"Me he pasado la vida mirando a las mujeres buscando a Milady": la confesión literaria de Pérez Reverte en 'The Wild Project'
Dejó uno de los momentos más comentados de su charla con Jordi Wild al reconocer hasta qué punto un personaje de Dumas ha atravesado su imaginario sentimental y literario
Arturo Pérez-Reverte volvió a sentarse con Jordi Wild en The Wild Project en una charla larguísima y sin filtro, la tercera que comparten, para promocionar Misión en París, nueva entrega de Alatriste quince años después. A sus 74 años, el escritor llegó con el mismo estilo de siempre —irónico, directo y con esa mezcla de veterano y chaval curioso— y dejó una de esas frases que se quedan flotando en el episodio: “Me he pasado la vida mirando a las mujeres buscando a Milady”.
Se refiere, como no, a Milady de Winter, la femme fatale de Los tres mosqueteros de Alexandre Dumas. Reverte explicó que esa figura fue el libro que lo convirtió en lector cuando era niño y que, desde entonces, la idea de la mujer peligrosa, inteligente y superviviente se le quedó tatuada. “Milady marcó mi vida”, dijo, y admitió que ha rastreado a ese personaje en miradas, gestos y biografías reales durante décadas.
El autor no se quedó en la anécdota romántica. Ligó esa fascinación temprana con el modo en que ha construido a sus protagonistas femeninas: mujeres que pelean en territorio enemigo, sin retaguardia, obligadas a jugar con reglas de hombres. Para Reverte, Milady no es un cliché de villana, sino una criatura antes que nada eficiente: alguien que sobrevive porque entiende el tablero mejor que nadie. Y de esa estirpe vienen Adela Otero, Angélica de Alquézar o las mujeres que orbitan Alatriste.
En el mismo hilo, defendió esa querencia por los personajes grises —“lo de buenos y malos no me lo he creído nunca”— y recordó que su vida como reportero de guerra le enseñó a desconfiar del maniqueísmo. La literatura, insistió, sirve para mirar al mal de frente, estudiarlo y aprender a no caer en sus trampas. Cultura como antídoto, no como adorno.
Esa idea atraviesa también Misión en París, donde el capitán regresa más oscuro, más cansado y más consciente de sus fantasmas. El propio Reverte reconoció que al volver al personaje ha notado el peso de la edad: “Alatriste ahora tiene más remordimientos, más silencio”. El libro nace, según contó, de la mezcla de presión de lectores, deuda personal con la saga y el reto de recuperar un lenguaje clásico pero legible hoy.
No faltaron guiños a la cultura popular que lo conecta con la audiencia joven del pódcast. Entre recuerdos de navegación y guerras, el escritor presumió de gamer tardío —de Call of Duty a God of War— como otra forma de relato épico moderno. Lo dijo sin postureo: para él, cuando están bien hechos, los videojuegos también generan curiosidad y memoria cultural.
La confesión sobre Milady, en todo caso, fue el destello más literario de la conversación: un Reverte que se reconoce hijo de Dumas, lector de adolescencia que nunca ha dejado de buscar en las mujeres reales el eco de aquella figura fatal que le enseñó, a la vez, el deseo y la prudencia. Y que, setenta años después, sigue escribiendo con esa brújula en la cabeza: la del aventurero que aprendió temprano que la belleza también puede ser un campo de batalla.
Arturo Pérez-Reverte volvió a sentarse con Jordi Wild en The Wild Project en una charla larguísima y sin filtro, la tercera que comparten, para promocionar Misión en París, nueva entrega de Alatriste quince años después. A sus 74 años, el escritor llegó con el mismo estilo de siempre —irónico, directo y con esa mezcla de veterano y chaval curioso— y dejó una de esas frases que se quedan flotando en el episodio: “Me he pasado la vida mirando a las mujeres buscando a Milady”.