'Valor sentimental': la peor persona del mundo tiene 'daddy issues'
Renate Reinsve y Joachim Trier vuelven a unir fuerzas tras 'La peor persona del mundo' en una historia de querencias y desapegos familiares muy escandinava y que ganó el Gran Premio del Jurado en Cannes
Stellan Skarsgård y Elle Fanning en un botellón playero en 'Valor sentimental'. (Elastica)
Fuera de Noruega conocimos a Renate Reinsve como aquella treintañera de desorientada existencia en La peor persona del mundo (2021), de Joachim Trier, fenómeno gafapastoso y espejo generacional. Cuatro años después, director y musa se reúnen en Valor sentimental, un drama familiar bergmaniano ambientado en una casona familiar que ha sido testigo, descendiente tras descendiente, de los secretos familiares que han ido diseñando las relaciones paternofiliales de la familia Borg. Un linaje que desemboca en Nora (Reinsve), quien podría ser la continuación de esa Julie de La peor persona del mundo, un poco más mayor y un poco más desnortada en su búsqueda de sí misma.
Tráiler de 'Valor sentimental'
Esa casa de madera cálida, vestigio del Oslo señorial,es la testigo de las herencias de los Borg. Herencias sentimentales que se traducen en un jarrón de cristal colorido, pero también en las carencias emocionales, en un vacío interior representado aquí en el diseño minimalista de los muebles de Ikea y las paredes pálidas, desnudas de fotografías familiares, como si la funcionalidad de la supervivencia hubiera dejado el corazón huérfano de elementos superfluos, en los que, en el fondo, radica lo importante, lo memorable.
Tampoco es lo importante la trama de la película. Así, muy someramente, nos encontramos a Nora, una actriz de teatro que debe vencer el pánico escénico y que, tras la muerte de su madre, se reencuentra con su padre ausente, interpretado por el patriarca de una de las estirpes actorales más importantes de Suecia, Stellan Skarsgård. Gustav, que así se llama el padre, es un director de cine de autor en horas bajas, relegado al documental -que es el cine barato-, que pretende un regreso a primera línea con un guion bastante autobiográfico cuyo papel protagonista escribió exclusivamente para su hija, que lo rechaza.
Nora y Gustav, a pesar de ser hija y padre, son dos desconocidos que apenas pueden cruzar dos fonemas, apenas saben respirar el mismo aire y ocupar la misma estancia, como si el contacto mutuo les provocase calambres. En un baile imantado de querencias, ambos se buscan y se repelen al mismo tiempo, en un anhelo imposible de un vínculo más "normal", aunque el estándar nunca fue lo suyo. Malditos sean los genes, puesto que les hacen reconocerse el uno en el otro, en sus complejidades, en su exploración artística visceral, en su dolor.
Renate Reinsve e Inga Ibsdotter Lilleaas son las hermanas Borg. (Elastica)
A partir de este hilo, la película divaga como divagan la vida y las buenas historias. La llegada del padre remueve a las hermanas Borg -la otra de ellas interpretada por Inga Ibsdotter Lilleaas-, marcadas en su infancia por el desamor entre sus padres. Una de ellas, incapaz de dejarse querer y cuidar; la otra, silenciosa y observadora, se vuelca en su familia y en un marido imperceptible. Esta segunda, la pequeña, de nombre Agnes, trabaja como historiadora y la reaparición de su padre la empuja a bucear en los anales de su familia: unos hechos ocurridos durante la ocupación nazi de Escandinavia sirvieron de punto de partida para una de las películas más celebradas de su padre.
Ficción y realidad se retroalimentan, se desdibujan y se confunden. Las personas interpretan a los personajes, quienes, a su vez, se nutren de otras personas que fueron. Porque por la casa, acompañando a Gustav, aparece también Rachel Kemp (Elle Fanning, que ilumina cualquier papel), una actriz estadounidense famosa, mucho más famosa que Nora, admiradora de Gustav, y quien ocupará el lugar de Nora como actriz principal la película que se quiere rodar dentro de la película. Significante, significado y referente en un constante baile a tres.
Otro momento en las playas de Deauville. (Elastica)
En Valor sentimental, que ganó el Gran Premio del Jurado en el pasado Festival de Cannes, Trier habla del arte como forma de comunicación; es más, como forma de comunicación de lo inefable. Como forma de representación de aquello que no nos atrevemos a decir, como forma de ordenación del subconsciente, como expresión de algo tan compartido universalmente como inconcreto, que muchas veces podemos intuir en esa búsqueda de un sentido vital inherente a todo ser humano.
El director -junto a su coguionista Eskil Vogt- moldea unos personajes llenísimos de matices y contradicciones, que condensan sus decepciones en un simple movimiento de pupila. Actores gigantes dentro de gestos mínimos, como esa caída de ojos de Gustav -o de Stellan Skarsgård, que le presta sus ojos-, al darse cuenta de que su actriz elegida no entiende la película ni a su personaje.
No hay nada subrayado en Trier. Ni siquiera las discusiones, soterradas y lacónicas, casi imperceptibles para el carácter flamígero mediterráneo. Como en la canción The Space in Between de How to Destroy Angels -el grupo paralelo de Trent Reznor, de Nine Inch Nails-, Trier consigue rodar "el espacio entre medias" de sus personajes, el lugar aparentemente vacío habitado por las tensiones de dos fuerzas contrarias. Por eso insiste el director en esos planos de estancias desiertas que, sin embargo, están cargadas de pasado y de potencial futuro. En aquella habitación del taburete ocurrió algo que podría volver a ocurrir, como si la repetición fuese la clave del destino.
Más allá de que se convierta en una de las películas del año, liderando las nominaciones de los European Film Awards con su presencia en ocho categorías, Valor sentimentales un film del que hay que dejarse llevar de la mano, abrazando y celebrando las incertidumbres y todo aquello que nunca sale como habíamos planeado. Y menos mal.
Fuera de Noruega conocimos a Renate Reinsve como aquella treintañera de desorientada existencia en La peor persona del mundo (2021), de Joachim Trier, fenómeno gafapastoso y espejo generacional. Cuatro años después, director y musa se reúnen en Valor sentimental, un drama familiar bergmaniano ambientado en una casona familiar que ha sido testigo, descendiente tras descendiente, de los secretos familiares que han ido diseñando las relaciones paternofiliales de la familia Borg. Un linaje que desemboca en Nora (Reinsve), quien podría ser la continuación de esa Julie de La peor persona del mundo, un poco más mayor y un poco más desnortada en su búsqueda de sí misma.