Sí, las canciones de pop de ahora son más tristes que hace 50 años: un estudio lo confirma
Una gran investigación de los temas más comerciales desde 1973 a 2023 resuelve que las letras de los artistas pop han ido aumentando en negatividad y estrés. ¿A qué se debe?
En 1977, los británicos Fleetwood Mac lanzaban lo que sería un 'hitazo' atemporal: "Go Your Own Way", una canción que hablaba sobre la liberación que se siente tras aceptar que una relación sentimental ha llegado a su fin. Una banda sonora ideal para mirar al futuro tras una ruptura. Por otro lado, cuatro décadas más tarde, la artista Olivia Rodrigo, lanzaba el single "drivers license", una canción que trata de lo mismo, pero con una mayor carga ansiosa en la letra.
De hecho, la metáfora central reside en que la autora por fin ha obtenido su permiso de conducir, un logro que debería reportarle un sentimiento de libertad y autonomía; sin embargo, para ella no deja de ser un recordatorio de la pérdida amorosa, tan solo porque después de obtener su licencia de conducir lo primero que habría hecho sería ir hasta la casa de su amor.
Son dos canciones distintas, de géneros musicales opuestos, de épocas muy diferentes, pero las dos tienen en común que fueron un éxito en su día y que tratan de la pérdida amorosa. Ante todo, son hitos del pop de su tiempo. Y estos dos ejemplos nos sirven para reflexionar si las canciones del mainstream de ahora son más tristes que antaño. Una pregunta que acaba de resolver un estudio científico de la revista Scientific Reports, que revela que las lyrics de los artistas más escuchados han ido aumentando en negatividad y estrés en las últimas cinco décadas.
La investigación, realizada por un equipo de científicos del departamento de Psicología de la Universidad de Viena, analizó las letras de las 100 canciones más populares en Estados Unidos cada semana entre los años 1973 y 2023, lo que viene a ser un total de 20.189 canciones pertenecientes a la lista Billboard Hot 100. Así, descubrieron mediante tres fases de análisis comparativo, que las letras se han vuelto progresivamente más simples y negativas a medida que fueron pasando los años, además de contener más palabras que denotan estrés o ansiedad. Por ello, ven una correlación entre los éxitos del pop de masas y el aumento de las tasas de depresión y ansiedad en la población general.
"Cuando el entorno es emocionalmente abrumador, parece que el público busca letras menos negativas"
Paradójicamente, el estudio concluye que esta ansiedad y negatividad de las letras se atenuó en momentos de gran confusión, estrés o crisis colectiva, poniendo de ejemplo los atentados del 11S en Nueva York o la pandemia de coronavirus. Es decir, cuanto más difícil y complejo es el contexto social o político, más positiva es la música más escuchada. Esto refleja el poder de modulación emocional que tiene la música en nosotros, al recurrir a ella en los momentos difíciles. No en vano, el estribillo que más sonaba en España durante los confinamientos era el de "Resistiré" del Dúo Dinámico. Un tema que, a pesar de ser muy antiguo, se convirtió en la banda sonora del presente pandémico.
La música como modulador emocional
"Cuando el entorno es emocionalmente abrumador, parece que el público busca letras menos negativas", explica María García Rodríguez, musicoterapeuta y profesora de Música y Artes en la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR), en declaraciones ofrecidas por el Science Media Centre España (SMC). "La música no solo refleja el clima emocional de una época, sino que actúa como un barómetro y amortiguador del malestar colectivo. Estos resultados invitan a plantearnos cómo aprovechar de un modo más deliberado el potencial regulador de la música en contextos de incertidumbre".
"Después del grunge, el imaginario juvenil quedó jerarquizado en base a la depresión como capital simbólico"
García Rodríguez señala limitaciones importantes del estudio. "Analiza únicamente las letras, dejando fuera elementos fundamentales para la emoción musical, como la armonía, la melodía o el ritmo", admite. Por otro lado, "los estímulos musicales representan solo el mainstream estadounidense, no todo el espectro de producción ni de consumo musical". Y concluye: "La música no solo refleja el clima emocional de una época, sino que actúa como un barómetro y amortiguador del malestar colectivo, en línea tanto con la evidencia científica como con el uso cotidiano de playlists para gestionar el estado de ánimo".
Hay otro factor relevante a tener en cuenta: por qué la música triste a veces puede desencadenar sensaciones de placer, incluso de alegría. Así lo señala José Fernando Fernández Company, profesor contratado doctor en la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR), quien menciona las investigaciones de Matthew E. Sachs sobre los procesos neurológicos que se desencadenan cuando escuchamos baladas y por qué, en ocasiones, podemos sentir una cierta sensación de euforia.
En situaciones normales, nuestro cerebro activa la liberación de neurotransmisores como la dopamina, oxitocina y serotonina cuando escuchamos música alegre. En cambio, cuando suenan canciones que no nos gustan o, incluso, detestamos, nuestras glándulas suprarrenales aumentan los niveles de cortisol en el torrente sanguíneo. Sin embargo, hay cierta música de carácter melancólico que podemos experimentar con un tono más "alegre, romántico o relajante". Sachs descubrió que podemos acceder a emociones más complejas y profundas, relacionadas con el significado existencial o la conexión social, gracias a la música triste. Por esto mismo, muchas de las baladas que escuchamos pueden reportarnos alegría, al llevarnos a momentos bonitos de nuestra vida con personas del pasado o reflexionar sobre el sentido de nuestra existencia.
Juventud deprimida, divas tristes
Por otro lado, hay una razón de peso para comprender por qué la música pop se ha hecho más triste con el paso de los años. Y es que la juventud desde los 90 hasta ahora ha asumido que la tristeza es un capital simbólico con el que poder diferenciarse del mundo adulto en sus ansias de subversión. "Después del grunge, el imaginario juvenil quedó jerarquizado en base a la depresión como capital simbólico", escriben el psicólogo Ricardo Fandiño y el crítico musical Oriol Rosell en un texto titulado Cultura de la depresión. "Quien más sufría, quien lo peor lo pasaba, mayor prestigio adquiría dentro del orden cultural adolescente".
Así, esta pose de chico triste y desaliñado que encarnó Kurt Cobain ahora habría evolucionado hacia la de artistas como Billie Eilish, quien no dudó en titular de forma irónica uno de sus mejores álbumes como Happier Than Ever (2021). "El malestar atraviesa el pop de cuño reciente", asevera Rosell en su libro Matar al papito. Por qué no te gusta el reggaeton y a tus hijos sí (2025, Cúpula), antes de mencionar otro estudio muy similar al publicado en Scientific Reports, en el que se analizaron más de 6.000 canciones de la lista Billboard, esta vez comprendidas entre 1951 y 2016.
"El pop del siglo XXI está dominado por la tristeza y el decaimiento", argumenta el crítico. "Sirvan de ejemplo los éxitos planetarios de Billie Eilish, Lana del Rey y Lorde, todas mujeres, el segmento demográfico más afectado por la depresión, cuyas propuestas estéticas, cada una con sus particularidades, conectan entre sí mediante el hilo invisible de aquella infinite sadness que encumbró a los Smashing Pumpkies a mediados de los años 90. Dando por perdida la causa contracultural, la bajona se instituyó como signo de 'madurez' y 'hondura'". En realidad, otro de los mejores álbumes para entender esa "placentera tristeza" o "música melancólica" más característica es Melodrama (2017), el álbum de madurez de Lorde y que muchos críticos engloban como uno de los mejores en lo que va de siglo.
Realismo depresivo
Hay un término dentro del ámbito psicológico que explica por qué la juventud está tan obsesionada con la depresión como factor de subjetivación e, incluso, de empoderamiento, y cómo se refleja esto en la música. Se trata del realismo depresivo, un término que empezó a popularizarse para describir aspectos útiles de la depresión que tienen que ver con el posicionamiento individual ante el mundo.
En un paper titulado '¿Más triste, pero más sabio?', los psicólogos estadounidenses Lauren Alloy y Lyn Yvonne Abramson descubrieron tras investigar la psicología de varios estudiantes que aquellos que se mostraban como menos melancólicos eran más propensos a vivir bajo una falsa ilusión de control sobre sí mismos basada en el autoengaño, en aras de mejorar su autoestima. Es decir, los jóvenes saben perfectamente que para desenvolverse en el mundo adulto necesitan engañarse a sí mismos; de lo contrario, solo les espera la infelicidad y el fracaso. Algo que expresaba de forma literal Marcos, de Depresión Sonora, en el libro No sonamos mal (Muzikalia, 2023): "Te autoengañas para ser feliz".
Otro estudio sobre el realismo depresivo es el de Joshua Forgas, quien demostró que la tristeza patológica fomenta el pensamiento crítico entre los individuos. "Las personas felices son más propensas a dejarse llevar por estereotipos y a seguir la corriente", aseguraba. Según Rosell, quien también conoce el término, "la aflicción de Eilish, Lana del Rey o Lorde emerge del desencuentro entre la expectativa y el hecho, la ilusión de cómo deberían ser las cosas y la realidad de cómo son".
En 1977, los británicos Fleetwood Mac lanzaban lo que sería un 'hitazo' atemporal: "Go Your Own Way", una canción que hablaba sobre la liberación que se siente tras aceptar que una relación sentimental ha llegado a su fin. Una banda sonora ideal para mirar al futuro tras una ruptura. Por otro lado, cuatro décadas más tarde, la artista Olivia Rodrigo, lanzaba el single "drivers license", una canción que trata de lo mismo, pero con una mayor carga ansiosa en la letra.