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'La educación de Polly McClusky': Sobre padres protectores
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'La educación de Polly McClusky': Sobre padres protectores

Apreciable revisión del cine de huidas y persecuciones letales, dirigida por Nick Rowland

Foto: Fotograma de 'La educación de Polly McClusky'. (Prime Video)
Fotograma de 'La educación de Polly McClusky'. (Prime Video)

No se dejen engañar por el título en español de esta película, porque en inglés era peor. Aquí nadie educa a nadie y la pobre niña de nombre atragantado lo único que aprende es a pegar tiros. En el original nos encontramos con el curioso "She rides shotgun", expresión inglesa que remite a las carretas del Oeste y a ese puesto en ellas que incluía llevar la escopeta. La traducción común al español sería: "Ella ocupa el puesto de copiloto". Visto así, La educación de Polly McClusky no está tan mal.

Estrenada directamente en plataformas, la cinta de Nick Rowland aborda con pulso y estilo y no poca originalidad un cliché narrativo inagotable: la figura del protector. Este suele ser un hombre de maneras rudas que se pasa toda la cinta matando gente para que no le suceda nada malo a una chica. Nunca (salvo de aquella manera en Huida a medianoche, 1988) protege a otro hombre. El motivo es bastante sencillo: el público empatiza más con una mujer amenazada. Pasa exactamente lo mismo en las películas de terror, donde la última superviviente siempre es una mujer. Si no, a nadie le importaría el último superviviente.

La educación de Polly McClusky se ubica además junto a todas esas cintas donde un padre no ejemplar se reencuentra con su hija y juntos concluyen que la familia tradicional funciona de maravilla si los padres se comportan como tales. Así, la cosa anda a medio camino entre No dejes rastro (2018) y Aftersun (2022) y Drive (2011) y León el profesional (1994). La película fluye mejor cuanto más se acerca a los modelos sangrientos, pues las escenas de sentimientos padre-hija resultan un tanto almibaradas y televisivas.

Nick Rowland dirige un guion escrito por tres tipos que nadie conoce, pero que han hecho un gran trabajo. Durante la primera media hora, la película puede ir de una niña (diez años) abandonada, de un pederasta o de un secuestro. Se nos ofrece muy poca información y eso siempre es estimulante. Al final, tenemos a esta pobre niña triste montada en un coche robado con lo que parece un completo desconocido y emprendiendo una huida hacia ninguna parte. El tipo no es precisamente el que tú misma elegirías como padre.

Foto: ciudad-sin-sueno-cine-guillermo-galoe-critica

Luego la cosa se va aclarando y hay una madre muerta, una organización criminal de inclinación nazi y la clásica policía estatal que lo mismo puede ser corrupta que incompetente. Hay violencia cada quince minutos, y muchos hombres con tatuajes en la cara, sin necesidad de ser cantantes de trap. La cinta se rueda en Albuquerque, como Breaking Bad, y por supuesto la metanfetamina tiene su sitio en la trama, porque en Albuquerque la metanfetamina debe de ser como los Miguelitos en La Roda (Albacete).

placeholder Ana Sophia Heger y Taron Egerton en 'La educación de Polly McClusky '. (Prime Video)
Ana Sophia Heger y Taron Egerton en 'La educación de Polly McClusky '. (Prime Video)

Ana Sophia Heger da vida a Polly, en el clásico papel de niña sometida a tantos excesos en la ficción que suponemos a sus padres muy empeñados en destrozarle la vida dejándole ser actriz a cualquier precio. Menos sexual, la niña de la peli recibe toda la educación posible sobre la sordidez y la violencia del mundo.

Su padre lo interpreta Taron Egerton, al que vimos en Equipaje de mano las navidades pasadas y que tiene una extraña capacidad para que no te quedes con su cara. Aprovechando este don, hace tres o cuatro películas cada año.

Finalmente, reconocemos también a Rob Yang, actor que apareció en Succession y que aquí encarna al personaje más interesante de todos, un policía de tal honradez que, por momentos, parece el malo de la película.

El viaje está rodado con mucha clase y con actores lo bastante desconocidos como para que los personajes se impongan en tu retina

La educación de Polly McClusky apuesta en su estética por la luz, por que haya mucha luz y muchos reflejos de la luz del sol sobre las cosas. Eso es un acierto, porque huye de la tentadora oscuridad, de las luces de neón omnipresentes en este tipo de thrillers y de las rimas fáciles entre la noche y el delito. Hacer un thriller todo lleno de luz es fantástico.

También la música, discreta y ambiental, aporta su granito de arena al viaje del padre y la hija, rodado con mucha clase y con actores lo suficientemente desconocidos como para que los personajes se impongan en tu retina. Se trata de una de esas películas que es importante que nadie vea para que dentro de veinte años algún cinéfilo la descubra.

No se dejen engañar por el título en español de esta película, porque en inglés era peor. Aquí nadie educa a nadie y la pobre niña de nombre atragantado lo único que aprende es a pegar tiros. En el original nos encontramos con el curioso "She rides shotgun", expresión inglesa que remite a las carretas del Oeste y a ese puesto en ellas que incluía llevar la escopeta. La traducción común al español sería: "Ella ocupa el puesto de copiloto". Visto así, La educación de Polly McClusky no está tan mal.

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