Muere Robe Iniesta, el último verso libre del rock español
El músico, alma poética de Extremoduro y autor de canciones como 'Dónde están mis amigos', 'So Payaso' y 'Jesucristo García', devolvió el rock urbano al panorama nacional a principios de los 90
Todo sistema tiene su verso libre. Durante casi tres décadas, Roberto Iniesta jugó ese papel disidente con inspiración y reconocimiento. Hoy estamos acostumbrados a casi todo, pero en la España de 1997, en la que todavía se vendían los discos por millones, a muchos les costó tragar que un disco llamado Iros todos a tomar por culo entrara directamente al número uno de las listas. Era obra de Extremoduro, la banda de rock urbano y poético que siempre irá asociada al nombre de este plasenciano del 62.
Antes Robe tuvo otra banda, Dosis Letal, de tan escaso recorrido como su primer trabajo (en un puesto de chucherías), pero crucial a la hora de sentar las bases de Extremoduro. En 1987 arranca la andadura de esta banda con una maqueta con dos temas Extremaydura y Romperás. No consiguen generar el interés suficiente entre las discográficas y se embarcan en un crowdfunding (que por supuesto aún no se llama así) que, gracias a la venta de 250 papeletas, financia la grabación de una primera maqueta, de nombre Rock transgresivo, que vuela entre los primeros seguidores del grupo y que hoy vale una fortuna. Los primeros dos discos razonablemente bien grabados (Tú en tu casa, nosotros en la hoguera y Somos unos animales) aparecen ya con sendos sellos independientes.
El talento compositivo y el carisma de Iniesta —salvaje, desgarbado, poético—, y sobre todo su base de seguidores, propician el salto a DRO, discográfica privilegiada por sus fichajes nacionales, que a principios de los 90 es comprada por la multinacional Warner. Sello y banda se benefician igualmente de ese momento de expansión: en la primera mitad de esta década aparecen los grandes discos de Extremoduro —Deltoya (1992), ¿Dónde están mis amigos? (1993), Pedrá (1995)— que legitiman a Robe como autor de pleno derecho en un mundo que llevaba mucho tiempo sin hacerle sitio a un autor de rock urbano.
Agila (1996) marca un techo creativo y comercial para la banda e incorpora, por cierto, a Iñaki 'Uoho' Antón, miembro de Platero y Tú. Con este grupo —que lidera Fito Cabrales— Extremoduro comparte cartel en giras y conciertos, e incluso inventa Extrechinato y Tú, banda híbrida que cumple el fin de homenajear al poeta Manolo Chinato. Esta formación, que plasma su trabajo en un único disco (Poesía básica, 2001), refuerza el compromiso con el mundo lírico y literario (donde, por cierto, Robe se hará notar en 2009, con la publicación de su novela
Extremoduro dura una larga década más, en la que madura hasta llegar a La ley innata (2008), disco en el que aquel rock urbano, amigo de Leño y AC/DC, ha evolucionado hasta crear una suite rockera con embrujo flamenco. En 2013 su creador cambia de estrategia y desvincula de la marca con un disco como solista: Lo que aletea en nuestras cabezas (2015). A este trabajo seguirán Destrozares, canciones para el final de los tiempos (2016) y los más recientes, Mayéutica (2021) y Se nos lleva el aire (2023). En este estatus de creador en solitario, nunca del todo desvinculado de su banda, discurre el resto de su carrera, que ya es la de un autor maduro y establecido.
Robe Iniesta deja libros por escribir, mucha música por grabar, y a muchos amigos que le echarán de menos (el primero en que uno piensa es Albert Pla). No es exagerado, pese a que suene a lugar común, afirmar que —por su crudeza, su sentir poético, su carga emocional, su sentido de la libertad— el cacereño no tendrá reemplazo. Canciones como Dónde están mis amigos, So Payaso, Ama, Ama y Ensancha el Alma y Jesucristo García son himnos que trascendieron públicos y generaciones.
Todo sistema tiene su verso libre. Durante casi tres décadas, Roberto Iniesta jugó ese papel disidente con inspiración y reconocimiento. Hoy estamos acostumbrados a casi todo, pero en la España de 1997, en la que todavía se vendían los discos por millones, a muchos les costó tragar que un disco llamado Iros todos a tomar por culo entrara directamente al número uno de las listas. Era obra de Extremoduro, la banda de rock urbano y poético que siempre irá asociada al nombre de este plasenciano del 62.