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Un final más feliz para el "colonialista" descubridor de los mares del sur James Cook
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Un final más feliz para el "colonialista" descubridor de los mares del sur James Cook

El navegante británico que arribó a la Polinesia a finales del XVIII ha sido muy maltratado en los últimos años. El historiador Hampton Sides busca equilibrar su figura y hazañas en el libro 'El ancho ancho mar'. Este es un extracto

Foto: Estatua de James Cook en Melbourne vandalizada en 2018 (Getty Images)
Estatua de James Cook en Melbourne vandalizada en 2018 (Getty Images)

En los últimos años, los viajes del capitán James Cook han sido objeto de críticas cada vez más ácidas en el marco de una revisión generalizada del legado del imperio. Cook era navegante y cartógrafo, no un conquistador ni tampoco un colonizador. Sin embargo, a lo largo de la historia, exploración y cartografía solo han sido habitualmente etapas previas a la conquista. Siguiendo la larga estela de Cook llegaron ocupantes, armas, gérmenes, alcohol, los problemas asociados al dinero, balleneros, cazadores de pieles y de focas, las grandes plantaciones y sus propietarios, misioneros.

De modo que, para muchos pueblos nativos del Pacífico desde Alaska hasta Nueva Zelanda, el capitán Cook es hoy un símbolo del colonialismo y los estragos causados por la aparición de Europa. En muchos rincones del mundo se le ha vilipendiado, y no tanto por lo que hizo como por los perjuicios que acarreó su llegada. También porque durante demasiado tiempo nadie ha prestado atención a las poblaciones indígenas que el capitán se fue encontrando en su camino; sus voces rara vez han sido escuchadas, sus ideas y su significación cultural apenas se han tenido en cuenta.

Desde hace relativamente poco, muchos monumentos a las exploraciones de Cook amanecen salpicados de pintura. Objetos y obras de arte que el capitán recogió en sus viajes, y que antes todos tenían por preciados tesoros, han sufrido reinterpretaciones radicales o se han retirado sin mayores explicaciones de galerías y museos (en algunos casos para devolverlos, como es de justicia, a su tierra de procedencia). En las islas Cook se ha debatido muy en serio la posibilidad de cambiarles el nombre. En 2021, en Victoria, capital de la Columbia Británica, unos manifestantes del movimiento First Nations arrojaron a las aguas del puerto una estatua del capitán. En múltiples sentidos, James Cook se ha convertido en el Cristóbal Colón del Pacífico.

Muchos monumentos a las exploraciones de Cook amanecen salpicados de pintura (...) En las islas Cook se ha debatido la posibilidad de cambiarles el nombre

Hubo un tiempo en que muchos veían sus tres épicas expediciones como audaces aventuras, como dignos y hasta nobles proyectos emprendidos en aras de la Ilustración y la difusión del saber. Cook surcó los mares en una época de prodigios, cuando el afán por conocer el planeta animaba a decenas de exploradores-científicos a medirlo y describirlo, a recoger las plantas y los animales más insólitos, a documentar paisajes y paisanajes de los que Europa nada sabía. Sus viajes influyeron en el movimiento romántico, fueron muy provechosos para la ciencia médica, dieron gran impulso a la botánica y a la antropología e inspiraron a autores tan dispares como Coleridge y Melville. Los diarios de sus odiseas se publicaron con enorme éxito y sirvieron de estímulo a novelas, poemas, obras de teatro, óperas, cómics e incluso a una serie de televisión ambientada en el espacio (hay quien dice que James Kirk, comandante del USS Enterprise en Star Trek, está inspirado en el capitán James Cook).

placeholder La estatua del Capitán Cook en los Jardines Catani en St Kilda fue vandalizada el 25 de enero de 2018 en Melbourne, Australia (Getty Images)
La estatua del Capitán Cook en los Jardines Catani en St Kilda fue vandalizada el 25 de enero de 2018 en Melbourne, Australia (Getty Images)

Pero hoy los viajes de Cook están en entredicho y sometidos a acalorados debates sobre todo en la Polinesia, porque fueron, a decir de muchos, el comienzo del sistemático desmantelamiento de culturas isleñas tradicionales en lo que se ha dado en llamar "el impacto fatal", la celebrada expresión de Alan Moorehead. Este historiador se interesó sobre todo por "ese fatídico momento en que alguien fuerza la entrada de una cápsula social", y no tenía ninguna duda de que las expediciones de Cook son un ejemplo perfecto de este fenómeno. Vistos en su conjunto, los viajes de James Cook constituyen una crónica moralmente compleja de la que, desde el punto de vista de las sensibilidades modernas, queda mucho que esclarecer y censurar. Eurocentrismo, patriarcado, cultura del privilegio, masculinidad tóxica, apropiación cultural, el papel de la raza invasora en la destrucción de la biodiversidad insular: los viajes de Cook contienen las semillas históricas de estos y otros muchos debates hoy candentes.

Fue en mitad de esta creciente antipatía por Cook cuando empecé a documentarme sobre su tercer viaje: el más dramático de todos y el más largo tanto por su duración como por la cantidad de millas náuticas recorridas. Me pareció un buen momento para renovar la mirada a un hombre cuyas andanzas últimamente suscitan tanta acritud y discordia. Me picó la curiosidad: no parece que otros navegantes europeos que recorrieron el Pacífico —Magallanes, Tasman, Cabrillo y Bougainville, por citar solo unos pocos— generen tanta atención o ira. ¿Qué tenía Cook para que todos lo señalen?

placeholder 'El ancho ancho mar', de Hampton Sides (Capitán Swing)
'El ancho ancho mar', de Hampton Sides (Capitán Swing)

Esta pregunta no tiene una respuesta sencilla, o al menos yo no la he encontrado —todo lo contrario, hay muchas respuestas y ninguna de ellas es sencilla—; eso sí, espero que, al llegar al final de este libro, el lector haya entendido mejor ciertas cosas. Quizá parte del actual resentimiento contra Cook tenga que ver con el hecho de que en su último viaje el famoso capitán no anduviera bien de salud, o de cabeza. Historiadores e investigadores forenses han especulado sobre si le aquejaba algún mal, se han preguntado si padecía alguna dolencia física o mental, o quizá espiritual. Independientemente del porqué, lo cierto es que en su tercera expedición el capitán no parecía el mismo. Algo envenenaba su conducta y su juicio, algo que lo cambió a él y echó a perder su último viaje. Y puede que este algo incluso provocara su muerte.

Siempre que me ha parecido interesante, y relevante, he permitido que las modernas controversias influyan en el libro y le den forma. He procurado ofrecer una imagen del capitán, y de los objetivos y presupuestos de su tercer viaje, que refleje toda su imperfecta complejidad. He huido de la idealización y de la demonización, y en ningún momento he pretendido defenderlo. He tratado, simplemente, de describir lo que pasó en su ambicioso, decisivo y en el fondo trágico último viaje.

Una pequeña advertencia sobre la palabra "descubrimiento": espero que quede claro a lo largo del texto que James Cook no "descubrió" muchas de las tierras que él erróneamente se atribuyó haber descubierto: Nueva Zelanda, Hawái y Australia, por ejemplo, o las propias islas Cook. Es evidente, pero no por ello debo dejar de subrayarlo, que estos y otros territorios que aparecen en este relato ya habían sido descubiertos y poblados mucho antes por navegantes tan intrépidos como los viajeros polinesios. La mayoría de las plantas, animales y accidentes geográficos a los que Cook y sus compañeros describieron y a los que dieron nombre tenían previamente un nombre indígena y los nativos los conocían bien. Los lugares que las crónicas coetáneas del viaje califican de "desconocidos" o "ignotos" llevaban habitados varios siglos, cuando no milenios.

'El ancho ancho mar' (Capitán Swing): El 12 de julio de 1776, el capitán James Cook, ya considerado el mayor explorador de la historia británica, emprendió su tercer viaje a bordo del HMS Resolution. Dos años y medio después, en una playa de Hawái, Cook fue asesinado a golpes y apuñalado en un conflicto con la población indígena. ¿Qué llevó a Cook a estos últimos momentos, tan contrarios a su reputación?

Hampton Sides: Historiador, autor y periodista estadounidense, conocido sobre todo por sus emocionantes historias de aventuras ambientadas en guerras o representando épicas expediciones de descubrimiento y exploración. Es autor de gran parte de las obras de no ficción más vendidas en los últimos años en Estados Unidos.

No obstante, es de justicia recordar que, en algunos casos, Cook fue el primer descubridor europeo, o uno de los primeros. En otros sería más exacto decir que Cook y su tripulación fueron meros visitantes, aunque sin duda también los primeros.

Lo que diferenciaba al capitán Cook de la mayoría de los exploradores era su preternatural precisión como cartógrafo, un don innato aquilatado por sus extraordinarios conocimientos de astronomía y el hecho de disponer de la última tecnología en navegación. Cuando regresaba de sus viajes, los lugares que había visitado quedaban indicados para siempre con coordenadas muy precisas en mapas que en ciertos casos tuvieron gran difusión. En sus crónicas detallaba la situación de los mejores fondeaderos, los pueblos más amistosos, en qué lugares hallar agua dulce y comida. Era como si al fin revelase la localización exacta de muchas islas remotas cuyos habitantes habían gozado de un maravilloso aislamiento durante siglos. A partir de su llegada, dichos lugares ya no podrían vivir al margen de la mirada del mundo.

Muchas veces, las crónicas de Cook relatan situaciones relacionadas con el concepto de propiedad privada. El capitán se queja a menudo de que en buen número de lugares donde echaba el ancla, y muy especialmente en la Polinesia, desaparecían de sus barcos ciertos objetos —casi siempre de metal—. En sus diarios de a bordo abundan descripciones de lo que él califica de "hurtos" o "robos" y de los castigos infligidos a personas pertenecientes a grupos aborígenes que para él eran esencialmente delincuentes. Y no podemos olvidar la influencia decisiva que este asunto tuvo en su muerte.

placeholder Hacia 1750, el explorador naval inglés, capitán James Cook. Obra original: Grabado basado en un retrato de Dance (Getty Images)
Hacia 1750, el explorador naval inglés, capitán James Cook. Obra original: Grabado basado en un retrato de Dance (Getty Images)

Los polinesios y otros pueblos indígenas que el capitán encontró en su último viaje tenían unos conceptos de la propiedad y la posesión muy distintos de los de los europeos. Para ellos casi todos los bienes pertenecían a la comunidad, así que birlar alguna cosa de los barcos ingleses no suponía ningún delito, sobre todo porque Cook y su tripulación también se llevaban (dicho de otra manera, también birlaban) cosas que pertenecían a las comunidades isleñas: agua, comida, forraje, madera, y otros recursos finitos. Muchos nativos pensaban que Cook era un avaro con un material, el hierro, que en realidad pertenecía a la tierra y que por tanto el capitán tenía obligación de compartir; en sus barcos abundaba el hierro, pero las islas carecían de él. Aunque solo un puñado de descripciones cuentan lo que para Cook y sus oficiales era inequívocamente robo; cuando relato estos incidentes yo en general procuro utilizar términos más neutros, aunque hay que tener siempre presente el contexto más amplio de lo que muchas veces fue un complejo choque entre culturas acerca de la naturaleza y el sentido y propósito de la propiedad de los bienes materiales.

Para ellos casi todos los bienes pertenecían a la comunidad, así que birlar alguna cosa de los barcos ingleses no suponía ningún delito

Cuestión más delicada, y mencionada repetidas veces en las crónicas del viaje, es la de las costumbres sexuales. La mayoría de los hombres que formaban la tripulación de Cook se encontraban en la veintena y algunos eran incluso más jóvenes, así que, como es natural, el sexo era para ellos una verdadera fijación —en realidad, lo mismo les sucedía a muchos oficiales y científicos—. Si en general los historiadores coinciden en que el propio Cook se abstuvo de mantener relaciones con las nativas, sin duda sus acompañantes no lo hicieron. Ante una visión más bien unidimensional de estas mujeres como juguetes eróticos, la lectura de las crónicas de aquellos viajes desde la perspectiva del siglo XXI se antoja complicada. Aun así, las salaces y al mismo tiempo tantas veces festivas descripciones aparecen con tanta frecuencia en los diarios de aquellos hombres que es imposible pasar por alto el asunto. En Tahití, en Hawái y en otros lugares, los hombres de Cook pudieron comprobar la buena predisposición de las mujeres nativas y su participación entusiasta en las relaciones sexuales; en muchos casos, además, se dieron lazos románticos más profundos. Pero, como apenas disponemos de textos que confirmen qué pensaban del tema y qué sentían estas mujeres, nuestro conocimiento de lo que realmente pasó (y de su porqué) se circunscribe a las crónicas de las que sí disponemos, que, por desgracia, casi en su totalidad están escritas desde el punto de vista inglés y masculino.

Mientras las revisaba, no podía dejar de preguntarme: ¿cómo es posible que aquellas jóvenes polinesias encontrasen atractivos a los hombres de Cook: exóticos extranjeros de dientes cariados y ropa andrajosa y hedionda tras varios meses en la mar? ¿De verdad se insinuaban tan franca y apasionadamente como dicen los marinos británicos en sus diarios? ¿No estaría todo orquestado desde la sombra por poderosos jefes o hechiceros tribales que ordenaban a sus hijas, hermanas y sobrinas seducir al extranjero? ¿Actuaban las nativas siguiendo una táctica secreta o quizá en la creencia de que la unión sexual era una forma de amortiguar o neutralizar el poder que los hombres de Cook pudieran tener?

Unos antropólogos conjeturan que el sexo era la forma en que las jóvenes polinesias tenían de plantar cara, al menos por unos momentos

Son cuestiones que los historiadores de la Polinesia ya han debatido, y también los antropólogos, y hasta ciertos sexólogos. Algunos antropólogos conjeturan que el sexo era la forma en que las jóvenes polinesias tenían de plantar cara, al menos por unos momentos, a una sociedad estratificada regida por varones que las encasillaba de acuerdo con unos tabús en exceso rigurosos. Otros sugieren que quizá todo fuera más sencillo; tal vez aquellas mujeres actuaran por placer y poco más: buscaban aventura, diversión, relaciones sin consecuencias con hombres extranjeros. En la expresión de su sexualidad, las jóvenes polinesias demostraron una extraordinaria libertad. No tenían esa vergüenza ante la desnudez propia de los judeocristianos; ni sentían punzadas de culpa, ni regía para ellas ninguna ley de celibato. Habían aprendido a sacar partido de los hábitos propios de aquellas latitudes y a disfrutar de ellos, y, en el terreno sexual, demostraban iniciativa, autonomía y poder.

(...)

Como el lector verá, existe un inevitable desequilibrio entre el volumen de textos escritos desde la perspectiva inglesa y las escasas fuentes que nos revelan el pensamiento de los nativos. Aun así, allí donde es posible, procuro exponer el punto de vista indígena basándome en el acervo oral transmitido de generación en generación y conservado hoy por muchos hablantes autóctonos. En algunos pasajes integro la historia oral con los hallazgos e ideas que nos han deparado la arqueología, la antropología y la historia natural, y también mis propios viajes a buen número de los lugares donde estuvo Cook en su tercera expedición. El tiempo, el dinero y el obstáculo de una pandemia global me impidieron visitarlos todos, pero en el transcurso de los años sí he podido hacer viajes inolvidables a muchos sitios importantes en este relato: Nueva Zelanda, Tasmania y las islas de la Sociedad, las costas de Washington y Oregón, la isla de Vancouver, Alaska, el Lejano Oriente ruso, Hawái e Inglaterra.

placeholder 10 de febrero de 1775: Una impresión de una pintura al óleo atribuida a J Clevely, que muestra al capitán James Cook (1728-1779) llegando a Queen Charlotte's Sound en Nueva Zelanda, tomada de la colección de The Parker Gallery, Londres (Getty Images)
10 de febrero de 1775: Una impresión de una pintura al óleo atribuida a J Clevely, que muestra al capitán James Cook (1728-1779) llegando a Queen Charlotte's Sound en Nueva Zelanda, tomada de la colección de The Parker Gallery, Londres (Getty Images)

Una última aclaración: esta obra no es una biografía, sino una crónica histórica protagonizada por un largo y variado grupo de personajes, y se desarrolla a lo largo de muchos miles de millas náuticas. Trata del viaje emprendido por más de ciento ochenta personas en dos veleros de madera que zarparon de Inglaterra en julio de 1776, un momento crucial de la historia. No solo es la historia de James Cook, sino también la de de los hombres que lo acompañaban en su canto del cisne en el Pacífico. Todos ellos participaron en una empresa colosal que dejó en el mundo una huella duradera que tuvo sus cosas buenas y sus cosas malas.

Cook y sus hombres surcaron los mares en una época fascinante, cuando todavía quedaban por resolver misterios geográficos formidables, cuando en el mundo aún había regiones que el ojo humano no conocía y en un momento en que todavía era posible que culturas radicalmente distintas de partes muy alejadas del planeta se encontrasen por primera vez.

En los últimos años, los viajes del capitán James Cook han sido objeto de críticas cada vez más ácidas en el marco de una revisión generalizada del legado del imperio. Cook era navegante y cartógrafo, no un conquistador ni tampoco un colonizador. Sin embargo, a lo largo de la historia, exploración y cartografía solo han sido habitualmente etapas previas a la conquista. Siguiendo la larga estela de Cook llegaron ocupantes, armas, gérmenes, alcohol, los problemas asociados al dinero, balleneros, cazadores de pieles y de focas, las grandes plantaciones y sus propietarios, misioneros.

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