Por qué ahora somos adictos a contar qué cultura hemos consumido cada año
Cada vez más aplicaciones animan a compartir un resumen de lo que has leído o escuchado. Analizamos la deseabilidad social junto a una psicóloga y una socióloga
Una de las preguntas que desde el inicio de la humanidad acechan al hombre es: “¿Quién soy?” La respuesta a esa pregunta conlleva un camino muy largo -¡de toda una vida!- y pasa por preguntarse también por lo que a uno le interesa, apasiona o disgusta. Si hace unos años sabías que podías escuchar sin culpabilidad alguna un hit de David Civera mientras levantabas mancuernas en el gimnasio, ahora las cosas han cambiado.
Ya a últimos de noviembre comienza a subir en Google Trends —la herramienta que Google usa para medir qué se busca en qué lugar y en cada momento— la búsqueda de las palabras "Spotify Wrapped 2025 cuándo sale". Wrapped es como se conoce popularmente a los resúmenes que hace esta aplicación sobre la música que has escuchado en un año determinado: tus artistas y canciones más reproducidas, tus minutos de escucha o tus podcast preferidos.
Preguntarse cuándo sale el wrapped para intentar resolver la pregunta, quizá algo más acuciante, de quién eres. O mejor aún, para cotillear a los demás, qué canciones escuchan mientras pelan patatas en la cocina, lloran en sus almohadas o van al trabajo. Hay sin duda algo muy atractivo en poder espiar esa parte tan personal saber, como un ninja, qué ha escuchado tu familia, la persona que te gusta o incluso sorprenderte con lo que has visto o escuchado tú.
Goodreads, una aplicación para registrar lecturas deseadas y valorar las acabadas, permite también ver qué están leyendo tus amigos y ofrece un resumen anual de los libros leídos que indica cuáles han sido los más extensos, los que te gustaron más o menos y los más valorados por la comunidad. Lo mismo sucede con Letterboxd, una plataforma de cine y series, que ofrece también este peculiar servicio y comunica cuántas películas has visto en el año o cuáles han sido tus favoritas.
Un estudio realizado por QQ Music concluyó que este tipo de aplicaciones permiten a los usuarios construir una imagen seleccionada de sí mismos que refuerza la identidad que desean proyectar al mundo.
¿Queremos saber quiénes somos o esforzarnos porque los demás conozcan la versión más compartible de nosotros mismos? Sara Montejano, psicóloga en Psicoglobal, sostiene que las generaciones que han integrado las redes como espacios de socialización tienen más presión que otras generaciones previas para las cuales las redes tienen otro significado y no suponen un espacio tan social. A nivel psicológico, afirma la profesional, puede generar la sensación de que siempre hay que “estar a la altura” de lo que otros muestran. "Esta presión puede llevar a mostrar una versión exagerada, filtrada o incluso ficticia del propio consumo cultural", cuenta.
me han hablao 15 tias eso te jode pila pic.twitter.com/0SbyF6yh4c
— alexonline (@Kidgummy_) July 18, 2023
Montejano afirma que compartir estos resúmenes en redes sociales multiplica un fenómeno que en psicología denominan deseabilidad social, es decir, la tendencia a mostrar una versión de nosotros que creemos que será más aceptada o admirada socialmente.
Sin duda, Spotify se pasa el juego de la performance en redes. Sus archivos compartibles de estos resúmenes anuales están llenos de colores, son descargables y tienen el tamaño perfecto de un story de Instagram, la red social del postureo por antonomasia. Modula, incluso, el algoritmo para dirigir los compartibles al público que les interesa -el que tiene redes sociales- y elimina así toda música infantil que se escuche. Cientos de padres que ponen Pocoyó o Parchís a sus hijos en el coche, ven silenciado el tiempo pasado escuchando Susanita tiene un ratón porque la plataforma no contabiliza los productos dedicados al público infantil.
Desde hace años, es posible ver qué escuchan tus amigos en Spotify. Hace pocos meses la aplicación incorporó una nueva función de mensajería. Pocas horas después del estreno de esta nueva funcionalidad, recibí un mensaje por esta vía: "No te pega escuchar Aitana". Puse el modo oculto para poder seguir escuchando Superestrella sin temor al juicio ajeno. Pero eso me llevó a hacerme algunas preguntas.
¿Qué dice la sociología sobre esta tendencia?
Lucía Ortiz es socióloga y diseña y coordina proyectos para la fundación de una de las discográficas más grandes del mundo. Nos demuestra que ya se ha teorizado -y mucho- sobre enseñar al mundo los productos culturales que consumimos. Ortiz asegura que la posibilidad de poder compartir todos nuestros gustos provoca que creemos una especie de yo cultural que convive con nuestra personalidad, puesto que “la cultura actúa como un escaparate de identidad. Sirve para compartir que tenemos criterio y que estamos al día.”
“Por muy de alternativa que vayas, siento decir que somos todas iguales”, bromea. “La visibilidad ha pasado a ser parte del propio acto cultural en sí porque demuestra una determinada imagen estética. Hay sociólogos como Bevlen o Simmel, que mostraron que buena parte de nuestras elecciones culturales participan de dinámicas de distinción o pertenencia, es decir, consumimos para integrarnos, pero también para diferenciarnos", cuenta en una conversación con El Confidencial. “Más tarde tenemos a Pierre Bourdieu que defiende que el gusto no es neutro, sino que expresa capital cultural, trayectorias vitales y posicionamientos sociales. Y luego en la posmodernidad Jean Baudrillard decía que no consumimos objetos, sino signos porque lo que mostramos importa tanto como lo que disfrutamos”.
Y es que esta dinámica de consumo ha irrumpido de lleno en todo y el ocio no iba a ser una excepción. Del mismo modo que acumulamos jerséis sin estrenar, pero seguimos comprando otros nuevos, casi despojándolos de su funcionalidad, hacemos lo mismo con la música o los libros. "Una playlist de Spotify, lo que leemos en Goodreads, una película tachada en Letterboxd, conciertos, un viaje o una exposición que dejas en stories destacadas… Es agotador. Es un poco entrar en la dinámica del capitalismo: pagas Netflix, HBO, pagas libros… Estos resúmenes cuantifican y transforman en datos el consumo cultural y encima lo hacen con una interfaz bonita para que lo compartas", afirma Lucía Ortiz.
A la pregunta de si escuchamos o leemos ciertas cosas porque nos gustan o para presumir, Ortiz defiende que es una pregunta que no tiene respuesta A o B, sino que lo hacemos un poco por todo: tanto para disfrutarlo como para construir una identidad hacia fuera porque los bienes culturales nos ofrecen placer, pero también funcionan para expresar quiénes somos, qué valoramos o con qué comunidades nos identificamos. Y esta fiebre por el compartible afecta, por supuesto, a los productos culturales que acabamos consumiendo a futuro. “Nuestros gustos se moldean en conversación con otras personas y se adaptan a cómo van a ser percibidos socialmente. Nada nos gusta más que pertenecer”
el spotify wrapped perdió la gracia desde que todos empezaron a avergonzarse de lo que escuchaban y decidieron poner música que no les gusta para aparentar que son interesantes https://t.co/8bWDd6Ga1j
— agus (@tasteofgyu) November 26, 2025
No pocos son los usuarios que a estas alturas del año bromean con que van a dejar una canción de Spotify sonando en bucle con el volumen silenciado durante noches enteras solo para que aparezca en su wrapped. En este sentido, el sociólogo Goffman afirmaba que en la vida cotidiana es posible que por lo general el actuante invente intencionalmente casi todo tipo de impresiones falsas sin colocarse en la posición indefendible de haber dicho una mentira neta.
Es decir, podemos compartir nuestro wrapped solo porque nos interesa que los otros tengan esa concepción sobre nosotros. Ortiz expresa que el saber que lo que escuchamos o leemos se puede compartir influye en nuestras acciones.
Ya no hay tiempo para arreglar el spotify wrapped pic.twitter.com/r6LhBzdQTy
— Juanss? (@juansuarezzzz_) November 11, 2025
A ojos de la socióloga Lucía Ortiz, cumplen una función como de tarjeta de presentación. “Es decirle al mundo 'estas son las pelis que he visto este año, y además solo escucho música buena'. A lo mejor tú te has pasado el año escuchando a David Bisbal y ya no quieres compartirlo".
Pasamos media vida intentando encontrar el equilibrio entre demostrar que somos inteligentes, sin petulancia; cultos, sin pretensiones; alternativos y especiales, pero sin pasarnos de raritos. Llegamos a valorar más la forma —estos resúmenes anuales llenos de colores y mensajes atractivos y pensados para compartir— que el contenido que realmente disfrutamos y quizá estemos dejando de lado nuestras pasiones en pos del puro placer acumulativo o el deseo de parecer elevados ante los demás. Si la mirada ajena atraviesa incluso a la música, las películas o los libros y eso nos hace modificar nuestros gustos o avergonzarnos de ellos, los wrapped, lejos de responder a las preguntas de quiénes somos o quién son los demás, las convierten en cuestiones aún más punzantes y complejas.
Una de las preguntas que desde el inicio de la humanidad acechan al hombre es: “¿Quién soy?” La respuesta a esa pregunta conlleva un camino muy largo -¡de toda una vida!- y pasa por preguntarse también por lo que a uno le interesa, apasiona o disgusta. Si hace unos años sabías que podías escuchar sin culpabilidad alguna un hit de David Civera mientras levantabas mancuernas en el gimnasio, ahora las cosas han cambiado.