Su abuelo era Himmler y lo descubrió con 47 años en un documental: "La culpa se hereda"
Henrik Lenkeit, que ahora es pastor protestante y vive en Benalmádena (Málaga), se quedó de piedra cuando supo que su "bondadosa" abuela había sido la amante del líder nazi. Quedamos con él y esta es su historia
Heinrich Himmler inspecciona un campo de prisioneros de guerra en esta fotografía de archivo sin fecha de 1940-41 en Rusia. (Getty Images)
Para la mayoría, un documental de sobremesa tras una noche de insomnio es el salvoconducto hacia una siesta reparadora. En el caso de Henrik Lenkeit el resultado no fue tan relajante. Lo que descubrió fue más parecido a levantar un azulejo y que aparezcan unas viejas tuberías de plomo que llevan décadas envenenando a tu familia.
Hedwig Potthast era la típica abuela bondadosa que te obsequia un puñado de bombones o te pasa un billete bajo cuerda cuando la visitas, pero cuando su nieto Henrik acudió a su funeral en 1994 advirtió una atmósfera gélida. No parecía que nadie lamentase demasiado su pérdida. Tuvieron que pasar treinta años exactamente para encontrar la respuesta.
Las informaciones publicadas en la prensa internacional estos días hablan de Henrik como un pastor protestante que se encontró un cadáver en el armario de su familia. O, mejor dicho, seis millones. Porque resulta que su abuelo era Heinrich Himmler, el número dos del régimen nazi y uno de los arquitectos de la Solución Final. Quedamos con el nieto al borde del estanque de un parque de Benalmádena para que nos lo cuente.
De ludópata a pastor protestante
“Antes de conocer la fe estaba un poco ‘living la vida loca’”, nos dice cuando le preguntamos por su trasfondo antes de abrazar la fe. “Llegué a deber bastante dinero”. Se refiere a una juventud en la que coqueteó con la ludopatía y que menciona en alguno de sus vídeos motivacionales de YouTube. Porque Henrik, además de pastor protestante, es coach de parejas y terapeuta. “El sueldo de pastor de iglesia es más simbólico, tengo que ganarme la vida”, me dice.
“En aquella época, a los veintiuno, me invitaron a un concierto de góspel. Vi que había guitarras eléctricas y que el predicador tenía el pelo largo. Vaya, esta gente no es tan aburrida como pensaba, me dije. Fue el día que murió Lady Di, lo recuerdo bien”. Y añade: “El siguiente domingo el pastor hizo un llamado al final: ‘Quien quiera conocer a Jesús, que se levante’. Y yo noté una mano que me levantaba”. A partir de ahí comenzó a entender el evangelio y se le “cayeron las escamas de los ojos”, al estilo de San Pablo.
Hedwig Potthast, la abuela de Henrik Lenkeit en la que época en la que era amante de Himmler (Cedida del álbum familiar)
¿En esa época pensaba en conceptos como la culpa y la expiación? “Qué va, yo no tenía ni idea de eso. Aunque sí tenía mala conciencia y esas cosas”. Y nos da unas pinceladas sobre su educación: “Mis padres me enseñaron siempre a no mentir, a ser directo y no evadir mis responsabilidades. Claro que, a los 47, descubrí quién era el campeón de la evasión”.
Se refiere, por supuesto, al documental que vio en la página online de Der Spiegel aquella funesta tarde de agosto de 2024. “Cuando vi el documental de Himmler, como me gusta la historia, me puse a investigar su página de Wikipedia. Ahí es cuando vi aparecer a mi abuela y supe que era su amante, algo que mis padres me habían ocultado toda la vida”. Henrik se enteró, de paso, de que el líder de las SS era también su abuelo biológico.
“Me sentí vacío de pronto, con una gran debilidad”, dice con su cerrado acento germánico mientras se agarra el vientre. Quizá es la barrera lingüística o simplemente la incapacidad para describir el trauma, pero no encuentra la palabra precisa.
"En esa época no había apenas resistencia en Alemania. Te ejecutaban por repartir propaganda subversiva"
En ese momento me fijo en sus ojos. Son profundamente azules. Pienso en las fotos de Himmler, con sus gafitas de montura metálica y semblante de administrativo de provincias que trabaja en un semisótano, y trato de localizar algún rasgo familiar. Si según la famosa teoría, todos mantenemos seis grados de separación con Kevin Bacon, comprendo que a mí ahora mismo solo me separan tres de uno de los mayores genocidas de la historia.
“Sabía que mis abuelos paternos eran nazis de partido, pero de mi abuela materna me sorprendió. De todas formas, piensa que en esa época no había apenas resistencia en Alemania. Te ejecutaban por repartir propaganda subversiva, imagina”. Y vuelve a su abuela: “Era amable, la llamábamos mutti, que es mamá en alemán”.
Trabajo de oficina en Auschwitz
Luego comenzó a tirar del hilo: se decidió a llamar a Katrin, la sobrina-nieta de Himmler. “Si ella me dice que es cierto, ¿seguirás casada conmigo?”, le preguntó medio en broma a su esposa. Por desgracia para él, en aquella llamada se confirmó el noviazgo de su abuela: fueron amantes durante prácticamente toda la II Guerra Mundial. Ella, según pudo saber, se dirigía a él como “mi rey”, mientras que él la llamaba “mi conejita” en sus cartas, aparte de anunciar que tenía trabajo en Auschwitz con esa liviandad prosaica que tan bien retrata La zona de interés.
Henrik también consiguió la partida de nacimiento de su madre, Nanette-Dorothea, y allí figuraba, inequívoca, la firma de Himmler. “Mis padres se llevaron el secreto a la tumba y hay partes de mi familia que aún quieren mantener silencio al respecto. Cuando yo lo descubrí, comprendí que había vivido 47 años en una mentira”.
Ella se dirigía a él como “mi rey”, mientras que él la llamaba “mi conejita” en sus cartas
Vuelvo a la carga con la idea de la culpa: en el caso de Alemania, ¿no se suma la culpa de un pueblo a la culpa de una familia? Y hablamos de la cita de Éxodo 20, aquello de que Dios castiga los pecados de los padres hasta la tercera y cuarta generación, y de cuestiones como el estigma. “La gente no me ha echado nada en cara. Es más la autoestigmatización y la forma en que uno carga con esa culpa y la manifiesta en patrones de conducta”.
¿Esa culpa puede heredarse de forma inconsciente? “Cien por cien. Por mucho que lo ocultes, se hereda. El noventa por ciento de las cosas que hacemos es inconsciente”. ¿Eso lo cargaron sus padres? “Los dos murieron de cáncer y estoy seguro de que fue por eso, no lo dudo ni por un segundo. No soy científico, es simplemente mi opinión”.
Henrik Lenkeit durante la entrevista
A partir del hallazgo se inició lo que denomina “un año de duelo” en el que, confiesa, buscó a toda costa “encontrar un error” que lo desmintiera. “Mi esposa me dijo que yo estaba como una olla exprés”.
La culpa, instrucciones de uso
Me cuenta que está escribiendo un libro acerca de su experiencia y las lecciones aprendidas. Una especie de manual de autoayuda que por ahora, al menos a él, le ha ayudado a procesar el trauma. Ya tiene un título provisional: De repente, eres nieto de un genocida.
“Estoy escribiendo las fases de mi luto. Desde la depresión inicial hasta mi labor de investigación. Me he vuelto un poco historiador también”. Uno de los hallazgos más sorprendentes ha sido que un hijo adoptivo de Himmler vivió en el mismo pueblo donde estudió la abuela de Henrik. Quizá otro hilo del que tirar.
¿Cree que su abuela siguió enamorada de Himmler? "Sí. Localicé una entrevista de ella para 'Der Spiegel' en 1987 y nunca dijo nada malo de él"
¿Cree que su abuela siguió enamorada de Himmler? “Sí, al cien por cien. Localicé una entrevista de ella para Der Spiegel en 1987 y nunca dijo nada malo de él”. A continuación, me recomienda un documental titulado El decente en el que se habla de la correspondencia de Himmler. “Se llama así porque, en un discurso, Himmler dijo que había hecho un sacrificio [el de la Solución Final] para seguir siendo decente”.
¿Hubo una inversión de valores en Alemania para que eso fuera posible? “Sí, totalmente, es como dice la Biblia: en los últimos tiempos a lo bueno llamarán malo y a lo malo, bueno”. “Me gustaría volver a mi libro para mencionar dos cosas: es casi más fácil seguir cargando con el peso de la culpa que liberarte de él y luego, aparte, que los partidos de la ultraderecha como el AfD no pueden ser la solución. Vuelven a buscarse chivos expiatorios como los musulmanes”. Aunque matiza: “Eso de ir por ahí usando cuchillos tampoco está bien, ¿eh?”.
Conductas heredadas
¿Está cerrada ya la herida? “El proceso sigue para siempre, hasta que nos vayamos de aquí. No esperes la perfección: actúa sobre ello, es mi mensaje como coach”. Y explica su idea de la herencia: “Por ejemplo, ¿qué he heredado? No solo la culpa, sino los comportamientos, la forma en que se expresan en circunstancias críticas. Es cuando se ve el carácter de las personas, en un momento de estrés. Los antepasados son muy importantes en nuestra forma de ser, toda seguridad o inseguridad se transmite de generación en generación. Mi trabajo es revelar esas herencias escondidas”.
La abuela de Henrik en 1970 en otra de las fotos familiares (Cedida)
Pone un ejemplo sencillo de esas explosiones cotidianas que revelan nuestras taras: “Quizá estás conduciendo en un atasco y te enfadas y empiezas a gritar”. Claro, sale el nazi que llevas dentro, le digo apurando la broma un poco al límite. “¡A lo mejor!”, dice tomándoselo con humor. “Eso se nota hasta en tu reacción en un partido de fútbol, cómo eres en la victoria o la derrota”.
Al despedirnos me comenta que quizá pueda echarle un cable en la búsqueda de una editorial para su libro. Le pregunto si no le produce algún tipo de conflicto obtener réditos económicos de una historia así, pero desecha la idea con presteza. “Para mí es una misión, un propósito; esa es la palabra”.
Para la mayoría, un documental de sobremesa tras una noche de insomnio es el salvoconducto hacia una siesta reparadora. En el caso de Henrik Lenkeit el resultado no fue tan relajante. Lo que descubrió fue más parecido a levantar un azulejo y que aparezcan unas viejas tuberías de plomo que llevan décadas envenenando a tu familia.