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'Terra Alta': Demasiado guapo para haber sufrido
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'Terra Alta': Demasiado guapo para haber sufrido

Enésima adaptación de una obra de Javier Cercas, con desafortunada elección del protagonista

Foto: Miguel Bernardeu en 'Terra Alta'. (Movistar  )
Miguel Bernardeu en 'Terra Alta'. (Movistar )

Uno se pregunta qué libros dan para hacer películas o series, quién lo decide y bajo qué criterios, qué dice el cine de la literatura que adapta, qué queda de la literatura cuando puedes saltártela viendo la película. Javier Cercas debería escribir sobre ello, porque le adaptan cualquier cosa que escriba.

Intuimos que el cine y la tele ven en el mercado de los libros un campo de pruebas para las historias. Si funciona leída, quizá funcione en la pantalla. Si miles compraron un libro, quizá millones compren la entrada o se suscriban. El cálculo es muy basto, porque una buena novela (como afirmaba Milan Kundera en El arte de la novela) lo será muy precisamente porque no puede hacerse una película con ella. Por eso tantas obras maestras de la literatura han sido tan malas películas.

Coinciden en Movistar, con días de diferencia, las adaptaciones de Anatomía de un instante y de Terra Alta, dos novelas de Javier Cercas que casi parecen de autores distintos. Anatomía de un instante es una pieza literaria mayor, deudora para bien del estilo expansivo e hipnótico de Javier Marías (que luego sea políticamente acertada a mí me da un poco igual), y el punto más alto de toda la obra de Cercas. Terra Alta, sin embargo, es novela negra al uso, muy menor, casi un capricho después del éxito, cuando ya te publican cualquier cosa, y hasta te dan un millón de euros (el premio Planeta) por lo que sea que firmes. Cuando el autor se convierte en marca, tipo Disney o Lladró, empieza a escribir mal, como compensándose la calidad que nadie valoró con la baja calidad que, de pronto, se paga a precio de oro.

'Terra Alta', sin embargo, es novela negra al uso, muy menor, casi un capricho después del éxito, cuando ya te publican cualquier cosa

Les reconozco que tengo una muy mala opinión de las novelas negras de Javier Cercas, siendo que él me cae de maravilla, en la distancia. He tratado de leerlas todas, y siempre acabo un poco triste y abochornado. Hay soluciones narrativas en sus libros que uno ha criticado en abstracto en talleres literarios de aficionados. Luego van tus alumnos a la librería, se compran el libro que recomienda Babelia, y ven ahí por escrito todo lo que su profe del taller de los martes les decía que estaba mal hecho. Así va la cosa.

La serie, en fin, también se cae enseguida. Me gusta mucho la música, y la cortinilla de arranque es muy inspirada (vagamente toda la serie tiene algo de True detective en modo sardana), pero enseguida el espectador no puede hacer otra cosa que comparar. Las series policiales españolas se hacen viendo series policiales de HBO, y tomando notas en un cuaderno, y plagiando a bulto, y la única manera de verlas enteras es la ingeniería inversa y la burla.

Por eso Antidisturbios, de Rodrigo Sorogoyen, es la mejor serie española de todos los tiempos: porque no se te ocurre compararla con Breaking Bad.

placeholder Miguel Bernardeu junto al director Eduard Cortés (Movistar  )
Miguel Bernardeu junto al director Eduard Cortés (Movistar )

De hecho, acababa de ver entera Task (HBO), cuando me puse Terra Alta, y el modo en que en una de las primeras escenas el policía protagonista sostiene a la vez pistola y linterna era idéntico. Se cruzan las manos, con la pistola a la izquierda y la linterna a la derecha, y se avanza por una casa oscura. ¿Hace eso la policía española?

Cercas, según sabemos por sus notas finales en las novelas de la saga, fue a preguntar a la policía catalana cómo sujetaban las linternas, pero me da que en la serie se han olvidado de toda esta documentación sobre procedimientos policiales y se han limitado a copiar Mare of Easttown.

La serie trata sobre un asesinato, ya ven qué original. Han matado a un matrimonio de millonarios de la comarca de Terra Alta y sus herederos se alzan como los principales sospechosos. Todo es rutinario. Ni siquiera salen productos típicos de la zona, para darle algún interés al asunto. Yo qué sé, una butifarra.

Como policía, no te crees ni por un segundo a Bernardeau; ni como chico malo que pasó por prisión tras una infancia traumática

El protagonista es Melchor Marín, interpretado por Miguel Bernardeau. Como policía, no te crees ni por un segundo a Bernardeau; ni como chico malo que pasó por prisión tras una infancia traumática. Pueden ver cualquier imagen del actor en Google y decirme si se creerían alguna vez una infancia traumática con esa cara.

Más hábil hubiera sido dar el rol protagónico a Iván Massagué, del que te lo crees todo. Es uno de esos actores naturales, españolísimos, fáciles y callejeros que da gusto ver en la pantalla, como Luis Zahera o Hovik Keuchkerian. Pero sólo hace de compañero de fatigas.

Se cruzan las manos, con la pistola a la izquierda y la linterna a la derecha, y se avanza por una casa oscura. ¿Hace eso la policía española?

Por lo demás, la serie lo hace casi todo mal. La mansión de los ricos catalanes de provincias parece una finca en California; el policía está leyendo Los pazos de Ulloa (no había otro libro, madre de mi vida), los interiores de las casas parecen catálogos de Ikea de 2030, Goya Toledo es inverosímil; la fotografía abusa de la luz; la biblioteca pública que sale no se diferencia de una peluquería salvo por los libros.

Estaba mucho mejor hecha La viuda negra, por ejemplo.

Uno se pregunta qué libros dan para hacer películas o series, quién lo decide y bajo qué criterios, qué dice el cine de la literatura que adapta, qué queda de la literatura cuando puedes saltártela viendo la película. Javier Cercas debería escribir sobre ello, porque le adaptan cualquier cosa que escriba.

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