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Por qué John Lennon y Yoko Ono están volviendo a ser reivindicados como activistas
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otra mirada (más) a los setenta

Por qué John Lennon y Yoko Ono están volviendo a ser reivindicados como activistas

El documental 'One to One: John & Yoko' muestra a la pareja entre 1971 y 1973 cuando comenzaron todas sus reivindicaciones por los derechos civiles y elaboraron su música y performances colectivas. Y habla mucho de nosotros

Foto: Yoko Ono y John Lennon en una exposición de la primera en julio de 1971 en Londres. (Jack Kay/Daily Express/Getty Images)
Yoko Ono y John Lennon en una exposición de la primera en julio de 1971 en Londres. (Jack Kay/Daily Express/Getty Images)

Durante los primeros años sesenta, aunque ya con fama mundial, John Lennon fue solo un chico de Liverpool. Aún con la novia del colegio (Cynthia) y sin muchas pretensiones. Ni políticas, ni culturales ni filosóficas. Escribía canciones, se convertían en himnos y ya estaba. Sin embargo, todo cambió cuando en una exposición en Londres en 1966 conoció a Yoko Ono. Porque ella era otra cosa. Ya era una artista experimental reconocida en Nueva York y Tokio. Ya era una activista por los derechos humanos y por las mujeres. A Lennon le deslumbró: “Es una mujer independiente, elocuente, franca, creativa y un genio para mí, y empecé a despertar”, diría años más tarde. Empezaron a salir, se divorció de Cynthia y en 1971, hastiados del acoso de la prensa londinense, ambos pondrían rumbo al Village de Manhattan. Y ahí empezaría el otro mito: el de John y Yoko activistas, modernos, referentes absolutos de los años setenta. Y aún fascinan, lo que no extraña. Como reconoce el comisario artístico Álvaro Rodríguez Fominaya: "Yoko fue una precursora del activismo, la paz y el feminismo con el que se están identificando los jóvenes".

Precisamente el periodo entre 1971 y 1973 es el que retrata el excelente documental de Kevin Macdonald -realizador de películas como El último rey de Escocia- producido por Brad Pitt One to One: John & Yoko que ya se puede ver en plataformas como Movistar +. Está elaborado a partir de numerosas escuchas telefónicas de los artistas con managers, con otros músicos, con periodistas y también de muchas imágenes de archivo sacadas en gran parte de la televisión de aquella época. Ya sean programas, anuncios, tertulias o reportajes informativos. Porque este medio de comunicación era el verdadero pegamento social de aquellos años (muchísimo más que nuestras redes sociales). “¿De qué habla la gente en EEUU un sábado por la noche? De lo que ha visto el viernes por la noche”, dice John en un momento del documental. Los artistas lo sabían… Y lo aprovecharon.

Personajes excéntricos y singulares

Cuando John y Yoko se instalan en un pequeño apartamento en el Village -evidentemente tenían dinero para mucho más, pero decidieron quedarse allí, que es donde estaba todo el que tenía algo que decir en Manhattan- colocaron su cama enfrente de un televisor. Allí se pasarían las horas. Y allí verían los discursos de Richard Nixon, las manifestaciones contra la guerra de Vietnam, por los derechos civiles y también la aparición de algunos personajes bastante estelares de los años setenta que, en parte, nos recuerdan al momento actual en EEUU (de ahí que el documental esté producido por el ala más anti Trump de Hollywood).

Foto: culos-mujeres-maltratadas-y-moscas-en-el-pubis-yoko-ono-mas-alla-de-los-prejuicios

Uno de estos personajes es el activista Jerry Rubin, un tipo bastante singular ya que empezaría siendo un hippie, luego un yippie revienta convenciones políticas y finalmente un yuppie que invirtió en Apple (cuando aún no era nada) y acabó siendo millonario y paseándose con traje por Wall Street (para pedir que se invirtiera en energías renovables en los ochenta: no se traicionó del todo).

Rubin, que fue uno de los primeros en convocar a la gente contra la guerra en Vietnam, que se reía de los presentadores de televisión más conservadores, conecta muy bien con John y Yoko en los primeros setenta y los tres llegan a aparecer en tertulias televisivas. Es llamativo (y a la vez da qué pensar) que en los canales de izquierdas o derechas pudieran estar los tres junto a otros tertulianos más conservadores… y que no pasara nada. Rubin le llega a soltar a la cara a un presentador que le parece un tipo de plástico. Este hace una mueca y el programa continúa. Sin más. Eso sí, las autoridades sí quisieron deportar a Lennon (y hasta 1975 no estuvo seguro de que no lo hicieran).

placeholder Imagen del documental 'One to one'.
Imagen del documental 'One to one'.

Ocurre lo mismo en otras ocasiones con el poeta Allen Ginsberg -otro buen amigo de John y Yoko- con sus actuaciones performativas en programas a priori “serios”. En los setenta andaban por ahí desnudos, haciendo creaciones como la de las famosas moscas por el pubis de Yoko Ono -ahora se puede ver en el MUSAC de León-, meditando en directo… Y se emitía sin pausa. Y se estrenaba en espectáculos en grandes teatros. Para regocijo de algunos y delirio de otros. Otra cosa que hemos perdido: ya no quedan poetas excéntricos en prime time.

Otro personaje interesante es el político George Wallace, entonces gobernador de Alabama, y una especie de pre Trump. Wallace pertenecía al Partido Demócrata -otra de esas contradicciones de la vida-, pero se convirtió en un completo verso suelto. Empezó a dirigirse a la masa obrera desencantada con demócratas y republicanos, a los llamados rednecks (paletos) como los grandes olvidados por los partidos, comenzó a decir que Europa debía pagar por su defensa… y, sobre todo, centró toda su crítica en los negros. Se proclamó defensor del ciudadano americano, blanco y de clase trabajadora. El clima era tan polarizante en el país -a sus mítines iban multitud de jóvenes a abuchearle, algo que hoy también resulta curioso- que acabaría siendo tiroteado en un mitin en Maryland en 1972 que le dejaría en silla de ruedas aunque no se iría de la política. En los noventa ficharía por los republicanos.

John y Yoko salían bastante en la tele en EEUU junto a conservadores y no pasaba nada (aunque a Lennon le quisieron deportar)

En este ambiente viven un John y una Yoko que quieren poner en marcha una serie de actividades reivindicativas. Una de ellas es la gira Free the People que pretendía liberar a aquellos presos que no podían pagarse la fianza para salir de la cárcel (y que, como afirma John, la mayoría eran negros). Pensaban contar con otros músicos como Bob Dylan, pero la cancelan cuando son conscientes de que puede haber disturbios violentos (las manifestaciones y concentraciones de personas no eran como las de ahora). También ponen en marcha performances colectivas como una forma de terapia, muestra de otro movimiento muy potente en los setenta como fue la búsqueda de uno mismo y hurgarse en sus heridas. El psicoanálisis vivió otra era de absoluto esplendor (lo cual tampoco queda ahora tan lejano).

El documental también se articula a partir del concierto One to One que ofrecieron los dos artistas el 30 de agosto de 1972 en el Madison Square Garden en Nueva York y cuya recaudación fue a parar a los niños de la Escuela Willowbrook (otro auge de los conciertos benéficos, aunque esto ahora apenas existe). El caso Willowbrook que destapó la prensa -cuando el periodismo también movilizaba- fue estremecedor. Era un colegio para niños con discapacidades en Nueva York cuyas condiciones eran totalmente deplorables. Había abusos psíquicos y sexuales, transmisión de enfermedades, higiene paupérrima… Tras conocer los reportajes de Geraldo Rivera que revelaron todo aquello Yoko y John decidieron hacer ese concierto que se convirtió en el último de Lennon (de larga duración) y en el que suenan canciones como Imagine, Come Together, Power to the people, Mother o Instant Karma!. Las composiciones más reivindicativas del ex Beatle.

placeholder Otra imagen del documental 'One to one'.
Otra imagen del documental 'One to one'.

Y, finalmente, hay otro aspecto nuclear en el documental: los derechos de las mujeres, las reivindicaciones feministas. “¿Dónde están las mujeres de este movimiento?”, se pregunta Lennon. Se refiere a que el activismo está plagado de hombres. La revolución es masculina. Como ocurre tantas veces en ambientes tildados de progresistas. “Aquí solo está Yoko”, afirma. Y ella le secunda con varios discursos en los que se queja de la visión que la prensa tiene de ella con respecto a Los Beatles. El famoso “la culpa de todo la tiene Yoko Ono”. La artista recuerda cómo incluso amigos de John le pidieron a Yoko que estuviera algo más callada y en segundo plano. O cómo los periodistas la etiquetaron de “la japo fea”.

Ahora bien también hay que decir que en este documental la mayoría de las veces sale hablando John. La voz de Yoko aparece bastante menos. O en las entrevistas se le preguntaba a ella menos... O él explicaba mucho más los puntos de vista... de los dos. Cuestiones de las que, quizá, sí nos damos cuenta en 2025.

La mayoría de las veces sale hablando John. O en las entrevistas se le preguntaba a ella menos o él explicaba más los puntos de vista... de los dos

One to one acaba cuando empieza lo que el propio Lennon llamó su “fin de semana perdido”: dos años separado de Yoko Ono, entregado al alcohol y al desmadre junto al músico Harry Nilsson (que era el músico favorito de Los Beatles). Pero deja con una sonrisa: en los créditos finales aparece la reconciliación de los dos amantes (es un documental romántico: no puedes creer que nadie se haya querido ni apoyado más) y el nacimiento de su hijo Sean.

Aunque, eso sí, también hay un poso amargo: todo lo que hemos perdido desde aquellos reivindicativos (y modernos) años setenta.

Durante los primeros años sesenta, aunque ya con fama mundial, John Lennon fue solo un chico de Liverpool. Aún con la novia del colegio (Cynthia) y sin muchas pretensiones. Ni políticas, ni culturales ni filosóficas. Escribía canciones, se convertían en himnos y ya estaba. Sin embargo, todo cambió cuando en una exposición en Londres en 1966 conoció a Yoko Ono. Porque ella era otra cosa. Ya era una artista experimental reconocida en Nueva York y Tokio. Ya era una activista por los derechos humanos y por las mujeres. A Lennon le deslumbró: “Es una mujer independiente, elocuente, franca, creativa y un genio para mí, y empecé a despertar”, diría años más tarde. Empezaron a salir, se divorció de Cynthia y en 1971, hastiados del acoso de la prensa londinense, ambos pondrían rumbo al Village de Manhattan. Y ahí empezaría el otro mito: el de John y Yoko activistas, modernos, referentes absolutos de los años setenta. Y aún fascinan, lo que no extraña. Como reconoce el comisario artístico Álvaro Rodríguez Fominaya: "Yoko fue una precursora del activismo, la paz y el feminismo con el que se están identificando los jóvenes".

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