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La maestra que ocultó en Brasil al nazi Josef Mengele... y recibió por ello un dineral del Mosad
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Para asegurarse de su muerte

La maestra que ocultó en Brasil al nazi Josef Mengele... y recibió por ello un dineral del Mosad

Liselotte Bossert encubrió al 'Ángel de la Muerte' de Auschwitz y logró 45.000 euros de los servicios secretos israelíes por someterse al polígrafo. Lo cuenta un libro de la periodista brasileña Betina Anton

Foto: Busto de Josef Mengele. (Getty Images/Mario Tama)
Busto de Josef Mengele. (Getty Images/Mario Tama)
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Betina Anton tenía solo seis años, pero lo recuerda perfectamente, como si fuera ayer. Una mañana llegó al colegio alemán en São Paulo donde estudiaba y su maestra, la encantadora señorita Liselotte, ya no estaba allí. “Yo era solo una niña y no sabía nada de los nazis ni de la II Guerra Mundial. Pero sentí con mucha fuerza que algo muy malo había ocurrido en relación con mi profesora, algo terrible”, nos cuenta Anton.

No le faltaba razón. Josef Mengele, el médico nazi conocido por sus brutales experimentos durante el Holocausto, el conocido como Ángel de la muerte que seleccionaba en Auschwitz a quienes podían vivir y quienes acababan en la cámara de gas, había contado con el apoyo de su maestra durante buena parte del tiempo que permaneció oculto en Brasil. Tras la II Guerra Mundial, Mengele estuvo escondido en ese país al menos 18 de los 34 años que en total pasó en clandestinidad. Los últimos diez, bajo la protección de Liselotte y su marido. Tan cercano era Mengele al matrimonio que sus hijos llamaban a ese criminal de guerra “tío Peter”.

Todo acabó un soleado día de 1979, cuando Mengele murió de un ataque al corazón mientras nadaba durante unas plácidas vacaciones en la muy turística localidad de Bertioga. Tenía 67 años. Para entonces vivía con una identidad falsa, Wolfgang Gerhard, la misma que se empleó para enterrarlo de manera rápida y silenciosa.

Liselotte se ocupó de todo el papeleo relacionado con el sepelio. Y durante seis años, no pasó nada. Siguió adelante con su rutina: dando clases a niños en el colegio alemán en São Paulo, disfrutando de su marido y de sus hijos. Hasta una mañana en junio de 1985 en que se descubrió el pastel. Cuando Anton llegó ese día al colegio, se enteró de que Liselotte había dejado de ser su profesora y otra maestra la había reemplazado. Se había ido sin despedirse, a mitad de curso.

Foto: investigacion-medica-mengele-nazis

Al final, Liselotte fue acusada de un solo crimen: falsedad de documentos de enterramiento. El juicio fue largo, muy largo, no concluyó hasta 1997. La maestra fue condenada a dos años de prisión, pero para entonces el crimen había prescrito, por lo que no pasó ni un solo día en la cárcel.

Más de 30 años después de que la señorita Liselotte se viera obligada a dejar de manera precipitada el colegio alemán en São Paulo, Betina Anton empezó a investigar. Periodista desde hace más de dos décadas, editora de noticias internacionales en Globo TV (el canal más grande de América Latina) y con un máster en Historia Internacional por la London School of Economics and Political Science, Anton quería saber más sobre la historia de Mengele en Brasil, de la que solo había un par de libros en portugués. El resultado de su investigación es Tras la pista de Mengele, un vibrante ensayo que ahora publica en España Plataforma Editorial y en el que la periodista analiza cómo una red nazi dio refugio en Brasil al Ángel de la muerte.

placeholder  Cubierta de 'Tras la pista de Mengele', de la periodista brasileña Betina Anton.
Cubierta de 'Tras la pista de Mengele', de la periodista brasileña Betina Anton.

Anton descubrió, por ejemplo, documentación inédita del Ángel de la Muerte, cartas a familiares y amigos que Mengele escribió y recibió en sus últimos diez años de vida. Las encontró, olvidadas, en el Museo de la Policía Nacional. En esas cartas Mengele no hacía alusión en ningún momento al Holocausto o a su cruel papel en Auschwitz. Pero, a cambio, esas misivas ofrecían mucha información sobre la vida cotidiana en Brasil del criminal de guerra.

“La vida de Mengele en Brasil no fue para nada triste ni discurrió en medio de la pobreza, tal y como aseguró su hijo Rolf en una entrevista a una revista alemana. Mengele tenía amigos en Brasil, podía hablar en su propia lengua, discutir en alemán de asuntos que le gustaban como por ejemplo la música clásica, leía libros en alemán, viajaba con sus amigos, iba con ellos a playas y a cascadas”, nos cuenta Betina Anton.

placeholder El criminal de guerra nazi Josef Mengele, conocido como el Ángel de la muerte. (Wikipedia)
El criminal de guerra nazi Josef Mengele, conocido como el Ángel de la muerte. (Wikipedia)

Pero, sobre todo, Anton se enteró de que su antigua maestra de primaria estaba viva y decidió ir a visitarla a su casa un domingo por la mañana. Justo pasadas las 11.00 horas tocó el timbre y allí estaba ella, como una aparición. No estaba para nada arrepentida de haber ayudado a ocultar al nazi que había enviado a la muerte a miles de judíos, para ella Mengele era solo un amigo al que había echado una mano en un momento de dificultad.

“Ella siempre repetía que había mucho dinero en juego. Yo no comprendía a qué se refería, y ella no me aclaraba nada. En un principio pensé que quizás se refería a la familia de Mengele, dueña en Alemania de una fábrica de maquinaria agrícola y muy rica”, revela Betina Anton.

Pero, de repente, la maestra dijo algo que puso en alerta a la periodista. Algo respecto a que debía de mantenerse calladita, por su familia y también porque así se lo había prometido a los judíos.

¿A los judíos?

placeholder La periodista Betina Anton, autora de 'Tras la pista de Mengele'. (Cedida)
La periodista Betina Anton, autora de 'Tras la pista de Mengele'. (Cedida)

Betina empezó a tirar del hilo. Y acabó descubriendo que, después de que trascendiera que Mengele había fallecido, el Mosad tenía gigantescas dudas sobre que su muerte fuera verdad. El propio Menachem Russak, el cazanazis al frente de la unidad de la policía israelí que se dedicaba a tratar de echar el guante a criminales de guerra huidos de la justicia, no pensaba que Mengele estuviera muerto, estaba convencido de que era una invención. Hay que tener en cuenta que aquella época los test de ADN no eran para nada habituales

Para salir de dudas, a los servicios secretos se les ocurrió una idea: ofrecieron a Liselotte que se sometiera al polígrafo, al detector de mentiras. Ella se negó, pero cuatro años después aceptó hacerlo. Aunque con condiciones: el Mosad tendría que pagarle 100.000 dólares.

Después de largas negociaciones, la cifra final quedó establecida en 45.000 dólares. Liselotte se sometió entonces al detector de mentiras y superó la prueba: el aparato estableció que no fingía, que efectivamente decía la verdad cuando afirmaba que Josef Mengele había muerto.

Para comprobar que Mengele estaba muerto, el Mosad quiso que Liselotte se sometiera al detector de mentiras. Ella pidió dinero a cambio

“El mayor miedo de Mengele era el Mosad. Fue precisamente después del secuestro de Adolf Eichmann en Argentina a manos del Mosad cuando el Ángel de la Muerte dejó de sentirse seguro en Paraguay y decidió trasladarse a Brasil. Así que lo último que podía imaginarme es que el Mosad iba a pagar a una de las personas que le encubrió en Brasil. Pero así fue. De hecho, documentos del Mosad que solo en 2017 fueron desclasificados demuestran que fue así”, afirma la periodista.

Le preguntamos a Anton por qué Liselotte y su marido protegieron a un monstruo como Mengele. “En un principio, no sabían que era Mengele, pensaban que era un suizo o un alemán que estaba solo en Brasil. Sólo después de un año descubrieron su verdadera identidad. Pero conocer quién era no representó para ellos un problema, para entonces Mengele ya era alguien muy cercano a la familia y le tenían afecto”, nos explica.

placeholder El profesor de anatomía forense Daniel Muñoz, muestra en 2017 la calavera del criminal de guerra nazi Josef Mengele a sus alumnos en la facultad de Medicina de Sao Paulo. (Reuters/Leonardo Benassatto)
El profesor de anatomía forense Daniel Muñoz, muestra en 2017 la calavera del criminal de guerra nazi Josef Mengele a sus alumnos en la facultad de Medicina de Sao Paulo. (Reuters/Leonardo Benassatto)

Tanto Liselotte como su marido eran simpatizantes nazis. Pero Betina Anton rechaza de plano que lo fueran todos los alemanes que en aquella época había en Brasil. “Mi colegio, por ejemplo, no era para nada nazi. El director del mismo me contó que Mengele llegó a ir en una ocasión a la escuela, pero no sabían quién era, Liselotte lo presentó como un pariente suizo. Según el director, Liselotte en ningún momento dio muestras de ser simpatizante nazi, ni ella ni ningún profesor hacía comentarios antisemitas. “De haberlos hecho, los habríamos echado”, cuenta Anton que le dijo el responsable de la escuela.

“¿Qué ha sido de los restos del Ángel de la Muerte?”, le lanzamos a la autora de Tras la pista de Mengele. “La última vez que supe de ellos, en 2023, estaban en la facultad de Medicina de São Paulo”, contesta. “El profesor que daba clases de Anatomía Forense utilizaba los restos óseos de Mengele en las explicaciones a sus alumnos”.

Betina Anton tenía solo seis años, pero lo recuerda perfectamente, como si fuera ayer. Una mañana llegó al colegio alemán en São Paulo donde estudiaba y su maestra, la encantadora señorita Liselotte, ya no estaba allí. “Yo era solo una niña y no sabía nada de los nazis ni de la II Guerra Mundial. Pero sentí con mucha fuerza que algo muy malo había ocurrido en relación con mi profesora, algo terrible”, nos cuenta Anton.

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