Victoria Eugenia, Ena, ya tiene gran exposición (sin mención a las infidelidades de su marido)
La Galería de las Colecciones Reales dedica una muestra a la mujer que modernizó el papel de reina consorte en España con su dedicación a la filantropía y las obras sociales, pero omite los sinsabores que soportó en su vida conyugal
Se llamaba Victoria Eugenia Julia Ena y nació en Escocia, en el Castillo de Balmoral. Pero en privado, su familia la llamaba Ena, nombre en gaélico de Eva. Nieta de la reina Victoria de Inglaterra (su madre era la hija menor de la monarca) pisó por primera vez España en enero de 1906 para sellar su compromiso matrimonial con Alfonso XIII. Cuatro meses después, se convertía en reina. Mantuvo ese cargo hasta el 15 de abril de 1931, cuando tras la proclamación de la II República, optó por exiliarse y abandonar España.
La Galería de las Colecciones Reales dedica ahora una gran exposición a esa mujer, bisabuela del rey Felipe VI, abuela de Juan Carlos I, madre de don Juan de Borbón. La muestra, que este martes inaugurarán los reyes don Felipe y doña Letizia y que el miércoles abrirá sus puertas al público, cuenta a lo largo de 1.000 metros cuadrados y de 350 piezas como libros, vestidos, joyas, cartas o retratos (procedentes de las Colecciones Reales pero también de otras 15 instituciones) la historia de Victoria Eugenia, la mujer que modernizó el papel de reina consorte y a la que TVE dedica ahora una serie, titulada precisamente Ena.
“Fue una reina con una imagen muy potente, y ella lo sabía. Utilizó el poder de su imagen para apoyar causas que le parecieron justas y en las que se implicó”, en palabras de Víctor Cageao, director de la Galería de las Colecciones Reales. “Supo manejar los medios a su alcance para realzar su papel oficial y dar visibilidad a las causas sociales y humanitarias en las que se implicó”.
La exposición es la primera gran muestra que analiza la vida y legado de Ena. Fruto de años de trabajo, arrancó en 2014 con nuevas investigaciones sobre su figura. Investigaciones que, por ejemplo, han revelado que Victoria Eugenia estaba profundamente enamorada de Alfonso XIII cuando se casó con él, como lo atestiguan las postales que le escribió en francés durante su noviazgo, y varias de las cuales se pueden contemplar en la exposición. Y esas investigaciones también pusieron punto final a los rumores que apuntaban a que Ena ocultó a la familia real española que podía transmitir hemofilia a algunos de sus hijos, como efectivamente ocurrió. “Hay una carta del secretario de la embajada en Londres al secretario de la reina María Cristina (la madre de Alfonso XIII) en la que informa de que Victoria Eugenia está totalmente sana, que solo tiene un problema de circulación en una pierna que le obliga a llevar unas medias especiales y que podría padecer una enfermedad que transmiten las mujeres, que contraen los hombres y que al parecer produce hemorragias. Solo en 1912 se tipifica la hemofilia como enfermedad, hasta entonces solo vaguedades”, señala Arantxa Domingo, comisaria de la exposición junto con Reyes Utrera.
El único y clamoroso lapsus de la exposición es que, aunque pretende ofrecer un retrato de la vida íntima y privada de Victoria Eugenia, no menciona las numerosas infidelidades que la reina tuvo que soportar por parte de su marido, el rey Alfonso XIII, y que, según varias fuentes acabaron provocándole una fuerte depresión. La muestra se limita a destacar en ese sentido que el 14 de abril, tras la proclamación de la II República, Alfonso XIII abandonó España voluntariamente y al día siguiente, fue la reina la que salió del país. “Se reunieron en París, pero tomaron caminos separados, para entonces su relación personal estaba deteriorada”, es todo lo que se señala al respecto en un cartel explicativo de la exposición. “La base de esta exposición son las colecciones reales. Hay muchos temas sobre los que no hay testimonio en las colecciones reales, y no vamos a entrar a dilucidar sobre esos temas”, subraya Víctor Cageao. En otras palabras: la exposición sólo recoge la versión oficial sobre Ena, no la oficiosa.
Arranca la muestra contando la férrea educación británica, basada en la disciplina, que le fue inculcada a Victoria Eugenia, y que le sería luego muy útil para desempeñar las exigencias de su cargo. “Su educación le dio el sentimiento dinástico y protocolario necesario”, destaca el director de la Galería de las Colecciones Reales.
Alfonso XIII la conoció durante su visita oficial a Londres en 1905, uno de cuyos objetivos era precisamente la búsqueda de una pretendiente de sangre real. Patricia de Connaught, sobrina también ella del rey Eduardo VII, era inicialmente la candidata preferida, pero hizo saber que no estaba interesada en ser reina. Los ojos de Alfonso XIII se volvieron entonces hacia Ena, y prendió la chispa.
Había, sin embargo, impedimentos a su unión. Para empezar, el estatus de Victoria Eugenia era insuficiente para convertirse en reina de España, lo que se resolvió al otorgarle Eduardo VII el título de Alteza Real. El otro gran obstáculo: Ena era anglicana. Antes de casarse con Alfonso XIII, se tuvo que convertir al catolicismo, para lo cual durante varias semanas recibió en Versalles por parte de Robert Brindle, obispo de Nottingham, clases de fe católica. Su conversión culminó el 7 de marzo de 1906 cuando fue bautizada.
El 24 de mayo de 1906 Ena salió del Palacio de Kensington para contraer matrimonio con Alfonso XIII. El monarca la esperó en Irún y la acompañó en tren hasta la estación del Plantío, en Madrid. Hasta su boda, se alojó en el Palacio del Pardo.
El anuncio del compromiso real desató el entusiasmo popular. Diversos festejos se celebraron por todo el país, y Madrid se engalanó para la ocasión.
La boda tuvo lugar el 31 de mayo de 1906. El cortejo nupcial estuvo formado por unas 40 carrozas. La novia se vistió en el Ministerio de la Marina y acudió al Convento de los Jerónimos a casarse en el llamado coche de caoba, una carroza tirada por 8 caballos castaños que ahora se puede contemplar en la exposición. Ena recibió como regalo de boda por parte de Alfonso XIII la famosa tiara de flores de lis, que ahora se puede admirar en la exposición.
Tras la boda, de camino al Palacio Real, la pareja de recién casados sufrió un atentado en la calle Mayor. El intento de regicidio corrió a cargo del anarquista Mateo Morral y provocó numerosos heridos y víctimas mortales. Dejó una hondísima impresión en Victoria Eugenia, que vio con sus propios ojos cuerpos mutilados y cómo su vestido de boda se manchaba de sangre.
Alfonso XIII y Victoria Eugenia fueron los últimos monarcas en residir en el Palacio Real y en mantener el ceremonial palatino. Los aposentos de Ena, en el ala de San Gil del Palacio Real, se encontraban contiguos a los del rey. En la exposición hay una recreación de su tocador, con un juego de té (lo tomaba puntualmente a las cinco de la tarde), un déshabillé de seda, gasa y encaje, un gramófono, una cornucopia…
También se pueden contemplar en la muestra varios libros de su biblioteca personal. Ena era una gran lectora, y le gustaban especialmente las novelas históricas, románticas y de aventuras. Entre sus libros había obras de Jane Austen, Kipling, Dickens, Stevenson, Chesterton… También había algunos libros en francés y, en menor medida, en español.
Victoria Eugenia cumplió con creces con su obligación de asegurar la sucesión de la monarquía española. Tuvo siete hijos, uno de los cuales nació muerto. El heredero, Alfonso, tenía hemofilia, y perdió sus derechos dinásticos al casarse con una mujer sin rango real. El Infante Jaime, el segundo, sordo a causa de una operación de oído, renunció al trono. Los derechos dinásticos pasaron así a don Juan, padre del rey don Juan Carlos I.
Ena se encargó personalmente de la educación y crianza de sus hijos. Fomentó en ellos la práctica de deportes como la equitación, el ciclismo, el tenis, el croquet o el patinaje sobre hielo. En la exposición se incluye una bicicleta, raquetas, patines y mazos de croquet.
Pero, quizás, la pieza más impresionante de la muestra es el manto real de terciopelo de seda y piel de armiño, con bordados en hilo dorado, que la reina se ponía una vez al año para acudir a las Cortes Generales.
La gran contribución de Victoria Eugenia es que inauguró un nuevo papel social para las reinas consortes. La reina impulsó numerosos proyectos filantrópicos para promover la salud, el bienestar y la educación, fundamentalmente en mujeres y niños. Constituyó Juntas de Damas para recaudar fondos e involucrar a la aristocracia en sus comedores sociales, su lucha contra la tuberculosis, sus comités de higiene y, sobre todo, en su apoyo a la Cruz Roja. “Fue una soberana al servicio del pueblo, ese es su verdadero legado”, en palabras de Reyes Utrera
Tras exiliarse, Ena residió primero en Londres, luego en Roma y finalmente en Lausana. Murió en 1969 y en 1985 sus restos fueron trasladados al Panteón de Reyes del Monasterio de El Escorial. La exposición ahora de la Galería de las Colecciones Reales le rinde homenaje
Se llamaba Victoria Eugenia Julia Ena y nació en Escocia, en el Castillo de Balmoral. Pero en privado, su familia la llamaba Ena, nombre en gaélico de Eva. Nieta de la reina Victoria de Inglaterra (su madre era la hija menor de la monarca) pisó por primera vez España en enero de 1906 para sellar su compromiso matrimonial con Alfonso XIII. Cuatro meses después, se convertía en reina. Mantuvo ese cargo hasta el 15 de abril de 1931, cuando tras la proclamación de la II República, optó por exiliarse y abandonar España.