Amor, dinero y prejuicios: ¿por qué Jane Austen es una bestseller 200 años después?
Se la ha tildado de sensiblera, sentimentaloide y también de misántropa y de odiadora de los hombres. Lo cierto es que hay un boom austeniano brutal con reediciones, adaptaciones, bolsas de tela, viajes a sus casas-museos. Lo analizamos
Las famosas 'janeitas' en Winchester con el billete de 10 libras que se emitió en el aniversario de su muerte en 2017. (Reuters/Chris J Ratcliffe)
En este país puedes criticar ferozmente al presidente del Gobierno, al líder de la oposición o a una lideresa autonómica, pero no puedes decir absolutamente nada de Jane Austen. Está comprobado. Las redes sociales te abrasarían. Tal es el furor que despierta esta inglesa por estas tierras en pleno siglo XXI. No importa que naciera hace 250 años (los cumple este martes). La escritora a día de hoy es una auténtica superventas con reediciones constantes de sus seis novelas canónicas y decenas de relatos y textos cortos, con cómics sobre su vida, con adaptaciones cinematográficas y para series, con ventas de bolsas de tela (tote-bags) y con visitas constantes a sus casas-museos como la de Bath, la de Chawton o la Winchester. Hasta una de las casas en las que vivió su hermano Henry en Londres y hoy convertida en hotelito con muchos toques literarios es un destino hiper deseado (y eso que sus precios no son nada baratos). La pregunta es sencilla: ¿a qué se debe este boom austeniano tan brutal en España?
“Es que es una grande”, se apresura a señalar Cristina Oñoro, profesora titular de la Universidad Complutense y autora, junto a Ana Jaren, de Jane. Una biografía literaria de Jane Austen (Lumen), publicada este 2025. Es decir, la calidad literaria de novelas como Sentido y sensibilidad (1811), Orgullo y prejuicio (1813) o Emma(1815) por delante. Después, toda la parafernalia de bolsas, merchandising, redes sociales y visitas a sus casas entraría dentro de cómo exteriorizamos nuestro fanatismo en la actualidad (y cómo lo comercializamos). “Hay un fenómeno fan que yo respeto y me parece normal con figuras muy queridas, pero yendo a su literatura, este reconocimiento ya existía en Reino Unido y Francia desde hace décadas. Es de las pocas escritoras que incluye Harold Bloom en su canon. En Reino Unido se compara con Shakespeare desde hace más de medio siglo. Lo que pasa es que todo esto a España nos está llegando ahora”, añade esta profesora.
Retrato de Jane Austen, uno de los pocos que se conservan. (Imagen de archivo)
Lo cierto es que en Reino Unido no son extraños los grandes fastos en torno a los escritores. Hay peregrinaciones a sus casas y muchos de sus fans se suelen disfrazar de sus personajes. Por ejemplo, es habitual vestirse de Peter Pan o Wendy para homenajear a J.M Barrie. También puedes alquilar la habitación de la poeta Emily Dickinson y pasar allí unas horas. “Todo eso forma parte de la cultura anglosajona. Tienen mucho cuidado con sus autores, sus casas-museos, sus rituales. Hacen bonitas ediciones, cuidan su patrimonio literario. Aquí tenemos un poco de retraso con eso y por eso nos llama la atención. Mira todo lo que ha pasado con la casa de Vicente Aleixandre. Lo que hacen los ingleses debería ser la norma”, sostiene Oñoro. Quizá aprender de esto no nos vendría mal.
"Los británicos tienen mucho cuidado con sus autores, sus casas-museos. Cuidan su patrimonio literario. Aquí no tanto"
Porque, como también señala a este periódico el traductor de novelas de Austen, José C. Vales -quien también nota el furor de Austen: su traducción de Orgullo y prejuicio lleva trece ediciones desde 2012, una de ellas con una introducción de Hilary Mantel- no deja de ser una forma de patriotismo. “Si te paseas por Bath te puedes encontrar a los personajes. Y es otra forma de turismo. Está ocurriendo lo mismo con las hermanas Brönte (autoras de Jane Eyre y Cumbres borrascosas, entre otras) y Mary Shelley (autora de Frankenstein). Y creo que con mucha justicia porque el XIX es el gran siglo de la novela británica, y la literatura hecha por mujeres es una pasada. Shelley, Jane Austen, las Brönte o Elizabeth Gaskell tienen un nivelazo prodigioso y eso no había ocurrido hasta el XIX. Tiene que ver con el acceso a la educación y la cultura. Había algo que ya estaba en el ambiente, por ejemplo, las ideas liberales y feministas de Mary Wollstonecraft (la madre de Mary Shelley). Si aparecen todas esas novelas es porque todo eso ya estaba en el ambiente”. No extraña que poco después aparecieran las primeras sufragistas.
Solterona anti-hombres
Y aquí llegamos a lo mollar: por qué se lee con tanta pasión a Austen (o a las Brönte, o a Shelley) en este siglo XXI. Qué tienen Sentido y sensibilidad u Orgullo y prejuicio hoy. Porque la escritora inglesa también pasó (y pasa) por su particular travesía del desierto en cuanto a críticas furibundas de romanticona, sensiblera y de novelas para evadirse de la realidad. Al fin y al cabo hablan de amor, de la relaciones, hay mucho cotilleo… Y eso la crítica no se lo ha perdonado en muchas ocasiones. Incluso hoy hay quien la pone como la versión primigenia de Bridget Jones. O hasta de taimada anti-hombres. La mujer (solterona) que en la actualidad viviría con sus gatos sin querer tener cuentas con los hombres.
Como recuerda Oñoro, ya en 1940 el psicólogo Dennis Clement Wyat Harding escribió el texto Regulated Hatred (algo como “el odio regulado”) en el que incidía en que la escritora no era la adorable y amorosa tía Jane que se había intentado vender sino una escritora que “reflejaba y gestionaba la erupción del miedo y el odio en las relaciones de la vida social cotidiana”. Una escritora que “no debería leerse con una sensación de alivio, sino con el entusiasmo con el que uno recurre a un aliado formidable que está con uno contra las cosas que odia”. Harding llegó a decir que los libros de Austen “son, como ella pretendía, leídos y disfrutados precisamente por el tipo de personas que le disgustaba”. Estas teorías calaron. El crítico literario Marvin Mudrick manifestó en Jane Austen: Irony as Defense and Discovery (1952) que era “una solterona sin recursos, y que por naturaleza debe reaccionar a los sentimientos con una antipatía invencible”. Y D.A. Miller en Jane Austen, or The Secret of Style, que es de 2003, señala que su escritura “delata la expresión herida de una mujer solterona”. Así es como se van transmitiendo algunas ideas.
Un crítico en 1952: "Era una solterona sin recursos, y por naturaleza debe reaccionar a los sentimientos con una antipatía invencible"
En España, según señalan los expertos, además, Austen contó muy malas traducciones y ediciones tras la Guerra Civil. Mientras que antes del conflicto había sido editada con mimo por Manuel Ortega y Gasset, hermano de José Ortega y Gasset, que fue quien introdujo a Austen en nuestro país con la traducción de Persuasión en 1919, después todo fue un desastre. “Fueron ediciones muy descuidadas y ahí fue cuando aquí le cayó la etiqueta de novelita rosa. También es porque teníamos un rechazo total a la anglofilia”, añade Oñoro.
Irónica, divertida, actual
Pero todo eso empezó a cambiar en los años setenta con los estudios de la teoría feminista y posteriormente en España gracias a las ediciones y traducciones de Luis Magrinyà en la editorial Alba, muy cuidadas. Y el mundo y las ideas también estaban cambiando. Austen “dejaría de ser la loca del desván”, apostilla Oñoro. Tampoco la romanticona ni la sensiblera.
“Jane es georgiana, muy británica, no romántica. Es heredera de la Ilustración y de una sociedad en la que tenía que ver mucho el sentimiento y espíritu práctico. Es una desgracia que la gente no sepa qué es el romanticismo, que fue un movimiento revolucionario y súper punki. Jane Austen se enfrenta a este movimiento romántico, se mete con el movimiento gótico en La Abadía de Northanger. En Persuasión, por ejemplo, un personaje lee mucho a Lord Byron y eso no es del gusto de Jane Austen. En Sentido y sensibilidad hay una hermana que es hiper romántica, pero la que sale vencedora para Jane Austen es Elinor, que es la que tiene el juicio”, sostiene José C. Vales. Así que Austen es, ante todo, sentido práctico. “Sí, sí. Hay un sentimentalismo unido a cierto espíritu práctico y eso es muy actual”, añade el traductor sobre cómo se lee hoy a la británica.
"Es heredera de la Ilustración y de una sociedad en la que tenía que ver mucho el sentimiento y espíritu práctico"
Precisamente, en este aspecto de la practicidad tiene mucho que ver el materialismo que también hay en sus novelas. En ellas se habla mucho de dinero porque era muy importante para las mujeres. Para Austen es básico conseguir la independencia económica (ella y su familia lo pasaron mal tras la muerte de su padre). De ahí, apunta Oñoro, su crítica al matrimonio (sin amor) que no era nada extraño en su época (si te casabas solías tener casa y comida, como poco). Ella, dice la profesora, defendía la independencia de la mujer y las relaciones por amor, algo que hoy parece de perogrullo (o no tanto). “Probablemente ella no se casó no porque no quisiera casarse si no porque no quería hacerlo si no estaba enamorada. En sus novelas los matrimonios felices son siempre entre iguales. Son compañeros, no hay relaciones de dependencia y de un tipo que te salve. Es una idea de matrimonio muy moderna y retrato feroz de la idea de dominación”.
Hugh Grant y Emma Thompson, en la adaptación de 'Sentido y sensibilidad'. (Columbia/Tristar)
La crítica también resalta hoy con agrado su sentido del humor que en ocasiones llega a la mordacidad. Las mujeres también podían tener un punto ácido (no hay más que leer, por ejemplo, el relato de Amor y Amistad con esa Lady Susan tan manipuladora). “Si lees a otras mujeres de su época los libros se te caen de las manos, pero Austen inventa la fórmula de la comedia romántica con muy poca sentimentalidad en el sentido más ñoño. Es muy irónica, hay mucha inteligencia e ingenio. Lo que pasa es que muchas veces se le ha puesto la etiqueta romántica, pero es que también se le puede poner a Madame Bovary o Anna Karenina y sabemos que son otra cosa", comenta Oñoro.
José C. Vales: "Las mujeres siempre han tenido claro que querían ser más libres, los que no lo han tenido claro han sido los hombres"
Y, claro está, otro aspecto fundamental de su tirón actual es la libertad femenina que destilan sus novelas y que tanto trastocó durante años a los críticos. José C. Vales se ríe con esto: “Es que las mujeres siempre han tenido claro que querían ser más libres, los que no lo han tenido claro han sido los hombres, pero las mujeres siempre. Una escena como la de Orgullo y Prejuicio en la que Lizzy Bennet declara su libertad para estar con quien quiera llama mucho la atención en nuestro tiempo. Está muy bien explicado por qué quiere ser libre, y en un mundo donde las cosas se tergiversan tanto cuando Jane Austen dice mis sentimientos y mi corazón son solo míos es de una gran potencia verbal”. Porque, además, también estamos hablando del XIX.
Alegría de vivir
Precisamente, Amparo Llanos, la guitarrista, compositora y fundadora de Dover, y que también se confiesa enamoradísima de Austen desde que la leyera con unos 30 años, señala a El Confidencial que no le extraña nada el furor austeniano en estos momentos. “Es que lo que dice es verdadero y eso perdura. Y eso lo reconocen las lectoras de hace 200, cien, cincuenta años”, asegura. “Lo que hay que romper es lo de los hombres que creen que su musculatura se va a desmoronar si leen a Jane Austen”, añade. También lo de “sentimentaloide”. “Quien dice eso es que no la ha leído. Quienes la describen como sentimentaloide lo que han hecho es ver una peli de refilón con la novia. Ella sabían crear verdad, personajes únicos, conectados por nuestra condición humana, personajes que son absolutamente reales, y que tienen dilemas que son los que tenemos todos”.
[ A Crosby & Co. ]
Miércoles, 5 de abril de 1809
Muy señores míos: En la primavera del año 1803 le compraron el manuscrito de una novela en dos volúmenes titulada Susan a un caballero de nombre Seymour, a quien pagaron 10 libras por su adquisición.
Han pasado seis años desde entonces, y esa obra, de la que me confieso su autora, no ha sido publicada aún, hasta donde tengo conocimiento, pese a que en el momento de la venta se estipuló hacerlo cuanto antes. Solo se me ocurre para tan extraordinaria circunstancia que, por algún descuido, el manuscrito se perdiera; si así fue, estoy dispuesta a enviarles otro ejemplar, si les parece conveniente, y se comprometen a imprimirla sin demora. No estará en mi mano por circunstancias concretas hacer llegar esta copia antes del mes de agosto, pero para entonces, si aceptan mi propuesta, cuenten con ella.
Sean tan amables de mandarme respuesta cuanto antes, pues solo permaneceré en este domicilio unos días más. Si no recibo contestación me sentiré con la libertad de asegurar la publicación de mi obra en otra parte.
Sin otro particular quedo de Ustedes,
Mrs. Ashton Dennis (Nombre ficticio que usa en la carta)
[ Respuesta de Richard Crosby ]
Sábado, 8 de abril de 1809
Señora: Acusamos recibo de su carta del día 5. Es verdad que en el momento que menciona compramos al señor Seymour el manuscrito de una novela titulada Susan y pagamos por ella la suma de 10 libras, con su correspondiente recibo sellado que acreditaba la legalidad de la transacción, pero no se estipuló fecha de publicación, ni tenemos obligación de hacerlo. Si usted o otra persona lo hiciera tomaremos medidas para impedir su venta. El manuscrito volverá a ser suyo por la misma cantidad que nosotros pagamos por él.
Atentamente, Richard Crosby
Llanos conoce bien a la escritora. Aparte de haberla leído (y releído), acaba de traducir y editar sus cartas para el libro Afectuosamente tuya, Jane Austen (Cartas selectas), en la editorial Renacimiento. En ellas se nos aparece una mujer que bregaba por su dinero con los editores, pero también una mujer feliz, alegre, a la que le gustaba salir a bailar. Una mujer que poco tiene que ver con la imagen de alguien solo y amargado. Además, aunque murió con solo 41 años y en el cénit de su trabajo, pudo disfrutar del éxito literario.
“Debía ser una mujer con alegría por la vida y ganas de disfrutar. Y era tan inteligente que era capaz de apreciar e integrarse en la sociedad en la que vivía y la clase social a la que pertenecía. Hay momentos en las cartas en las que la ironía es más mordaz porque al tener esa independencia de pensamiento a veces ella misma notaba que no encajaba y castigaba a esa sociedad en la que vivía. Criticaba cosas como los veinte partos de las mujeres o el hecho de que si una mujer no se casaba tenía un futuro muy incierto. Pero a pesar de todo tenía buena actitud ante la vida”, resume Llanos.
En definitiva, Jane Austen nació hace ahora 250 años, pero tenía una mente que podría caminar hoy junto a miles de mujeres. Y eso es lo que está sucediendo.
En este país puedes criticar ferozmente al presidente del Gobierno, al líder de la oposición o a una lideresa autonómica, pero no puedes decir absolutamente nada de Jane Austen. Está comprobado. Las redes sociales te abrasarían. Tal es el furor que despierta esta inglesa por estas tierras en pleno siglo XXI. No importa que naciera hace 250 años (los cumple este martes). La escritora a día de hoy es una auténtica superventas con reediciones constantes de sus seis novelas canónicas y decenas de relatos y textos cortos, con cómics sobre su vida, con adaptaciones cinematográficas y para series, con ventas de bolsas de tela (tote-bags) y con visitas constantes a sus casas-museos como la de Bath, la de Chawton o la Winchester. Hasta una de las casas en las que vivió su hermano Henry en Londres y hoy convertida en hotelito con muchos toques literarios es un destino hiper deseado (y eso que sus precios no son nada baratos). La pregunta es sencilla: ¿a qué se debe este boom austeniano tan brutal en España?