"Las denuncias falsas no existen, pero le han pasado a un montón de gente que conocemos"
El periodista y escritor Juan Soto Ivars publica 'Esto no existe' (Debate), un ensayo fruto de años de investigación en el que analiza las denuncias falsas por violencia de género y por qué las instituciones rechazan su existencia
Juan Soto Ivars posa para El Confidencial. (S. B.)
Meterse en charcos, hurgar en lo que nadie quiere ver, indagar lo que otros ignoran. Ese es el particular campo en el que se ha especializado el escritor y periodista Juan Soto Ivars (Águilas, Murcia, 1985). Y el nuevo libro del columnista de El Confidencial constituye una nueva y rotunda prueba de ello. Se titula Esto no existe(Editorial Debate) y se ocupa precisamente de eso que, según las cifras oficiales, no se produce: las denuncias falsas en los casos de violencia de género.
“No te metas en ese fregado”, le recomendaron a Soto Ivars varios de sus amigos; algunos, para evitarle líos y señalamientos, otros, porque se niegan a admitir la gravedad del problema. Pero el periodista decidió remangarse e investigar. “No conozco a nadie que no conozca algún caso de denuncia falsa, a nadie”, enfatiza. El resultado de esos años de pesquisas es un libro de 446 páginas, de las que nada menos que 89 son notas que apuntalan muchas de las afirmaciones que se vierten en Esto no existe. El ensayo, que sale a la venta el jueves 13 y que en ningún caso niega ni minimiza el sufrimiento de las mujeres maltratadas (de hecho, arranca con el caso de una mujer maltratada, la madre de un amigo de Soto Ivars), promete sin embargo desatar una fuerte polémica, porque se atreve a arrojar luz allí donde sólo hay oscuridad. “Yo confío en que la verdad sirva para mejorar las cosas”, asegura el periodista. Pasen y lean.
PREGUNTA. ¿Cómo surge este libro?
RESPUESTA. El libro empieza cuando leo un titular, no sé si en el año 2017 o 2018, que decía que de las 180.000 denuncias por violencia de género que había habido el año anterior, sólo 17 eran falsas. Era algo imposible, algo que desafiaba el sentido común. Tenía un par de amigos abogados de familia y les pregunté: “Oye, ¿esto qué es?”. “Ay, si tú supieras…”, me respondieron. Empecé entonces a tirar del hilo, publiqué en El Confidencial un artículo sobre denuncias falsas, me hicieron algunas entrevistas y empecé a recibir correos; eso fue hace siete años y desde entonces habré recibido cientos de correos de personas que se dicen afectadas por denuncias falsas. Había muchos señores, claro, pero también un montón de señoras: mujeres de hombres a los que les había denunciado su anterior pareja, abuelas que ya no podían ver a sus nietos porque su hijo, el padre de esos niños, había sido denunciado por su ex…
P. ¿Y no es posible que esos casos que le llegaban de supuestas denuncias falsas fueran un fraude?
P. Claro que sí. De hecho dejé de hacer entrevistas presenciales con esas personas porque ir caso a caso lleva mucho trabajo. De entrada tú nunca sabes si te están mintiendo o no, intuyes que un maltratador siempre va a negar serlo o va a culpar a ella de ser una bruja. Pero esta es una cuestión de pura magnitud. Cada año hay unas 150.000-200.000 denuncias por violencia de género, y sólo acaban en condena el 20%, y la mitad de esas condenas son de conformidad: no se llega a juicio, se acepta una condena a cambio de una rebaja en la pena. Si al año hay entre 150.000 y 200.000 denuncias por violencia de género y solo el 20% acaban en condena, la mitad de ellas de conformidad, es que ahí está pasando algo. Sobre todo, cuando la propaganda sistémica te dice que no hay denuncias falsas. Es imposible creérselo.
P. ¿Y qué crees que está pasando?
R. En España se creó un escudo fabuloso para ayudar a las mujeres víctimas de violencia de género, un escudo extraordinario que no se ha puesto en marcha en ningún otro país de Europa y que considera que los hombres y las mujeres son dos tipos de ciudadanos diferentes. Y cuando en una pareja hay un conflicto violento entre ambos, no se pasa por el mismo rasero el maltrato del hombre a la mujer que el que se produce en sentido contrario, porque nos han contado que la violencia de género la ejercen los hombres contra las mujeres por razón de sexo y de dominación patriarcal. Lo que pasa es que se ha creado un mecanismo de protección y nadie se ha preocupado de que se use como mecanismo de ataque. Y lleva usándose así 20 años.
P. Pero muchos estudios avalan que eso es así, que son en una altísima proporción los hombres los que agreden a las mujeres, no a la inversa…
R. Los estudios que se hacen en España están sesgados desde el punto de partida. En algunos estudios, por ejemplo, se pregunta a las mujeres cuándo fue la última vez que fueron agredidas y a los hombres, cuál fue la última agresión que cometieron. No se investiga la violencia doméstica, sino la violencia contra la mujer, como si el hombre jamás fuera víctima del maltrato. Sin embargo los estudios internacionales sobre el maltrato en la pareja muestran que muchas veces ese maltrato es bidireccional, algo que también me han corroborado muchos jueces y juezas instructores en España, que lo que ven son muchos casos de parejas tóxicas en las que los dos se maltratan mutuamente. Pero para la legislación española solamente el hombre maltrata a la mujer y a eso se suma que todo, desde el grito con insultos hasta matar, es violencia de género. Ningún otro país de Europa tiene una ley que discrimine al agresor en función de su sexo. En 20 años esa legislación ha tenido efectos secundarios y nadie se ha interesado por ellos: no se ha hecho ni un solo estudio sobre la incidencia de las denuncias falsas e instrumentales.
Foto: S. B.
P. ¿Pero es una cifra oficial la que dice que solo el 0,01% de las denuncias por violencia de género son falsas, no?
R. Esa cifra sólo indica que en España no se investiga jamás si una de esas denuncias puede ser una forma de maltrato de una mujer hacia un hombre. Esa cifra habla de la pasividad del Poder Judicial ante un fraude bastante más común de lo que la gente piensa. En el libro hay un capítulo entero dedicado a explicar cómo se cocina ese dato del 0,01%, y es un escándalo. Ese dato sale de la Fiscalía, que en su informe anual sólo contabiliza como denuncias falsas por violencia de género aquellas que han acabado en condena por ese motivo en el mismo año en curso en que se puso la denuncia y sólo porque la fiscalía ha actuado de oficio, no vale que haya sido el hombre denunciado falsamente el que inicie la actuación. Con ese criterio, en el año 2020 hubo cero denuncias falsas. Y eso que ese mismo año cayó una red que se dedicaba a proporcionar a mujeres inmigrantes un novio falso que les daba una bofetada en la calle, ellas lo denunciaban, el tío se volvía a Marruecos, ellas se quedaban, denunciaban la supuesta violencia doméstica y como víctimas regularizaban su situación.
"Estoy convencido de que un maltratador no puede ser un buen padre. Pero una maltratadora no puede ser una buena madre"
R. Es mejor que nada, está claro. La ley de violencia de género es larguísima, se tramitó muy rápido. Su parte penal es súper conflitiva, y el torrente de propaganda que ha metido en el país no es ni medio normal. Pero, más allá de esto, la ley es buena si pensamos en la mujer de verdad maltratada. El problema es que amplía el rango de mujer maltratada a muchos casos que no tienen nada que ver con eso, y que ampara a falsas víctimas y nadie lo controla. Yo creo que los mecanismos de protección sin duda ha evitado asesinatos, sin duda han ayudado a mujeres maltratadas de verdad a salir del círculo de violencia. Pero también se mata menos en general: la sociedad hoy es menos violenta que hace veinte años. Aquí el problema viene cuando se otorga automáticamente a la mujer la consideración de víctima sólo por denunciar, y desde 2021 ni siquiera hace falta denunciar, basta con que llame por teléfono y diga que se está planteando denunciar para que desde ese momento sea considerada víctima de violencia de género a efectos de justicia gratuita, de exenciones fiscales, de universidad gratuita para los hijos...
"Las denuncias falsas provocan que las ayudas no lleguen a las mujeres que no tienen recursos y viven con su maltratador"
P. ¿Y eso no te parece bien?
R. No, no creo que deba concederse la acreditación de víctima sin pruebas, porque toda víctima requiere un victimario. El problema es que las denuncias falsas o instrumentalizadas están provocando, primero, hombres inocentes con la vida rota, y segundo, que las ayudas no lleguen a esa mujer que no tiene recursos económicos, que vive con su maltratador y que no tiene dónde caerse muerta. En el libro cuento varios casos de mujeres maltratadas que no han tenido sitio en los refugios ni en ninguna parte. A lo mejor es una locura que por el mero hecho de que una mujer diga que se plantea denunciar sea acreedora de unas ayudas. La concienciación social, el meter la perspectiva de género en todas partes, tiene un elemento positivo, porque es necesaria una sensibilidad especial para entender lo que le pasa a una mujer que está con un maltratador. Pero otra consecuencia de esa sobrecarga de propaganda ha sido que se ha dejado de entender cómo funciona la violencia en la pareja. No ha habido interés real por entender qué pasa. Las respuestas estaban antes que las preguntas. Hay muchos casos que son una situación de pelea mutua, en los que una mujer puede insultar a un hombre o pegarle un tortazo y él pierde los papeles y le suelta un bofetón. Eso según la ley es violencia de género, pero claramente no tiene por qué responder a un pacto de dominación machista. Puede tratarse simplemente de dos personas que viven juntas, que se odian y se están tocando las narices mutuamente. Sin embargo en España fingimos que todo eso no existe.
"Aquí hay un negocio, hay mucha pasta, dinero a lo bestia, no para las víctimas de violencia de género sino para sus presuntas salvadoras"
P. ¿Por qué crees que no se habla de las denuncias falsas?
R. Yo empecé pensando que era por idealismo y he acabado creyendo que es por cinismo y por intereses crematísticos. Porque aquí hay un negocio, hay mucha pasta, dinero a lo bestia, no para las víctimas de violencia de género sino para sus presuntas salvadoras. Yo no he podido hacer la investigación a fondo del dinero porque es todo bastante hermético, más allá de concesiones directas de ayudas que llaman mucho la atención y de las que recopilo un montón en el libro. Y otro factor por el que no se habla de las denuncias falsas es el terror que hay en el mundo de la justicia y de la policía a que se les pueda culpar de la muerte de una mujer. Hay pánico a que un error, un bajar la guardia, pueda terminar con una señora asesinada. En realidad se trata de un miedo bastante inducido por la propaganda, porque si matan a 50 mujeres al año, lo que sin duda es algo horroroso, las probabilidades de que una mujer muera en España por violencia de género son realmente bajísimas. Pero, como me dijo un policía: “Yo me cubro las espaldas. Y prefiero detener a un señor aunque sea una barbaridad antes de que pueda pasarle algo a la mujer que ha denunciado”. En España los jueces y los policías tienen más miedo que las propias mujeres a que maten a una mujer. Mientras hay muchísima concienciación en ese sentido, hay muy poca vigilancia sobre el fraude que se produce, sobre todo en los casos de divorcios, donde una denuncia por violencia de género permite negociar con ventaja. Esa denuncia puede no ser falsa, puede ser que la mujer que se está divorciando se sienta maltratada, lo que ocurre es que el hombre también se puede sentir maltratado y eso no se contempla. Lo que yo me he encontrado es que existe la mujer maltratada, existe el hombre maltratado al que no mira nadie y existe la denuncia instrumental puesta para hacer daño o para conseguir una ventaja en un divorcio. Existe todo eso, pero si hablas de todo eso te llaman negacionista.
'Esto no existe', el nuevo libro de Juan Soto Ivars. (S. B.)
P. Muchas denuncias por violencia de género tienen lugar efectivamente durante los procesos de divorcio. Pero eso tiene todo el sentido, porque la mujer que da el paso de denunciar a su maltratador es normal que se quiera separar de él.
R. Primero hay que aclarar algo: la mujer maltratada, en situación grave, en general no denuncia. Pregúntate ahora por qué hay 200.000 denuncias en un año, y buena parte de las que matan jamás denunció. Hemos de empezar a entender algo muy evidente, y es que no hay 200.000 mujeres maltratadas en un año. Lo que se denuncia es otra cosa. Repito: no quiere eso decir que todo sea falso, ni que sea falso la mayor parte. Pero tendemos a pensar en la mujer maltratada, en una Ana Orantes, cuando la magnitud de las denuncias por violencia de género nos está hablando de otra cosa muy diferente. Maltratos, sí, pero también parejas conflictivas, maltrato recíproco y, por desgracia, uso espurio del mecanismo de protección. Es importante que para hablar de la ley de violencia de género dejemos de pensar en la víctima arquetípica de la violencia de género. Estamos hablando de otra cosa muy diferente.
"El intento de solucionar el problema social de la mujer maltratada ha creado un nuevo tipo de hombre maltratado"
P. Pero ¿tiene sentido esta protección?
R. De nuevo: pensando en la maltratada, sí. Pero los datos nos hablan de otra cosa. Cuando se introduce una medida social es porque esa medida social tiene sentido. Pero hay que pensar también en el incentivo perverso que puede suponer esa medida social. En sus consecuencias no previstas por la buena voluntad, siempre presunta, del legislador. Si te estás divorciando de tu pareja varón porque ambos os detestáis, si él no está por la labor de darte nada y a ti te ponen en la mano la posibilidad de inclinar la balanza a tu favor con una denuncia, denuncia que ni siquiera tiene por qué ser falsa porque tú sientes realmente que el tipo te ha maltratado, que te hace la vida imposible, que es un cabrón que te humilla, es muy posible que uses esa medida. Y aunque también tú le humilles a él, aunque también él se sienta maltratado por ti, eso no importa. Tú pones la denuncia y desde ese momento tienes justicia gratuita. Las consecuencias son graves.
P. ¿Cuáles son?
R. Para empezar, el juicio de divorcio no se va a resolver hasta que se resuelva el de violencia de género. Pero, mientras tanto, el hombre ha tenido que abandonar el hogar, pagarse un alquiler, pasar una pensión de manutención, ver en algunos casos a sus hijos en un punto de encuentro, pagar a su abogado… Mientras para ella todo es gratis. Bien: eso se llama incentivo perverso. El intento de solucionar el problema social de la mujer maltratada ha creado un nuevo tipo de hombre maltratado. Y lo que he notado mientras lo investigaba es que todo el mundo al que se lo contaba conocía algún caso. Pasa mucho, pero nos dicen que no pasa en absoluto, y a mí eso me parece gravísimo.
P. ¿Cuántas denuncias falsas estimas que puede haber?
R. No se sabe porque no hay interés institucional por averiguarlo. Repito: cero estudios sobre el tema, mi libro es casi una cosa pionera, y obviamente no tengo los medios para responder a esa pregunta. Varía mucho dependiendo de si le preguntas a un abogado o si le preguntas a un juez instructor. Los jueces instructores hablan de un 5, un 10, un 15% de denuncias falsas. Los abogados, de un porcentaje mayor, en torno al 25% o hasta el 40%. Nadie lo sabe.
P. ¿Ningún estudio oficial sobre el tema?
R. Ninguno. Pero podemos guiarnos por estudios tangenciales. El Consejo General del Poder Judicial redactó en 2009 un informe sobre la aplicación de la Ley de Violencia de Género en las audiencias provinciales, y recogió 200 sentencias que consideró “representativas”, de las cuales 47 concluyeron en absolución. Uno de los colaboradores que me han ayudado en esta investigación, Francisco Prieto, fue a buscar cada una de esas sentencias absolutorias y a leer los hechos probados. Y lo que encontró es que los jueces no habían deducido testimonio en ningún caso, no habían abierto ni una sola investigación por supuesto falso testimonio, y eso que en algunos casos había sospechas flagrantes. Una denunciante, por ejemplo, implicó al acusado en un supuesto viaje a Marruecos y, cuando salieron a relucir pruebas objetivas de que ese viaje no se había realizado, la denunciante presentó fotos retocadas, donde pegó burdamente la imagen del acusado con Photoshop sobre las de sus familiares en Marruecos. Además, había testigos que aseguraban que el acusado no sólo no maltrataba a la denunciante, sino que era ella la que lo maltrataba a él. Se absolvió al acusado, sí, pero no se dedujo testimonio contra la denunciante. En otra denuncia por agresión sexual continuada, maltrato habitual y lesiones psíquicas, el tribunal admitió tener la sospecha de motivaciones espurias porque no había una sola prueba que acreditase la denuncia. En otra de esas denuncias “representativas”, una mujer denunció maltrato durante todo su matrimonio, pero lo hizo tras la separación y justo cuando él pidió la custodia compartida. Todos los testigos, incluida la madre de ella y las hijas, negaron tajantemente que el hombre maltratara a la mujer, la vejara, insultara o humillara, refirieron que no habían visto maltrato físico del padre hacia su madre y que, en todo caso, había sido al revés. Con todo, el juez que absolvió al acusado no dedujo testimonio, la acción que permite iniciar el procedimiento para investigar si ha habido una denuncia falsa.
P. La Ley de Violencia de Género fue aprobada con el voto a favor de absolutamente todos los partidos. ¿Nadie alertó de lo que podía ocurrir?
R. Sí, hubo quien dio la voz de alarma. El Consejo General del Poder Judicial avisó, el sociólogo Amando de Miguel advirtió en una comisión parlamentaria de lo que podía ocurrir, de hecho predijo exactamente lo que iba a pasar: dijo que aumentaría el maltrato, dijo que esa ley no solucionaría el problema de la violencia porque no se estaba intentando entender antropológicamente cómo funcionaba y simplemente se culpaba de ella al patriarcado, dijo que las denuncias falsas se convertirían en una forma de maltrato en los divorcios…. En el año 2006, Manuela Carmena y María Sanahuja, ambas juezas progresistas, se quejaron junto a otras feministas de que la ley de Violencia de Género convertía a la mujer en sexo débil, porque solamente podía ser víctima. Y cuando la ley entró en vigor María Poza, una jueza feminista y de izquierdas, planteó una cuestión de inconstitucionalidad por considerar que vulneraba el artículo 14, que establece la igualdad de todos los españoles ante la ley.
Hubo castigo social para algunas de ellas. A María Sanahuja, por hablar de esto, le hicieron la vida imposible. Funcionó como aviso a navegantes. Luego, años de silencio. Mientras que con la ley de matrimonio homosexual España fue pionera y muchos otros países nos siguieron, con la de violencia de género no nos ha seguido ninguno.
P. Además de las mujeres, la ley de Violencia de Género busca proteger sobre todo a los hijos. ¿Lo consigue?
R. Los niños son tan víctimas de las denuncias falsas como sus padres. Yo describo en mi libro la denuncia falsa como una forma de maltrato. En un divorcio, incluso en los más civilizados, los hijos sufren. Cuando hay un maltratador en casa, aunque no pegue a los niños, eso es absolutamente terrible para ellos. Pero también es horrible una mujer que maltrata a su expareja con denuncias falsas, haciéndole la vida imposible y llenando a los niños la cabeza de mierda. Eso se llama alienación parental, pero en 2022, con Irene Montero de ministra, consiguieron prohibirla, consiguieron que no se pueda mencionar siquiera en los juicios.
R. Claro, otra cosa que dicen que no existe. No existe que uno de los progenitores ponga a los niños en contra del otro. Pero entonces se sacan de la manga la violencia vicaria, que es lo mismo pero aplicado sólo a cuando el padre pone a los niños en contra de la madre, como el caso de Antonio David, que ha puesto a sus hijos en contra de Rocío Carrasco. Sin embargo, según la ley eso no puede ocurrir al revés, eso no le puede pasar a un padre. Eso lo que demuestra es que a nuestros legisladores lo del interés superior del menor quizás no les parece tan superior, así de chungo. En Esto no existerecojo casos en los que es la señora la que ha maltratado al marido y luego a los niños, recojo casos de padres desesperados llamando a fiscalía de menores porque en el punto de encuentro el niño llega con moratones… Pero no les hacen ni puñetero caso, porque las madres no maltratan. Está muy bien que se intente proteger a los niños si el padre puede ser un maltratador, porque yo estoy convencido de que un maltratador no puede ser un buen padre. Pero una maltratadora no puede ser una buena madre, y ahí hay barra libre.
P. Vox es el único partido que habla de denuncias falsas. ¿No es sospechoso?
R. Claro que es sospechoso. Yo sospecho de la cobardía del resto de partidos políticos. De la cobardía, y de lo poco que les importa la justicia. Y no creo que a Vox le importe mucho. Ha encontrado ahí un caladero de votos fabuloso, porque es algo que le pasa a mucha gente, todo el mundo conoce a alguien al que le ha caído una denuncia falsa. El que sólo Vox hable de esto deja en muy mala posición al resto. Vox ha cogido este tema porque estaba disponible, pero es tan fácil como que cada partido le dé su enfoque. Sin embargo, lo que están haciendo es negar que exista el problema, y ese es un regalo fabuloso que le hacen a Vox. Hay asociaciones que, ante el desinterés institucional por todo lo que se salga del marco de la violencia de género, han puesto sus ojos en Vox, el único partido que les hace caso.
P. A Vox se le llama machista cuando habla de esto.
R. Parece que si hablas de los problemas de los hombres causados por una ley de protección a las mujeres estás en contra de la protección de las mujeres. No es así. Es que la quimio tiene efectos secundarios. No vamos a prescindir de la quimio, preferimos la quimio a morir de cáncer. Pero que no se nieguen los efectos secundarios de la quimio e intentemos regularla para que sólo se nos caiga el pelo. Ahora mismo llevamos 20 años con una quimio que está teniendo unos efectos secundarios que no sólo no se quieren investigar sino que se niega que existan. Ningún médico sería responsable si ocultase a un paciente los efectos secundarios de un fármaco. Pues llevamos veinte años ocultándolos, y llamando negacionista a quien los señala.
P. Por seguir con la metáfora del cáncer y la quimio, ¿no requiere la violencia de género medidas extraordinarias?
R. La violencia de género es un cáncer social, estoy de acuerdo, y contra ese cáncer es necesario un tratamiento audaz porque a una mujer que está en esa situación con frecuencia le cuesta mucho denunciar. Hacen falta medidas extraordinarias para combatir la violencia doméstica, estoy de acuerdo. Porque en las casas la violencia es muy peligrosa, se crean círculos viciosos, es difícil escapar y denunciar, y a las mujeres les afecta particularmente. Pero cuando se toman medidas extraordinarias, hay que investigar cuáles son las consecuencias, sobre todo cuando tocas la igualdad, cuando por el mismo acto reservas penas más altas para un hombre que para una mujer, algo que no ha hecho ningún otro país en Europa, que sólo hemos hecho en España. Y cuando el número de denuncias crece exponencialmente y sólo un 20% de ellas acaba en condena, y la mitad de conformidad, sin que siquiera se llegue a juicio, hay que investigar qué está pasando ahí.
"Con la ley de matrimonio homosexual España fue pionera y muchos países nos siguieron, con la de violencia de género ninguno"
P. Si hay un 80% de archivos y absoluciones, ¿no está a salvo la presunción de inocencia de los hombres?
R. No. La presunción de inocencia se malbarata durante el proceso, en el tiempo que pasa hasta que te absuelven o se archiva el caso. Ahí pierdes los hijos, pierdes todo. Es una condena que dura hasta la absolución, y todo queda roto. Hay que mirar a esos hombres a la cara y decirles que vamos a intentar que esto no pase tan habitualmente. Por otro lado, me hace mucha gracia que la propaganda diga que no hay denuncias falsas con un 80% de casos sin condena. Entonces, ¿estamos dejando al 80% de agresores impunes al año? ¿No será que en ese 80% de casos que concluyen en archivo o absolución hay un poco de todo? ¿No será que cuando decimos “denuncia por violencia de género” ni de coña estamos hablando de mujeres maltratadas, sino de una auténtica galaxia de conflictos? ¿Por qué nadie lo investiga? La insistencia en que no hay denuncias falsas implica que este sistema de protección tan fabuloso y necesario está dejando a un 80% de agresores impunes. Es ridículo sostenerlo.
P. ¿Propones derogar la ley de violencia de género?
Meterse en charcos, hurgar en lo que nadie quiere ver, indagar lo que otros ignoran. Ese es el particular campo en el que se ha especializado el escritor y periodista Juan Soto Ivars (Águilas, Murcia, 1985). Y el nuevo libro del columnista de El Confidencial constituye una nueva y rotunda prueba de ello. Se titula Esto no existe(Editorial Debate) y se ocupa precisamente de eso que, según las cifras oficiales, no se produce: las denuncias falsas en los casos de violencia de género.