La reflexión de Pérez-Reverte: "El franquismo se apropió los mitos españoles y la izquierda, en democracia, en vez de limpiarlos, los rechazó"
El novelista defendió que la historia española no puede entenderse sin dos figuras literarias: Quevedo y Cervantes
La última entrevista de Arturo Pérez-Reverte está arrasando en redes por una reflexión que ha encendido el debate cultural y político: el escritor sostiene que “el franquismo se apropió de los grandes mitos de España” y que la izquierda, ya en democracia, “en vez de limpiarlos, los rechazó”. Sus palabras, pronunciadas en el pódcast de Jordi Wild, han generado miles de reacciones.
El novelista defendió que la historia española no puede entenderse sin dos figuras literarias: Quevedo y Cervantes. Para él, ambos representan las “dos Españas”: una noble, idealista y digna incluso en el fracaso, y otra corrosiva, satírica y cruel. “Cervantes es la bondad y la honradez; Quevedo es la mala leche, la pulla y la venganza”, explicó con su característico tono directo. Esa dualidad, aseguró, sigue presente aún en nuestro carácter colectivo.
Durante la conversación, Pérez-Reverte recordó que Alatriste siempre ha molestado a los extremos políticos. “La extrema derecha dice que hablo mal de España; la extrema izquierda, que la glorifico”, comentó entre risas. Para él, retratar la luz y la sombra de la historia no es una provocación, sino una obligación: “España fue poderosa, generosa y cruel al mismo tiempo. Yo quería contar lo bueno y lo malo”.
El escritor profundizó entonces en su análisis más comentado: el uso político del pasado. Afirmó que el régimen franquista “abusó” de los símbolos nacionales y terminó contaminando su imagen. “Cogieron el Cid, la Guerra de Independencia o los Tercios, les pusieron su marco y se apropiaron de ellos”, señaló. El problema, añadió, llegó después: la democracia heredó esos símbolos “marcados” y la izquierda prefirió apartarlos.
Según cuenta, esa renuncia generó un vacío en el imaginario colectivo. “Hablar del Cid o de los Tercios pasó a considerarse fascismo, cuando son parte esencial de nuestra historia”, lamentó. Alatriste, precisamente, busca recuperar esa memoria sin sectarismos, mostrando tanto la grandeza como las miserias del pasado español.
Pérez-Reverte defendió también el poder de la ficción histórica como herramienta pedagógica. Asegura que en sus novelas usa la aventura como “caballo de Troya” para transmitir contexto y memoria: “Quería que el lector dijera: ahora entiendo por qué somos como somos, porque fuimos lo que fuimos”. Y añade que, tras siete novelas, muchos lectores han descubierto gracias a Alatriste episodios que nunca se explicaron bien en el colegio.
Al final, el autor reconoce que no pretendía “cabrear” a nadie, pero que el enfado simultáneo de ambos extremos le confirma que ha logrado su propósito: contar la historia sin miedo y sin trincheras. “Si se enfadan los dos, es que lo he contado bien”, concluyó.
La última entrevista de Arturo Pérez-Reverte está arrasando en redes por una reflexión que ha encendido el debate cultural y político: el escritor sostiene que “el franquismo se apropió de los grandes mitos de España” y que la izquierda, ya en democracia, “en vez de limpiarlos, los rechazó”. Sus palabras, pronunciadas en el pódcast de Jordi Wild, han generado miles de reacciones.