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Alfonso Ussía: fin al debate sobre el estado de la gracia
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OBITUARIO

Alfonso Ussía: fin al debate sobre el estado de la gracia

Se va una figura clave que dejó huella con su ingenio afilado, un estilo inconfundible y una capacidad única para mezclar ironía, memoria y un sentido del humor muy español

Foto: Alfonso Ussía. (EFE/Chema Moya)
Alfonso Ussía. (EFE/Chema Moya)
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Quizá fue en 1992 cuando Alfonso Ussía se me hizo conocido. La fecha es exacta, pues en aquel año publicó Manual del ecologista coñazo. Aunque no leí el libro, el título me dio la total seguridad de que era muy bueno. El ecologismo se mostraba ya entonces tan insistente, beato y publicitario que nos venía bien un poco de calma. “Ya te hemos oído”, como dice ahora el meme.

Alfonso Ussía llegaba a nuestra adolescencia con corbatas buenas y cuellos duros, un aire nobiliario, un pisar señorito, una dialéctica con criadas. Esto quiere decir que mezclaba las palabras de arriba con las de abajo, meciendo el diccionario para despertarnos. Una palabrota, un taco, nos sacaba de muchas anestesiantes tonterías, sin duda. El “coñazo” del ecologismo; los “hijos de puta” de ETA. Los “hijos de puta” (recuerdo) de las discotecas, que cobraban el agua a mil pesetas (una barbaridad entonces) porque era lo único que bebían los chavales del bakalao, empastillados.

Foto: El autor teatral, Pedro Muñoz Seca, abuelo de Alfonso Ussía. (Foto: Fundación Pedro Muñoz Seca)

Yo veía a Ussía, años 90, en debates en la tele y lo oía en la radio con Luis del Olmo, donde cada miércoles (o así) hacían un paralelo y humorístico Debate sobre el Estado de la Nación. Aquello parecía más un debate sobre el estado de la gracia, pues todos eran cómicos, monologuistas, actores o escritores cuyas palabras se inclinaran por ese tobogán. Ya no se han vuelto a hacer debates serios donde el espectador se eche unas risas.

Sólo después supo uno que Alfonso Ussía escribía en ABC, pues los chavales de pueblo, como seguramente los chavales de todas partes, llegamos a las cosas primero por la televisión, y luego, si hay suerte, compramos algún periódico. Al ABC, Ussía le daba muchos lectores, pues lo que hacía de veras bien era escribir columnas. Era la suya una escritura tan española como se esperaba del ABC, pero más graciosa de lo que se esperaba del periodismo. La gente entra en los periódicos con muchas ganas de ser profesional y fiable, y al final te va mucho mejor haciendo el tonto.

Alfonso Ussía ha escrito sin parar ni un segundo, en cabeceras sucesivas y con gracia encadenada, punteando algunos temas mayores obsesivos

La prosa, la pose, la cosa de Ussía pareció aclarársenos cuando conocimos su abolengo. Resultó que su sangre ya le llegó humorada, como nieto de Pedro Muñoz Seca que era. En la universidad, en algún paraninfo, nos ponían precisamente entonces, en obra de los estudiantes, La venganza de don Mendo. ¡Así cualquiera!, pensaríamos, como si la sangre, por sus caudales caprichosos, no fluyera desigual e injustamente, y no le tocara a uno el desopile del abuelo mientras que a otro sólo le cayó en herencia la boca torcida de una tía segunda.

Como fusilaron a Muñoz Seca, Ussía tenía una ideología consecuente. Fusilar abuelos es lo mejor para formar en los nietos un pensamiento político razonable. Sienta mal.

Una anécdota para contar mañana

Alfonso Ussía ha escrito desde entonces (para mí, ya digo, años 90; pero también desde antes) sin parar ni un segundo, en cabeceras sucesivas y con gracia encadenada, punteando algunos temas mayores obsesivos, como el terrorismo, las señoras, las poesías a las señoras y las cosas que pasan en los árboles genealógicos espléndidos.

Foto: muere-alfonso-ussia-escritor-periodista

Durante sus últimos meses, cada día, erre que erre, siguió haciendo crecer el territorio infinito de la gracia, y era bonito, en esta hora otoñal, verle desatender cada vez más la noticia del día, y llevarnos con sus columnas por los entremeses del pasado, las vidas perdidas que él resucita en su álbum de nostalgias, los giros idiomáticos ya desperdiciados, las pequeñas vergüenzas de gente que una vez fue poderosa, y pasó por casa, y dejó, con su actitud, una anécdota para contar mañana, cincuenta años después, si acaso.

Era imposible dejar a medias una columna de Alfonso Ussía. Como la vida misma, todas se leen hasta el final.

Quizá fue en 1992 cuando Alfonso Ussía se me hizo conocido. La fecha es exacta, pues en aquel año publicó Manual del ecologista coñazo. Aunque no leí el libro, el título me dio la total seguridad de que era muy bueno. El ecologismo se mostraba ya entonces tan insistente, beato y publicitario que nos venía bien un poco de calma. “Ya te hemos oído”, como dice ahora el meme.

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