, alcanza esta edad simbólica en plena actividad pública, tras la reciente publicación de 100 reglas para vivir hasta los 100: una guía optimista para vivir feliz. En sus páginas repasa sus caídas, aprendizajes y esa filosofía luminosa que lo ha guiado durante siete décadas de carrera. “Lo superficial, la decadencia física, es lo único que comparto con los viejos que interpreté antes”, escribe con humor. Y a sus cien años, sigue desafiando la idea de cómo debe envejecer una estrella.
De Misuri al sueño escénico
Nacido West Plains, Misuriel 13 de diciembre de 1925, Dick Van Dyke creció en Danville, Illinois, en un hogar marcado por la religiosidad materna y una familia que lo animó a encontrar su lugar en el mundo. Durante un tiempo pensó en ser ministro, perouna clase de teatro en la escuela secundaria cambió el rumbo de su vida. “Sigo esforzándome por tocar el alma de las personas”, escribiría años más tarde, convencido de que su vocación era alegrar al público.
Dick Van Dyke con su padre en 1927 y en una foto de adolescente.
Su adolescencia transcurrió entre lecturas, oficios ocasionales y una fascinación por el cine que alimentaba cada sábado. Allí estudiaba de forma autodidacta cómo se caían los héroes y villanos de las películas, una habilidad física que marcaría su estilo cómico. También compartió instituto con Donald O’Connor y Bobby Short, y mantuvo una estrecha amistad con el primo de Gene Hackman, recordando siempre aquel pequeño Danville como una cuna improbable de talentos.
Durante la Segunda Guerra Mundial se alistó en el Cuerpo Aéreo del Ejército de Estados Unidos y trabajó como locutor de radio antes de pasar a los Servicios Especiales, donde entretenía a las tropas. A finales de los años cuarenta formó un dúo cómico y comenzó a recorrer clubes nocturnos. Su talento desbordante lo llevó a Broadway, donde años más tarde triunfó conBye Bye Birdie que le valió un premio Tony y puso su nombre en el radar de la CBS.
El estrellato televisivo que cambió su destino
El despegue definitivo llegó entre 1961 y 1966 con The Dick Van Dyke Show, la comedia de enredo que marcó para siempre su carrera y que marcó una época en la televisión estadounidense. En ella interpretaba a Rob Petrie, un guionista de comedia que representaba casi como si fuera él mismo, que le otorgótres premios Emmy y una popularidad que trascendió generaciones. La complicidad con Mary Tyler Moore y el elenco consolidó un estilo cálido y sofisticado que aún hoy se sigue recordando.
En paralelo llegó el cine. Realizó la adaptación de Bye Bye Birdie (1963) que le abrió la puerta de los estudios, pero fue Mary Poppins (1964)la que lo convirtió en un icono global. Bert se volvió inseparable de su imagen, aunque el actor siempre bromeó con que su acento cockney era “una calamidad”. Y aunque pocos lo saben, el actor también interpretó en la misma película al anciano banquero, acreditado como Navckid Keyd, un anagrama de su propio nombre que pocos descubrieron. Su versatilidad brilló de nuevo en Chitty Chitty Bang Bang (1968), otro musical familiar que reforzó su estatus de estrella.
Su enorme repercusión pública no hizo desaparecer las sombras. Van Dyke habló con franqueza sobre sus problemas con el alcohol y las recaídas que lo llevarontres veces a rehabilitación. “Mucho más que dejar de beber, fue el proceso sostenido de ser honesto conmigo mismo lo que realmente me curó”, escribió. Su vida mediática, ya entonces intensa, convivió con una mirada introspectiva que hoy reivindica como un camino hacia la paz personal.
El largo viaje de un artista incansable
Tras su etapa dorada en televisión, encadenó proyectos en cine, teatro y series durante décadas. Convirtió la comedia física en un arte, regresó a la televisión en los noventa con Diagnóstico: Asesinato,donde actuó junto a su hijo Barry, y siguió apareciendo en películas, cameos y especiales. Su energía parecía inagotable: a los 93 años volvió a bailar sobre un escritorio en Mary Poppins Returns.
Los reconocimientos tampoco han faltado. Ganó un Tony, cinco Emmy, un Grammy y el SAG a la trayectoria, además de recibir el prestigioso honor del Centro Kennedy en 2021. También llevó su voz más sincera a sus memorias, donde reflexiona sobre la muerte sin dramatismos: “No tengo ningún miedo a morir... he tenido una vida maravillosamente plena”, confesaba recientemente a la revista People.
Su espíritu inquieto lo empujó a seguir creando, incluso en la vejez. Tanto es así que colaboró con Coldplayen el videoclip de All My Love, participó en la serie Days of Our Lives a los 97 —ganando un Emmy histórico— y ha publicado diferentes libros autobiográficos y de pensamiento positivo que sintetiza su filosofía vital. La regla número uno: mantenerse en movimiento, física y emocionalmente.
Amores y familia:
En el terreno sentimental y familiar, Dick protagonizó una de las bodas más curiosas de Hollywood al casarse el 12 de febrero de 1948 con Margie Willett, en pleno directo en el famosísimo programa de radio Bride and Groom, ante millones de oyentes que escucharon sus votos. Willett, a quien conocía desde la adolescencia, fue su compañera durante 36 años. Con ella tuvo a sus cuatro hijos: Christian (1950), Barry (1951), Stacy (1955) y Carrie Beth (1961). Todo ello después de sufrir un aborto gemelar que Margie sufrió antes del nacimiento de su primogénito. Tras años separados, se divorciaron en 1984, mientras cada uno lidiaba con sus propias batallas: él, con el alcoholismo; ella, con la adicción a los antidepresivos. Willett falleció en 2007 a los 80 años, un golpe emocional del que Van Dyke confesó que “le arrebató una parte de sí mismo”.
Dick con su primera esposa, Margie Willett, madre de sus cuatro hijos. (Foto: Getty Images)
Su siguiente gran relación fue con Michelle Triola, actriz y secretaria de su agente, a quien conoció a mediados de los años setenta. Nunca se casaron, pero vivieron juntos durante más de tres décadas, atravesando juicios mediáticos (Triola fue protagonista del célebre caso Marvin vs. Marvin sobre pensiones entre parejas no casadas) y una convivencia cómplice que Van Dyke describe como luminosa e intelectualmente estimulante. Triola fue diagnosticada de cáncer de pulmón y falleció en 2009, después de que el actor pasara una semana entera cantándole y hablándole en su habitación, convencido de que aún podía escucharlo.
Dick con Michelle Triola y Arlene Silver, sus dos últimas parejas.
La vida volvió a sorprenderlo en 2006, cuando conoció ala maquilladora Arlene Silverdurante los premios SAG. Él tenía 80 años; ella, 34. Se hicieron amigos primero, y tras la muerte de Triola, Silver empezó a visitarlo para llevarle comida y compañía. De esa cercanía nació un vínculo que Van Dyke describe sin reservas como “revitalizante”. Se casaron el 29 de febrero de 2012, con una diferencia de edad de 46 años que él siempre ha relativizado: “Soy emocionalmente inmaduro y Arlene es muy sabia para su edad, así que nos encontramos en un punto medio”, dijo. Silver se convirtió en su apoyo diario, su memoria auxiliar y, según él mismo, su fuente constante de alegría.
Hoy, a los 100 años, Van Dyke mira a su familia como su mayor obra. "Mis hijos han sido mejores padres de lo que yo fui", admite
Su familia se ha ampliado a lo largo de generaciones: sus cuatro hijos están casados y le han dado siete nietos y varios bisnietos, algunos actores, otros músicos y varios colaboradores en sus proyectos. En 1987, la muerte de su nieta Jessica, de 13 años, por el síndrome de Reye, lo llevó a protagonizar campañas para alertar sobre los riesgos de la aspirina infantil. Décadas después, celebró emocionado haber podido pasar el Día del Padre de 2023 con varias generaciones reunidas, un privilegio que él mismo definió como “un milagro cotidiano”. Ese legado afectivo, tan complejo como luminoso, es quizá el que más orgullo le provoca después de una vida entera dedicada a hacer sonreír al mundo.
Este sábado, 13 de diciembre, no es un día más en la vida de Dick Van Dyke. El popular actor, al que todos recordamos por su célebre papel de deshollinador en la película Mary Poppins, en la que trabajó con la inigualable Julie Andrews, cumple cien años y lo hace con su inagotable optimismo y en excelente forma física. Aunque cada vez es más habitual llegar a centenario, lo cierto es que dentro del mundo cinematográfico sigue siendo una rareza, aunque no la única.