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El cineasta que narra la Transición: "Los jóvenes solo saben de Suárez por el aeropuerto"
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El cineasta que narra la Transición: "Los jóvenes solo saben de Suárez por el aeropuerto"

Rafael Cobos dirige 'Golpes' sobre la marginalidad en la Sevilla de 1982 y la memoria de la posguerra y es el guionista de la serie 'Anatomía de un instante' sobre el 23F. Esta es una charla sobre aquellos años ochenta

Foto: El director Rafael Cobos junto al actor Luis Tosar, protagonista de 'Golpes'. (EFE/Nacho Gallego)
El director Rafael Cobos junto al actor Luis Tosar, protagonista de 'Golpes'. (EFE/Nacho Gallego)
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Es posible que su nombre no le suene de nada, pero Rafael Cobos (Sevilla, 1973) es uno de los guionistas que más ha trabajado la época de la Transición. Lo ha solido hacer de la mano del director Alberto Rodríguez, con quien ha firmado, entre otras, La isla mínima (2014) y la reciente serie Anatomía de un instante (Movistar +) basada en el libro de Javier Cercas sobre el 23F. Pero ahora se ha lanzado por primera vez a la dirección en solitario con Golpes, una cinta ambientada en el otoño de 1982 en Sevilla y que mezcla el cine quinqui y aquel tiempo duro de pobreza y marginalidad con la memoria de la posguerra. Y sale muy bien parado. Además, ha contado con Luis Tosar y Jesús Carroza en dos papeles muy diferentes: el hombre del régimen dictatorial que se iba, y el hombre de la democracia que llegaba a una España que estaba por hacer. Ambos están estupendos. La película se estrena en cines este viernes.

La Isla Mínima transcurre en el 81 y Golpes en otoño del 82. Dicen que la Transición termina cuando fracasa el golpe de Estado y que de alguna forma ahí se solidifica nuestra democracia, aunque yo creo que termina cuando, en 1982, el Partido Socialista gana las elecciones. Golpes transcurre entre uno y otro acontecimiento, que yo creo que era un espacio interseccional del que no se ha hablado”, comenta Cobos en una charla distendida con este periódico en un hotel madrileño.

Fueron unos meses duros y muy difíciles —“los famosos años de plomo, el problema de la heroína, la creación de la democracia…”—, y eso es lo que más le engancha a este director y guionista para recrear toda esta época de atracos a los bancos (y farmacias), de consumo de drogas en la que pasaron muchas cosas (también políticamente). Y hacerlo, además, con distancia, no como aquellas películas de principios de los ochenta que dieron lugar a la etiqueta de “cine quinqui” y que se hicieron cuando la heroína aún goteaba de las jeringuillas. “Claro, quería hacerlo con la mirada de cuarenta años después. Entendiendo que en ese coche donde está la banda antes de hacer un atraco hay un tipo al que le gusta transvestirse porque tiene una sexualidad que no sabe dónde está, hay un padre de familia hipernumerosa, hay otro que no tiene oficio ni beneficio. Todos estos excluidos son representativos de cómo era la sociedad”, comenta el director.

Cobos la ha escrito junto a Fernando Navarro (Segundo premio y varias novelas como Crisálida y Malaventura) sin romantizar en nada aquellos años. El director no entiende que haya cierta nostalgia de esos tiempos en los que la marginalidad nutría los barrios. “Yo no volvería nunca. Ponemos cierto romanticismo en lo vintage, en volver a otras épocas porque nos dan ciertas cosas... Pero yo revisito Golpes o revisito a Anatomía de un Instante y creo que esas épocas no se deben de mirar con nostalgia nunca. Si no, dulcificamos cosas que no eran dulces”, señala sin obviar —así sucede en la película— la situación de la mujer en los ochenta. “Muchas mujeres casadas no podían trabajar en millones de sitios. Una mujer tampoco podía irse y romper una relación de matrimonio. Es que todavía había cosas tremendas”, apostilla.

placeholder Rafael Cobos junto a Jesús Carroza en el rodaje de 'Golpes'. (Julio Vergne)
Rafael Cobos junto a Jesús Carroza en el rodaje de 'Golpes'. (Julio Vergne)

Ahí está Sabino, el personaje de Luis Tosar, que se encuentra desubicadísimo en unos años en los que todo se está moviendo, cambiando. Tiene una masculinidad que se estaba empezando a quedar atrás. “Bueno, yo creo que es un personaje herido, desamparado, un hombre que no se ha parado a reconciliarse con su pasado. Probablemente estaría deprimido, pero la depresión, las enfermedades mentales en los ochenta eran enfermedades completamente estigmatizadas y marginadas. Y, por otra parte, era un personaje que no entendía hacia dónde iba el país. Entonces, son muchas coordenadas que lo desorientan”, explica Cobos, que sí cree que hay un cierto “revival” o nostalgia equivocada de este hombre en la actualidad. “Sí, desgraciadamente todavía tenemos ese tipo de perfil. Yo prefiero tratarlo con afecto y pensar que tiene una herida que le imposibilita relacionarse con todo lo que tiene que ver con las emociones de un modo sano, de un modo normal”. En la defensa de este personaje también hay que indicar el mundo entre hombres en el que se mueve y en el que las cosas se hacen "por mis cojones". Cuántos heridos por un lenguaje violento.

La mala educación

Golpes se mueve entre un cine más reposado y hasta lírico y la velocidad del thriller. Es un cine de peso que se abre a todos los públicos. Y tiene, sin pretenderlo, un punto de didactismo porque nos lleva a una época que, aunque fue antes de ayer, para muchas personas (sobre todo los más jóvenes) es absolutamente desconocida.

Por ejemplo, la pobreza que existía. El “quinqui”, el delincuente, era un chico o chica pobre. “Sí, eran pobres por herencia, por apellido, por pedigrí. Y eran consecuencia de un reparto inequitativo en la participación social. Al final, [el robo] era una reacción casi lógica. No voy a justificarlo, no se trata de eso, pero sí lo mostramos así”, señala.

"¿Cuántos políticos serían capaces de anteponer los intereses de su país a su vanidad o al ejercicio equivocado de los principios de su partido?"

En segundo lugar, los cambios políticos. Aquí la conversación entronca con su otro trabajo reciente, Anatomía de un instante, en el que se recrea el momento en el que Antonio Tejero entró en el Congreso, disparó y todo el mundo al suelo. Menos Adolfo Suárez, el general Manuel Gutiérrez-Mellado y Santiago Carrillo. Los tres tenían sus motivos para aguantar el tirón y aguantaron. La serie se detiene en sus figuras, sus pasados, qué les llevó hasta aquel instante. Y los tres, como apunta Cobos, cada vez se están diluyendo más en la memoria. “Sí, a Suárez le conocerán por el aeropuerto, pero a los otros…”, cavila mientras concede que sí, es una serie que debería verse en colegios e institutos para, quizá, parar esta tendencia demoscópica entre los jóvenes hacia regímenes autoritarios. Porque ya no es solo que se desconozca qué pasó en la Guerra Civil, sino que se desconoce qué ocurrió hace cuarenta años.

placeholder Manolo Solo (i) como Gutiérrez Mellado y Álvaro Morte como Adolfo Suárez en 'Anatomía de un instante'. (Movistar +)
Manolo Solo (i) como Gutiérrez Mellado y Álvaro Morte como Adolfo Suárez en 'Anatomía de un instante'. (Movistar +)

“Sí, se debería ver, porque yo creo que parte del resultado de todas esas encuestas es porque, primero, no hemos hecho el trabajo en casa bien. En casa no se ha contado de dónde venimos para que no se construyan estos juicios fundados. Y, por otra parte, porque en los centros educativos tampoco se ha hablado de cómo transicionamos de un régimen a otro y cómo llegamos al día de hoy con algunas, otra vez, heridas abiertas. O sea que sí, creo que las encuestas son un problema de información y un problema educacional”, mantiene este director que defiende que, como poco, se llevara a cabo la Transición.

La serie muestra de forma muy clara sobre todo cómo tres personajes “que son considerados como traidores, porque traicionaron a su origen y a los espacios que los habían construido [dos procedían del Movimiento y uno del comunismo], pero lo hicieron para conseguir un país más democrático y un país libre. Hubo un ejercicio de sacrificio por parte de los políticos por llegar al consenso, por llegar a un acuerdo”, manifiesta Cobos.

"Parte del resultado de todas esas encuestas es porque, primero, no hemos hecho el trabajo en casa bien. No se ha contado de dónde venimos"

Y, en este sentido, el director no tiene dudas de que la serie plantea preguntas con poco que se saque la cabeza y se mire alrededor. “Por ejemplo, ¿cuántos políticos se mantendrían hoy en sus escaños y no se tumbarían en el suelo ante la presencia de militares o civiles armados? ¿Y cuántos políticos serían capaces de anteponer los intereses de su país a su vanidad o al ejercicio equivocado de los principios de su partido? Son dos preguntas que tienen que ver, al final, con que a lo mejor estamos hablando de que, en su momento, se hicieron las cosas bien”, zanja.

Anatomía de un instante está ya en la plataforma Movistar + y Golpes se puede ver en los cines desde este viernes. Dos ejercicios de memoria que trasladan una cuestión esencial: si ya ha sido complicada la memoria de la Guerra Civil dejando heridas abiertas, ¿va a serlo también la de la Transición?

Es posible que su nombre no le suene de nada, pero Rafael Cobos (Sevilla, 1973) es uno de los guionistas que más ha trabajado la época de la Transición. Lo ha solido hacer de la mano del director Alberto Rodríguez, con quien ha firmado, entre otras, La isla mínima (2014) y la reciente serie Anatomía de un instante (Movistar +) basada en el libro de Javier Cercas sobre el 23F. Pero ahora se ha lanzado por primera vez a la dirección en solitario con Golpes, una cinta ambientada en el otoño de 1982 en Sevilla y que mezcla el cine quinqui y aquel tiempo duro de pobreza y marginalidad con la memoria de la posguerra. Y sale muy bien parado. Además, ha contado con Luis Tosar y Jesús Carroza en dos papeles muy diferentes: el hombre del régimen dictatorial que se iba, y el hombre de la democracia que llegaba a una España que estaba por hacer. Ambos están estupendos. La película se estrena en cines este viernes.

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