Puentes livianos y tanques pesados: Europa vs Rusia y la experiencia del 'Sherman' en 1944
El historiador James Holland, señalado por la diplomacia rusa, publica Hermanos de Armas, la epopeya de un regimiento de Tanques en la IIGM y advierte sobre la necesidad de rearme de Europa
Soldados británicos en tanques Sherman y otros vehículos en la localidad alemana de Geldern en marzo de 1945. (Ático de los libros)
"Un tanque es algo increíblemente complicado", explica a El Confidencial en Madrid el historiador británicoJames Holland. "Lo que quieres es que ese armatoste tan pesado y complicado sea lo más simple posible, y en eso los americanos eran maestros consumados: en lograr la simplicidad del diseño", añade. Holland, autor de varios libros sobre la Segunda Guerra Mundial, lo sabe bien porque él mismo pudo conducir un Sherman made in USA del mismo tipo de los que cruzaron Europa desde Normandía hasta Berlín entre junio de 1944 y abril de 1945. "Con el Sheman los estadounidenses reducían el diseño a lo esencial. Podía cambiar su motor en apenas dos horas, directamente en el campo, algo impensable para un Tiger alemán. Mientras los aliados avanzaban, tenían que cruzar ríos cuyas vías de comunicación el enemigo había destruido durante su retirada. Cada puente derribado representaba un obstáculo que había que superar rápidamente. La solución más práctica y veloz era desplegar un puente Bailey de clase 40, capaz de soportar el peso de un Sherman y permitir que el avance continuara sin demora.".
No parecía hace unos años que escribir en la prensa sobre puentes como el Bailey –denominado así por el ingeniero británicoDonald Bailey, quien ideó la estructura de puente montable como un gigantesco mueble de IKEA sueco– y que los aliados llevaban bajo el brazo en su avance por la Europa ocupada por el Tercer Reich en el 44, pudiera tener un reflejo en la actualidad. Pero cobra interés después de que la semana pasada la máxima representante de la UE para Asuntos Exteriores, Kaja Kallas, lanzara una advertencia: "Si un puente no puede soportar un tanque de 60 toneladas, si los túneles ferroviarios son demasiado pequeños y los anchos de vía demasiado estrechos para acomodar vehículos militares, tenemos un problema".
Las advertencias de la representante estonia en la UE a los miembros de la Comisión iban aún más allá: "El actual compromiso de tener que avisar con 45 días para que los tanques y las tropas de infantería puedan cruzar fronteras está claramente obsoleto". Imaginar tanques por las carreteras de Europa es una idea que ha mutado de ser impensable a ser probable con sus subsiguientes complicaciones logísticas y tácticas, ya que la función de los carros blindados sigue siendo la misma que en 1944. Es más, la mayor diferencia es que de un tonelaje de 40 o 50, como eran los Sherman americanos o los Tiger alemanes, se ha pasado a superar los 60, como en el caso de los Leopold actuales, lo que dificulta en mucha mayor medida el paso de los blindados. ¿Qué lecciones actuales se pueden extraer delos blindados de la Segunda Guerra Mundial?
El tanque Sherman de 30 toneladas es un protagonista esencial de la nueva obra de James Holland Hermanos de Armas (Ático de los Libros), que analiza el regimiento de voluntarios de Gran Bretaña de los Sherwood Rangers, que comenzaron como arma tradicional de caballería, el Nottinghamshire Imperial Yeomanry, con corceles desplegados en Palestina en 1918, y que en apenas veinte años estaban montados dentro de un carro blindado en la crucial campaña del Norte de África contra los Afrikakorps nazis del general Erwin Rommel. Una historia que empieza a tener paralelismo con la actualidad y que brinda lecciones sobre la planificación, la producción y la logística de guerra.
Cubierta de 'Hermanos de armas', de James Holland.
Sobre el papel los tanques Tiger de la Werhmacth eran mejores que los Sherman; su blindaje era superior, así como el calibre de su cañón, pero eran mucho menos maniobrables y también más complicados de manejar, por lo que su teórica superioridad técnica quedó en la práctica reducida. Holland explica que había detalles absurdos que los hacían menos eficientes, como por ejemplo que su munición debiera cargarse desde el lado izquierdo, cuando la mayoría de la población es diestra, además de otros aspectos: "El Tiger era un tanque mucho más complicado de conducir, y eso lo hacía más lento y difícil de maniobrar en combate. Imaginemos la situación: te disparaban y necesitabas ponerlo en primera o en marcha atrás para escapar rápidamente. No era tarea fácil. La caja de cambios preselector semihidráulica de 18 velocidades, con dos palancas, resultaba increíblemente compleja. Además, había muchas más cosas que podían fallar en el momento más crítico. En contraste, en un tanque Sherman bastaba con meter la marcha atrás y continuar. Eso era exactamente lo que se necesitaba en el campo de batalla. Por eso, para los comandantes, la velocidad y facilidad de maniobra era tan crucial como el tamaño del cañón: la capacidad de moverse rápido podía marcar la diferencia entre la vida y la muerte".
Los combates entre Sherman y Tiger que aparecen de hecho en la detallada crónica que hace Holland del regimiento británico corroboran la imagen popular de los tanques alemanes de películas como Los violentos de Kelly (1970), en la que se mostraba la superioridad técnica de los Tiger y su único punto débil para la munición de los Sherman, que era la parte trasera. Pero también el número fue un aspecto crucial: en la película había un Tiger por tres Shermans, lo que equivalía a un combate igualado, pero en la realidad la desproporción de unidades fue mucho mayor:
"En la guerra, la superioridad no siempre se medía en calibres o blindajes, sino en números y en la capacidad de llegar a tiempo. Y en ese terreno, el Sherman reinaba sin discusión. Había 36 por cada Tiger que los alemanes lograban sacar de fábrica. Al final del conflicto, apenas habían existido 1.347 Tigers, y menos de quinientos King Tiger. En contraste, los aliados inundaron los campos de batalla con 49.000 Sherman, y con otros 74.000 chasis que podían reconvertirse en casi cualquier cosa. Esa era su verdadera fuerza: podían transformarse en cañones autopropulsados, transportes de tropas, vehículos de recuperación, bulldozers… lo que hiciera falta. El Tiger, orgulloso y temible, carecía de esa flexibilidad. Alemania no podía producir en masa; sencillamente no sabía, ni tenía la infraestructura. Su respuesta fue apostar por lo que consideraba ‘mejor’: menos unidades, más complejas, más sofisticadas. Pero esa lógica tenía un talón de Aquiles que pocos mencionaban: Alemania no era, en 1939, una sociedad mecanizada. Había cuarenta y siete alemanes por cada vehículo motorizado. En Estados Unidos, solo tres. Eso significaba que un soldado estadounidense promedio ya había crecido con un volante entre las manos; uno alemán, no", subraya Holland.
El historiador británico James Holland. (Ático de los libros)
Esta es una de las cuestiones que se asemejan ahora a la actualidad para el autor británico, ya que el enfrentamiento Sherman vs Tiger fue una buena metáfora de lo que ocurrió en el campo de batalla en 1944-45 en Europa, y una pista de lo que puede deparar el futuro con la amenaza creciente de Rusia ¿Necesita Europa fabricar más tanques, allanar las infraestructuras de transporte, limitar las restricciones de movimiento de tropas? "Bueno, vuestro primer ministro —Pedro Sánchez— proclamó a los cuatro vientos que ningún tanque ruso cruzaría los Pirineos, pero lo cierto es que no lo sabemos", comenta Holland, quien ha sido incluido por la diplomacia rusa como indeseable en una lista de representantes de medios. "Tenemos una responsabilidad colectiva en Europa. Me duele que haya ocurrido el Brexit, porque no creo que sea útil en este momento en tantos niveles diferentes, y desde luego no es particularmente útil desde el punto de vista de la defensa. Mira, Europa tiene 785 millones de personas. Tiene mentes brillantes, mucho dinero a pesar de lo que se diga, y no hay absolutamente ninguna razón por la que no podamos rearmarnos de manera muy grande. Es una vergüenza que la gente esté gastando menos del 5% en defensa en este momento. Tenemos que espabilar. No hay ninguna razón por la que Estados Unidos deba seguir defendiendo Europa".
El aspecto clave del relato de James Holland es, sin embargo, el de esos voluntarios civiles que no sabían nada del ejército y que, en muchos casos, solo eran buenos jinetes, pero que terminaron en el frente de batalla dentro de tanques. Es el caso de Stanley Christopherson, un oficial de los Sherwood Rangers procedente de la clase alta, uno de los protagonistas de Hermanos de Armas, junto a George Dring, antiguo herrador de la época en que el regimiento de caballería de los Rangers aún usaba caballos. Narrativamente, todo esto le brinda a Holland la posibilidad de una historia en la que se mezclan personajes de muy diversa procedencia a partir de sus diarios y cartas .en la línea de lo que había hecho ya Stephen Ambrose con Hermanos de Sangre, o también de James D. Hornfischer con The Last of the tin can soldiers- y que permite una descripción con extraordinario detalle de la unidad y de las acciones de combate.
Un Sherman Firefly pasando por Geldern, Alemania, en marzo de 1945. (Ático de los libros)
"Una de las cosas que siempre me han fascinado de los Sherwood Rangers es la extraordinaria variedad de personas que los formaban. Aquel regimiento reunía a hombres que, en cualquier otro momento de sus vidas, jamás habrían vestido un uniforme ni, mucho menos, se habrían imaginado como soldados a tiempo completo. Y, sin embargo, allí estaban, compartiendo blindados, trincheras y jornadas interminables. Esa mezcla insólita creó algo singular: un grupo donde convivían miradas muy distintas sobre el mundo, hombres que aportaban experiencias de oficios, viajes y vidas previas que nada tenían que ver con el ejército. Y, paradójicamente, esa diversidad resultó ser una fortaleza", destaca el historiador.
En ese sentido, un relato actual de los ejércitos profesionales que hay en el continente sería muy distinto, y para Holland el hecho de la participación civil en el ejército durante la Segunda Guerra Mundial supuso una ventaja apreciable: "Una de las características más reveladoras de la Segunda Guerra Mundial es que los ejércitos que la combatieron eran, en gran medida, ejércitos del pueblo. Y en el caso británico, aquella masa de ciudadanos-soldados terminó convirtiéndose, hacia el final de la contienda, en una fuerza más flexible y eficaz que el ejército profesional que había existido al comienzo. El rígido sistema de regimientos seguía ahí, por supuesto, pero se había vuelto menos inflexible, más permeable a las ideas y talentos que llegaban de fuera. Y eso, sin duda, fue algo profundamente positivo".
"Un tanque es algo increíblemente complicado", explica a El Confidencial en Madrid el historiador británicoJames Holland. "Lo que quieres es que ese armatoste tan pesado y complicado sea lo más simple posible, y en eso los americanos eran maestros consumados: en lograr la simplicidad del diseño", añade. Holland, autor de varios libros sobre la Segunda Guerra Mundial, lo sabe bien porque él mismo pudo conducir un Sherman made in USA del mismo tipo de los que cruzaron Europa desde Normandía hasta Berlín entre junio de 1944 y abril de 1945. "Con el Sheman los estadounidenses reducían el diseño a lo esencial. Podía cambiar su motor en apenas dos horas, directamente en el campo, algo impensable para un Tiger alemán. Mientras los aliados avanzaban, tenían que cruzar ríos cuyas vías de comunicación el enemigo había destruido durante su retirada. Cada puente derribado representaba un obstáculo que había que superar rápidamente. La solución más práctica y veloz era desplegar un puente Bailey de clase 40, capaz de soportar el peso de un Sherman y permitir que el avance continuara sin demora.".